Salmos: Capítulo 7
- Yahveh, Dios mío, a ti me acojo, sálvame de todos mis perseguidores, líbrame;
- ¡que no arrebate como un león mi vida el que desgarra, sin que nadie libre!
- Yahveh, Dios mío, si algo de esto hice, si hay en mis manos injusticia,
- si a mi bienhechor con mal he respondido si he perdonado al opresor injusto,
- ¡que el enemigo me persiga y me alcance, estrelle mi vida contra el suelo, y tire mis entrañas por el polvo!
- Levántate, Yahveh, en tu cólera, surge contra los arrebatos de mis opresores, despierta ya, Dios mío, tú que el juicio convocas.
- Que te rodee la asamblea de las naciones, y tú en lo alto vuélvete hacia ella.
- (Yahveh, juez de los pueblos.) Júzgame, Yahveh, conforme a mi justicia y según mi inocencia.
- Haz que cese la maldad de los impíos, y afianza al justo, tú que escrutas corazones y entrañas, oh Dios justo.
- Dios, el escudo que me cubre, el salvador de los de recto corazón;
- Dios, el juez justo, tardo a la cólera, pero Dios amenazante en todo tiempo
- para el que no se vuelve. Afile su espada el enemigo, tense su arco y lo apareje,
- para sí solo prepara armas de muerte, hace tizones de sus flechas;
- vedle en su preñez de iniquidad, malicia concibió, fracaso pare.
- Cavó una fosa, recavó bien hondo, mas cae en el hoyo que él abrió;
- revierte su obra en su cabeza, su violencia en su cerviz recae.
- Doy gracias a Yahveh por su justicia, salmodio al nombre de Yahveh, el Altísimo.
| La Biblia - Antiguo Testamento - Salmos | |
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