Sobre la naturaleza de las cosas (Versión para imprimir)

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Libro I 01
Pág. 01 de 06
Sobre la naturaleza de las cosas Tito Lucrecio Caro


Engendradora del romano pueblo, 1

 Placer de hombres y dioses, alma Venus:
 Debajo de la bóveda del cielo,
 Por do miran los astros resbalando,
 Haces poblado el mar, que lleva naves,
 Y las tierras fructíferas fecundas;
 Por ti todo animal es concebido
 Y a la lumbre del sol abre sus ojos;
 De ti, diosa, de ti los vientos huyen;
 Cuando tú llegas, huyen los nublados;                  10
 Te da suaves flores varia tierra;
 Las llanuras del mar contigo ríen,
 Y brilla en larga luz el claro cielo.
 Al punto que galana primavera
 La faz descubre, y su fecundo aliento
 Robustece Favonio desatado,
 Primero las ligeras aves cantan
 Tu bienvenida, diosa, porque al punto
 Con el amor sus pechos traspasaste:
 En el momento por alegres prados                               20
 Retozan los ganados encendidos,
 Y atraviesan la rápida corriente:
 Prendidos del hechizo de tus gracias
 Mueren todos los seres por seguirte
 Hacia do quieres, diosa, conducirlos;
 Por último, en los mares y en las sierras,
 Y en los bosques frondosos de las aves,
 Y en medio de los ríos desbordados,
 Y en medio de los campos que verdecen,
 El blando amor metiendo por sus pechos,                        30
 Haces que las especies se propaguen.
 Pues como seas tú la soberana
 De la naturaleza, y por ti sola
 Todos los seres ven la luz del día,
 Y no hay sin ti contento ni belleza,
 Vivamente deseo me acompañes
 En el poema que escribir intento
 De la naturaleza de las cosas,
 Y dedicarle a mi querido Memmio,
 A quien tú, diosa, engalanar quisiste                          40
 En todo tiempo con sublimes prendas:
 Da gracia eterna, diosa, a mis acentos.
 Haz que entretanto el bélico tumulto
 Y las fatigas de espantosa guerra
 Se suspendan por tierras y por mares;
 Porque puedes tú sola a los humanos
 Hacer que gusten de la paz tranquila;
 Puesto que las batallas y combates
 Dirige Marte, poderoso en armas,
 Que arrojado en tu seno placentero,                            50
 Consumido con llaga perdurable,
 La vista en ti clavada, se reclina,
 Con la boca entreabierta, recreando
 Sus ojos de amor ciegos en ti, diosa,
 Sin respirar, colgado de tus labios.
 Ya que descansa en tu sagrado cuerpo,
 Inclinándote un poco hacia su boca,
 Infúndele tú, diosa, blando acento:
 Ínclita medianera de las paces,
 Pídesela en favor de los romanos;                              60
 Porque no puedo consagrarme al canto
 Entre las guerras de la patria mía,
 ni puedo yo sufrir que el noble Memmio
 Su defensa abandone por oírme.
 Óyeme, Memmio, tú con libre oído,
 Y sin cuidados al saber te entrega:
 No desprecies mis dones, trabajados
 En honra tuya con sincero afecto,
 Sin penetrar primero en lo que digo:
 Porque serán materia de mi canto 70
 La mansión celestial, sus moradores;
 De qué principios la naturaleza
 Forma todos los seres, cómo crecen,
 Cómo los alimenta y los deshace
 Después de haber perdido su existencia:
 Los elementos que en mi obra llamo
 La materia y los cuerpos genitales,
 Y las semillas, los primeros cuerpos,
 Porque todas las cosas nacen de ellas.
 Pues la naturaleza de los dioses 80
 Debe gozar por sí con paz profunda
 De la inmortalidad: muy apartados
 De los tumultos de la vida humana,
 Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
 Por sí mismos, en nada dependientes
 De nosotros; ni acciones virtuosas
 Ni el enojo y la cólera les mueven.
 Cuando la humana vida a nuestros ojos
 Oprimida yacía con infamia
 En la tierra por grave fanatismo,                              90
 Que desde las mansiones celestiales
 Alzaba la cabeza amenazando
 A los mortales con horrible aspecto,
 Al punto un varón griego osó el primero
 Levantar hacia él mortales ojos
 Y abiertamente declararle guerra:
 No intimidó a este hombre señalado
 La fama de los dioses, ni sus rayos,
 Ni del cielo el colérico murmullo.
 El valor extremado de su alma                                  100
 Se irrita más y más con la codicia
 De romper el primero los recintos
 Y de Natura las ferradas puertas.
 La fuerza vigorosa de su ingenio
 Triunfa y se lanza más allá los muros
 Inflamados del mundo, y con su mente
 Corrió la inmensidad, pues victorioso
 Nos dice cuáles cosas nacer pueden,
 Cuáles no pueden, cómo cada cuerpo
 Es limitado por su misma esencia:                              110
 Por lo que el fanatismo envilecido
 A su voz es hallado con desprecio;
 ¡Nos iguala a los dioses la victoria!
 Mas temo mucho en esto que te digo
 Pienses acaso no te dé lecciones
 De impiedad, enseñándote el camino
 De la maldad: por el contrario, ¡oh Memmio!
 De acciones execrables y malvadas
 Fue causa el fanatismo muchas veces:
 A la manera que en Aulide un tiempo                    120
 El altar de Diana amancillaron
 Torpemente en la sangre de Ifigenia
 La flor de los caudillos de los griegos,
 Los héroes más famosos de la tierra:
 Después que rodearon la cabeza
 De la doncella con fatales cintas,
 Que por ambas mejillas la colgaban:
 Cuando vio que su padre entristecido
 Estaba en pie del lado de las aras,
 Y junto a él tapando los ministros                             130
 El cuchillo, y que el pueblo derramaba
 En su presencia lágrimas a mares;
 Muda de espanto, la rodilla en tierra
 Como una suplicante desgraciada,
 No la valía en tan fatal momento
 Haber dado al monarca la primera
 De padre el nombre; porque arrebatada
 Por varoniles manos, y temblando,
 Fue llevada al altar, no como hubiera
 En himeneo ilustre acompañada                          140
 Ido a las aras con solemne rito;
 Antes, doncella, en el instante mismo
 De sus bodas cayese degollada
 A manos de su padre impuramente,
 Como infelice víctima inmolada
 Para dar a la escuadra buen suceso:
 ¡Tanta maldad persuade el fanatismo!
 De aterradores cuentos fatigado
 Referidos por todos los poetas,
 Quizá huirás de mí también tú, Memmio,                         150
 Juzgándome inventor de sueños vanos
 Que sin cesar toda tu vida agiten,
 Y el temor emponzoñe tu ventura.
 Y con razón; pues si los hombres viesen
 Que cierto fin tenían sus desdichas,
 En alguna manera se armarían,
 Resistirían contra el fanatismo
 Y amenazas terribles de poetas:
 Pero no hay medio alguno de hacer frente,
 Porque se han de temer eternas penas                   160
 Más allá de la muerte; no sabemos
 Cuál es del alma la secreta esencia:
 Si nace, o si al contrario, se insinúa
 Al nacer en el cuerpo, y juntamente
 Muere ella con nosotros; si del Orco
 Corre vastas lagunas tenebrosas;
 Si por orden divina va pasando
 De cuerpo en cuerpo de los otros brutos,
 Como cantó nuestro Ennio, que el primero
 De las cumbres amenas de Elicona                               170
 Trajo guirnalda de verdor perenne
 Que las gentes latinas ensalzaron:
 A pesar de que en versos inmortales
 Ennio afirmó los infernales templos,
 En los que ni los cuerpos, ni las almas,
 Sino unos macilentos simulacros
 De figura espantable sólo habitan:
 Dice que allí del inmortal Homero
 La sombra vio, que se deshizo en llanto,
 Y los arcanos del saber le expuso.                             180
 Por lo que antes que entremos en disputa
 De las cosas de arriba, y expliquemos
 Del sol y de la luna la carrera;
 Cómo en la tierra se produce todo;
 Principalmente con sagaz ingenio
 Del ánimo y del alma los principios
 Constitutivos es bien indaguemos:
 Y por qué los objetos que hemos visto
 En la dolencia asustan, y en el sueño,
 De modo que parece contemplamos                                190
 Y hablamos cara a cara con los muertos,
 Abrazando la tierra ya sus huesos.
 No se me oculta que en latinas voces
 Es difícil empresa el explicarte
 Los inventos obscuros de los griegos,
 Principalmente cuando la pobreza
 De nuestra lengua, y novedad de objeto
 Harán que forme yo vocablos nuevos:
 Pero tu virtud, Memmio, sin embargo,
 Y el placer cierto de amistad suave                            200
 Me inducen a sufrir cualquier trabajo
 Y a velar en la calma de las noches,
 Buscando de qué modo y de qué verso
 Pueda en tu mente derramar las luces
 Que todos los secretos te descubran.
 Preciso es que nosotros desterremos
 Estas tinieblas y estos sobresaltos,
 No con los rayos de la luz del día,
 Sino pensando en la naturaleza.
 Por un principio suyo empezaremos:                             210
 Ninguna cosa nace de la nada;
 No puede hacerlo la divina esencia:
 Aunque reprime a todos los mortales
 El miedo de manera que se inclinan
 A creer producidas por los dioses
 Muchas cosas del cielo y de la tierra,
 Por no llegar a comprender sus causas.
 Por lo que cuando hubiéremos probado
 Que de la nada nada puede hacerse,
 Entonces quedaremos convencidos                                220
 Del origen que tiene cada cosa;
 Y sin la ayuda de los inmortales
 De qué modo los seres son formados.
 Porque si de la nada fuesen hechos,
 Podría todo género formarse
 De toda cosa sin semilla alguna.
 Los hombres de la mar nacer podrían,
 De la tierra los peces y las aves,
 Lanzáranse del cielo los ganados,
 Y las bestias feroces como hijos                                       230
 De la casualidad habitarían
 Los lugares desiertos y poblados:
 Los mismos frutos no daría el árbol,
 Antes bien diferentes los daría:
 Todos los cuerpos produjeran frutos;
 Pues careciendo de principios ciertos,
 A las cosas ¿qué madre señalamos?
 Pero es porque los seres son formados
 De unas ciertas semillas de que nacen
 Y salen a la luz; en donde se hallan                           240
 Sus elementos y primeros cuerpos:
 Por lo que esta energía circunscribe
 La generación propia a cada especie.
 Además, ¿por qué causa en primavera
 Vemos nacer la rosa, y en estío
 Los frutos sazonados, y las viñas
 En los días hermosos del otoño?
 Sino porque a su tiempo las semillas
 Determinadamente se reúnen;
 Sale la creación si ayuda el tiempo;                           250
 La tierra vigorosa con certeza
 Da a luz sus tiernos hijos: si naciesen
 De la nada, saldrían al momento,
 En tiempo incierto y estación contraria:
 Pues que carecerían de principios
 Cuya unión el mal tiempo no impidiera.
 Ni para su incremento cualquier cuerpo
 De tiempo y conjunción de las semillas
 Necesitara, si crecer pudiese
 De la nada: pues jóvenes se harían                             260
 En un instante los pequeños niños;
 Y apenas los arbustos asomasen,
 De repente a las nubes se alzarían:
 Y vemos que sucede lo contrario,
 Puesto que poco a poco van creciendo,
 Imprimiendo un carácter cierto y fijo
 Con su propio crecer a cada especie.
 Venir puedes de aquí en conocimiento
 Que cada cuerpo crece y se sustenta
 De su materia propia y de su jugo.                             270
 Además, que la tierra no daría
 Sin ciertas lluvias sus alegres frutos;
 Ni el animal privado de alimento
 Su especie propagara, ni podría
 Conservarse a sí mismo: antes diremos
 Que muchos elementos son comunes
 A muchos individuos, así como
 Las letras a los nombres: pues sentemos
 Que sin principios nada existir puede.
 ¿Qué impidió, en fin, a la naturaleza                          280
 Para que hombres tamaños nos hiciese
 Que vadear pudiésemos los mares,
 Arrancar con las manos las montañas,
 Y vencer muchos siglos con la vida,
 Sino porque ha fijado los principios
 Para las creaciones de los seres?
 Nada, pues, de la nada puede hacerse,
 Puesto que necesita de semilla
 Cualquiera cosa para ser criada,
 Y del aire salir al aura tierna.                                       290
 Porque vemos, en fin, aventajarse
 A los eriales las labradas tierras
 Y mejorar la tierra con cultivo,
 Inferimos de aquí existir en ella
 Partes elementales que nosotros
 Hacemos producir, con el arado,
 Los fecundos terrones revolviendo,
 Y sujetando el suelo de la tierra:
 Luego si estos principios no existiesen,
 La perfección de suyo adquirirían.                             300
 A esto se junta que naturaleza
 Nada aniquila, sino que reduce
 Cada cosa a sus cuerpos primitivos;
 Si los principios fueran destructibles,
 De nuestra vista luego arrebatado
 Cada ser pereciera en el momento;
 Inútil, pues, sería toda fuerza
 Que turbase la unión de los principios,
 Y rompiese sus lazos: pero ahora,
 Porque los elementos son eternos,                              310
 Sufrir no puede la naturaleza
 Ponerlos a la vista destruidos,
 Sino cuando una fuerza extraordinaria
 El cuerpo hirió, le penetró y deshizo.
 Además, que si el tiempo aniquilase
 Todo lo que arrebata a nuestros ojos,
 Acabando con toda la materia,
 ¿De dónde Venus a sacar volviera
 Todos los seres a la luz de vida?
 ¿Cómo reproducidos la alma tierra                              320
 Los alimenta, cómo da incremento,
 En general los pastos repartiendo?
 ¿Cómo los ríos y las fuentes bellas
 De tan lejos al mar tributarían?
 ¿Cómo el éter sustenta las estrellas?
 Pues si los elementos son mortales,
 Tantos siglos y días deberían
 Haber todas las cosas consumido:
 Luego son inmortales los principios,
 Si la naturaleza los obliga                                            330
 A las reproducciones de los seres:
 Ninguna cosa puede aniquilarse.
 La misma fuerza y causa últimamente
 Acabaría con los cuerpos todos
 Si la materia eterna no tuviera
 Estos entre sí unidos y enlazados:
 El tacto sólo les daría muerte,
 Porque no siendo eternos sus principios,
 Cualquiera fuerza a aniquilarlos basta.
 Mas como el nexo de sus elementos                              340
 Diferencia los cuerpos unos de otros,
 Y como es la materia indestructible,
 Cada cuerpo subsiste ileso en tanto
 No reciba algún choque, que desuna
 La textura y unión de sus principios:
 Luego no se aniquila cosa alguna;
 Antes bien, destruido cualquier cuerpo,
 Se vuelve a sus primeros elementos.
 En fin, ¿perecen las copiosas lluvias
 Cuando las precipita el padre éter                             350
 En el regazo de la madre tierra?
 No: pues hermosos frutos se levantan,
 Los ramos de los árboles verdean,
 Crecen y se desgajan con el fruto.
 Sustentan a los hombres y alimañas,
 De alegres niños pueblan las ciudades,
 Por cualquier parte en las frondosas selvas
 Se oyen los cantos de las aves nuevas,
 Y los rebaños de pacer cansados
 Tienden sus cuerpos por risueños pastos,                       360
 Y sale de sus ubres retestadas
 Copiosa y blanca leche; sus hijuelos
 De pocas fuerzas por la tierna hierba
 Lascivos juguetean, conmovidos
 Del placer de mamar la pura leche:
 Luego ningunos cuerpos se aniquilan;
 Pues la naturaleza los rehace,
 Y con la muerte de unos otro engendra.
 Puesto que te he enseñado que los seres
 No pueden engendrarse de la nada,                              370
 Ni pueden a la nada reducirse;
 No mires con recelo mi enseñanza,
 Al ver que con los ojos no podemos
 Descubrir los principios de las cosas;
 Sin embargo es preciso que confieses
 Que hay cuerpos que los ojos no perciben.
 La fuerza enfurecida de los vientos
 Revuelve el mar, y las soberbias naves
 Derriba, y desbarata los nublados;
 Con torbellino rápido corriendo                                380
 Los campos a la vez, saca de cuajo
 Los corpulentos árboles, sacude
 Con soplo destructor los altos montes;
 El ponto se enfurece con bramidos,
 Y con murmullo aterrador se ensaña.
 De aquí seguramente inferiremos
 Que los vientos son cuerpos invisibles,
 Que barren tierra, mar, y en fin el cielo,
 Y esparcen por el aire los destrozos:
 No de otro modo corren y destrozan,                            390
 Que cuando un río de tranquilas aguas
 De repente sus márgenes ensancha
 Enriquecido de copiosas lluvias
 Que de los montes a torrentes bajan
 Amontonando troncos y malezas:
 Ni los robustos puentes la avenida
 Impetuosa sufren de las aguas;
 En larga lluvia rebosando el río,
 Con ímpetu estrellándose en los diques,
 Con horroroso estruendo los arranca,                   400
 Y revuelve en sus ondas los peñascos,
 Con furor arrollando todo osbtáculo;
 Del mismo modo los furiosos vientos
 Semejantes a un río impetuoso
 Se arrojan sobre un cuerpo, y le sacuden,
 Y lo llevan delante con gran fuerza,
 En remolino a veces le arrebatan;
 Mil vueltas le hacen dar a la redonda.
 Diré y repetiré yo que los vientos
 Son cuerpos invisibles: sus efectos                            410
 Y su naturaleza nos lo muestran,
 Puesto que emulan a los grandes ríos.
 Sentimos, además, varios olores,
 Y en la nariz tocando no los vemos;
 Ni el calor percibimos, ni los fríos,
 Ni las voces tampoco ver solemos
 Que la naturaleza de los cuerpos
 Es preciso que tenga, porque pueden
 Impeler los sentidos: nada puede
 Tocar y ser tocado sino el cuerpo.                             420
 Por último; en las playas resonantes
 Los vestidos colgados se humedecen,
 Y tendidos al sol se enjugan luego:
 Ni cómo se empaparon ver podemos
 Ni cómo se enjugaron con la lumbre:
 En partículas tenues se divide
 El agua de manera que no pueden
 Verse de modo alguno con los ojos.
 Después de cierto número de soles
 El anillo se gasta en vuestro dedo,                            430
 El gotear la piedra agujerea,
 La reja del arado ocultamente
 En los surcos se gasta, y con los pasos
 Los empedrados desgastarse vemos;
 En las puertas también las manos diestras
 De cobreñas estatuas se adelgazan
 Con los besos continuos de unos y otros;
 Pues que gastadas vemos se atenúan:
 Pero no quiso la naturaleza
 Descubrirnos su pérdida instantánea,                   440
 Celosa de que viesen nuestros ojos
 El lento crecimiento con que obliga
 A aumentarse los cuerpos cada día,
 Ni cómo se envejecen con el tiempo,
 Ni qué pérdidas tienen los peñascos
 De sales roedoras carcomidos,
 Que a los mares dominan y amenazan:
 Luego sólo obra la naturaleza
 De imperceptibles cuerpos ayudada.
 No está ocupado todo por los cuerpos,                  450
 Porque se da vacío entre las cosas:
 Al entenderlo cogerás el fruto,
 Ni andarás entre dudas vacilante,
 Ni de continuo buscarás la esencia,
 Ni desconfiarás de mis escritos.
 Un espacio se da desocupado,
 Impalpable, vacío: el movimiento
 Sin este espacio no concebirías;
 Porque propiedad siendo de los cuerpos
 La resistencia, nunca cesarían                                         460
 De andar entrechocándose unos y otros:
 Imposible sería el movimiento,
 Pues ningún cuerpo se separaría:
 Por los mares ahora y por las tierras
 Y por los altos cielos, con los ojos
 Vemos mil movimientos diferentes:
 Y sin vacío no tan solamente
 De agitación continua carecieran
 Los cuerpos, mas también, ni aun engendrados
 Hubieran sido; porque la materia                               470
 Quieta se hubiera estado eternamente.
 Aunque creamos sólidos los cuerpos,
 Los vemos penetrables: por las rocas
 Copiosas gotas por doquier chorrean;
 Por todo el animal corre el sustento;
 Los árboles crecidos dan el fruto
 En tiempo señalado a manos llenas,
 Porque la savia desde las raíces
 Por troncos y por ramas se difunde;
 Y las voces penetran las paredes,                              480
 Recorren los secretos de las casas;
 Hasta los huesos nos penetra el frío;
 Sin vacío los cuerpos no pudieran
 Trasladarse a otro punto en modo alguno.
 En fin ¿cómo unas cosas se aventajan
 A las otras en peso, y no en figura?
 Pues si un vellón de lana pesa tanto
 Como un cuerpo de plomo, en equilibrio
 Debe estar la balanza; la materia
 Hace peso hacia abajo; luego queda                             490
 Sin pesadez por su naturaleza
 El vacío: pues si me das dos cuerpos
 En una superficie comprendidos,
 El más ligero es el de más vacío,
 El más denso será de mayor peso;
 La razón nos demuestra claramente
 Un vacío existir diseminado.
 Mas porque nadie pueda seducirte,
 Me adelanto a ponerte de antemano
 De algunos el capcioso raciocinio.                             500
 Sostienen que a los peces relucientes
 Les abre el agua líquidos caminos,
 Que después el espacio abandonado
 Se ocupa por la onda retirada:
 Pueden moverse así y mudar de sitio
 Todos los demás cuerpos sin vacío.
 En razón falsa estriba el argumento;
 ¿Cómo podrán los peces menearse
 Si las aguas no dan lugar vacío.
 ¿Cómo refluirán las aguas mismas                               510
 Cuando los peces no darán un paso?
 O los cuerpos privar de movimiento
 O el espacio vacío confesemos
 Que principia a mover todos los cuerpos.
 Con rapidez separa tú dos cuerpos
 Planos y que entre sí estén bien unidos,
 Verás cómo se forma allí un vacío
 Que no puede a la vez llenar el aire:
 Le va ocupando todo poco a poco.
 Si por fortuna alguno presumiera                               520
 Que de dos superficies separadas
 El espacio intermedio es ocupado
 Del aire condensado anteriormente,
 Se engaña; pues se forma allí un vacío
 Entonces que no hubo antes, y se llena
 El vacío existente: de este modo
 El aire ya no puede condensarse;
 Y aun dado que pudiese, como dicen,
 No podría a mi juicio sin vacío
 Sus partes recoger y reducirlas                                        530
 A volumen menos; para escaparte
 Cualquier dificultad que me objetares,
 Es preciso confieses el vacío.
 Yo podría traerte muchas pruebas
 Que mis razones más acreditasen:
 A tu penetración estos ensayos
 Son suficientes, si indagando sigues,
 Porque así como muy frecuentemente
 Rastrean las querencias enramadas
 De las fieras monteses y los canes,                            540
 Cuando dieron por fin con rastro cierto,
 Así de consecuencia en consecuencia
 Darás en general con los arcanos
 De la naturaleza, y de sus senos
 Sacarás la verdad. No te empereces.
 Si te apartares algo de mi objeto,
 Me atrevo, Memmio, a hacerte esta promesa.
 Se agotarán los grandes manantiales
 Donde he bebido yo largas noticias,
 Mi rico pecho dejará primero                                   550
 De derramarlas con suave labio,
 Y a paso lento la vejez tardía
 Habrá ocupado todos nuestros miembros,
 Y el principio vital habrá disuelto,
 Primero que por medio de mis versos
 Haya agotado esta materia inmensa.
 A nuestros raciocinios ya volvamos:
 Estriba, pues, toda naturaleza,
 En dos principios: cuerpos y vacío
 En donde aquéllos nadan y se mueven:                   560
 Que existen cuerpos, el común sentido
 Lo demuestra; principio irresistible
 Sin el cual la razón abandonada
 De errores en errores se perdiera.
 Si no existiera, pues, aquel espacio
 Que llamamos vacío, no estarían
 Los cuerpos asentados, ni moverse
 Podrían, como acabo de decirte.
 Además del espacio y el vacío,
 No conocemos en naturaleza                                     570
 Una clase tercera independiente
 De los principios dichos: lo que existe
 Es necesariamente de pequeña
 O de grande extensión: si lo sintiere
 El tacto aunque ligera y levemente,
 Debemos colocarlo entre los cuerpos,
 Y al todo seguirá. Pero si fuere
 Impalpable, y ninguno de sus puntos
 A la penetración resistir puede,
 Este espacio y lugar llamo vacío. 580
 En general los seres son activos;
 O bien a la acción de otros se sujetan,
 O bien el movimiento proporcionan,
 Y la existencia, pues los cuerpos solos
 Pueden ser o activos o pasivos:
 Sólo el vacío puede darles sitio:
 Luego no existe en la naturaleza
 Más que los cuerpos dichos, y el vacío:
 No pueden alcanzarlo los sentidos,
 Ni el espíritu humano comprenderlo.                    590
 Lo que no sea materia ni vacío,
 Propiedad o accidente es de uno o de otro.
 Las propiedades son inseparables
 Del sujeto; tan solamente cesan
 Cuando éste es destruido; así en la piedra
 Tal es la pesadez, tal en el fuego
 Es el calor, fluidez tal en el agua,
 La tangibilidad tal en los cuerpos
 Y tal su privación en el vacío.
 Los que llamar solemos accidentes,                             600
 Como la libertad y servidumbre,
 La pobreza y caudales desmedidos,
 La paz y guerra, sólo son maneras
 De ser, que con su ausencia o su presencia
 Lo esencial no trastornan del sujeto.
 El tiempo no subsiste por sí mismo:
 La existencia continua de los cuerpos
 Nos hace que distingan los sentidos
 Lo pasado, presente, y lo futuro;.
 Ninguno siente el tiempo por si mismo,                  610
 Libre de movimiento y de reposo.
 En fin, cuando nos dicen haber sido
 Robada Elena y las troyanas gentes
 Haber sido con guerra sujetadas,
 Nadie nos fuerce a confesar que pueden
 Existir por sí mismos estos hechos,
 Después que el tiempo irrevocable hubo
 Los siglos y sucesos engullido;
 Porque en diversos tiempos y regiones
 Cuantas cosas pasaron, pasar pueden,                   620
 Mas sin materia, ni lugar ni espacio,
 Todo acontecimiento es imposible.
 Sin materia, por fin, y sin vacío,
 La hermosura de Elena nunca hubiera
 Los célebres combates encendido
 De una guerra cruel que fomentaba
 El pecho ardiente de Alejandro frigio:
 No incendiara el caballo de madera
 De Pérgamo las torres sublimadas
 Con el parto nocturno de los griegos.                          630
 Ya puedes ver que todos los sucesos
 Que agitan y revuelven nuestro globo
 No existen en verdad como los cuerpos,
 Ni son como el vacío, sino simples
 Cambios de los principios; accidentes
 Que al espacio o los cuerpos se refieren.
 Llamamos cuerpos a los elementos
 Y a los compuestos que resultan de ellos:
 Los elementos son indestructibles,
 Porque su solidez triunfa de todo.                             640
 Te costará trabajo persuadirte
 Que existen cuerpos sólidos: el rayo
 Atraviesa los muros, así como
 Las voces y los gritos: se caldea
 El hierro si le metes en la fragua;
 Peñas ardiendo arrojan los volcanes;
 El oro se liquida en los crisoles;
 El cobre se derrite como el hielo;
 El frío y el calor de los licores
 Sentimos en los vasos que bebemos:                             650
 De solidez perfecta no tenemos
 Idea cierta y experiencia clara.
 Mas la razón y la naturaleza
 Esta verdad nos hacen que entendamos:
 óyeme en pocos versos: los principios
 Que componen el gran todo criado
 Tienen un cuerpo sólido y eterno.
 Después, como los cuerpos y el espacio
 Por su naturaleza son opuestos,
 Es preciso que existan uno y otro                              660
 Enteramente puros por sí mismos:
 El vacío repugna todo cuerpo,
 La materia al vacío de sí aleja:
 Luego sólidos son y sin vacío
 Los elementos, los primeros cuerpos.
 Pues que se da en los cuerpos el vacío,
 Deben de partes sólidas cercados
 Estar estos vacíos. Repugnante
 En los cuerpos sería dar vacío,
 Si a las paredes que rodean éste                               670
 La solidez quitamos. Las paredes
 El agregado son de la materia:
 Luego como los cuerpos se destruyan,
 Es la materia sólida y eterna.
 Sólido fuera el todo sin vacío:
 Y sin cuerpos que ocupen el espacio,
 Vacío inmenso fuera el universo,
 Por el contrario. El cuerpo y el espacio
 Son respectivamente muy distintos,
 Pues que no existe lleno ni vacío                              680
 Perfecto: los principios y elementos
 Diferencian el lleno del vacío.
 No puede disolverlos choque externo,
 Ni puede penetrar extraña fuerza
 A su tejido: ni de acción extraña
 Pueden recibir daño, como he dicho.
 Mas cómo pueda un cuerpo sin vacío
 Ser roto, dividido o descompuesto,
 Seguramente yo no lo concibo:
 Él es a la humedad inaccesible,                                        690
 Al frío y al calor, que son las causas
 Destructoras de todo: así observamos
 Que cuanto más los cuerpos son sujetos
 A estas causas que van menoscabando,
 Encierran más vacío en su tejido:
 Luego si constan los primeros cuerpos
 De solidez, y no tienen vacío,
 Eternos han de ser forzosamente.
 Si no fuesen eternos, a la nada
 Todo el mundo se hubiera reducido:                             700
 Pero como la nada no produce
 Ni aniquila los seres, es preciso
 Que eternos sean los primeros cuerpos,
 Pues los destruyen y los reproducen
 Todos los seres: luego los principios
 La simplicidad sólida contienen,
 Porque sin ella no hubieran podido
 Durante tantos siglos conservarse,
 Ni reparar los seres de continuo.
 En fin, si hubiera la naturaleza                                       710
 A límites precisos reducido
 La divisibilidad de la materia,
 Los elementos del gran todo hubieran
 En la revolución de tantos siglos
 Llegado luego a tal acabamiento,
 Que de su unión los cuerpos producidos
 Alcanzar no pudieran su incremento.
 Como un cuerpo más pronto se destruya
 Que lo que tarda el mismo en rehacerse,
 Las pérdidas que hubiera padecido                              720
 En la edad precedente, irreparables
 Fueran sin duda alguna en las siguientes:
 Pero constantemente se reparan
 De su menoscabar todos los cuerpos,
 Y los vemos llegar a plazos fijos
 A aquella perfección que les compete,
 La división de la materia tiene
 Límites invariables y precisos.
 Solidísimos son los elementos:
 Mas como en todo cuerpo haya vacío,                    730
 Pueden hacerse blandos como el agua,
 El aire, tierra y fuego; y al contrario,
 Si damos que son muelles los principios,
 El pedernal, el hierro, como puedan
 Consistencia tomar no explicaremos.
 Porque en sus obras la naturaleza
 Sobre sólidas bases no estribara.
 Sólidos son y simples los principios,
 Pues su unión más o menos apretada
 Resistencia y dureza da a los cuerpos.                         740
 La duración, por fin, y el crecimiento
 De los cuerpos ha la naturaleza
 Determinado y su poder medido.
 No padecen mudanza las especies,
 Ni las generaciones se varían,
 Como las clases diferentes de aves
 Están de ciertas manchas salpicadas;
 Porque son inmutables las especies.
 Si admitimos mudanza en los principios
 No sabremos qué pueda producirse                               750
 Y qué no pueda, y cómo se limitan
 Los cuerpos, cómo pueden traer los siglos
 Naturaleza, vida, movimiento,
 Y las mismas costumbres de los padres.
 La extremidad de un átomo es un punto
 Tan pequeño, que escapa a los sentidos;
 Debe sin duda carecer de partes:
 Él es el más pequeño de los cuerpos,
 Ni estuvo ni estará jamás aislado;
 Es una parte extrema, que juntada                              760
 Con otras y otras partes semejantes,
 Forman así del átomo la esencia.
 Si del átomo, pues, los elementos.
 De existencia carecen separados,
 Será su unión tan íntima y estrecha,
 Que no hay fuerza capaz de separarlos.
 De simple solidez los elementos
 Y partes muy delgadas se componen;
 Su unión no es un compuesto heterogéneo,
 Sino simplicidad eterna. Quiere                                770
 De este modo formar naturaleza
 Los cuerpos, sin que alguna de sus partes
 Separación o menoscabo sufra.
 Además, si nosotros no admitimos
 De división un término preciso,
 Se compondrán los cuerpos más pequeños
 De infinidad de partes, caminando
 De mitad en mitad al infinito.
 ¿Qué diferencia habrá de un cuerpo grande
 Al cuerpo más pequeño? Suponiendo                      780
 Que el todo es infinito, sin embargo,
 De partes infinitas igualmente
 Se compondrán los átomos más breves:
 Mas como la razón no lo comprenda,
 Convencido es preciso que confieses
 Que los simples corpúsculos terminan
 La división y solidez eterna.
 Si la naturaleza creadora
 No acostumbrase a reducir los seres
 A sus mínimas partes, no podría                                790
 Rehacer unos de otros, destruídos:
 Pues siendo todavía divisibles,
 No podría enlazarse la materia,
 Ni tener pesadez, ni ser chocada,
 Ni encontrarse con otro ni moverse,
 Causas engendradoras de los seres.
 Si divisibles fueran los principios
 Al infinito, es fuerza que existieran
 Desde la eternidad cuerpos intactos:
 Mas como sean frágiles, no pueden                              800
 Haber por tantos siglos resistido
 A innumerables choques de continuo.
 Y por esta razón los que creyeron
 Que el fuego era el origen de las cosas,
 En un error grosero han incurrido.
 Esta opinión Heráclito defiende
 Como primer caudillo, celebrado
 Por su obscuro lenguaje entre los griegos
 Superficiales, más que por los sabios
 Que buscan la verdad: porque los necios                        810
 Aman y admiran más lo que está envuelto
 En misteriosos términos; su oreja
 Suavemente puede ser herida
 Y embelesada con gracioso ruido:
 Y el dulce halago a la verdad prefieren.
 A Heráclito pregunto: ¿de qué modo
 Podrían existir tan varias cosas
 Si del fuego purísimo nacieran?
 Rarificar o condensar el fuego
 De nada serviría, si sus partes                                        820
 Se compusiesen de la misma esencia
 Que tiene todo el fuego: reunidos
 Los elementos, fuego más activo
 Tendremos, y más flojo separados:
 Bien condensemos o rarifiquemos
 El fuego, como habemos ya probado,
 No se pueden formar cuerpos distintos.
 Y si éstos reconocen el vacío,
 Enrarecer y condensar el fuego
 Podrán; pero se quedan en silencio                             830
 Viendo se contradicen a sí mismos,
 Y evitan admitir puro vacío;
 Y mientras huyen las dificultades
 Se apartan del camino verdadero.
 El vacío quitado, no reparan
 Que debe condensarse todo cuerpo,
 Y no formar más que uno, cuyas partes
 Condensadas no pueden escaparse
 Como el calor y luz que arroja el fuego:
 Luego de partes densas no se forman.                   840
 Porque si en defender ellos se obstinan
 Que las partes del fuego recogidas
 Se apagan y se mudan, a la nada
 El fuego elementar reducirían,
 Y todo nacería de la nada;
 No puede un cuerpo transmutar su esencia
 Sin que deje de ser lo que antes era.
 Deben, pues, conservar los elementos
 Del fuego aquella su naturaleza,
 Para que ni los cuerpos se aniquilen                           850
 Ni el gran todo renazca de la nada.
 Mas aunque existen en naturaleza
 Algunos cuerpos de inmutable esencia,
 Que con aumentos o disminuciones
 Y con combinaciones diferentes
 Hacen cambiar la esencia de los cuerpos,
 No son éstos corpúsculos de fuego.
 Añadir o quitar no importaría,
 Ni cambiarles el orden, pues de fuego
 Tendrían todos la naturaleza,                                  860
 Y del fuego los cuerpos se engendraran.
 Así es como yo pienso que se forman:
 Existen ciertos cuerpos, cuyo encuentro,
 Figura, situación y movimiento
 Y orden forman el fuego; trastornados,
 Su esencia mudan. Estos elementos
 Ni son de fuego, ni otra cosa alguna
 Que pueda enviar cuerpos al sentido,
 Y palparlos el tacto si se arriman.
 Decir que todo lo compone el fuego,                            870
 Y que éste es el principio de las cosas,
 Que es lo mismo que Heráclito establece,
 Me parece locura consumada.
 Ataca los sentidos por sí mismos,
 Los destruye y nos roba la creencia
 Que pende de los mismos por los cuales
 El fuego conoció; pues se persuade
 Que conocen el fuego los sentidos,
 Y lo demás no cree que es tan claro:
 Muy necio y delirante me parece.                               880
 ¿Adónde la verdad encontraremos?
 ¿Quién mejor que el sentido puede hacernos
 Lo falso distinguir y verdadero?
 ¿Por qué, pues, quitará alguno los cuerpos,
 Dejando por principio sólo el fuego,
 O quitándole a éste su existencia,
 Los demás cuerpos dejará tan sólo?
 Uno y otro parece igual delirio.
 Aquéllos que creyeron ser el fuego
 La materia y la suma de los cuerpos;                           890
 Y los que por principio establecieron
 El aire creador, los que pensaron
 El agua misma hacer por sí los cuerpos,
 Y que la tierra lo criaba todo,
 Y que en cualquiera cuerpo se mudaba,
 En errores grandísimos cayeron.
 Añadamos también los que duplican
 Los elementos, cuando al fuego juntan
 Con el aire, y la tierra con el agua;
 Los que aire, tierra, lluvia y fuego tienen                    900
 Por creadores de los cuerpos todos.
 Empédocles, el hijo de Agrigento,
 Va a su frente, nacido en las orillas
 Triangulares de la isla celebrada
 Por las ondas azules del mar Jonio
 Que la baña y rodea con mil vueltas,
 Y que con altas encrespadas olas
 Por un angosto estrecho la divide
 De las playas y términos de Italia.
 Aquí habita Caribdis anchurosa,                                910
 Aquí etnéos murmullos amenazan
 De llamas recoger nuevos furores,
 Vomitar un volcán por sus gargantas,
 Y de nuevo lanzar a las estrellas
 Relámpagos de fuego: ciertamente
 Esta región que admiran las naciones,
 Óptima en bienes, prodigiosa grande,
 De valerosos héroes guarnecida,
 No tuvo en si varón más señalado,
 Más asombroso, caro y respetable;                              920
 De su divino pecho las canciones
 Pregonan sus inventos peregrinos,
 Dejándonos en duda si fue humano,
 O de inmortal estirpe descendiente.
 Este sabio inmortal, y los nombrados
 Inferiores a él, menos ilustres,
 Divinos inventores de las cosas,
 Sacaron de sus íntimas entrañas
 Oráculos más ciertos y sagrados
 Que la Pitia en la trípode de Apolo                            930
 Los diera con laureles coronada;
 Mas cual hombres al fin, aunque tan grandes,
 Erraron los principios de las cosas,
 De errores en errores resbalando.
 Establecen primero el movimiento,
 Y dejan a los cuerpos sin vacío:
 Cuerpos blandos y raros reconocen
 Tal como el aire, el sol, le tierra, el fuego,
 Animal, vegetal, pero no quieren
 Admitir en sus cuerpos el vacío.                               940
 Dividen la materia al infinito,
 La sección de los cuerpos no limitan
 Ni en ellos partes mínimas conocen.
 Viendo que de los cuerpos el extremo
 Lo mínimo es que llega a los sentidos,
 Hay que conjeturar que aquel extremo
 Que en el extremo mismo no podemos
 Distinguir, es el mínimo en los cuerpos.
 Establecen también principios blandos,
 Que nacen y perecen como vemos.                                950
 Ya se hubiera el gran todo aniquilado,
 Los cuerpos renacieran da la nada:
 ¡Ya ves cuán grande error y qué delirio!
 Enemigos, por fin, son los principios,
 Y de muchas maneras se destruyen;
 Chocándose entre sí se aniquilaran,
 O se disiparían cual los rayos,
 Lluvias y vientos por las tempestades.
 Si todo se hace de estas cuatro cosas,
 Y todo en ellas mismas se resuelve,                            960
 ¿Por qué aquéllas tendremos por principios
 Mejor que no a los cuerpos? pues que mudan
 De esencia y forma y de naturaleza.
 Mas si al contrario, acaso presumieres
 Que se reúne el agua, el fuego, el aire
 Y tierra sin mudarse en modo alguno
 Su misma esencia, de ellos no podría
 Crearse cosa alguna, ya animada,
 Ya inanimada sea como el árbol.
 Una mezcla confusa encontraremos                               970
 De aire, agua, tierra y fuego: nunca pueden
 Estas substancias concebirse unidas;
 Su propiedad cada una desplegara.
 Es necesario que obren los principios
 De un modo clandestino e invisible;
 No sea que dominando demasiado
 Impidan a los cuerpos que se formen
 Conservar su específico carácter.
 Su primer elemento hacen al fuego,
 Que emana según ellos de los cielos;                           980
 De éste se engendra el aire, de aquí el agua,
 Y la tierra del agua es engendrada.
 Retrogradando nacen de la tierra
 Los demás elementos: antes la agua,
 Después el aire; el fuego últimamente;
 Estas transformaciones nunca cesan,
 Bajan desde los cielos a la tierra,
 Desde la tierra hasta los cielos suben:
 No deben hacer esto los principios;
 Es preciso que sean inmutables,                                990
 Porque no se aniquile el universo;
 No puede cuerpo alguno de su esencia
 Los límites pasar sin que al momento
 Deje de ser lo que era; por lo tanto,
 Si se transforman estos elementos
 De continuo, como hemos dicho arriba,
 Es preciso que de otros inmutables
 Se compongan; no sea que a la nada
 Se vea reducido el universo.
 Establece más bien algunos cuerpos,                            1000
 De tal naturaleza revestidos,
 Que si el fuego criasen, hacer pueden
 Estos mismos el fluido del aire,
 Y así los demás seres, aumentando
 O bien disminuyendo, los principios,
 Cambiando situación y movimiento.
 Pero es claro, me dices, que los cuerpos
 Crecen y se sustentan de la tierra:
 Si la estación al aire no le presta
 Una temperatura favorable, 1010
 Y si con frescas lluvias no se mueven
 Las copas de los árboles, ni ayuda
 Con sus rayos el Sol las producciones;
 Ni sembrados, ni arbustos, ni animales
 Jamás podrán llegar a crecimiento.
 Sin duda es cierto; y si a nosotros mismos
 No nos sustenta un sólido alimento
 Y bebida suave, nuestros miembros
 Su brío perderán, y el sentimiento
 Se acabara del todo en nuestros huesos:                        1020
 Porque nos alimentan ciertos cuerpos
 Como a las demás cosas, pues mezclados
 Los principios están, y son comunes
 De muchos modos a otros muchos cuerpos.
 De aquí la variedad en el sustento:
 Mucho importa saber de los principios
 La mezcla, situación y movimientos
 Recíprocos; los mismos constituyen
 El cielo, el mar, la tierra, sol y ríos,
 Los árboles, los frutos y animales:                            1030
 En cada verso de estos mismos cantos
 Verás que son comunes muchas letras
 De muchas voces: debes, sin embargo,
 Confesar que los versos y palabras
 Difieren entre sí, ya en la substancia,
 Ya en el mismo sonido que sentimos:
 Tanto pueden las letras variadas.
 Pero de la materia los principios
 De otros mil modos combinar se pueden
 Para criarse variedad de cosas.                                        1040
 La Homeomeria también profundicemos
 De Anaxágoras, que es así llamada
 Entre los griegos, y en la lengua patria
 No permite nombrarla su pobreza;
 Pero es fácil decirlo con rodeos
 Y explicar la Homeomeria en su principio.
 Los huesos, a saber, de huesecitos;
 Las entrañas se forman de entrañitas;
 Muchas gotas de sangre congregadas
 Crían la sangre; y piensa que se forma                         1050
 De moléculas de oro el oro mismo;
 Que se forma la tierra, el fuego, el agua
 De sus pequeñas partes respectivas,
 Y que todos los cuerpos son formados
 De la unión de principios similares.
 Él no admite vacío en parte alguna,
 Y los cuerpos divide al infinito:
 Y yerra en ambas cosas, como aquellos
 Que antes de él los principios indagaron.
 Establece muy frágiles principios,                             1060
 Si el nombre de principios puede darse
 A los que son lo mismo que los cuerpos
 Endebles, se destruyen y perecen.
 En un ataque tan violento y fuerte,
 ¿Quién permanecerá? ¿quién de la muerte
 Cogido, escapará de entre sus garras?
 ¿El fuego? ¿el agua? ¿el aire? ¿sangre o huesos?
 Ninguno de estos cuerpos, según juzgo;
 Pues son perecederos como aquéllos
 Que vemos perecer a nuestros ojos:                             1070
 Nada puede a la nada reducirse,
 ¡Ni alguna cosa hacerse de la nada,
 Confirman mis probados argumentos.
 Por otra parte, como el alimento
 El cuerpo sustentado le engrandece,
 Se sigue que las venas y la sangre,
 Y los huesos y nervios se componen
 De heterogéneas partes: o substancias
 Mezcladas dirán ser los alimentos,
 Y que abrazan en si pequeños nervios,                  1080
 Y unas partes de sangre, y huesos, venas:
 Entonces los sustentos y bebidas
 De heterogéneas partes se componen.
 Si los cuerpos que nacen de la tierra
 Los contiene además ella en su seno,
 Debe constar de tan diversas partes
 Cuanto sus producciones son diversas:
 De los demás compuestos raciocino
 Del mismo modo; si la llama y humo
 Y ceniza están dentro en los leños,                            1090
 Los leños deben ser heterogéneos.
 Un solo medio de defensa tiene
 La opinión vacilante de Anaxágoras:
 Dél se vale, y pretende que los cuerpos
 Encierran en sí mismos los principios
 De todos los demás; pero que aquéllos
 Solamente divisan nuestros ojos
 Que están en mayor número mezclados,
 Y ocupan la primera superficie:
 La razón desaprueba este discurso;                             1100
 Porque fuera forzoso que los granos
 Cuando son quebrantados con la piedra
 Diesen muestras de sangre, o bien de partes
 Que alimentan el cuerpo; manaría
 Sangre, si se frotaran dos guijarros:
 Las hierbas destilaran igualmente
 Dulces gotas de leche tan sabrosa
 Como las ubres de lechera oveja:
 Destripando terrones, muchas veces
 Yerbas encontraríamos y granos                                 1110
 Y árboles pequeñitos escondidos:
 Hendiendo la madera, en fin, se vieran
 Llamas pequeñas, y ceniza, y humo:
 Mas como la experiencia contradiga
 Estar así revueltos los principios,
 Deben comunes ser a todo cuerpo,
 Y estar diversamente colocados
 En los diversos cuerpos de los seres.
 Pero dirás que en montes empinados
 Las copas de los árboles robustos                              1120
 Del austro proceloso sacudidas
 Se entrechocan y arrojan vivas llamas:
 Es cierto, sí; mas no contienen fuego:
 Una porción de partes inflamables
 Por el frote en un punto reunidas
 El incendio originan de los bosques;
 Si tanto fuego en ellos se escondiera,
 No podría un momento refrenarse,
 Consumiera las selvas de continuo,
 Reduciendo a cenizas todo arbusto.                             1130
 Ya ves que importa mucho, como dije,
 El mixto conocer de los principios,
 Saber su movimiento y posiciones
 Recíprocos, porque los elementos
 Cambiados entre sí ligeramente
 Sacarían el fuego de los leños,
 Como si estas palabras ligna et ignes
 Si que sus letras alteremos mucho
 Con distinto sonido pronunciamos.
 Si crees que no pueden explicarse                              1140
 Ya, por fin, los fenómenos del mundo
 Sin que atribuyas a los elementos
 Naturaleza igual a la del cuerpo,
 Perecen los principios de las cosas;
 De modo que den grandes carcajadas
 De una trémula risa conmovidos,
 Y el semblante y mejillas humedezcan
 Llenándolos de lágrimas amargas.
 Escucha las verdades que me falta
 Hacerte conocer por modo claro.                                1150
 Bien conozco que son bastante obscuras;
 Pero mi corazón ha sacudido
 Con fuerte tirso la esperanza grande
 De gloria, y juntamente ha derramado
 Suave amor de las musas en mi pecho;
 Del que agitado con briosa mente
 Recorro los lugares apartados,
 De las Piérides antes nunca hollados:
 Agrádame acercarme a fuentes puras,
 Y agotarlas bebiendo, y nuevas flores                  1160
 Agrádame coger para guirnalda
 Insigne con que ciña mi cabeza
 De un modo que las musas a ninguno
 Hayan antes las sienes adornado:
 Primero, porque enseño grandes cosas,
 De la superstición rompo los lazos
 Anudados que el ánimo oprimían;
 Después, porque compongo versos claros
 Sobre una cosa obscura, realzando
 Con poética gracia mis escritos.                                       1170
 De la razón en esto no me aparto.
 Así, cuando los médicos intentan
 Hacer beber a un niño amargo ajenjo,
 Los bordes de la copa untan primero
 Con el licor de miel dulce y dorado,
 Para que, seduciendo y engañando
 La impróvida niñez, hasta los labios
 El amargo brebaje apure en tanto
 Y engañado no muera, sino que antes
 Convaleciendo así se restablezca;                              1180
 Del mismo modo, porque las más veces
 Parece trato yo de asuntos tristes
 Para aquéllos que no han jamás pensado,
 Y que al vulgo disgustan de los hombres,
 Con el suave canto de las musas.
 Quise explicarte mi sistema todo
 Y enmelarte con música pieria,
 Por si acaso pudiera de este modo
 Tenerte seducido con mis versos,
 Hasta que entera y fiel Naturaleza                             1190
 Sin velo ante tus ojos se presente.
 Mas porque te he enseñado que los cuerpos
 De la materia sólidos y eternos
 Giran perpetuamente indestructibles,
 Examinemos hora si la suma
 De éstos es infinita, o limitada;
 Si también el vacío establecido,
 Este lugar y espacio en que los cuerpos
 Se mueven además es limitado,
 O si es profundo, inmenso e infinito.                          1200
 Es infinito, pues, de suyo el todo,
 Pues aunque extremidad tener debía,
 Como cuerpo ninguno se concibe
 Sin que a él otro cuerpo le termine,
 De modo que la vista claramente
 Más allá de este cuerpo no se extienda,
 Confesemos por fuerza que no hay nada
 Más allá de la suma, pues no tiene
 Extremidad, de límites carece.
 El sitio que tu ocupas nada importa,                           1210
 Pues que por todas partes un espacio
 Te falta que correr ilimitado.
 Si además el espacio es limitado
 Y alguno se coloca en el extremo
 Y tira alguna flecha voladora,
 ¿Deseas que tirada con gran fuerza
 Vuele ligera por llegar al blanco,
 O piensas que la impide algún estorbo
 Su vuelo y no la deja ir adelante?
 Uno u otro es preciso que confieses.                           1220
 Cualquiera que tú elijas, a la fuerza
 Debes quitar los límites al todo:
 Porque bien sea obstáculo el que impida
 Y estorbe que la flecha llegue al blanco,
 O bien le pase, aquí no se da extremo:
 En donde pongas límites, yo al punto
 Preguntaré qué ha sido de la flecha:
 Jamás encontrarás así el extremo;
 Siempre su inmensidad deja un espacio
 Que recorra la flecha fugitiva.                                        1230
 Además, que si la naturaleza
 Hubiera puesto límites al todo,
 Ya la materia con su mismo peso
 Se juntara en los sitios más profundos;
 Debajo de la bóveda del cielo
 Ninguna cosa se produciría,
 Ni el cielo ni la luz del Sol naciera;
 Como que la materia toda hundida
 Desde la eternidad amontonada
 Inerte yacería; pero ahora                                             1240
 De cierto no reposan los principios,
 Porque ningún lugar profundo existe
 En donde puedan como reunirse
 Y colocar su asiento permanente;
 Y siempre un continuado movimiento
 Cría por todas partes nuevos seres,
 Y el infinito suministra siempre
 De una materia activa eterna copia.
 Que unos cuerpos, en fin, a otros limitan
 Claramente lo vemos: las montañas                              1250
 El aire circunscribe, a éste los montes;
 A los mares da límites la tierra,
 Y los mares limitan a las tierras;
 Nada hay que ponga límites al todo:
 Porque es de los lugares y el espacio
 Tal la naturaleza, que los ríos
 Clarísimos corriendo eternamente
 Alcanzar con su curso no podrían
 Los límites del mundo en parte alguna;
 Nada habrían andado: el universo,                              1260
 No conociendo límites, por todas
 Partes al infinito se dilata.
 Seguramente la naturaleza
 Impide que la suma de las cosas
 Pueda circunscribirse ella a si misma;
 Porque ha hecho que el vacío limitase
 Al cuerpo, éste al vacío; de este modo
 Ha dispuesto su obra ilimitada.
 Si el vacío tan sólo ilimitara,
 O hiciese limitada la materia,                                         1270
 Ni la tierra, ni el mar, ni de los cielos
 Las bóvedas lucientes, ni los hombres,
 Ni de los dioses los sagrados cuerpos
 De existencia gozaran un instante:
 Pues la materia, sacudiendo el yugo,
 Se derramara por vacío inmenso,
 O más bien ella nunca concretada
 Ni un sólo cuerpo hubiera producido,
 Por no poderse unir diseminada.
 Porque seguramente los principios                              1280
 De la materia no se han colocado
 Con orden, con razón ni inteligencia,
 Ni han pactado entre sí sus movimientos;
 Antes diversamente combinados,
 Desde la eternidad por el espacio
 Agitados con choques diferentes,
 Juntas y movimientos van probando,
 Hasta que se colocan de manera
 Que esta suma criada se mantiene;
 La cual por muchos siglos conservada,                  1290
 Y puesta en conveniente movimiento,
 Hace con largas ondas que los ríos
 Abastezcan los mares insaciables;
 Que la tierra sus frutos reproduzca
 Con los rayos del Sol alimentada;
 Y que reproducidas las especies
 De los brutos florezcan, y que vivan
 Los fuegos celestiales resbalando:
 No sucediera si infinita copia
 De los principios no estuviera siempre                         1300
 Reparando las pérdidas continuas:
 Así como los brutos sin sustento
 Se van aniquilando, y por fin mueren;
 De la misma manera el todo debe
 Perecer al momento que materia
 De su recto camino extraviada
 No suministre pábulo a los cuerpos.
 No podrían los átomos externos
 Conservar a la suma congregada;
 Porque pueden con golpes repetidos                             1310
 Impedir que una parte se destina,
 Y dar tiempo a los átomos que lleguen
 A completar la suma; algunas veces,
 A rebotar no obstante precisados
 Espacio y tiempo, dan a los principios
 Para que se desunan libremente:
 Sin cesar es preciso se sucedan
 Los átomos; materia ilimitada
 Supone, pues esta presión eterna.
 Guárdate de creer en esto, Memmio,                             1320
 Lo que dicen algunos: que los cuerpos
 Se dirigen al centro de la suma,
 Y que del mundo la naturaleza
 No es detenida por eternos choques,
 Ni a parte alguna pueden escaparse
 El uno u otro extremo, porque todo
 Al centro se dirige. Si creyeres
 Que un ser puede en sí mismo sustentarse:
 Que los cuerpos pesados que tenemos
 Bajo los pies, gravitan hacia arriba:                          1330
 Que en dirección contraria son llevados,
 Como la imagen que en el agua vemos;
 Defiende con razones semejantes
 Que debajo vaguean animales,
 Que no pueden caerse de la tierra
 En las regiones ínfimas, del modo
 Que no pueden al cielo remontarse
 De suyo nuestros cuerpos; y que cuando
 Aquéllos ven el sol, nosotros vemos
 De noche las estrellas, y alternando                           1340
 Parten las estaciones con nosotros;
 Y que igualan sus días a los nuestros,
 Y a las suyas igualan nuestras noches.
 En ficciones groseras han caído
 Y en errores estúpidos los necios,
 Porque en principios falsos se apoyaron:
 Pues en una extensión ilimitada
 No entienden que no puede darse un centro,
 Y aun cuando supongamos que existiera,
 No se vieran los cuerpos obligados                             1350
 A pararse más bien aquí que en otra
 Cualquiera parte o sitio del espacio;
 Pues la naturaleza del vacío
 Cede a los cuerpos graves, hacia el centro
 Se dirijan, o no; porque no hay sitio
 En que los cuerpos una vez llegados
 Pierdan su pesadez, y se detengan;
 El vacío a los cuerpos dará paso;
 Así lo exige su naturaleza:
 No impedirá la desunión del todo                               1360
 Este deseo que los lleva al centro.
 También además fingen que hacia el centro
 No es común la tendencia a todo cuerpo;
 Los que de tierra o agua se componen
 Se dirigen a él, como los mares,
 Y las que salen de soberbios montes
 Y lo que encierra en sí cuerpo terrestre:
 Pero del aire las sutiles auras
 Y las llamas ligeras se retiran
 Del centro: que por eso centellea                              1370
 Todo el éter con fuegos y se nutre
 Del Sol la antorcha en azulado cielo;
 Porque el calor del centro fugitivo
 Recoge allí sus fuegos (no pudiera
 Los animales sustentar la tierra
 Ni del árbol las ramas hojecieran
 Si el jugo alimenticio no les diese
 Colocan más allá de las estrellas
 El firmamento, para que los fuegos
 Del cielo, libres, y del centro huyendo                        1380
 A la manera de voraces llamas,
 No traspasen los límites del mundo
 Y desordenen la naturaleza,
 Ni el cielo se desplome con sus rayos,
 Ni se abra la tierra de repente
 Debajo de los pies, y nuestros cuerpos
 Caigan en el abismo sepultados,
 Descompuestos, envueltos en ruinas
 De tierra y cielo; así que en un instante
 Más que soledad vasta no quedara,                              1390
 Y principios sin fuerza: en cualquier parte
 Que empieces, pues, a disolver los cuerpos
 Te hallarás una puerta siempre franca
 De destrucción, por donde la materia
 Amontonada escapará volando.
 Si estos conocimientos que te ofrece
 Mi humilde musa, hubieres comprendido,
 Porque con una cosa otra se ilustra,
 No te robará el paso obscura noche
 Sin que penetres los secretos hondos                           1400
 De la naturaleza: de este modo
 Unas verdades esclarecen otras.                                1402


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Libro II 02
Pág. 02 de 06
Sobre la naturaleza de las cosas Tito Lucrecio Caro


Revolviendo los vientos las llanuras 1

 Del mar, es deleitable desde tierra
 Contemplar el trabajo grande de otro;
 No porque dé contento y alegría
 Ver a otro trabajado, mas es grato
 Considerar los males que no tienes:
 Suave también es sin riesgo tuyo
 Mirar grandes ejércitos de guerra
 En batalla ordenados por los campos:
 Pero nada hay más grato que ser dueño                  10
 De los templos excelsos guarnecidos
 Por el saber tranquilo de los sabios,
 Desde do puedas distinguir a otros
 Y ver cómo confusos se extravían
 Y buscan el camino de la vida
 Vagabundos, debaten por nobleza,
 Se disputan la palma del ingenio,
 Y de noche y de día no sosiegan
 Por oro amontonar y ser tiranos.
 ¡Oh míseros humanos pensamientos!                              20
 ¡Oh pechos ciegos! ¡Entre qué tinieblas
 Y a qué peligros exponéis la vida;
 Tan rápida, tan tenue! ¿Por ventura
 No oís el grito de naturaleza,
 Que alejando del cuerpo los dolores,
 De grata sensación el alma cerca,
 Librándola de miedo y de cuidado?
 Vemos cuán pocas cosas son precisas
 Para ahuyentar del cuerpo los dolores,
 Y bañarle en delicias abundantes,                              30
 Que la naturaleza economiza.
 Si no se ven magníficas estatuas,
 De cuyas diestras juveniles cuelguen
 Lámparas encendidas por las salas
 Que nocturnos banquetes iluminan,
 Ni el palacio con plata resplandece,
 Ni reluce con oro, ni retumba
 El artesón dorado con las liras;
 Se desquitan, no obstante, allá tendidos
 En tierna grama, cerca de un arroyo,                           40
 De algún árbol copudo sombreados,
 A cuyo pie disfrutan los placeres
 Que cuestan poco; señaladamente
 Si el tiempo ríe y primavera esparce
 Flores en la verdura de los campos:
 Maligna fiebre no saldrá del cuerpo
 Si en púrpura y bordados te revuelves
 Con más celeridad que si encamares
 Entre plebeyas mantas y sayales.
 Porque si la fortuna, el nacimiento,                           50
 El esplendor del trono hacer no pueden
 A nuestro cuerpo bienaventurado,
 Presumimos que al ánimo tampoco;
 Si no es que acaso cuando tus legiones
 Veas que hierven por los anchos valles
 En simulacro y ademán de guerra;
 Cuando veas que el mar tus velas cubren,
 Y que le hacen gemir por todas partes,
 Te figures con esto que aterrada
 La superstición huye con espanto                               60
 Del ánimo, y el miedo de la muerte
 Deja entonces el pecho descuidado.
 Pues si vemos que son ridiculeces
 Y vanidades estas cosas todas;
 Y a la verdad los miedos de los hombres
 Y los cuidados que les van siguiendo
 No temen el estruendo de las armas
 Si las crueles lanzas; audazmente
 Se sientan con los reyes y señores:
 Ni sus fulgentes púrpuras respetan,                            70
 Ni sus diademas de oro; único fruto
 De la ignorancia dudarás que es todo,
 Nuestra vida en tinieblas sepultada.
 Así como los niños temerosos
 Se recelan de todo por la noche,
 Así nosotros, tímidos de día
 Nos asustamos de lo mismo a veces
 Que despavorir suele a los muchachos:
 Preciso es que nosotros desterremos
 Estas tinieblas y estos sobresaltos,                           80
 No con los rayos de la luz del día,
 Sino pensando en la naturaleza.
 Sígueme siempre tú, y escucha ahora
 Cuál es el movimiento con que engendran
 Y a los cuerpos destruyen los principios
 De la materia, y cuál es el impulso
 Y cuál la rapidez que hace que vuelen
 Por el espacio inmenso sin descanso.
 Porque seguramente la materia
 No es una masa inmóvil, pues que vemos                         90
 Disminuirse un cuerpo, y de continuo
 Manando, se consumen a la larga
 Y el tiempo nos los roba de la vista;
 Se conserva sin pérdidas la suma:
 Empobreciendo un cuerpo, los principios
 Van a enriquecer otro, y envejecen
 Los unos para que otros reflorezcan;
 Ni en un sitio se paran; de este modo
 El universo se renueva siempre,
 Y se prestan la vida los mortales;                             100
 Crecen unas especies y se acaban:
 Y en poco tiempo las generaciones
 Se mudan y la antorcha de la vida
 Cual ágiles cursores se transmiten.
 Si piensas tú que los principios pueden
 Cesar, y que cesando engendran nuevos
 Impulsos, la verdad de ti se aleja:
 Pues movidos en medio del vacío
 Los principios, es fuerza que obedezcan
 O a su gravedad misma, o al impulso                    110
 Quizá de causa externa; desde arriba
 Precipitados, pues, encuentran otros,
 Que a un lado los apartan de repente;
 No es maravilla, porque son pesados,
 Durísimos y sólidos, y nada
 Les pone estorbo alguno por su espalda.
 Y para que del todo te convenzas
 De que generalmente los principios
 Están en movimiento, ten presente
 No darse lugar ínfimo en el todo,                              120
 Donde se paren los primeros cuerpos,
 Porque inmenso, infinito es el espacio.
 No reposan jamás en el vacío
 Los principios: por su naturaleza
 En movimiento siempre variado
 Unos a gran distancia son lanzados,
 Otros se apartan menos, y se enlazan
 En el choque. Si es breve su distancia,
 Y se repelen poco, y su tejido
 Se liga íntimamente, constituyen                               130
 Las rocas solidísimas, y el hierro,
 Y una corta porción de otras substancias
 De esta naturaleza: si, al contrario,
 El choque los rechaza y los dispersa,
 Y los hace vagar por el espacio,
 En largos intervalos, nos ofrecen
 Del Sol la luz brillante y aire raso.
 Y vagan además por el vacío
 Muchos que están privados de juntarse,
 O que jamás pudieron agregados                                 140
 Entrar en el concorde movimiento;
 De lo cual una imagen y figura
 Continuamente hiere nuestros ojos,
 Cuando del Sol los rayos se insinúan
 De través por las piezas tenebrosas.
 Si reparas, veras cómo se agitan
 Átomos infinitos de mil modos
 Por el vacío en el luciente rayo:
 Y en escuadrones, en combate eterno
 Se dan crudas batallas y peleas,                                       150
 Y no paran jamás: ya se dividen,
 Y ya continuamente se repliegan.
 De aquí puedes sacar que en el vacío
 Eternamente los principios giran:
 Un efecto vulgar puede servirnos
 De modelo y de guía en cosas grandes.
 En los rayos del Sol rápidamente
 Movidos estos cuerpos, fijar deben
 Nuestra atención, pues su girar eterno
 Prueba un choque secreto y clandestino                         160
 De los átomos: muchos se extravían,
 Como verás, a un golpe imperceptible;
 Retroceden, y aquí y allí se lanzan
 En toda dirección por todas partes:
 Los principios se mueven por sí mismos
 Y dan el movimiento a aquellos cuerpos
 Que se componen de una masa fina
 Y análoga a sus débiles esfuerzos;
 Los últimos atacan a los cuerpos
 Un poco más groseros; de este modo                             170
 De los principios nace el movimiento,
 Y llega a los sentidos de seguida,
 Hasta que los corpúsculos se mueven
 Que en los rayos del Sol vemos nosotros,
 Sin que podamos ver quién los agita.
 Y la movilidad que la materia
 Comunica a los cuerpos, oye, ¡oh Memmio!
 Cuán asombrosa es: cuando derrama
 Primeramente nueva luz la aurora
 Por las tierras, y cuando revolando                            180
 En bosques retirados varias aves
 Llenan la soledad y el aire tierno
 De voces armoniosas, ¡cuán de pronto
 El sol nacido suele en este tiempo,
 Esparciendo sus rayos abundantes,
 Adornar con su luz naturaleza!
 Todos lo vemos y nos es muy claro:
 No obstante, estos corpúsculos lucientes
 Que el Sol nos manda, por vacío espacio
 No atraviesan; su marcha se retarda                            190
 Dividiendo los fluidos del aire:
 Y como no son átomos aislados,
 Sino especie de masas y hacecillos,
 Encuentran en sí mismos y por fuera
 Causas que los detengan en su marcha.
 Al contrario, son sólidos y simples
 Los átomos que cruzan el vacío
 Sin peligro de obstáculos externos.
 Forman ellos un solo y mismo todo,
 Y juntando el esfuerzo de sus partes                           200
 Hacia el único blanco de su impulso,
 Deben aventajar en ligereza,
 Y con mayor presteza ser movidos,
 Que los rayos del Sol, y en igual tiempo
 Deben correr mucho mayor espacio
 Que cuando el Sol se lanza por el cielo.
 Pues nadie supondrá que los principios
 Pudieran por sí mismos detenerse
 Ni entre sí calcular el movimiento
 Y concertar un plan perfecto y sabio.                          210
 En vano algunos necios imaginan
 Que sin la ciencia y numen de los dioses,
 Tantos efectos producir no puede
 La materia arreglados y precisos,
 Ni las vicisitudes de estaciones
 Y los varios productos de la tierra:
 Ni el suave impulso del amor que mueve
 Por medio del deleite a los mortales,
 Ni el divino placer que da la vida,
 Y a propagar les lleva las especies                            220
 Porque el género humano no se extinga.
 Fingen ellos ser obra de los dioses
 Y producción divina todo esto:
 Muy engañados van en su sistema.
 Aunque ignoraran la naturaleza
 De los principios, sin embargo, osara
 Con la vista del cielo comprobarte
 Y con otros fenómenos que el mundo
 No ha sido por los dioses fabricado,
 Pues es tan deficiente e imperfecto;                           230
 Yo te lo aclararé más adelante:
 Explicaremos al presente, Memmio,
 Lo que resta decir del movimiento.
 Presumo ya ser tiempo de probarte
 Que no puede subir con fuerza propia
 Ningún cuerpo hacia arriba: no te engañen
 Las llamas, pues que suben aumentadas;
 Y los frutos hermosos de los campos
 Y los árboles crecen hacia arriba,
 Cuanto pueden hacer los cuerpos graves                         240
 Por dirigirse abajo. No de suyo,
 Por una fuerza externa sí, los fuegos
 Saltan a las techumbres de las casas
 Y devoran las vigas y tirantes
 Rápidamente; como nuestra sangre,
 Saliendo de las venas, salta lejos
 Y de púrpura un chorro al aire esparce
 ¿No ves también con cuanta fuerza el agua
 Despide los maderos y las vigas?
 Pues aunque muchos y robustos brazos                   250
 Por hundirlos derechos se revienten,
 El agua con más ímpetu los echa,
 Y hacia arriba los lanza, y por de fuera
 La mayor parte asoma y sobresale;
 No dudamos que todos estos cuerpos
 Bajan por el vacío cuanto pueden.
 Así también deben subir las llamas
 Por una fuerza extraña, aunque su peso
 Las haga que desciendan cuanto pueden.
 ¿No ves que los nocturnos meteoros                             260
 Largos surcos de fuego van trazando
 Hacia cualquiera parte do les abre
 Naturaleza misma algún sendero?
 ¿Qué estrellas y luceros caen en tierra?
 El mismo Sol desde los altos cielos
 Derrama su calor por todas partes,
 Y sus rayos esparce por los campos:
 Luego abajo se inclinan sus ardores.
 Por medio de las nubes vuela el rayo;
 Con ímpetu se arroja desprendido                               270
 Unas veces aquí, y acullá otras;
 Y el rayo sin cesar hiere la tierra.
 Y has de entender también, ínclito Memmio,
 Que aun cuando en el vacío se dirijan
 Perpendicularmente los principios
 Hacia abajo, no obstante, se desvían
 De línea recta en indeterminados
 Tiempos y espacios; pero son tan leves
 Estas declinaciones, que no deben
 Apellidarse casi de este modo.                                         280
 Pues si no declinaran los principios,
 En el vacío, paralelamente,
 Cayeran como gotas de la lluvia;
 Si no tuvieran su reencuentro y choque,
 Nada criara la naturaleza.
 Y si alguno creyere por ventura
 Que los cuerpos más graves, cuanto tienen
 Mayor velocidad de movimiento,
 Tanto mejor en línea recta pueden
 Caer sobre los cuerpos más ligeros,                            290
 Y engendrar con su choque movimientos
 Creadores de seres, se extravía
 De todos los principios racionales.
 Es verdad que en el aire o en el agua
 Aceleran los cuerpos su caída
 Según su pesadez, porque las aguas
 Y el fluido del aire a todo cuerpo
 No pueden resistir del mismo modo;
 Ceden más fácilmente a los más graves,
 Mas no sucede así con el vacío;                                        300
 Ninguna resistencia opone al cuerpo;
 A todos igualmente les da paso:
 Por lo que los principios, desiguales
 En sus masas, moverse en el vacío
 Deberán todos con igual presteza.
 No pueden, pues, los cuerpos más pesados
 Caer encima de los más ligeros,
 Ni por sí engendrar choques que varíen
 Sus movimientos, para que por ellos
 Forme los seres la naturaleza.                                         310
 Por lo cual, yo repito ser preciso
 Que declinen los átomos un poco,
 Para que no parezca introducimos
 Movimientos oblicuos, que reprueba
 La razón verdadera; es evidente,
 Y ven los ojos, que los cuerpos graves
 Seguir no pueden dirección oblicua
 En su caída; pero ¿qué ojo agudo
 Verá que no se apartan de la recta?
 En fin, si siempre todo movimiento                             320
 Se encadena y en orden necesario
 Hace siempre que nazcan unos de otros;
 Si la declinación de los principios
 Un movimiento nuevo no produce
 Que rompa la cadena de los hados,
 De las causas motrices trastornando
 La sucesión eterna, ¿de do viene
 El que los animales todos gocen
 De aquesta libertad? ¿De dónde digo,
 Esta voluntad nace que arrancada,                              330
 A los hados nos mueve presurosa
 Do el deleite conduce a cada uno?
 Además de que nuestros movimientos
 Ni a tiempos ni a lugares se sujetan
 Determinadamente; su principio
 Es nuestra voluntad; de allí se extienden
 Por los miembros. ¿No ves que en el momento
 Que se abre la barrera, los caballos,
 Ansiosos de volar en la carrera,
 No lo pueden hacer tan prontamente                             340
 Como su ardiente espíritu codicia?
 Las moléculas todas esparcidas
 Por los miembros es fuerza que se junten
 Y se agiten por todo nuestro cuerpo,
 Si han de seguir del alma los deseos.
 Ya ves que el movimiento su principio
 Tiene en el corazón, y que procede
 De la voluntad misma: de aquí gira
 Por todo el cuerpo y miembros ciertamente.
 No sucede lo mismo cuando andamos                      350
 Impelidos de alguna fuerza extraña
 Y superior; que entonces nuestra masa
 Es arrastrada contra nuestro gusto,
 Hasta que por los miembros reprimiere
 La voluntad extraños movimientos.
 Ya ves también, que aunque una fuerza extraña
 Obligue a andar a muchos mal su grado;
 En nuestro pecho, sin embargo, queda
 Un poder que combate y hace frente,
 A cuyo arbitrio muda la materia                                360
 De dirección, sus ímpetus refrena,
 Y la hace que por fuerza retroceda.
 Esta verdad te obliga a que confieses
 En los principios diferente causa
 De pesadez y choque: de ésta nace
 La libertad, porque nosotros vemos
 Que nada puede hacerse de la nada.
 La pesadez impide ciertamente
 Que todo movimiento sea efecto
 Como de fuerza extraña: mas si el alma                         370
 En todas sus acciones no es movida
 Por interior necesidad, y si ella
 Como vencida llega a ser substancia
 Meramente pasiva, esto es efecto
 De declinar los átomos un poco
 Ni en tiempo cierto, ni en lugar preciso.
 Jamás la suma de los elementos
 Más densa fue o más rara que al presente,
 Pues ni se aumenta ni se disminuye:
 Por lo que el movimiento que ahora tienen,             380
 En los pasados siglos le tuvieron,
 Y siempre le tendrán en adelante:
 Y los cuerpos que suelen producirse,
 Producidos serán del mismo modo,
 Y existirán y crecerán robustos,
 Y tendrán cualidades convenientes
 A su naturaleza. Es imposible
 Que a la suma trastorne fuerza alguna,
 Ni se da puerta por la cual se huyan
 Y escapen de la masa los principios;                           390
 Ni con incursión súbita en el todo
 Penetrar pueden átomos extraños,
 Que, trastornando la naturaleza,
 Todos los movimientos extravíen.
 No es de maravillar que los principios
 Estando en continuado movimiento,
 Parezca estarse quieto el Universo,
 A excepción de los cuerpos que le tienen
 De suyo propio; pues sentidos nuestros
 No pueden percibir los elementos;                              400
 Por lo que si su masa es invisible,
 Debe serlo más bien su movimiento,
 Puesto que la distancia nos oculta
 La agitación de cuerpos más sensibles:
 Porque frecuentemente las ovejas
 Paciendo alegres pastos por los cerros,
 Trepan por do las llaman y convidan
 Las frescas hierbas, quo el rocío esmalta,
 Mientras que los corderos hartos juegan
 Y topan blandamente; lo cual todo                              410
 Vemos confusamente desde lejos:
 Parece la verdura del collado
 Contrastar la blancura del ganado.
 Y cuando desplegadas las legiones,
 Numerosas también, cubren los llanos
 Haciendo simulacros de batallas,
 Y en torno dan carreras los corceles,
 Y sacudiendo con esfuerzo y brío
 Traspasan de repente inmensos campos;
 El brillo de las armas sube al cielo,                          420
 Reluce con el bronce todo el suelo,
 Y resuena la tierra con los pasos
 De soldados valientes, y los montes,
 Heridos del clamor, lanzan los gritos
 Las estrellas: sin embargo, inmóvil
 Parece estar aquella muchedumbre
 Mirada de la cumbre de algún monte,
 Y ser el brillo propio de la tierra.
 Ora procede que tu mente indague
 Las cualidades de los elementos,                               430
 Cuán diferentes sean en sus formas
 Y cuál la variedad de sus figuras:
 No porque haya un gran número que sea
 De formas diferentes; mas los seres
 Que ellos componen nunca se asemejan:
 Tampoco esto es extraño, pues he dicho
 Ser su número inmenso, ilimitado;
 No deben, pues, tener las mismas formas
 Exactamente con igual contorno.
 Considera además la raza humana                                440
 Y mudos nadadores escamosos,
 Y los hermosos árboles, y fieras,
 Y variedad de aves que frecuentan
 Los sitios deleitosos de las aguas,
 Las riberas y fuentes y lagunas,
 Y las que corren bosques solitarios
 Con raudo vuelo; en general compara
 Los individuos de cualquier especie,
 Y encontrarás en ellos diferencia:
 El hijo no podría de otro modo                                         450
 Conocer a la madre, ni ésta al hijo;
 Vemos que se conocen mutuamente,
 Como el hombre conoce sus hijuelos.
 Porque frecuentemente degollado
 En los hermosos templos de los dioses
 Cae el becerro al lado de las aras
 Turicremas, brotando de su pecho
 La sangre un río ardiente: deshijada
 La madre, empero, aquí y allí corriendo
 Por verdes bosques, va estampando en tierra            460
 Las hendidas pezuñas, registrando
 Con ojo ansioso todos los parajes,
 Por si en alguno a su perdido hijo
 Puede topar; parándose a menudo,
 Llena de quejas el frondoso bosque
 Y el establo revee continuamente,
 Clavada con la pérdida del hijo.
 Ni las hierbas lozanas con rocío,
 Ni tiernos sauces, ni la orilla amena
 De ríos espaciosos la deleitan,                                        470
 Ni la infunden olvido de su pena:
 Ni por risueños pastos el aspecto
 De los demás becerros a otra parte
 La distraen y la alivian del cuidado:
 ¡Tan propio y conocido es lo que busca!
 Conocen además los tiernos chotos
 Con voz temblosa a las cornudas madres
 Y balantes corderos topadores:
 Y así, guiados por naturaleza,
 A mamar corren las lecheras ubres.                             480
 Por fin, el trigo, aunque parece el mismo,
 Alguna diferencia hay en sus formas;
 Del mismo modo, vemos que las conchas
 Hermosean el seno de la tierra
 Por donde el mar la embebedora arena
 De corva playa alisa con las ondas
 Suaves. Luego deben los principios
 Andar bajo de formas diferentes
 En el vacío por naturaleza,
 Puesto que ellos no han sido fabricados                        490
 Por el arte con formas peculiares.
 Ya nos es fácil explicar la causa
 De insinuarse mejor fulmíneo fuego
 Que el nuestro producido de las teas:
 Porque puedes decir que se componen
 Los fuegos celestiales de los rayos
 De átomos más sutiles, que se cuelan
 Por poros que no puede entrar el fuego
 Que hacemos, de las leñas y las teas.
 ¿Por qué, en fin, a la luz da paso el cuerno                   500
 Y se la niega al agua? ¿No se forma
 La luz, acaso, de átomos más finos
 Que los que forman a las aguas bellas?
 Se cuela en un instante por el filtro
 El vino, y el aceite gota a gota;
 Porque éste se compone de principios
 Más densos, más unidos y enlazados,
 Con tanta prontitud no se separa,
 Pasando lentamente por el filtro.
 La miel y leche deliciosamente                                 510
 Por otra parte el paladar recrean;
 Pero el amargo ajenjo y la centaura
 Silvestre punzan con sabor ingrato:
 De modo que conoces fácilmente
 Que son lisos y esféricos los cuerpos
 Que nos causan sabores agradables;
 Que la amargura y aspereza nacen
 Del conjunto de átomos torcidos
 Que, fuertemente unidos, acostumbran
 Abrirse paso al paladar, rompiendo                             520
 Los órganos del gusto con su entrada.
 El placer y el dolor, últimamente,
 Que los cuerpos excitan en nosotros
 Nacen de la figura diferente
 De sus principios; ni el rechino ingrato
 De la estridente sierra te figures
 Que elementos le engendran y producen
 Tan finos como son las consonancias
 De cítara armoniosa, que despiertan
 Los dedos de los músicos expertos.                             530
 Tampoco debes dar la misma forma
 A los átomos fétidos que vienen
 De un cadáver quemado, a los que exhalan
 En el teatro aromas de Cilicia,
 Y los olores del pancreo, ungüento
 Que embalsama los templos de los dioses.
 Ni los bellos colores se componen
 De los mismos principios, si recrean
 La vista, o si la punzan de manera
 Que nos hacen llorar, o la torcemos,                           540
 Por ser horribles y de hedionda forma:
 Luego todos los cuerpos que recrean
 Y halagan los sentidos son formados
 De los átomos finos; y al contrario,
 Los cuerpos que son ásperos, molestos,
 De elementos más rudos o imperfectos.
 Hay principios también que no son lisos
 Perfectamente, ni del todo corvos,
 Sino erizados de salientes puntas
 Que regalar más bien que dañar pueden                  550
 Los sentidos: se cuenta en esta clase
 La fécula y la ínola gustosa.
 Y últimamente, las ardientes llamas
 Y los hielos de invierno a los sentidos
 Punzan con aguijones diferentes;
 Esta verdad el tacto nos demuestra:
 El tacto, el tacto, sí: ¡deidades santas!
 Del cuerpo este sentido se declara,
 Ya cuando se insinúa un cuerpo extraño,
 Ya cuando nos molesta causa externa:                   560
 Cuando recrea Venus enviando
 Semilla creadora, o cuando el choque
 Nos inquieta turbando la armonía,
 Y confunde el sentido; como puedes
 Hacer tú la experiencia, si una parte
 Hirieres de tu cuerpo con la mano:
 Luego las diferentes impresiones
 De los objetos deben explicarse
 Por las distintas formas de los átomos.
 Deben los cuerpos duros y compactos                    570
 Tener unos principios más corvados,
 Más unidos, ramosos y enlazados,
 Cuales son, entre otros, los diamantes,
 Que se burlan de golpes repetidos,
 El duro pedernal y el fuerte hierro,
 Y bronces rechinantes de los quicios.
 Empero aquellos líquidos formados
 De cuerpo fluido deben componerse
 De partes alisadas y redondas,
 Puesto que no pudiendo entrelazarse                            580
 Glóbulos de esta clase, también ruedan
 En un plano inclinado fácilmente.
 Los fluidos que ves en un instante
 Disiparse fugaces como el humo,
 Las nieblas y las llamas, no se forman
 De lisos y redondos elementos,
 Puesto que el cuerpo hieren y se punzan,
 Y penetrando los peñascos, deben
 Agudos ser, no corvos sus principios,
 Y les daremos puntas más que ganchos.                  590
 No debes admirarte cuando veas
 Cuerpos a un tiempo fluidos y amargos,
 Como el agua del mar, pues se componen
 De unos átomos lisos y redondos
 Los fluidos, mezclándose con ellos
 Punzantes elementos, causadores
 De dolor: sin embargo, no es preciso
 Sujetarlos por medio de corchetes;
 Basta que sean redondos y escabrosos,
 Que a un mismo tiempo hacia adelante pueden            600
 Rodar y causar daño a los sentidos.
 Para que te convenzas de la mezcla
 De los principios lisos y angulosos,
 Que causan la amargura de Neptuno,
 Contemplemos sus partes separadas:
 Filtrándose en el seno de la tierra,
 Endúlzanse las aguas, y se cuelan
 En depósitos dulces: sus principios
 De mayor aspereza se detienen
 En los conductos por donde han pasado.                         610
 A esta verdad juntemos también otra
 Que está unida con ella y lo comprueba:
 Y es, que son limitadas las figuras
 De los principios; sin lo cual debieran
 Los átomos tener una grandeza
 Ilimitada, pues tan chicos cuerpos
 Pueden variar poco sus figuras:
 Tú debes contemplarlos divididos
 En tres, o bien en más mínimas partes:
 Tal vez cuando las hayas colocado                              620
 De cuantos modos puedas de alto a bajo,
 Pasa las de la izquierda a la derecha;
 Cuando, por fin, hubieres acabado
 De combinar del modo que gustares,
 Si variar quisieres las figuras,
 Es preciso que añadas partes nuevas
 Y otras del mismo modo al infinito.
 Las formas de los átomos no puedes
 Multiplicar sin que el volumen crezca,
 Ni atribuirles formas infinitas                                        630
 Sin que les des grandeza ilimitada:
 Todo lo cual probé ser imposible.
 Ya las telas riquísimas de Oriente,
 La púrpura brillante Melibea
 Teñida con las conchas de Thesalia,
 Y el pomposo espectáculo que ofrece,
 De los pavones la risueña gracia,
 Sobrepujados luego se rindieran
 Al fulgor de más vívidos colores;
 Y el olor de la mirra fastidiara,                                      640
 Y el sabor de la miel, y el armonioso
 Cisne, y de Febo los divinos cantos,
 Con infame silencio callarían,
 Pues sin interrupción se sucedieran
 Las sensaciones mucho más gustosas.
 Y en las desagradables cualidades
 Llegáramos también al infinito:
 Porque los ojos, la nariz y oídos
 Y el gusto siempre sensación ingrata
 Tendrían que sufrir; mas los efectos                           650
 Siendo contrarios, y teniendo el todo
 Límites ciertos por entrambos lados,
 Es preciso confieses las figuras
 De los átomos ser también finitas.
 Por último; hay distancia limitada
 Desde el calor hasta los hielos fríos,
 Del invierno, y así reciprocando,
 Frío y calor ocupan los extremos;
 Por grados llena en medio la tibieza
 El intervalo que hay; es limitada                              660
 La cualidad sensible de los cuerpos,
 Pues que por ambas partes los limitan,
 De aquí el fuego, de allí el rígido hielo.
 Siendo, pues, limitadas las figuras
 De los átomos, debe ser su copia
 En cada clase de ellas infinita:
 Lo inferimos así forzosamente,
 porque sin ello fuera la materia,
 Contra lo que probamos, limitada.
 Prosigamos ahora declarando                                    670
 En pocos versos, y con dulce estilo,
 Cómo el gran todo a conservar alcanza
 De átomos la infinita muchedumbre
 Por tan continuos choques agitada.
 Si ves unas especies reducidas,
 Y observas tú que la Naturaleza
 Es en su producción menos fecunda;
 En otras tierras y en remotos climas
 Ellas las multiplica y las completa:
 Tal es aquel cuadrúpedo disforme,                              680
 El elefante, armado con su trompa,
 De cuya inmensa copia la India forma
 Trincheras de marfil impenetrables:
 Cuadrúpedos que apenas conocemos.
 Si por acaso en la Naturaleza
 Ha habido un solo cuerpo que no tuvo
 Igual en todo el mundo; mas no siendo
 Infinitos los átomos, no puede
 Existir ni crecer ni alimentarse
 El cuerpo que esos átomos formaron.                            690
 Supongamos dispersos en la suma
 De un cuerpo los principios limitados:
 ¿De qué modo podrán ellos juntarse
 En un piélago vasto de materia?
 ¿Con qué fuerza, en qué sitio, de qué modo
 En tanta confusión podrán unirse?
 No tienen medio alguno de enlazarse.
 Pero como después de un gran naufragio
 Lejos suele arrojar el mar los barcos,
 La proa, las entenas, gobernalles                              700
 Y mástiles nadantes, y las jarcias
 Flotando por las costas de las tierras,
 Porque vean y aprendan los mortales
 Esta lección terrible, y huir quieran
 Las insidias y fuerzas y el engaño
 De la pérfida mar, y no la crean
 Cuando con engañosa calma ríe;
 Si concibes así los elementos
 Con número finito y limitado,
 Del mismo modo nadarán dispersos                               710
 Por su misma materia rebatidos
 Eternamente, sin jamás unirse:
 Mas si acaso un momento se enlazasen,
 Esta unión no podrá llegar a colmo
 Y crecimiento; mas diariamente
 Vemos las formaciones y progresos
 De todo cuerpo: luego los principios
 Vemos con claridad ser infinitos,
 Pues que conservan las especies todas.
 Así los movimientos destructores                               720
 No pueden destruir perfectamente,
 Ni acabar para siempre con los cuerpos;
 Así los movimientos creadores
 No pueden darles duración eterna:
 Desde la eternidad viven en lucha
 Con el mismo poder ambos principios:
 Victorias y derrotas continuadas
 De unos y otros alternan; juntos andan
 La muerte y el vagido que levantan
 Los niños cuando ven la luz hermosa:                   730
 Ni tras el día se siguió la noche,
 Ni tras la noche aurora, sin que oyesen
 Vagidos lastimosos confundidos
 Con llantos compañeros de la muerte,
 Y secuaces de tristes funerales.
 Conviene que con rasgos indelebles
 Este principio en la memoria grabes:
 No haber un solo cuerpo conocido
 En su propia interior naturaleza
 Que de una especie sola de principios                  740
 Se forme; ni ninguno que no conste
 De mezcla de principios; cuanto un cuerpo
 Tiene más propiedades, más difieren
 En número y figura sus principios.
 Porque primero abraza en sí la tierra
 Los elementos de los grandes ríos,
 Que el mar inmenso sin cesar renuevan.
 Tiene también los fuegos subterráneos,
 Que la abrasan a veces encendidos:
 Y el ímpetu del Etna se enfurece                               750
 Con vivas llamas: tiene las semillas
 Con que pueda criar la raza humana,
 Y árboles ledos y lucientes frutos:
 Blandas hojas también, y alegres pastos
 Encierra en sí, que de alimento sirvan
 A las fieras que habitan las montañas.
 Razón por qué ella sola fue llamada
 La gran madre de dioses y animales,
 Criadora también de nuestro cuerpo:
 Los antiguos poetas doctos griegos                             760
 La cantaron subida sobre un carro,
 Dos leones uncidos agitando;
 Dándonos a entender que en el espacio
 La tierra suspendida, no podía
 Tener más firme base que a sí misma:
 Y las fieras al yugo sujetaron,
 Porque los beneficios de los padres
 Deben triunfar aun de los fieros hijos;
 De corona mural la rodearon,
 Porque de plazas fuertes y ciudades                            770
 Toda la redondez está cubierta:
 Y al presente ciñendo esta diadema,
 Con terror de los pueblos paseada
 La imagen es de la divina madre:
 Varias gentes la llaman madre Idea,
 Conforme a los antiguos sacrificios,
 Y en su séquito van catervas frigias,
 Porque dicen que allí la agricultura
 Tuvo su origen y de allí triunfante
 Se extendió por el orbe; son castrados                         780
 Los sacrificadores, porque quieren
 Significar que deben ser tenidos
 Por indignos de dar a la luz bella
 Unos vivos retratos de sí mismos
 Aquéllos que faltaren al respeto
 De sus padres, modelos de la diosa,
 Y los que ingratos con sus padres fueren.
 En sus manos resuenan los tambores
 Estrepitosos, y los retumbantes
 Címbalos, y amenazan las trompetas                             790
 Con un sonido ronco, y estimula
 La flauta en tono frigio los furores;
 Y empuñan lanzas, de la muerte indicios,
 Para llenar de espanto a los ingratos
 Y a los pechos impíos con la diosa.
 Por lo que en tanto que la estatua muda
 En las grandes ciudades paseada
 Ofrece a los mortales en secreto
 El rico manantial de sus favores,
 Arrojan al momento por las calles                              800
 Riquezas y dinero a manos llenas;
 Llueven flores y rosas, sombreando
 A la madre y brillante comitiva.
 Un batallón armado, que los griegos
 Llaman Curetas frigios, retozando
 Con pesadas cadenas se sacuden:
 Y bailan al compás, y alegres miran
 La sangre que les corre, y agitando
 Con furor los terríficos penachos
 De sus cabezas, traen a la memoria                             810
 Los Curetas dicteos, que ocultaron
 En Creta aquel vagido, según dicen,
 De Jove un tiempo, mientras que giraban
 En leve danza, armados los infantes
 En torno al niño, y a compás herían
 El bronce estrepitoso por el miedo
 De que Saturno no le devorase
 Con su diente cruel, y eternamente
 Hiriese el tierno pecho de la madre:
 Por eso la acompaña gente armada;                              820
 Cual si quisiera predicar la Diosa
 Que con las armas y el valor defiendan
 Los hombres a su patria, y sean a un tiempo
 El amparo y la gloria de sus padres.
 Esta ficción tan bella y tan galana
 La razón verdadera la reprueba;
 Pues la naturaleza de los dioses
 Debe gozar por sí con paz profunda
 De la inmortalidad: de los sucesos
 Humanos apartados y distantes;                                 830
 Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
 Por sí mismos, en nada dependientes
 De nosotros: ni acciones virtuosas
 Ni el enojo y la cólera los mueven.
 Ciertamente la tierra en todo tiempo
 Carece de sentido, y ella misma
 Debe las producciones que tenemos
 De átomos a la varia muchedumbre
 Que en su seno contiene. Mas si alguno
 Quiere más que se llame al mar Neptuno                         840
 Y a las mieses poner nombre de Ceres,
 Y si el nombre de Baco prefiriere
 A aquel vocablo propio que tenemos,
 Concedamos también llamar la tierra
 Con el nombre de madre de los dioses,
 Aunque tal madre fabulosa sea.
 Así, por lo común apacentados
 En unos mismos prados grey lanuda,
 La prole belicosa del caballo
 Y ganados cornudos, bajo un clima,                             850
 Y su sed apagando el mismo río,
 Son, no obstante, diversas sus especies,
 Y la naturaleza de sus padres
 Conservan, imitando sus costumbres:
 Tanta es la diferencia de las hierbas,
 Tan grande la del agua de los ríos.
 Además, que los huesos, sangre, venas,
 El calor, la humedad, nervios, entrañas,
 Todo animal componen; y diversas
 Entre sí son tan sólo estas substancias                        860
 Por la diversidad de sus principios.
 Los cuerpos combustibles a lo menos
 Contienen los principios de la llama,
 De la luz, de las chispas y ceniza,
 Y del humo. Tu mente si escudriña
 Los cuerpos todos, todas las substancias,
 Encontrará que envuelven las semillas
 De muchas cosas, y figuras varias.
 Ves, en fin, que gran número de cuerpos
 Son a la vez del gusto y del olfato                            870
 Percibidos: cual suelen en los templos
 Expiatorias víctimas que inmola
 El criminal ansiado a las deidades.
 Luego los elementos de los cuerpos
 Difieren entre sí; pues los olores
 Penetran en los órganos por donde
 No penetra el sabor del alimento.
 Y el gusto y el sabor de los manjares
 Por vías muy distintas se introducen:
 Nacen de las figuras diferentes                                        880
 De los principios estas cualidades;
 Pues que se juntan diferentes formas
 En un solo montón y su tejido,
 De principios mezclados conste el cuerpo.
 Y aunque también en estos versos míos
 Observes que las mismas letras vienen
 En la composición de muchos nombres,
 Es forzoso, no obstante, reconozcas
 La diferencia que hay entre las letras
 De versos y palabras; pues que tienen                  890
 Muchas letras comunes, y a las veces
 Los componen los mismos elementos,
 Mas la totalidad no es resultado
 De este mismo conjunto; así los cuerpos
 En la naturaleza diferentes,
 Aun cuando tengan átomos comunes,
 Diferir pueden entre sí las masas:
 Y con razón diremos que los hombres,
 Los frutos y los árboles hermosos
 No constan de los mismos elementos.                    900
 No creamos que puede mutuamente
 Toda especie de átomos unirse;
 Pues se verían monstruos de continuo,
 Existirían hombres medio fieras,
 Y de un animal vivo nacerían
 Frondosos ramos; se unirían substancias
 Terrestres a marinas; las quimeras,
 Lanzando fuego de su horrible boca,
 Todas las producciones de la tierra
 Devastarían: mas si nada de esto                               910
 Se hace claramente, pues los cuerpos,
 Formados todos de elementos fijos,
 Por una cierta fuerza creadora,
 Vemos que pueden conservar su especie
 Particular conforme van creciendo,
 Preciso es que este orden se conserve:
 Porque cada animal saca los jugos
 Que le son más análogos al cuerpo
 De todos los sustentos que le nutren,
 Y le dan movimientos convenientes:                             920
 Empero las moléculas extrañas
 Que no han podido unirse, ni animarse,
 Ni consentir vitales movimientos,
 Naturaleza las arroja al suelo,
 O por una inacción se libra de ellas.
 Mas por si acaso juzgas que a estas leyes
 Sólo los animales se sujetan,
 En toda producción verás lo mismo;
 Porque como entre sí difieran todas,
 Es necesario que sus elementos                                         930
 De diversas figuras se compongan:
 No porque de figuras diferentes
 Haya muchos principios; antes nunca
 Pueden enteramente parecerse
 Los individuos que resulten de ellos.
 Y así, esta diferencia de principios
 Establece también otra forzosa
 En las distancias, choques, direcciones,
 En encuentros, uniones, movimientos:
 Por estas cualidades, no tan sólo                              940
 Distinguimos los cuerpos animales,
 Antes el mar distinguen de la tierra,
 Y el cielo de la tierra diferencian.
 Escucha los discursos indagados
 Con mi dulce trabajo: no te engañes
 Quizá creyendo que los cuerpos tienen
 El color negro, blanco, o cualquier otro,
 Por ser así también sus elementos;
 Pues ningún color tienen los principios
 Que sea semejante o diferente.                                         950
 Si acaso te parece no poderse
 Concebir sin color los elementos,
 Estás muy engañado; pues los ciegos
 De nacimiento, que jamás la lumbre
 Del Sol sus ojos vieron, con el tacto
 Conocen, sin embargo, desde niños
 Los cuerpos de ningún color teñidos;
 Así también formarnos una idea
 Podemos de los cuerpos primitivos
 Sin que tengan colores. Finalmente:                            960
 Cuando tocamos por nosotros mismos
 A obscuras cualquier cuerpo, no sentimos
 De qué color o tinte está teñido.
 Juntemos el discurso a la experiencia:
 Pues de todo color seguramente
 Se muda en cualquier otro, los principios
 No deben padecer estas mudanzas;
 Inmutables serán forzamente;
 A no ser que la suma se aniquile:
 Pues traspasar no puede cuerpo alguno                  970
 Los límites que tiene, sin que deje
 De ser lo que antes era; por lo tanto,
 No atribuyas color a los principios;
 No sea que el gran todo se aniquile.
 Si ha negado, además, naturaleza
 A los primeros cuerpos los colores,
 De formas diferentes los adorna
 Que producen matices variados
 De infinitas maneras. Mucho importa
 Considerar la situación y mezcla,                              980
 Y aquellos movimientos respectivos
 De los átomos pueden fácilmente
 Dar la razón por qué los cuerpos mismos
 Que mostraban poco antes color negro,
 De repente le cambian en blancura
 Marmórea: cuando vientos furibundos
 Revolvieron los mares, por qué causa
 Blanquean como mármoles sus ondas:
 Puedes dar por respuesta que en un cuerpo
 Si los principios negros a la vista                            990
 Se confunden, se alteran y trastruecan,
 Y huyen algunos de ellos de su puesto,
 Puede la superficie de este cuerpo
 Llenarse de blancura relumbrante;
 En vez de que si fueran azulados
 Los principios del mar, no blanquearían;
 Pues de cualquiera modo que perturbes
 Los cuerpos azulados, jamás pueden
 Blanquear como el mármol reluciente.
 Mas si el color del mar puro y sin mezcla                      1000
 Resulta de elementos que contengan
 Colores diferentes, como varias
 Figuras y otras formas, se hace un todo
 Cuadrado y uniforme: convenía,
 Puesto que en el cuadrado se distinguen
 Muy diversas figuras, que se viesen
 Así en el mar como en los otros cuerpos
 Que tienen un color puro y sin mezcla,
 Colores varios y entre sí diversos.
 Además, las figuras diferentes,                                        1010
 Nada estorban, ni impiden el que tenga
 El todo exteriormente producido
 Forma cuadrada, mas la diferencia,
 En el color elemental destruye
 La total unidad de los colores.
 Se destruye la causa que movía
 A suponer principios colorados,
 Porque lo blanco y negro no resulta
 De blancos o de negros elementos,
 Antes bien de la mezcla diferente                              1020
 De colores; puesto que la blancura
 De átomos sin color es fácil nazca
 Mejor que de lo negro o su contrario.
 Pues si la luz produce los colores,
 Y su impresión no admiten los principios,
 El color en los átomos no cabe;
 ¿Qué color podrá haber en las tinieblas,
 Pues que en la misma luz se altera y cambia
 Conforme son heridos los objetos
 Por los oblicuos o directos rayos?                             1030
 No de otro modo que el collar brillante
 De las plumas que adornan la garganta
 De las palomas a las veces luce
 Con encarnado brillo de rubíes,
 Y a veces entrevera el color verde
 De la esmeralda con azul celeste:
 Y del pavón la cola, si embestida
 Es de copiosa luz, del mismo modo,
 Según sus diferentes posiciones,
 Muda colores; luego nacen éstos                                1040
 De la caída de la luz: no pueden
 Existir sin la luz, por consiguiente.
 Afectan la pupila el color blanco,
 El negro, u otro de distinto modo.
 Nada importa saber qué color tengan
 Los cuerpos que tocamos; su figura
 Es lo más esencial: los elementos
 Necesidad no tienen de colores,
 Pero sí de figuras variadas,
 Que exciten sensaciones diferentes.                            1050
 Pero si los colores de principios
 No están sujetos a figuras ciertas,
 Y una cualquiera forma de elementos
 Recibir puede los colores todos,
 ¿Por qué los cuerpos que resultan de ellos
 No son privilegiados igualmente?
 ¿Por qué el color señala las especies?
 Nos deslumbraran, pues, con blancas plumas
 En su vuelo los cuervos de ordinario,
 Y de negro color, o variado,                                   1060
 Negros por lo común fueran los cisnes.
 Y cuanto más los cuerpos dividamos
 En partes muy menudas, verás cómo
 Se mueren y se acaban los colores:
 Por eso el oro reducido a polvo,
 La púrpura hilo a hilo deshilada,
 Pierden su brillo y resplandor del todo:
 De aquí puedes sacar que los principios
 Dejan todo el color primeramente
 Que en el estado de átomos se vean.                            1070
 Y pues forma visible no atribuyes,
 Ni sonido ni olor a todo cuerpo,
 Porque no todos a la vista hieren
 Ni afectan al oído ni al olfato,
 Debemos concluir que algunos de ellos
 No constan de color, así como otros
 No conocen olores ni sonidos:
 Un ánimo sagaz concebir puede
 Los cuerpos sin color, del mismo modo
 Que de otras cualidades despojados.                            1080
 Pero no pienses que naturaleza
 Haya negado sólo los colores
 A los principios; el calor y el frío,
 La tibieza también: y de sonidos
 Estériles, y ajenos son de jugos:
 Ningún olor exhalan de sí mismos.
 Así, cuando compones una esencia
 De mirra y olorosa mejorana
 Y de la flor de nardo, que trasciende,
 Tú la echas un aceite que no tenga                             1090
 Olor alguno ni al olfato envíe
 Aura suave, porque no corrompa
 Con su hedor los perfumes de las flores
 Su vapor, que ha subido en demasía.
 Y carecen, de olores y sonidos
 Los átomos que forman a los cuerpos,
 Porque de sí no pueden enviarlos;
 Ni son sabrosos, fríos, ni calientes,
 Ni tibios, sin aquellas cualidades
 Que causan la ruina de los cuerpos,                            1100
 La flexibilidad y la blandura;
 Corruptibilidad tener no pueden,
 Fragilidad, ni mezcla de materia
 Y de vacío, si a naturaleza
 Queremos dar eternos fundamentos
 En los que siempre estribe y se conserve,
 Y al aniquilamiento no se rinda.
 Sin embargo, es preciso que confieses
 De átomos insensibles ser formados
 Todos los cuerpos que de sentimiento                   1110
 Están dotados; la experiencia misma
 Apoya esta verdad, no solamente,
 Sino que te conduce por la mano
 Y te muestra nacer los animales
 De insensibles recónditas semillas.
 Así que vemos del hediondo cieno
 Nacer gusanos vivos cuando ha sido
 Podrida con las lluvias abundantes
 La húmeda tierra: vemos transformados
 Todos los cuerpos; árboles y ríos                              1120
 Y los prados risueños se convierten
 En ganados, y en nuestros mismos cuerpos
 Transfórmase el ganado, y a menudo
 Con nuestro cuerpo auméntanse los bríos
 De alimañas y de aves carniceras.
 Así convierte la naturaleza
 Todos los alimentos en substancias
 Vivas, del mismo modo que transforma
 Áridos leños en fogosas llamas.
 Y ¿dudarás acaso cuánto importa                                1130
 Considerar la mezcla de los átomos,
 Su posición y mutuos movimientos?
 ¿De qué naturaleza son los cuerpos
 Que el mismo ánimo agitan y conmueven,
 Y en él excitan varias sensaciones,
 Si niegas que produce la materia,
 Insensible por sí, sensibles seres?
 Es cierto que las piedras y los leños,
 Aunque la misma tierra se les una,
 No pueden producir el sentimiento                              1140
 De la vida: por eso no pretendo
 Que los átomos todos sean capaces
 De componer en un momento seres
 Sensibles, pero creo de importancia
 Atender a su número y grandeza,
 su orden, su figura y movimiento,
 Y situación; pues nada de esto vemos
 En troncos y terrones: sin embargo,
 Por medio de las lluvias, corrompidos
 Estos cuerpos, parecen gusanillos,                             1150
 Porque sus elementos, removidos
 Con esta novedad, se unen de modo
 Que deben engendrar los animales.
 En fin, cuando establecen que resulta
 La sensibilidad de los principios
 Sensibles, y que aquéstos son formados
 De otros también sensibles, hacen luego
 Substancias blandas, pues que está juntada
 La sensibilidad con las entrañas,
 Nervios y venas, y procede todo                                1160
 De cuerpos blandos y perecederos.
 Pero aunque sin embargo concedamos
 Una existencia eterna a estos principios,
 O ellos deben tener el sentimiento
 En una parte, o ser animalejos:
 Mas no pueden sentir por sí las partes,
 Y el sentimiento de los otros miembros
 No se les comunica, ni la mano
 Separada del cuerpo, ni una parte,
 En alguna manera siente aislada:                               1170
 Luego ellos son perfectos animales,
 Dotados de absoluto sentimiento:
 Pues ¿cómo se podrán llamar principios,
 Y cómo evitarán ellos la muerte,
 Siendo animales como aquellos otros
 Que vemos perecer todos los días?
 Pero aunque concedamos ser posible,
 ¿Su conjunción engendrará otra cosa
 Que un pueblo numeroso de animales?
 Así como los hombres, los ganados,                             1180
 Y alimañas por medio de la Venus
 Engendran hombres, fieras y ganados.
 Pero si acaso dejan los principios
 Su propio sentimiento, y toman otro,
 ¿Por qué razón tal cualidad les dimos
 Para quitarla luego por inútil?
 Pues si vemos los huevos de las aves
 En volanderos pájaros mudarse,
 Y en gusanos hervir la tierra cuando
 Por abundantes lluvias fue tomada                              1190
 De podredumbre: luego nacer pueden
 De átomos no sensibles sentimientos.
 Y nadie piense que nacer pudiera
 El sentimiento de lo no sensible
 Por alguna mudanza que se hace,
 Como del animal en la nacencia
 Antes que salga fuera, pues más claro
 Vemos que la radiante luz del día
 Que no se verifica nacimiento,
 Sino después de formación interna,                             1200
 Ni se cumple en el ser mudanza alguna
 Sin una asociación antecedente.
 De modo que no existe sentimiento
 Antes que el animal formado sea;
 Porque antes de formarse andan dispersos
 Por el aire y las aguas los principios,
 Y por la tierra y fuego: no han tenido
 Reunión, ni vitales movimientos,
 Ni choques de aquel modo conveniente
 Que inflame los sentidos luminosos,                            1210
 Que al animal custodian y defienden.
 Y si un choque más fuerte y poderoso
 Que el que puede sufrir su resistencia
 Aflige al animal en un instante,
 Y confunde a la vez las facultades
 Del ánimo y del cuerpo; y los principios
 El desorden disuelve, y se suspenden
 Del todo los vitales movimientos,
 Hasta que la materia sacudida
 Rompe del alma los vitales lazos,                              1220
 Y por todos los poros la echa fuera
 Estando derramada por el cuerpo:
 ¿Qué puede producir un igual choque,
 Sino alterar y disolver los cuerpos?
 A las veces sucede, si el ataque
 Es menos violento, que los restos
 De vital movimiento vencen, triunfan
 Y calman los desórdenes del choque,
 Y vuelven nuevamente a sus conductos
 Las partes ordenadas que dominan                               1230
 Ya casi a destructores movimientos
 Señores de la máquina, y encienden
 El sentimiento ya casi perdido.
 Por lo que el alma de las puertas mismas
 De la muerte a la vida es revocada
 Primero que ceder a los impulsos
 Que ya casi a la muerte la arrastraban.
 Pues sentimos dolor en nuestro cuerpo
 Cuando de la materia los principios
 De alguna fuerza extraña conmovidos                    1240
 Por las vivas entrañas, por los miembros
 Se agitan en desorden; y tenemos
 Blando deleite cuando a su orden vuelven:
 Inferimos de aquí, que los principios
 Ni dolor ni deleite por sí tienen;
 Supuesto que de partes no se forman,
 Cuyo desorden pueda atormentarlos,
 O algún fruto coger de alma dulzura;
 Insensibles por tanto son los átomos.
 Si hemos de dar sensibles elementos,                           1250
 En fin, al animal para que sienta,
 Será forzoso, pues, que los principios
 Constitutivos de la raza humana
 Den grandes carcajadas, y que bañen
 Con abundantes lágrimas el rostro
 Y que penetren los secretos grandes
 De la sabiduría, y que analicen
 Sus propios elementos componentes:
 Pues siendo en su estructura semejantes
 A todos los mortales, deben ellos                              1260
 Resultar de diversos elementos,
 Y éstos de otros principios, de manera
 Que nunca puedas encontrar el término;
 Yo no me cansaré; siempre que digas
 Reír, hablar y discurrir un cuerpo,
 Es preciso que tengan sus principios
 Las mismas facultades; mas si vemos
 Ser esa pretensión una locura
 Y un gran delirio, y si reír se puede
 Sin principios risueños, si se puede                           1270
 Discurrir y explicarse sabiamente
 Sin sabios y elocuentes elementos;
 ¿Por qué seres sensibles no podrían
 Resultar de principios insensibles
 Que carezcan de todo sentimiento?
 Todos, en fin, del aire somos hijos;
 Él es el padre universal, de todos;
 Y alma tierra la madre: recibiendo
 De lo alto en gotas líquidas las aguas,
 Preñada, pare los hermosos frutos                              1280
 Y árboles ledos, y la raza humana
 Y pare toda especie de animales
 Cuando les da alimentos con que todos
 Apacientan sus cuerpos, y disfrutan
 De dulce vida y sin cesar propagan:
 Por lo que con razón madre es llamada.
 Los cuerpos que han salido de su seno
 Los vuelve en sí a abrazar; y la materia
 Enviada del aire es recibida
 En el espacio etéreo nuevamente:                               1290
 No dudes ser eternos los principios,
 Porque nosotros sin cesar los vemos
 Dejar la superficie de los cuerpos,
 Y a las veces nacer y morir luego:
 No destruye la muerte los principios
 Así como los cuerpos; su tejido
 Rompe tan solamente, y los reforma,
 Y nuevas formas y colores nuevos
 Hace que estén tomando de continuo;
 Los obliga también en un instante                              1300
 A dar y recibir el sentimiento.
 Bien sabes tú cuán importante sea
 Mirar el orden, mezcla y movimientos
 Recíprocos que tienen los principios.
 Pues lo mismo producen mar y cielo,
 La tierra, ríos, sol y las semillas,
 Árboles y animales. De igual modo
 Que en mis versos contemplas diferente
 La combinación y orden de las letras;
 Pues aunque las palabras se componen                   1310
 En parte de los mismos elementos,
 En el orden difieren solamente:
 Así en los cuerpos de Naturaleza
 Si cambian las distancias, direcciones,
 Uniones, gravedades, orden, choques,
 Colocación, reencuentros y figuras,
 Serán los resultados muy diversos.
 Aplícate ahora a la sabiduría,
 Pues deseo que entiendas las verdades
 Nuevas que va a exponer ante tus ojos                  1320
 Con nuevo orden de cosas: sin embargo,
 Como tan fácil opinión no haya
 Que no sea difícil adoptarla
 Al principio, y nada hay tan admirable
 Y tan extraordinario en sus principios
 Que con el tiempo deje de admirarse:
 Si el color puro y claro de los cielos,
 Y el que contienen los errantes astros,
 De sol y luna el brillo luminoso,
 Si fuera todo junto presentado                                         1330
 A los mortales por la vez primera,
 Como si lo pusieran de repente
 Y de un golpe a su vista, ¿qué podría
 Decirse comparable a estos objetos?
 ¿O qué nación osara la primera
 Creer posibles cuadros tan grandiosos?
 Ninguna a mi entender: ¿mas quién podría
 Sentir ahora admiración tamaña?
 De la hartura de ver ya fatigados
 Nadie se digna levantar sus ojos.                              1340
 A la luciente bóveda del cielo.
 Deja de desechar, despavorido
 De aquesta novedad, la razón misma;
 Pésalo tú con juicio más delgado
 Abraza mis verdades si son ciertas,
 O ármate contra ellas, si son falsas;
 Con la razón el ánimo examina
 Lo que hay del otro lado de los muros
 Del orbe, en los espacios infinitos.
 Hasta do quiera penetrar la mente,                             1350
 Y el espíritu libre remontarse.
 Primero, como dije, es infinito
 El gran todo hacia arriba. y hacia abajo,
 Por izquierda y derecha a todos lados:
 Así lo aclama la experiencia misma,
 Y lo declara la naturaleza
 Del infinito: luego si un espacio
 Se extiende ilimitado a todas partes,
 Si semillas sin número movidas
 Por este espacio inmenso nadan siempre                         1360
 Desde la eternidad con mil figuras,
 ¿Es probable que no se haya criado
 Mas que el cielo y el orbe de la tierra;
 Que estén en los espacios ulteriores
 Innumerables átomos ociosos;
 Habiendo especialmente fabricado
 Este mundo por sí naturaleza,
 Y los mismos principios de los cuerpos
 De suyo por acaso reunidos
 Con choques y continuos movimientos                    1370
 Enteramente inútiles y vanos
 Masas particulares produjeron
 Como mar, tierra, cielo y animales?
 ¿Quién no ha de confesar racionalmente
 Que forma la materia reunida
 Otros muchos compuestos como éste,
 Que el aire abraza en su recinto inmenso?
 Cuando además materia en abundancia
 Está dispuesta, y un espacio pronto
 A recibirla, ni su movimiento                                  1380
 Impide algún estorbo, es claro deben
 Formarse seres; y hay tan grande copia
 De principios, que no pueden contarlos
 Aunque se junten mil generaciones:
 Y si para juntarse en otra parte
 Tienen la fuerza y la naturaleza
 Igual a los principios de este mundo,
 Es preciso confieses que las otras
 Regiones del espacio también tienen.
 Sus mundos, varios hombres y animales.                         1390
 Además de esto, en la naturaleza
 No hay un solo individuo de su especie
 Que nazca y crezca único y aislado,
 Y que no forme parte de una clase
 Muy numerosa: en especial observa
 Animales y fieras montaraces,
 Hombres y mudos peces escamosos,
 Todos los cuerpos de las varias aves;
 Por lo menos diremos precisados
 Que el cielo, tierra, mar, el sol y luna,                              1400
 Y todo cuanto existe no son cuerpos,
 E individuos únicos aislados;
 Antes llegan a ser innumerables,
 Porque su duración es limitada,
 Y porque nacen como las especies,
 Que constan de infinitos individuos.
 Después del día genital del mundo,
 Cuando mar, tierra y sol también nacieron,
 Alrededor del mundo y por defuera
 Depositó la Suma en emisiones                                  1410
 Átomos y semillas infinitas,
 Con las que el mar y tierra se aumentasen,
 De do el cielo tomara la materia
 Que sus altos palacios sustentase
 Tan lejos de las tierras, y saliese
 El aire sin cesar; pues que de todos
 Los puntos del espacio se reparten
 Los acrecentamientos de principios
 Con el choque, y se juntan a substancias
 De su naturaleza; se une el agua                               1420
 Al agua, tierra a tierra, el fuego al fuego,
 El aire se une al aire; hasta que todos
 Los seres ha llevado al fin postrero
 De su crecer la poderosa madre
 Que todo lo creado perfecciona:
 Esto se verifica si repara
 En proporción las pérdidas del cuerpo:
 La vida entonces queda en equilibrio
 Por un momento, y la naturaleza
 Refrena con su fuerza el crecimiento.                          1430
 Pues los cuerpos que ves engrandecerse
 Con un feliz aumento, y levantarse
 Lentamente y por grados al estado
 De madurez, adquieren más que pierden:
 Mientras todo el sustento fácilmente
 Circula por las venas, los conductos
 Ni son tan anchos y diseminados
 Que gasten y disipen mayor parte
 De la que ellos reciben: concedamos
 De los cuerpos las pérdidas ser grandes,                       1440
 Hasta llegar a su postrer aumento:
 De allí las fuerzas, el valor y brío
 Se debilitan insensiblemente,
 Y siempre el animal se desmejora,
 Pues las emanaciones son mayores,
 Cuando al postrero crecimiento llega,
 Cuanto es mayor la masa de los cuerpos
 Y mayor su extensión: no girarían
 Todos los alimentos por las venas,
 Ni con facilidad: naturaleza                                   1450
 No puede reparar con mano franca
 Los hilos abundantes de materia
 Que sin cesar escapan de los cuerpos.
 Perecen, sí, de cierto enrarecidos
 A fuerza de manar, sucumben todos
 los eternos choques: pues les faltan
 En su vejez por fin los alimentos,
 Y en esta postración jamás descansan
 Los objetos externos de acabarlos.
 Y domarlos con choques destructores.                   1460
 Así también los cercos del gran todo
 Por todas partes se vendrán abajo,
 Reducidos a pútridas ruinas;
 Porque todos los cuerpos necesitan
 Ser con los alimentos reparados,
 Renovados también, y sostenidos:
 En vano es todo, porque los conductos
 Por do el sustento pasa, no están siempre
 Aptos a recibir lo necesario,
 Ni la naturaleza suministra                                    1470
 Todo lo que hace falta. Y ya arrugado
 De vejez está el mundo, y tan cansada
 La tierra, que no pare más que apenas
 Ruines animales, la que un tiempo
 Parió fecunda todas las especies,
 Y dio robustos cuerpos a la fieras.
 Pues la cadena de oro, yo no creo
 Que haya del alto cielo descolgado
 Las mortales especies en los campos:
 Ni azotadoras olas de peñascos                                         1480
 Ni el mar las produjeron: las criara
 La misma tierra, empero sustentadas
 Al presente por ella; y de su grado
 Ella crió además los frutos bellos,
 Y viñedos gustosos a los hombres,
 Suaves frutos y risueños pastos.
 Ella misma ofreció primeramente
 Producciones, que apenas nos concede.
 Llegar a colmo a fuerza de trabajo:
 Consumimos los bueyes y gastamos                               1490
 Los fuertes brazos de los labradores;
 Hierro apenas se encuentra para el campo;
 Tanto se desmejoran las cosechas,
 Y tanto van creciendo los trabajos:
 Ya cuántas veces labrador anciano
 Suspira meneando la cabeza
 Al ver frustados todos sus afanes;
 Y si el pasado tiempo parangona
 Con el presente, alaba de ordinario
 La suerte venturosa de sus padres:                             1500
 Se caen continuamente de sus labios
 Aquellos siglos bienaventurados
 En que los hombres de piedad henchidos,
 Más felices, con menos heredades,
 Recogían cosechas abundosas
 De aquellos pegujales miserables:
 No ve que poco a poco todo cuerpo
 Se va menoscabando, y que se estrellan
 Contra el tiempo los seres fatigados.
 Si estas verdades tienes bien grabadas,                        1510
 Libre al momento es la naturaleza,
 De soberbios señores despojada;
 Ella misma por sí rige su imperio,
 Sin dar parte a los dioses. Pechos santos
 De las deidades que en eterna calma
 Pasan vida pacífica y serena,
 Decid: ¿quién de vosotros dará leyes
 Al Universo, y sus valientes riendas
 Es capaz de llevar entre sus manos?
 ¿Y hace a la vez rodar todos los cielos?                       1520
 ¿Y quién con los influjos celestiales
 En general las tierras fertiliza,
 Y hace que en todo tiempo nos socorran?
 ¿Quién suspende las nubes tenebrosas,
 Del cielo atruena la mansión serena,
 Y lanza rayos que regularmente
 Los propios templos vuestros arruinan,
 Y su furor en vano desenvuelven
 En desiertos, y pasan con frecuencia
 Al lado de los hombres criminales                              1530
 Y al virtuoso, al inocente matan?                              1531


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Libro III 03
Pág. 03 de 06
Sobre la naturaleza de las cosas Tito Lucrecio Caro


Oh tú, ornamento de la griega gente, 1

 Que llevaste el primero entre tinieblas
 La luz de la verdad, adoctrinando
 Sobre los intereses de la vida:
 Yo voy en pos de ti, y estampo ahora
 Mis huellas en las tuyas; no codicio
 Ser tanto tu rival, como imitarte
 Ansío enamorado. ¿Pues acaso
 Entrara en desafío con los cisnes
 La golondrina? ¿o los temblosos chotos                         10
 Volaran por fortuna en la carrera
 Así como el caballo vigoroso?
 Tú eres el padre y creador de cosas:
 Sí; tú nos das lecciones paternales;
 Y del modo que liban las ovejas
 En los bosques floríferos las mieles,
 Así también nosotros de tus libros
 Bebemos las verdades más preciosas;
 Preciosas, varón ínclito, muy dignas
 De tener larga y perdurable vida.                              20
 Pues al momento que a gritar empieza
 Tu razón no ser obra de los dioses
 El universo, sin parar escapan
 Los terrores del ánimo; se extienden
 Los límites del mundo; en el vacío
 Veo formarse el universo; veo
 La corte celestial y las moradas
 Tranquilas de los dioses, que agitadas
 No por los vientos son, ni los nublados
 Con aguacero enturbian, ni la nieve                            30
 Que el recio temporal ha condensado
 Con blancos copos al caer las mancha;
 Y cúbrelas un éter siempre claro,
 Y ríe con luz larga derramada.
 Bienes pródiga da naturaleza
 A las inteligencias celestiales:
 Ni un instante siquiera es perturbada
 La paz de sus espíritus divinos:
 La mansión infernal desaparece,
 Por el contrario; ni la tierra impide                          40
 Que contemplen debajo de sus plantas
 En el vacío las escenas varias.
 Un divino placer y horror sagrado
 Se apoderan de mí considerando
 Estos grandes objetos que tu esfuerzo
 Hizo patentes descorriendo el velo
 Con que naturaleza se cubría.
 Y puesto que hasta aquí las cualidades
 De los principios te hemos explicado,
 Sus formas diferentes, movimientos                             50
 Que recíprocamente experimenta
 La materia agitada de continuo,
 Y cómo cada ser se forma de ella:
 Ya, según esto, aclararán mis versos
 De ánimo y alma la naturaleza,
 Y con toda violencia extirparemos
 De raíz aquel miedo de Aqueronte
 Que en su origen la humana vida turba,
 Que todo lo rodea en negra muerte,
 Que no deja gozar a los mortales                               60
 De líquido solaz deleite puro.
 Y aunque muchos dirán ser más temible
 La infamia y el dolor que los abismos
 De la muerte; que es la naturaleza
 Del ánimo lo mismo que la sangre
 Ellos dicen saber; por consiguiente,
 Que ellos no necesitan las lecciones
 De razón nuestra, debes convencerte
 Que un deseo de gloria, o si te agrada
 Más bien, la vanidad los lisonjea,                             70
 Pues por convencimiento no lo saben:
 Los mismos desterrados de su patria,
 Proscriptos de la vista de los hombres,
 Amancillados con delito infame
 Viven últimamente rodeados
 De muy amargas penas; y hacen honras
 Do arrastraron su mísera existencia;
 Y degolladas las ovejas negras,
 Las ofrecen a dioses infernales:
 Con más viveza adversidad despierta                    80
 Ideas religiosas en sus almas.
 Los peligros descubren a los hombres,
 Les dan a conocer los infortunios,
 Pues entonces por fin del hondo pecho
 Son proferidas voces verdaderas:
 La máscara se quita y queda el hombre.
 La avaricia, por fin, y ambición ciega,
 Que obligan a los hombres miserables
 A violar torpemente la justicia,
 Y emprenden y acompañan las maldades,                  90
 A las veces sujetos noche y día
 A afán penoso por hacer fortuna,
 Estas miserias de la vida alientan
 Con miedo de la muerte en casi todos.
 La ignominia, el desprecio y la indigencia
 Se apartan de tranquila y dulce vida,
 Y abren casi las puertas de la muerte:
 Entretanto los hombres, agitados
 De falso miedo, quieren escaparse
 De precursores lúgubres; cimentan                              100
 En sangre ciudadana su fortuna,
 Y avarientos tesoros amontonan,
 Maldad sobre maldad acumulando;
 En la fúnebre pompa del hermano
 Alégranse crueles, y aborrecen
 Y temen los banquetes consanguíneos,
 El mismo miedo de la muerte roe
 Al envidioso en general; le pone
 A la vista los grandes de la tierra,
 Llenos de distinción y poderío;                                        110
 En vileza y en cieno revolcados
 Ellos mismos se quejan; se desviven
 Por una estatua o vano nombre algunos.
 A otros inspira el miedo de la muerte
 Un odio tal hacia la luz y vida,
 Que con pecho angustiado se dan muerte;
 Olvidados, sin duda, que este miedo
 Es manantial de penas y cuidados;
 Que este miedo persigue la inocencia,
 Que éste rompe los lazos amistosos,                            120
 Que éste se burla de naturaleza,
 Pues que a sus caros padres y a su patria
 Han vendido los hombres muchas veces
 Por huir las mansiones infernales.
 Los muchachos a obscuras tembletean
 Y se asustan de todo en claro día.
 ¡Somos la diversión de unos terrores
 Tan frívolos y vanos! Desterremos
 Estas tinieblas y estos sobresaltos,
 No con los rayos de la luz del día,                            130
 Sino pensando en la naturaleza.
 Establezco que el ánimo ante todo,
 A quien intelegencia de ordinario
 Llamamos, en el cual está sentado
 El consejo y el régimen de vida,
 Es una parte real de nuestro cuerpo,
 Como los pies y manos y los ojos:
 Sin embargo de que una turba inmensa
 De sabios han creído firmemente
 No tener en el hombre sitio fijo                                       140
 El sentimiento; empero que del cuerpo
 Era habitud vital en cierto modo,
 Llamada por los griegos armonía,
 Porque anima la máquina, y no tiene
 Lugar determinado: y siendo un modo
 De ser la sanidad que goza el cuerpo,
 Y no una parte dél, del mismo modo
 Al ánimo no asignan sitio cierto,
 En lo que me parece van errados.
 Porque frecuentemente sufre el cuerpo                  150
 Su cubierta exterior, cuando el principio
 Interior se solaza; y al contrario,
 Si el ánimo es comido de pesares,
 Se regocija el cuerpo todo entero:
 Así cuando en el pie dolor sentimos,
 No padece ninguno la cabeza.
 Cuando además los miembros entregados
 A blando sueño, y el pesado cuerpo
 En momentos de calma sumergido
 Está sin sentimiento, hay en nosotros                          160
 Otro principio que en el mismo tiempo
 Es agitado de infinitos modos,
 Y experimenta en sí las alegrías
 Y cuidados estériles del pecho.
 Para que puedas conocer ahora
 Que el alma también queda en nuestros miembros.
 Aun cuando se trastorne la armonía,
 Sucede que después que se ha perdido
 Una parte del cuerpo, el sentimiento
 Anima, sin embargo, nuestros miembros,                         170
 Y perdiendo el calor algunas partes,
 Y el aire respirando simplemente,
 Al momento las venas desampara
 Y deja sólo huesos, de do infiero
 No hacer igual papel en nuestro cuerpo
 Todas las partes de que se compone,
 Ni todas le conservan igualmente:
 En aire y en calor la vida estriba:
 El aire y el calor son los postreros
 Que dejan nuestros miembros moribundos.                180
 Mas puesto que del ánimo y del alma
 Hemos hallado la naturaleza
 Como parte del hombre, da a los griegos
 Su palabra armonía, que sin duda
 Trajeron de la cumbre melodiosa
 Del Helicón o de otra cualquier parte:
 Guárdensela por mí, yo se la cedo:
 Hagan de este vocablo sus delicias:
 Comprende lo demás que voy diciendo.
 Ahora digo que el ánimo y el alma                              190
 Están íntimamente entre sí unidos
 Y una substancia forman por sí propios;
 Pero al juicio tenemos como jefe,
 Él domina en el cuerpo bajo el nombre
 De inteligencia y ánimo, y en medio
 Del pecho tiene su morada fija:
 El miedo y el pavor aquí palpitan,
 En derredor halagan los placeres,
 La sensibilidad aquí hace asiento,
 Y la parte del ánima, extendida                                        200
 Por todo el cuerpo, espera los mandatos
 Con que la hace mover la inteligencia:
 Consigo mismo él sólo se entretiene,
 Y goza de placer en los momentos
 En que el cuerpo y el ánima no prueban
 Alguna sensación: y a la manera
 Que el dolor siente el ojo, o la cabeza,
 Sin ser atormentado todo el cuerpo,
 Así el ánimo a veces abatido
 Es de melancolía, y animado                                    210
 Es por el regocijo, sin que el alma
 Alguna novedad sienta en los miembros:
 Si el espíritu empero por el cuerpo
 De miedo más vehemente es poseído,
 Vemos que el alma entera toma parte,
 Palidez y sudor a un tiempo embisten,
 La lengua balbucea y la voz falta,
 Ofuscase la vista, el oído zumba,
 Aplómanse los miembros: muere el hombre
 Por un terror del ánimo a menudo.                              220
 De aquí cualquiera fácilmente entiende
 La íntima misión de ánimo y alma,
 Pues comunica al cuerpo el mismo golpe
 Que del espíritu ella ha recibido.
 Esta razón enseña ser corpórea
 De ánimo y alma la naturaleza;
 Pues si hacen que se muevan nuestros miembros,
 Si nos arrancan del profundo sueño,
 Y si el color del rostro ellos alteran,
 Y a todo el hombre rigen y gobiernan,                  230
 Estas operaciones sin contacto
 No se pueden hacer, ni ciertamente
 El contacto sin cuerpo; ¿por ventura
 Negaremos que el ánimo y el alma
 Son de una corporal naturaleza?
 Ves, además, que el alma toma parte
 En todas las funciones que hace el cuerpo,
 Y se las comunican mutuamente,
 Si no daña a la vida horrible fuerza
 De la muerte, si el choque no desune                           240
 Los huesos y los nervios; sin embargo,
 Viene la languidez y un abandono
 Suave de los miembros, y una grata
 Propensión de caer, a que se siguen
 Esfuerzos combatidos a las veces
 De incierta voluntad de enderezarse:
 Luego del alma la naturaleza
 Es corporal, puesto que experimenta
 Todas las impresiones de los cuerpos.
 Voy a enseñarte ahora cuáles sean                              250
 De esta alma los principios, y qué especie
 De átomos la componen. y la forman.
 Primeramente, digo ser compuesta
 De unos sutilísimos principios
 Y muy delgados: convendrás en esto,
 Si atiendes a la grande ligereza
 Con la que se decide y obra el alma:
 No nos presenta la Naturaleza
 Más activos los cuerpos; luego debo
 Esta movilidad extraordinaria                                  260
 Componerse toda ella de elementos
 Los más redondos y los más delgados,
 Que puedan obligarla a que se mueva
 Al más ligero impulso, pues si el agua
 Por causa ligerísima se mueve,
 Tiene átomos volubles y pequeños;
 La miel es más tardía y más pesada,
 Su licor de difícil corrimiento,
 Pues sus partes se ligan y se traban
 Porque no son tan lisas y sutiles                              270
 Y redondas. Disipa en un instante
 Un crecido montón de adormideras
 El soplo más ligero, y no lo hace.
 Con un montón de piedras y hacecillos
 De lanzas: luego es proporcionada
 A lo chico y lo fino de los cuerpos
 La movilidad de ellos: consistencia
 Tienen tanto mayor cuanto se forman
 De elementos groseros y angulosos.
 El alma así, que de naturaleza                                         280
 Tan móvil es, debe constar de cuerpos
 Los más pequeños, lisos y redondos;
 Mas de una vez conocerás, lo bueno,
 Lo útil e importante de mi aserto.
 Te aclarará también otra experiencia
 Cuán delicada es la Naturaleza,
 Y cuán fino el tejido de este agente,
 Y a qué espacio tan corto se ciñera
 Si fuera condensable esta substancia.
 Cuando el quieto reposo de la muerte                   290
 Llega a coger a un hombre, y se retiran
 El ánimo y el alma por los miembros,
 Nada verás perder de peso y forma,
 A excepción del calor y sentimiento:
 Por lo que esta substancia que ha ligado
 A las vísceras, nervios y a las venas
 Naturaleza, debe componerse
 De partes minutísimas: no causa
 Diminución alguna su salida,
 Ni por la superficie ni en la masa                             300
 De los cuerpos: así cuando de Baco
 La flor se ha disipado, y ha perdido
 El perfume suave sus olores,
 O los jugos salieron de algún cuerpo,
 No parecen menores a la vista,
 Ni mucho más ligeros; pues los jugos
 Y los olores no son más que partes
 Muy sutiles del cuerpo; lo repito
 Que el alma y el espíritu se forman
 De átomos muy ligeros, pues huyendo                    310
 No roban peso alguno de los cuerpos.
 No hemos de presumir que sea el alma
 Una substancia simple; pues exhalan
 Los moribundos un ligero soplo
 Revuelto con calor; éste no puede
 Sin el aire existir, porque sus partes,
 Si no llegan a estar muy bien unidas,
 Es preciso se cuelen por los poros
 Las moléculas de aire; pues hallamos
 Ser ya del alma la Naturaleza                                  320
 Por los tres elementos producida.
 Pero todo esto junto no es bastante
 Para que se produzca el sentimiento:
 No es concebible, pues, que alguno de éstos
 Pueda hacer movimientos sensitivos
 Que en juego pongan el entendimiento;
 Y así les damos un principio cuarto:
 Éste no tiene nombre conocido,
 No hay otro más movible, ni más fino,
 Ni más pulido entre los elementos.                             330
 El imprime el primero en nuestros miembros
 Movimiento de vida: él es movido
 Primeramente por tener perfecta
 Pequeñez de principios: al momento
 Él al calor, al soplo comunica
 Y al aire el movimiento, y en seguida
 En general la máquina se mueve:
 La sangre entonces bate: entonces se hacen
 En general las vísceras sensibles:
 Por último, los huesos y médulas                               340
 De placer o dolor son afectados.
 Penetrar el dolor aquí no puede
 Ni algún mal violento sin que cause
 En la máquina toda tal desorden
 Que no encuentre la vida más asilo,
 Y toda el alma sale descompuesta
 Por los poros del cuerpo; felizmente
 Limitan estos choques destructores
 Sus impresiones en la superficie
 De los cuerpos: la vida conservamos.                           350
 Codiciando yo ahora el explicarte
 Por qué secreto lazo, o por qué mezcla
 Estos cuatro elementos se combinan
 Y formar pueden un sensible todo,
 Contra mi voluntad no lo permite
 De nuestra lengua patria la pobreza:
 Yo te haré como pueda un fiel bosquejo:
 Mezclados entre sí los elementos
 De estos cuatro principios, de concierto
 Se mueven, sin que puedan separarse                    360
 Ni en parte ejercitar sus facultades
 Sino como potencias diferentes
 De un mismo todo único; y del modo
 Que en las entrañas de los animales
 Un olor, un color y sabor propio
 Hay, por lo general, aunque resulte
 De estas tres cualidades reunidas
 Una misma substancia; de este modo
 Aire, calor y soplo, agente ciego,
 Una naturaleza forman juntos                                   370
 Con esta fuerza activa que principia
 A darles movimiento y hace nazca
 Por la máquina toda el sentimiento:
 Se oculta, pues, este primer agente
 En lo más interior de nuestros cuerpos;
 Partes más interiores no tenemos:
 Es alma de nuestra alma, a la manera
 Que el alma y el espíritu se juntan
 En nuestros miembros y en el cuerpo todo
 Secretamente, porque son formados                              380
 De pocos y pequeños elementos;
 Este principio así, falto de nombre,
 De átomos sutilísimos compuesto,
 En el fondo se oculta de nosotros,
 Y él es el alma de la misma alma,
 Y señorea por el cuerpo todo:
 El viento, el aire y el calor no pueden
 Producir de este modo en nuestros miembros
 La vida sin estar ellos mezclados;
 Y aunque domine, o sea dominado                                390
 Uno de estos principios por los otros,
 Juntos deben de hacer un solo todo
 Para que no perezca el sentimiento,
 Porque no rompan los vitales lazos
 Obrando cada uno separado.
 Aquel calor la cólera fomenta,
 Da también a la sangre efervescencia,
 Y arrojan fuego los airados ojos:
 En el alma hay también mucha aura fría,
 Compañera del miedo, que en los miembros               400
 Excita horror, y hace temblar el cuerpo:
 El aire, el más templado de los cuatro,
 Es el que tranquiliza nuestros pechos
 Y serena el semblante: predomina
 En los pechos coléricos fogosos
 El calor, pues se aíran fácilmente.
 La furia violenta de leones
 Así es principalmente, cuyos pechos
 Se rompen con rugidos espantosos,
 Ni su pecho coléricos tumultos                                         410
 Puede ya recoger: por el contrario,
 El viento hiela el alma de los ciervos,
 Que excita un aire frío en sus entrañas
 Con mayor rapidez, y por sus miembros
 Hace que un general temblor se mueva.
 Mas la naturaleza de los bueyes
 Vive con aire mucho más templado.
 Ni la hacha de la cólera aplicando
 La causa daño, ni jamás la ofusca
 Con los negros vapores de sus sombras,                         420
 Ni el helado pavón la pone torpe
 Con tiros penetrantes: tiene el medio
 Entre los ciervos y leones fieros.
 La raza humana así es constituida;
 Aun cuando perfeccione a ciertos hombres
 La educación, no puede, sin embargo,
 Borrar ella los rasgos dominantes
 Que en el alma grabó la misma mano
 De la naturaleza: no es posible
 De ella arrancar el germen de los vicios:                      430
 De vehemente cólera arrastrado
 Éste se precipita, aquél tentado
 Es de la timidez, y aquel tercero
 Se compadece más de lo que debe.
 Hay en los caracteres diferencias
 Esenciales, también en las costumbres,
 Que son un resultado cuyas causas
 Secretas explicarte yo no puedo:
 Tampoco hallo los nombres suficientes
 A las figuras de los elementos                                         440
 De que esta variedad es producida:
 Me parece poder asegurarte
 Que no pudiendo reflexión y estudio
 Destruir los vestigios primitivos,
 Los debilitan tanto, que podemos
 Pasar la vida bienaventurada
 Con que los altos Dioses se deleitan.
 La cubierta del alma es nuestro cuerpo,
 Y ella misma del cuerpo es centinela
 Y causa de salud; pues que se unen                             450
 Entre sí mismas estas dos substancias
 Con raíces comunes, no se puede
 Una de otra apartar sin destruirlas.
 Si al incienso quitar su olor no es fácil
 Sin que perezca su naturaleza,
 De la misma manera es imposible
 Quitar de todo el cuerpo ánimo y alma
 Sin que las dos substancias se disuelvan.
 De esta manera la Naturaleza
 Ha unido íntimamente sus principios                    460
 En el instante mismo de formarlas,
 Y sujetálas a la misma suerte:
 No pueden, pues, obrar ni sentir ellas
 Sin darse mutuo auxilio: reunidos,
 Empero, sus comunes movimientos,
 Nos encienden la antorcha de la vida.
 Ni se engendra ni crece por sí el cuerpo,
 Ni después de la muerte sobrevive.
 Pues aquellas partículas de fuego,
 Que contiene en sí el agua cuando hierve,                      470
 Pueden generalmente evaporarse
 Sin que se descomponga la misma agua
 Por esta agua: pero no así pueden
 Los miembros resistir desamparados
 La salida del alma; su tejido
 Se rompe y se empodrece por entero,
 Y mutuamente el peso de la vida
 Aprenden a llevar desde muy tiernas
 Estas substancias en el vientre mismo
 De las madres; no pueden separarse                             480
 Sin perecer: y pues que están unidas
 Mutuamente entre sí por conservarse,
 Claro verás que su naturaleza
 Debe en unión recíproca estrecharse.
 Si alguno al cuerpo el sentimiento niega,
 Y cree que recibe aquél el alma
 Por estar derramada en todo el cuerpo,
 Ataca abiertamente la evidencia.
 ¿Quién dirá el modo de sentir el cuerpo
 Sino porque está unido con el alma,                            490
 Como nos ha enseñado la experiencia?
 El alma retirada, queda el cuerpo
 De todo sentimiento despojado:
 Pierde en la vida lo que no era suyo,
 Y le roba la muerte mayor presa.
 Pretender que los ojos nada vean,
 Y que el alma divisa los objetos
 A través de aberturas, es delirio:
 Los sentidos nos dicen lo contrario;
 Porque trae y recoge simulacros                                500
 El sentido en el órgano. Y a veces,
 Cuando fijar la vista no podemos
 En objetos brillantes, porque altera
 Sus funciones la luz bastante viva,
 ¿Diremos que las puertas por do vemos
 Experimentan sensación penosa?
 Si esta suposición es admitida,
 El alma ya verá mejor sin ojos,
 Libre de estos estorbos de las puertas.
 Ni del varón Demócrito presumas                                510
 Seguir el voto santo, que nos dice
 Corresponder a cada un elemento
 Del cuerpo otro del alma, y que esta mezcla
 El lazo de los órganos compone;
 Puesto que si del alma los principios
 Más delicados son que los del cuerpo
 Y vísceras, en número no exceden
 Y con economía están partidos,
 Y únicamente asegurar pudieras
 Que entre los más pequeños elementos                   520
 Cuantos pueden causarnos sensaciones,
 Hay divididas otras tantas partes
 Del alma en nuestros miembros: no sentimos
 El polvo que se pega a nuestro cuerpo
 Y el afeite aplicado a nuestros miembros,
 Ni el rocío nocturno, ni los hilos
 Delgados de la araña, cuando andamos,
 No sentimos meternos en sus redes,
 Ni la camisa vieja que el insecto
 Sobre nuestras cabezas caer deja,                              530
 Ni las plumas de aves, ni pelusas
 Volantes, cuya extrema ligereza
 Hace caer a veces lentamente;
 Tampoco el paso de rastrero insecto,
 Ni de los pies la huella señalada
 Que dejan los insectos y mosquitos
 En nuestro cuerpo; pues primeramente
 Es preciso se ponga en movimiento
 De átomos gran copia por el cuerpo,
 Primero que los átomos del alma                                540
 A tan grandes distancias colocados
 Puedan sentir aquellas impresiones
 Y puedan reunirse, entrechocarse
 Y alternativamente repelerse.
 El espíritu es la esencial base
 De la vida; por él nos conservamos
 Mucho mejor que por el alma misma:
 Sin espíritu y juicio ni un momento
 Puede el alma quedar en nuestros miembros;
 Sus más pequeñas partes se disipan,                            550
 Sigue a su compañero por los aires
 Y deja sólo los helados miembros
 El frío de la muerte: queda vivo
 El hombre que conserva el juicio sano
 Y el espíritu: el cuerpo, sin embargo,
 Podrá ser mutilado, y su alma en parte
 Y sus miembros perder; mas vive el tronco,
 Y goza auras etéreas de la vida:
 Si no es de toda el alma despojado,
 Cualquier pequeña parte que subsista                   560
 Será bastante para darle vida:
 Por eso, aun cuando, fueren desgarradas
 Las partes que rodean a los ojos,
 Si permanece intacta la pupila,
 La potencia de ver está en su fuerza;
 Como no hieras tú la cuenca entera,
 Y cortes sólo las vecinas partes,
 Y aisladamente dejes la pupila,
 No dañará la vista: mas si un poco
 Dañan del ojo aquella parte media,                             570
 Aunque por otra parte transparente
 Estuviere la órbita sin daño,
 Apágase la luz en el instante,
 Y siguen las tinieblas: estas leyes
 Unen siempre el espíritu y el alma.
 Proseguiré diciéndote en canciones
 Dignas de que te ocupen mientras vivas,
 Que nacen los espíritus, y mueren
 Con nuestro cuerpo las ligeras almas;
 De un penoso trabajo prolongado                                580
 Mi canto es dulce fruto: bajo un nombre
 Procura reunir estas substancias,
 Pues juntas forman un compuesto solo:
 Y cuando te enseñare, verbigracia,
 Ser el alma mortal, cree que digo
 Ser mortal el espíritu como ella.
 Primeramente, porque te he enseñado
 Constar el alma de pequeños cuerpos,
 Y de elementos mucho más delgados
 Que los del agua, o nubes, o del humo;                         590
 Puesto que en ligereza se aventaja,
 Y muévese con un ligero impulso,
 Como que obran los mismos simulacros
 De las nubes y el humo sobre el alma:
 Pues simulacros son de estos objetos
 El humo y el vapor que en sueños vemos
 Exhalarse y subir de los altares.
 Por todas partes ves correr el agua
 Cuando se hace pedazos algún vaso;
 Pues si las nubes y humo se disipan                            600
 Por los aires, persuádete que el alma
 Se disipa saliendo de los miembros,
 Y que sus elementos se disuelven
 Y perecen más pronto y velozmente.
 Siendo del alma el cuerpo como vaso,
 Por un mortal ataque descompuesto,
 O perdida la sangre, enrarecido,
 No puede detener su retirada.
 ¿Podrás tú persuadirte la detenga
 El aire, que es un fluido más raro?                            610
 Nacer, crecer y envejecer sentimos
 El alma juntamente con el cuerpo:
 Un cuerpo quebradizo y delicado
 Sirve desde la infancia como cuna
 A un ánimo tan débil como el alma:
 Y los miembros la edad robusteciendo,
 El consejo también se robustece,
 Y el ánimo sus fuerzas va aumentando:
 Después, cuando el esfuerzo poderoso
 De los años el cuerpo ha quebrantado,                  620
 Y, el brío entorpecido, decayeron
 Las fuerzas de los miembros, el ingenio
 Claudica, y el espíritu y la lengua
 Delira, y faltan todos los resortes
 De la máquina a un tiempo; luego el alma
 También se descompone y se disipa
 Como el humo en los aires, pues la vemos
 Nacer y acrecentarse con el cuerpo
 Y sucumbir al tiempo fatigada.
 Como del mismo cuerpo se apoderan                      630
 Dolor agudo, enfermedades graves,
 Del espíritu así el espanto y duelo
 Y molestos cuidados: luego debe
 Partícipe como él ser de la muerte.
 La razón se perturba en las dolencias
 Del cuerpo muchas veces: se apodera
 Del alma la demencia y el delirio:
 Y a veces un letargo profundísimo
 La hunde en un sopor alto y eterno,
 Los párpados se caen y la cabeza:                              640
 Ni oye las voces, ni conoce el rostro
 De aquéllos que llamándola a la vida
 La cercan y rodean derramando
 Lágrimas en el rostro y las mejillas.
 Es preciso confieses se disuelve
 El ánimo también, pues le penetran
 Los contagios del mal; amaestrado
 Nos ha el acabamiento de otros muchos;
 Dolor y enfermedad, entrambos juntos,
 Son los fabricadores de la muerte.                             650
 ¿Por qué razón, en fin, luego que el vino,
 Este licor ardiente, ha poseído
 Un hombre penetrando por sus venas,
 Y su ardor escondió metido en ellas,
 Están sus miembros graves y pesados,
 Sus pies entorpecidos tartalean,
 La lengua torpe, y embriagada el alma,
 Fluctuantes los ojos, gritos, llantos
 Y riñas y pendencias van creciendo,
 Y lo demás que a la embriaguez se sigue?                       660
 Del vino, pues, la fuerte violencia
 Ataca el alma en nuestro mismo cuerpo.
 Luego si puede una cualquier substancia
 Perturbarse embargada, es necesario
 Que de inmortalidad esté privada,
 Y que perezca, hallándose ella expuesta
 A una causa más fuerte irresistible.
 De un accidente súbito atacado
 Un hombre, cae en tierra a nuestra vista
 Como herido de raya: espumajea,                                670
 Gime y tiemblan sus miembros,
 Se enfurece, se atiesa, y el resuello
 Apenas puede echar y se fatiga;
 Con inquietud se vuelve a todos lados:
 Del mal la violencia, derramada
 Por los miembros, sin duda al alma llega
 Y la trastorna: así en el mar salado
 La fuerza impetuosa de los vientos
 Hace hiervan las ondas espumosas.
 Dolor es quien arranca los gemidos;                            680
 Los elementos de la voz echados
 A un tiempo, de tropel se precipitan
 Por el conducto que avezado hubiera
 La familiar costumbre a despedirlos.
 La demencia proviene de que el alma
 Y espíritu se turban; separados
 Con la fuerza del mal, sus facultades
 Ejercen en desorden: pero cuando
 El humor que causaba la dolencia
 Otro giro tomó, y en escondrijos                               690
 El humor corrompido se metiera,
 Como tambaleando se levanta,
 Recobra poco a poco los sentidos;
 Y vuelve a su razón: luego si tantas
 Enfermedades en el cuerpo mismo
 Al alma oprimen con oprobio y mengua,
 ¿Te podrás persuadir que sin el cuerpo
 Pueda el alma vivir allá en el aire
 En medio de los vientos y borrascas?
 Y pues que vemos que se cura el alma                   700
 Como el enfermo cuerpo, y que ella puede,
 Restablecerse con la medicina;
 Esto presagia ser mortal el alma.
 Como toda substancia conocida
 El alma viene a ser: es imposible
 Mudar su estado sin juntar las partes,
 Bien se las quiten, bien se las traspongan.
 Pero si es inmortal una substancia,
 Jamás permite el alterar su orden,
 Ni sufre se acreciente o disminuya                             710
 El número que tiene de principios:
 Porque todo aquel ser que ha traspasado
 Los límites prescritos a su esencia
 Haciendo mutaciones, deja al punto
 De ser lo que antes era: luego el alma,
 O bien enferme, o bien ya convalezca,
 Da señales de muerte, como he dicho.
 Tan fuertemente la verdad ataca
 Al error, y le cierra la salida,
 Y con raciocinar sólido y sabio                                        720
 Se alza triunfante del sofisma vano.
 Vemos, en fin, la consunción del hombre
 Por grados a las veces; y sus miembros
 Pierden uno tras otro el sentimiento.
 Ante todo los pies, uñas y dedos
 De lívido color vemos cogidos;
 En seguida los pies y piernas mueren;
 Las huellas de la helada muerte ganan
 Después por grados los restantes miembros.
 Así que, pues el alma se divide,                               730
 Ni al mismo tiempo puede existir toda,
 Como mortal debemos reputarla.
 Si acaso piensas que ella misma puede
 Interiormente reunir sus partes,
 Y recogerlas todas en un punto,
 Dando a todos los miembros sentimiento,
 Parece que el lugar donde se junta
 Tanta copia de átomos debía
 De mayor sentimiento estar dotado.
 Pues como nada de esto se perciba,                             740
 Es preciso, como antes afirmamos,
 Que el alma separada de sí misma
 Parezca derramada por afuera.
 Aunque una falsedad te concedamos
 Suponiendo que el alma se recoge
 En el cuerpo de aquellos moribundos
 Que por grados la vida van perdiendo,
 Debe, no obstante, ser mortal el alma.
 No importa que esparcida por los aires
 Perezca el alma, o en ocultas partes                           750
 Se embrutezca, si el hombre va perdiendo
 Gradualmente vida y sentimiento.
 Y supuesto que el alma es aún parte
 Del hombre, y que ella ocupa sitio cierto,
 Así como los ojos, las orejas.
 Y los demás sentidos que nos guían;
 Y no pudiendo separadamente
 Existir, ni sentir la mano, el ojo
 O la nariz fuera de nuestro cuerpo,
 Antes bien al instante se corrompen;                           760
 Por sí existir tampoco puede el alma
 Sin el cuerpo, que viene a ser su vaso,
 U otra cosa más íntima, pues juntos
 Forman tan solamente una substancia.
 Últimamente; unidos cuerpo y alma,
 Se conservan y existen mutuamente:
 Porque el alma del cuerpo separada
 No produce vitales movimientos
 Aisladamente, ni sin alma el cuerpo
 Existe y ejercita los sentidos.                                        770
 Y si arrancado de raíz un ojo,
 Separado del cuerpo enteramente,
 No puede distinguir objeto alguno,
 El alma y el espíritu no pueden
 Por sí del mismo modo alguna cosa.
 Los elementos, pues, diseminados
 Por venas, huesos, vísceras y nervios,
 Dentro de todo el cuerpo prisioneros,
 No pueden apartarse libremente
 A unas grandes distancias, encerrados                  780
 Ejercen los vitales movimientos;
 Los que no existen fugitiva el alma
 Fuera del cuerpo, echada por los aires,
 Por no estar ya sujetos sus principios;
 Aire animado podría ser el alma,
 Si estrecharse pudiera el alma misma,
 Y su actividad fuera tan ceñida
 Cual lo era antes en el mismo cuerpo.
 Repito, pues: disuelta la cubierta
 De todo el cuerpo, y las vitales auras                                 790
 Fuera del cuerpo echadas, se disuelve
 Del ánimo y del ama el sentimiento,
 Como que son efectos de una causa.
 No pudiendo sufrir, en fin, el cuerpo
 La partida del alma sin que exhale
 Fétido olor después de corrompido,
 ¿Dudas que el alma descompuesta escape
 De lo íntimo del cuerpo como humo?
 Y qué ¿tan grande alteración del cuerpo,
 De sola corrupción originada,                                  800
 Y su ruina general no anuncian
 Que el alma de su puesto fue arrojada,
 Y que sus partes por los miembros manan
 Por los conductos que hay en todo el cuerpo?
 Esto comprueba haber salido el alma
 Dividida primero por los miembros,
 Y que en el mismo cuerpo descompuesta,
 En el fluido aire después nada.
 Aun no dejando el alma muchas veces
 La mansión de la vida, trastornada                             810
 Por alguna violenta sacudida,
 Parece va a marchar; todos los miembros
 Se aflojan, y el semblante desfallece
 Como en la postrer hora, y vacilantes
 Todos los miembros caen de exangüe cuerpo.
 Este estado presenta un desmayado
 O un hombre que perdió el conocimiento:
 Terrible ataque, en que las fuerzas todas
 Desea recoger por conservarse
 La máquina, pues cae el alma entera,                           820
 Y se desploma con el cuerpo entonces;
 Y pereciera, si llegase el choque
 A hacerse más violento. Últimamente:
 ¿Creerás que escapada de los miembros,
 Sin poder resistir ataque externo,
 Sin defensa ni abrigo, existir pueda,
 No digo eternamente, un solo instante?
 Ni un moribundo siente cuando sale
 El alma libremente de su cuerpo,
 Por la garganta al paladar subiendo:   830
 Pero en el mismo sitio ella perece
 En que naturaleza la pusiera,
 Así como perecen los sentidos.
 Si ella fuera inmortal, no se quejara
 Sintiendo disolverse con la muerte:
 Antes con la alegría se partiera
 Y saldría del cuerpo a la manera
 Que deja sus despojos la culebra
 O cuernos elevados ciervo añoso.
 La sensibilidad y el raciocinio        840
 ¿Por qué razón, en fin, ni en la cabeza
 Ni en los pies o las manos jamás nacen?
 ¿Por qué se unen en sitio y región cierta,
 Sino porque les dio naturaleza
 A entrambos un lugar determinado
 Para nacer en él y conservarse?
 Así de muchos modos lo ha dispuesto
 En favor ella de los miembros todos,
 Para que nunca su orden invirtiesen.
 Los efectos y causas se encadenan      850
 Con tanta proporción; pues ni la llama
 Tuvo costumbre de nacer en ríos,
 Ni el hielo acostumbró a salir del fuego.
 Pero sí el alma por naturaleza
 Es inmortal, y si de nuestro cuerpo
 Separada, conserva el sentimiento,
 A mi entender la das cinco sentidos:
 No podemos nosotros figurarnos
 Vagar en Aqueronte de otro modo
 Las almas de los muertos, como hicieron        860
 Los antiguos poetas y pintores,
 Que las imaginaron con sentidos.
 Pero no puede el alma sin el cuerpo
 Tener ojos, narices, ni aun las manos;
 Ni sentir, ni existir sin alma pueden
 La lengua y las orejas por sí mismas.
 Y pues sentimos por el cuerpo todo
 La vida el sentimiento difundido,
 Y en general lo vemos animado;
 Si alguna fuerza el tronco separando   870
 Con un rápido golpe de repente,
 Sin duda a un tiempo el alma dividiera,
 Y junta con el cuerpo la tumbara
 Cortada en dos mitades. La substancia
 Que se divide en partes nos declara
 No ser eterna su naturaleza.
 Dicen que cortan los falcados carros
 Los miembros del guerrero encarnizado
 Con tanta rapidez en la pelea,
 Que se ve palpitar aquella parte       880
 Cortada por el suelo antes que el alma
 Cogida del dolor su falta sienta:
 Bien la celeridad del mal la robe
 El sentimiento, o bien que el alma entera
 Con el recio combate enardecida
 Lo restante del cuerpo sólo emplea
 En dar o prevenir mortáles golpes.
 Su brazo izquierdo y su broquel perdidos
 Por entre los caballos, otro ignora
 Haberse destrozado por las nuedas      890
 Y las hoces rapaces. Presuroso
 Los muros escalando, éste no advierte
 Que en tierra se cayó su mano diestra:
 Aquel otro procura levantarse
 En la pierna cortada, cuando al lado
 Agita el moribundo pie los dedos
 En el suelo. Y cortada la cabeza,
 Calor y vida el tronco conservando,
 Un semblante animado guarda en tierra
 Y los ojos abiertos mientras fueron    900
 Las reliquias del alma disipadas.
 Si quieres dividir en muchas partes
 La cola de serpiente corpulenta,
 La cual vibra amenazas por su lengua,
 Verás atormentarse cada parte
 Con la reciente herida aisladamente,
 Y la verás llenar de podre el suelo,
 Y la parte anterior con furia herida,
 A sí misma se daña por la espalda
 Con propio diente de dolor rabiando.   910
 ¿Diremos, por ventura, que hay un alma
 En cada trozo de éstos? ¿No sería
 Llenar un animal de muchas almas?
 Luego fue con el cuerpo dividida
 La única alma que había: pues mortales
 Entrambas son, puesto que se dividen.
 Si el alma es de inmortal naturaleza,
 Si al nacer en el cuerpo se insinúa,
 ¿Cómo es que no podemos acordarnos
 De la vida pasada, ni tenemos  920
 De los antiguos hechos resto alguno?
 Si el alma padeció tan gran mudanza
 Que se olvidó de los pasados hechos,
 Yo creo que este estado se parece
 A la muerte; confiesa, pues, que el alma
 De otro tiempo murió, y la del presente
 Ha llegado a formarse nuevamente.
 Si ya perfecto el cuerpo se insinuase
 En nosotros el alma al misino tiempo
 Que somos engendrados y pisamos        930
 El umbral de la vida, no la vieras
 Con los miembros crecer y con el cuerpo
 En nuestra misma sangre: antes debía
 Como en jaula vivir para sí misma,
 Separada del cuerpo que ella anima:
 Digamos sin cesar tener origen
 Las almas, sin librarse de la muerte.
 Es imposible que substancia extraña
 Con tanta intimidad pudiese unirse
 A nuestros cuerpos contra la experiencia;      940
 Por venas, nervios, vísceras y huesos
 Extenderse de modo, que aun los dientes
 Participan de cierto sentimiento,
 Como lo indica el mal y tiritona
 Que causa el agua fría que bebemos
 Y la piedra mascada en el sustento.
 Añádase que, como estrechamente
 Está unida a la máquina, no puede,
 Sin que primero se disuelva toda,
 El alma verse libre de los nervios     950
 Y de los huesos y articulaciones.
 Porque si crees tú que el alma corre
 Como fluido extraño por los miembros,
 Perecerá más pronto con el cuerpo;
 Puesto que la fluidez es un estado
 De disolverse un cuerpo y darle muerte:
 Por tanto, nuestro cuerpo se reparte.
 Si colando en los miembros los sustentos
 Toman de suyo otra naturaleza;
 El ánimo y el alma así, aunque enteros,        960
 Cuando penetran en reciente cuerpo,
 Deben descomponerse circulando;
 Por todos los conductos esparcidas
 Sus partículas, dentro de los miembros
 Forman un alma nueva, nueva reina
 De nuestro cuerpo, hija de la primera,
 Que repartida entonces por los miembros,
 Perece: por lo cual no está privada
 De nacimiento, ni de muerte exenta.
 ¿Quedan por fin, o no, semillas de alma        970
 En exánime cuerpo? Pues si quedan,
 Por inmortal no puede ser tenida;
 Con pérdida de partes se ha alejado;
 Mas si al contrario, con enteros miembros
 Robada se fugó, de tal manera
 Que no deja en el cuerpo parte alguna,
 ¿Por qué razón podridas las entrañas,
 Un cadáver da vida a los gusanos?
 ¿Cómo tan grande copia de animales
 Despojados de huesos y de sangre       980
 Se ve bullir por los hinchados miembros?
 Si crees que las almas de gusanos
 Como extrañas substancias han podido
 Juntarse por fortuna con sus cuerpos;
 Si tantas almas súbito allegadas
 Después de la partida de una sola
 No te proponen reflexión alguna;
 A una cuestión responde, sin embargo,
 Que es preciso te hagamos: ¿cada una
 De estas almas escoge la semilla       990
 Que ella quiere animar, y se fabrica
 Alguna habitación para si misma,
 O en los cuerpos formados se insinúan?
 Yo no encuentro razón para que se hagan
 Su prisión ellas mismas con trabajo,
 Las que sin cuerpo vuelan al abrigo
 De enfermedad, de frío, de hambre y males
 Que le han cabido al cuerpo por herencia,
 Y que el alma en unión experimenta:
 Mas demos que le sea ventajoso         1000
 Un cuerpo fabricarse y habitarle;
 Yo no se cómo pueden hacer esto:
 Luego cuerpos y miembros no fabrican
 Las almas para sí, ni se insinúan
 En cuerpos hechos: dame tú lecciones
 De cómo están unidos cuerpo y alma.
 ¿Por qué el bravo león, en fin, conserva
 Lo feroz de su especie? ¿Por qué heredan
 Las zorras el ardid, la huida el ciervo?
 ¿Y sus miembros agita el pavor patrio?         1010
 ¿Por qué espirituales afecciones
 Que nacen y se engendran con nosotros,
 Sino porque el espíritu, teniendo
 Su germen y elementos como el cuerpo,
 Crecen con todo él al mismo tiempo,
 Y del alma se van desenvolviendo
 Las cualidades? Pues si inmortal fuese,
 Si de uno en otro cuerpo se pasara,
 Andarían revueltas las costumbres
 De las bestias: se viera con frecuencia        1020
 Huir de Hircania el perro la embestida
 De algún ciervo cornudo, y temblaría
 Gavilán fugitivo por los aires
 De la paloma: fuera el hombre necio,
 Y el bruto sabiamente discurriera.
 En vano intentan por salir del paso
 Que por ser inmortal se muda el alma
 Mudando el cuerpo; todo ser mudable
 Se disuelve y perece sin remedio,
 Porque desordenadas y traspuestas      1030
 Sus partes son: luego las almas deben
 Desatarse en los miembros, y morirse,
 Sin quedar parte suya con el cuerpo.
 Si dicen que las almas de los hombres
 Se pasan siempre a miembros humanales,
 Preguntaré, no obstante, ¿por qué causa
 Se puede volver necia un alma sabia?
 No hay niño, alguno que prudente sea,
 Ni tiene el potro la destreza y brío
 Del bruto belicoso: el alma tiene      1040
 Su germen propio, que se desenvuelve
 Y juntamente con el cuerpo crece.
 Dirán, en fin, por última salida,
 Que ella rejuvenece en tierno cuerpo;
 La confinas mortal forzosamente,
 Pues no puede sufrir tan gran mudanza
 El alma por los miembros, sin que pierda
 La vida y sentimiento que antes tuvo.
 ¿Cómo robustecida con el cuerpo
 Podrá junto con él tocar el alma       1050
 La flor gustosa de la edad que anhela,
 Si no nace con él? ¿Por qué desea
 Abandonar en la vejez sus miembros?
 ¿Teme acaso quedarse ella encerrada
 En un cuerpo podrido, o que se hunda
 Su vieja casa sobre si cansada?
 Empero lo inmortal no corre riesgo.
 Ridículo es, en fin, imaginarse
 Estar prontas al coito las almas,
 Y a partos de animales, como enjambres         1060
 De inmortales substancias esperando
 Mortales miembros, y entre sí luchando
 Por entrar en el cuerpo la primera
 Cada cual de ellas, o entre sí conciertan,
 Por evitar disputas, que se meta
 La que con más presteza se acercare.
 Ni el árbol en el aire, ni las nubes
 En el profundo mar, existir pueden,
 Ni en los campos vivir pueden los peces,
 Ni se puede dar sangre en la madera,   1070
 Ni jugo en piedras: tiene lugar cierto
 Cada ser donde crezca y donde exista:
 No puede el alma así nacer aislada,
 Y no puede existir sin sangre y nervios:
 Con más razón podría estar el alma
 En la cabeza u hombros, o talones,
 Y pudiera nacer en cualquier parte,
 Y en el mismo hombre y vaso se quedara.
 Pues si estamos seguros tiene el alma
 Y espíritu en el cuerpo lugar fijo,    1080
 En donde pueden ir creciendo a un tiempo
 Y tener existencia, afirmaremos
 Que no pueden nacer y durar fuera:
 Luego cuando la máquina perece,
 Preciso es que también perezca el alma.
 Si es locura el juntar mortal a eterno,
 Y suponer que están en armonía,
 Haciendo mutuamente sus funciones;
 ¿Se puede imaginar más ardua cosa,
 Más distinta y opuesta que juntarse    1090
 Una perpetua e inmortal substancia
 Con la mortal, haciéndolas que sufran
 En mutua unión borrascas espantosas?.
 Pero subsiste un cuerpo eternamente,
 Porque su solidez resiste el choque;
 Él es impenetrable, indisoluble,
 Como los elementos de materia
 Cuya naturaleza he declarado:
 O porque no se halla expuesto al choque,
 Como el vacío, este impalpable espacio         1100
 Donde la destructora acción se pierde:
 O porque algún espacio no le cerca
 Que pueda contener en cierto modo
 Sus reliquias disueltas, como el todo
 Cuyas partes no escapan por defuera,
 Ni hay cuerpos que las choquen y desunan:
 Pero del alma la naturaleza
 No es de algún cuerpo sólido compuesta,
 Porque hay vacío, como te he enseñado:
 No lo es como vacío, pues hay cuerpos  1110
 En la suma infinita que atacando
 Con violencia y rapidez, la pueden
 Trastornar y ponerla en gran peligro.
 Existe de seguro espacio inmenso
 Do sus elementales partes pueden
 Ser dispersadas, o de cualquier modo
 El alma perecer: no se han cerrado
 Las puertas de la muerte para el alma.
 Si inmortal puede ser esta substancia,
 Sin peligro de causas destructoras,    1120
 Será porque estas causas no la toquen
 O porque antes que lleguen se rechazan,
 Sin que podamos percibir el daño;
 Pues los males del cuerpo el alma enferman,
 Y la consume a veces lo futuro,
 Y la fatiga con cuidado y miedo,
 Y los pasados crímenes la roen:
 Junta a esto el furor propio del alma
 Y un olvido absoluto de las cosas,
 Y hundirse en negras ondas del letargo.        1130
 La muerte nada es, ni nos importa,
 Puesto que es de mortal naturaleza:
 Y a la manera que en el tiempo antiguo
 No sentimos nosotros el conflicto
 Cuando el cartaginés con grandes fuerzas
 Llegó por todas partes a embestirnos;
 Cuando tembló todo el romano imperio
 Con trépido tumulto, sacudido
 De horrible guerra en los profundos aires;
 Cuando el género humano en mar y tierra        1140
 Suspenso estuvo sobre cuál de entrambos
 Vendría a subyugarle; pues lo mismo,
 Luego que no existamos, y la muerte
 Hubiere separado cuerpo y alma,
 Los que forman unidos nuestra esencia,
 Nada podrá sin duda acaecernos
 Y darnos sentimiento, no existiendo:
 Aunque el mar se revuelva con la tierra,
 Y aunque se junte el mar con las estrellas.
 Y aunque el alma y espíritu tuvieran   1150
 Sensaciones después de divididos,
 Interés no tomáramos en ello;
 Siendo nosotros sólo el resultado
 Del enlace y unión del alma y cuerpo:
 Ni aunque después de muertos recogiese
 Nuestra materia el tiempo, y la juntase
 Segunda vez como al presente se halla,
 Y a la luz de la vida nos volviese,
 Este renacimiento nada fuera
 Siendo una vez cortada la existencia.  1160
 Ninguno de nosotros se molesta
 Por lo que un tiempo fue, ni se entristece
 Por los sujetos que ha de hacer el tiempo
 De la materia nuestra. Pues si miras
 La inmensidad de los pasados siglos
 Y la asombrosa variedad que tienen
 Todos los movimientos de materia,
 Podrás tú conocer muy fácilmente
 Que en el orden actual se han combinado
 Más de una vez los mismos elementos.   1170
 Esto no lo comprende la memoria,
 Porque ha mediado pausa en nuestra vida
 Y se han extraviado los principios
 De nuestras almas con los movimientos
 Nuevos enteramente a los sentidos.
 No hay, pues, por qué temer desgracia alguna
 Si se vive aquel tiempo que podría
 Dejarse ésta sentir. Como la muerte,
 Quitando de la vista aquel sujeto
 A quien pueden caber los infortunios   1180
 Que sufrimos nosotros al presente,
 Su existencia anterior del todo anula,
 Nada debe temer; ni desgraciado
 Se puede hacer el hombre que no existe:
 Y aquél a quien robó la eterna muerte
 Una vida mortal, se halla lo mismo
 Que si nunca jamás nacido hubiera.
 Por eso, cuando veas indignarse
 Un hombre por la suerte que le espera
 Después de muerto, por servir de pasto         1190
 A los gusanos, o por ser quemado,
 O desgarrado con ferinos dientes,
 No es en verdad sincero, y en su pecho
 No advierte la inquietud mal desenvuelta:
 Si le oímos no duda que la muerte
 Acabe en él cualquiera sentimiento:
 Pero no es consiguiente, me parece:
 No muere todo él, y sin saberlo
 Deja subsistir siempre parte suya.
 Pues cuando en vida llega a imaginarse         1200
 Que será desgarrado su cadáver
 Por las aves y fieras, se lamenta
 De su mismo infortunio y desventura;
 Porque no se despoja de sí mismo
 Ni del caído cuerpo se retira
 Bastante el infeliz, y se figura
 Que existe aún, y sin dejar su lado,
 Le anima con su propio sentimiento:
 Porque si es ciertamente una desgracia
 En la muerte servir de pasto a fieras,         1210
 Encuentro yo no ser menos sensible
 Ser tostado con fuegos y con llamas,
 O ahogado con la miel, o bien transido
 De frío, cuando yace en el sepulcro
 De mármol frío, y ser pisoteado
 Además de oprimido con la tierra.
 No te verá ya, empero, alegre casa,
 No te verá la esposa virtuosa,
 Ni los dulces hijuelos al encuentro
 Saldrán corriendo a arrebatar tus besos        1220
 De tácita dulzura hinchendo el pecho:
 Ni a ti, ni a tus amigos escudarte
 Podrás jamás con tus gloriosos hechos:
 «¡Infeliz! ¡Oh infeliz! dicen; un día
 Fatal te roba todas las delicias
 De la vida feliz»; pero no añaden:
 «Ya no te queda sentimiento alguno.»
 Si esta verdad tuvieran bien sabida,
 Y siguiera la práctica a sus dichos,
 De gran pena y de miedo se libraran.   1230
 En un sopor tus párpados sumidos
 Con la muerte, en los siglos venideros
 No te molestarán seguramente
 Dolores melancólicos: empero,
 Al lado de las lúgubres hogueras
 Derramaremos lágrimas a mares
 Nosotros sobre ti, ya hecho ceniza;
 Ni el tiempo borrará de nuestro pecho
 El eterno dolor. Si preguntamos
 Qué significa amor tan acendrado,      1240
 Si todo para en sueño y en reposo,
 ¿A qué podrirnos en perpetuo llanto?
 También de corazón dicen los hombres
 En los convites, con la copa en mano
 Y sombreando el rostro las guirnaldas:
 «Entreguémonos, pues, al regocijo;
 El fruto del placer se pasa luego;
 Muy pronto va a dejarnos para siempre.»
 El mal primero que en la muerte temen
 Es que a los miserables los abrase     1250
 La sed, y los devore la sequía,
 O los moleste otro cualquier deseo.
 Nadie a sí y a la vida echa de menos
 Cuando en sueño reposan cuerpo y alma,
 Pues aunque este reposo eterno sea,
 Ni nos moleste falta de existencia,
 No se han extraviado, sin embargo,
 Tan lejos los sensibles movimientos
 Durante el sueño, que, despierto el hombre,
 No pueda colocarlos como antes.        1260
 Pues la muerte impone mucho menos
 Que el sueño, si es posible tenga grados.
 La nada, ¿por qué causa mas desorden
 Y confusión la muerte en los principios,
 Y no permite que despierte el hombre
 Que una vez consiguió reposo frío?
 Si de repente, en fin, la voz alzara
 Naturaleza, y estas reprensiones
 A cualquier de nosotros dirigiera:
 «¿Por qué ¡oh mortal! te desesperas tanto?     1270
 ¿Por qué te das a llanto desmedido?
 ¿Por qué gimes y lloras tú la muerte?
 Si la pasada vida te fue grata,
 Si como en vaso agujereado y roto
 No fueron derramados tus placeres,
 E ingrata pereció tu dicha entera,
 ¿Por qué no te retiras de la vida
 Cual de la mesa el convidado ahíto,
 ¡Oh necio! y tomas el seguro puerto
 Con ánimo tranquilo? Si, al contrario,         1280
 Has dejado escapar todos los bienes
 Que se te han ofrecido, y si la vida
 Te sirve de disgusto, ¿por qué anhelas
 Multiplicar los infelices días
 Que en igual desplacer serán pasados?
 ¿Por qué no pones término a tus penas,
 y a tu vida más bien? Pues yo no puedo
 Inventar nuevos modos de deleite
 Por más esfuerzos que haga; siempre ofrezco
 Unos mismos placeres: si tu cuerpo     1290
 No se halla aún marchito con los años,
 Ni tus ajados miembros se consumen,
 Verás, no obstante, los objetos mismos,
 Aun cuando en tu vivir salgas triunfante
 De los futuros siglos, y aunque nunca
 A tu vida la muerte sujetare».
 ¿Qué responder a la naturaleza,
 Sino que es justo el pleito que nos pone,
 Y es clara la verdad de sus palabras?
 Mas si sumido alguno en la miseria     1300
 Al pie de su sepulcro se lamenta,
 ¿No será su clamor mucho más justo,
 Y nos reprenderá con voz robusta?
 «Vete de aquí, insensato, con tus llantos;
 No me importunes más con tus quejidos».
 A este otro, empero, que los años rinden,
 Que en sus últimos días aún se queja:
 «¡Insaciable, dirá, tú que has gozado
 De todos los placeres de la vida,
 Aun te arrastras en ella! Consumido    1310
 En los deseos del placer ausente,
 Despreciaste el actual, y así tu vida
 Se deslizó imperfecta y disgustada,
 Y sin pensarlo se paró la muerte
 En tu misma cabeza, que antes lleno
 Y satisfecho de la vida puedas
 Retirarte: la hora es ya llegada:
 Deja tú mis presentes; no son propios
 De la edad tuya: deja resignado
 Que gocen otros, como es ley forzosa.»         1320
 Con razón a mi ver, reprendería,
 Y con razón se lo echaría en cara,
 Porque a la juventud el puesto cede
 La vejez ahuyentada, y es preciso
 Que unos seres con otros se reparen:
 Ninguna cosa cae en el abismo,.
 Ni en el Tártaro negro: es necesario
 Que esta generación propague otra:
 Muy pronto pasarán amontonados,
 Y en pos de ti caminarán: los seres    1330
 Desaparecerán hora existentes,
 Como aquéllos que hubiesen precedido.
 Siempre nacen los seres unos de otros,
 Y a nadie en propiedad se da la vida;
 El uso de ella se concede a todos.
 Mira también los siglos infinitos
 Que han precedido a nuestro nacimiento
 Y nada son para la vida nuestra.
 Naturaleza en ellos nos ofrece
 Como un espejo del futuro tiempo.      1340
 Por último, después de nuestra muerte,
 ¿Hay algo aquí de horrible y enfadoso?
 ¿No es más seguro que un profundo sueño?
 Y hallamos en la vida ciertamente
 Cualquier horror que en Aquerón profundo
 Dicen haber. El infelice Tántalo
 De espanto helado bajo enorme peña
 Amenazante teme como es fama;
 Vano temor de dioses irritados
 E incertidumbre de futura suerte       1350
 Acongoja al varón supersticioso
 Mucho más que ese trémulo peñasco.
 Tampoco a Ticio en Aquerón tendido
 Devoran aves; ni en su vasto pecho
 Algo que escudriñar encontrarían
 Por una eternidad seguramente;
 Aunque nueve yugadas ocupasen
 Sus miembros y su vasta corpulencia,
 O aunque toda la tierra él ocupara:
 Ni un eterno dolor sufrir podría,      1360
 Ni ser su cuerpo pasto perdurable:
 Para nosotros es de cierto Ticio
 Aquél a quien amor ha derribado;
 Éste es despedazado por las aves,
 Y a éste consume pena roedora;
 O rasgan los cuidados sus entrañas
 De otra cualquier pasión con el deseo.
 En la vida tenemos a la vista
 Sísifo también, el cual se obstina
 En pretender del pueblo las segures    1370
 Crueles y los fasces, se retira
 Desatendido siempre y con tristeza:
 El pretender el mando, que no es nada,
 Sin conseguirlo nunca y de continuo
 Sufrir duro trabajo por lograrlo,
 Esto es mover la peña con ahínco
 De un monte hacia la cima, la cual rueda
 Sin embargo, otra vez; desde la cumbre
 Busca precipitada las llanuras.
 Estar apacentando siempre el hombre    1380
 A su alma colmándola de bienes
 Sin hartarse jamás; ver de estaciones
 La vuelta anual, y recoger los frutos;
 Embriagarse en sus dulzuras varias,
 Y con estas ventajas no saciarse,
 Esto es a mi entender, según nos cuentan,
 Echar el agua jóvenes doncellas
 En vaso agujereado sin llenarle.
 Empero ya las Furias y Cerbero,
 Y tenebroso Tártaro, lanzando  1390
 Horribles llamaradas por sus bocas,
 Ni existen, ni existir pueden de cierto.
 Porque aquí los insignes malhechores
 Con miedo igual a sus delitos pagan
 Su merecido, y lastan sus maldades
 La cárcel, y el horrible precipicio
 De la roca Tarpeya, los azotes,
 La tortura, la pez, columna, teas,
 Láminas, y si faltan los verdugos,
 Sobresaltada la conciencia misma       1400
 Su corazón desgarra a latigazos
 Y martiriza con remordimientos.
 La incertidumbre de futura suerte
 No puede en tanto ver, ni sabe cuándo
 Tendrán por fin un término sus males,
 Y temen que se agraven en la muerte:
 La vida es el infierno de los necios.
 .........................................................................
 Puedes también decirte tú a ti mismo,
 Hombre injusto, a las veces: «el buen Anco
 Perdió también la lumbre de sus ojos,  1410
 Teniendo más virtudes que tú tienes:»
 Murieron muchos reyes y señores
 Que dominaron gentes poderosas:
 Murió también, y abandonó su alma
 El cuerpo moribundo de aquel mismo
 Que antiguamente anduvo por los mares,
 Y enseñó a caminar a sus legiones
 Y a marchar sobre el mar hondo y salado,
 Y despreció la cólera del Ponto,
 Desafiando bramadoras olas.    1420
 Escipión, aquel rayo de la guerra,
 El terror de Cartago, dio sus huesos
 A la tierra cual siervo de vil precio:
 Los inventores de las ciencias y artes,
 También los compañeros de las Musas,
 Y el mismo Homero, soberano de ellos,
 En el mismo reposo que los otros
 Dormido se quedó, y últimamente,
 Cuando sintió Demócrito caduco
 Que iba ya la vejez debilitando        1430
 Los resortes del alma, salió él mismo
 A ofrecer a la muerte su cabeza
 De propia voluntad: murió Epicuro,
 Que en ingenio venció a la raza humana,
 Y eclipsó todos los brillantes genios
 Como el naciente sol a las estrellas.
 ¿Y de morir tú dudas, y te indignas,
 Tú a quien la vida es muerte continuada,
 Sintiéndote morir a cada instante?
 ¿Que pasas grande parte de tu vida     1440
 En dormir y roncar, aunque despierto,
 Y siempre en sueños ves, y traes inquieta
 El alma con quiméricos terrores?
 Ni puedes dar a veces con la causa
 De tu dolencia, cuando miserable
 Te rodea inquietud devoradora,
 Y pierdes la cabeza e irresoluto
 En el incierto error del alma vagas.
 Si fuera fácil conocer los hombres
 Estas causas del mal que el pecho oprimen      1450
 Con su tamaña mole, como sienten
 El peso abrumador que los aplana,
 Tan desgraciada vida no pasaran,
 Ni se les viera andar en busca siempre
 De aquello que no saben que desean,
 Mudando de lugar, como si fuera
 Posible descargarse de aquel peso.
 Uno a las veces deja su palacio
 Por huir del fastidio de su casa,
 Y al momento se vuelve, no encontrando         1460
 Algún alivio fuera a sus pesares:
 Corre a sus tierras otro a rienda suelta,
 Como a apagar el fuego de su casa;
 Se disgusta de pronto cuando apenas
 Los umbrales pisó, o se rinde al sueño
 Y procura olvidarse de sí mismo,
 O vuelve a la ciudad de nuevo al punto:
 Cada uno a sí se huye de este modo:
 Mas no puede evitarse; se importuna,
 Y siempre se atormenta vanamente:      1470
 Porque enfermo, no sabe la dolencia
 Que padece; si bien la conociera,
 Dejando a un lado ya todo remedio,
 Antes se dedicara a la noticia
 De la naturaleza de las cosas,
 Supuesto que tratamos al presente,
 No del destino sólo de una hora,
 Sino de aquel estado perdurable
 Que sigue a los mortales en la muerte.
 ¿Qué tamaño deseo de la vida   1480
 Mal fundado, por último, nos fuerza,
 A temblar en peligros tan dudosos?
 El plazo de la vida está marcado
 A todos los mortales: no es posible
 Huir la muerte sin partirnos luego.
 Además, que viviendo mucho tiempo,
 La misma tierra siempre habitaremos,
 Ni con vivir nuevo placer se inventa;
 El bien que no tenemos nos parece
 El mayor bien de todos: conseguido,    1490
 Suspiramos por otro; y anhelantes,
 Deseo sucesivo de la vida
 Nos aprisiona siempre: incertidumbre
 Hay de lo porvenir y de la suerte
 Que nos prepara y trae la edad futura.
 Ni por más que alarguemos nuestra vida
 Algún tiempo robamos a la muerte;
 Sus víctimas seremos sin remedio:
 Si la revolución de muchos siglos
 Fuese posible ver, eterna muerte       1500
 No por eso dejara de aguardarnos;
 Y aquél que acaba de cubrir la tierra
 No estará muerto ya por menos tiempo
 Que el otro que murió mil años antes.  1504


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Libro IV 04
Pág. 04 de 06
Sobre la naturaleza de las cosas Tito Lucrecio Caro


Los sitios retirados del Pierio 1

  Recorro, por ninguna planta hollados:
 Me es gustoso llegar a íntegras fuentes,
 Y agotarlas del todo; y me da gusto,
 Cortando nuevas flores, rodearme
 Las sienes con guirnalda brilladora,
 Con que no hayan ceñido la cabeza
 De vate alguno, las divinas musas:
 Primero, porque enseño, cosas grandes,
 Y trato de romper los fuertes nudos    10
 De la superstición agobiadora;
 Después, porque tratando las materias
 De suyo obscuras con pieria gracia,
 Hago versos tan claros: ni me aparto
 De la razón en esto: a la manera
 Que cuando intenta el médico a los niños
 Dar el ajenjo ingrato, se prepara
 Untándoles los bordes de la copa
 Con dulce y pura miel, para que pasen
 Sus inocentes labios engañados         20
 El amargo brebaje del ajenjo,
 Y la salud les torne aqueste engaño,
 Y dé vigor y fuerza al débil cuerpo;
 Así yo ahora, pareciendo austera
 Y nueva y repugnante esta doctrina
 Al común de los hombres, exponerte
 Quise nuestro sistema con canciones
 Suaves de las musas, y endulzarle
 Con el rico sabor de poesía:
 ¡Si por fortuna sujetar pudiera        30
 Tu alma de este modo con enlabios
 Armónicos, en tanto que penetras
 El misterio profundo de las cosas
 Y en tal estudio el ánimo engrandeces!
 De los átomos, pues, las cualidades
 Y la diversidad de sus figuras
 Antes de demostrado, y cómo giran
 De suyo eternamente en el espacio
 Los dichos elementos de las cosas,
 Y cómo pueden producirse de ellos      40
 Todos los seres: puesto que he enseñado
 Cuál es del alma la naturaleza,
 Y a qué principios debe su existencia
 La actividad que tiene unida al cuerpo,
 Y cómo en sus primeros elementos
 Se resuelve después de separada;
 Ahora daré principio a una materia
 Que se une íntimamente a lo que he expuesto.
 Digo que existen cuerpos a quien llamo
 Simulacros, especies de membranas,     50
 Que, de las superficies de los cuerpos
 Desprendidos, voltean por el aire
 Al azar, de continuo, noche y día,
 Y el espíritu agitan con terrores,
 Nos hacen ver figuras monstruosas
 Y espectros y fantasmas horrorosos
 Que el sueño nos arrancan muchas veces:,
 No creamos quizá que de Aqueronte
 Las almas huyen, y las sombras vuelan
 Entre los vivos; ni después de muertos         60
 Puede quedar alguna parte nuestra,
 Cuando el cuerpo y el alma separados
 Se vuelven a sus propios elementos.
 Pues de la superficie de los cuerpos
 Digo salir efigies y figuras
 De gran delicadeza, que llamamos
 Membranas, o cortezas, porque tienen
 La misma forma y la apariencia misma
 Que los cuerpos de donde se separan
 Para andar por los aires esparcidas.   70
 El hombre más estúpido bien puede
 Conocer la existencia de estos cuerpos:
 Primero, porque existen muchos seres
 Cuyas emanaciones son muy claras:
 En unos se difunden libremente
 Sus partes separadas, como el humo
 Que sale de la leña, y los vapores
 Que despiden los fuegos: una tela
 En otros viene a ser mejor urdida;
 Así en estío dejan las cigarras        80
 Las túnicas añosas, y desprenden
 Los nacientes becerros las membranas,
 Y la serpiente lúbrica en las zarzas
 Se despoja también de su camisa,
 Pues vemos los zarzales coronados
 Con aquellos despojos voladores:
 Y puesto que sucede lo que digo,
 Debe la superficie de los cuerpos
 Enviarnos imágenes iguales,
 Aunque sutiles; porque de otro modo    90
 No se puede explicar cuál es la causa
 De que existan figuras tan groseras,
 Más bien que las sutiles y delgadas,
 Siendo la superficie de los cuerpos
 De infinitos corpúsculos compuesta,
 Los que apartados pueden conservarse
 En el orden y forma que tenían,
 Y arrojarse con tanta ligereza
 Cuanto menos obstáculos se oponen,
 Por ser tan delicados y sutiles        100
 Y estar en superficie colocados.
 Porque vemos salir seguramente
 Partículas sinnúmero, no sólo
 De lo interior del cuerpo, como dije,
 Antes bien de su misma superficie,
 Como el color. Esto hacen las cortinas
 Amarillas y negras y encarnadas
 Que cuelgan de las vigas y columnas,
 Y flotan en teatros espaciosos;
 Porque allí con sus brillos tembladores        110
 Espectador y escena toda embisten,
 Y a senadores, dioses y matronas
 De móvil luz coloran: más vistoso
 Y encantador al ojo es su reflejo
 La luz robando al día, si el recinto
 Del teatro cerrare exactamente.
 Luego enviando de la superficie
 Colores estos lienzos, todo cuerpo
 Debe enviar también efigies finas,
 Pues de1a superficie salen ambas.      120
 Tenemos así ya señales ciertas
 De las formas que vuelan por el aire
 Con tan finos contornos, que no pueden
 Verse tomadas separadamente.
 Si además el olor, calor, el humo
 Y otras emanaciones semejantes
 Aquí y allí se esparcen, es por causa
 Que de adentro del cuerpo desprendidas
 No encuentran su salida en línea recta;
 Por sendas tortuosas se dividen,       130
 Por medio de las cuales se abren paso:
 De los colores la sutil membrana
 Que sale de la misma superficie
 No puede ser de obstáculo rasgada.
 En fin, los simulacros que observamos
 En espejos, en agua, en brilladuras,
 Siendo de todo punto semejantes
 A los objetos que ellos representan,
 Por sus mismas imágenes se forman.
 Luego ya no hay razón para que existan         140
 Las efigies groseras de los cuerpos
 Mejor que aquellas otras delicadas.
 Porque todos los cuerpos nos envían
 Similares imágenes delgadas,
 Que nadie puede ver aisladamente;
 Antes sus emisiones reflejadas,
 Y juntas, de continuo por espejos,
 Los órganos nos hieren: de otro modo
 No fuera tan exacta y adecuada
 La completa visión de los objetos.     150
 La grande sutileza de la imagen
 Voy a explicarte, porque sus principios
 Son infinitamente más delgados
 Y más imperceptibles a la vista
 Que los mismos corpúsculos que empiezan
 A no poderse ver. Atiende en breve,
 Por dejarte del todo convencido,
 De qué delicadeza están dotados
 De la materia toda los principios.
 Existen animales tan exiguos,  160
 Que es invisible el tercio de su grueso:
 ¿Qué será un intestino de su cuerpo?
 ¿Cómo su corazón? ¿Cómo sus ojos?
 ¿Qué de sus miembros y articulaciones?
 ¡Cuánta delicadeza! ¿Concibieras
 Un tejido más fino y delicado
 Como es preciso tengan los principios
 Que el alma y el espíritu componen?
 Si mueves blandamente aquellas plantas
 Que olor subido exhalan, la penase,    170
 El abrótano acerbo, ajenjo amargo
 Y la centaura ingrata, al punto sientes
 La existencia de muchos simulacros
 Que vuelan de mil modos sin esfuerzo,
 E imperceptibles. Pero cuán pequeña
 Sea la imagen comparada al cuerpo
 De que ella emana, no puede ninguno
 Apreciar ni explicar bastantemente.
 Mas para que quizá no te persuadas
 Que vagan sólo aquellos simulacros     180
 Que emanan de los cuerpos; por sí mismos
 Se forman también otros, y se ponen
 En aquella región llamada el aire,
 Do se remontan bajo muchas formas,
 Mudan a cada instante de figura,
 Y de mil modos el aspecto tornan.
 Así a las veces vemos congregarse
 Las nubes por lo alto en un instante,
 Enlutando la hermosa faz del cielo,
 Con movimiento al aire festejando:     190
 Parecen ser gigantes espantosos
 Que vuelan y derraman a lo lejos
 La obscuridad: o bien grandes montañas
 Y peñas arrancadas de los montes
 Que preceden al Sol o que le siguen;
 En fin, un monstruo que amontona nubes
 Y las va derramando a todas partes.
 ¡Con cuánta prontitud; cuán fácilmente
 Ahora se forman estos simulacros,
 Y con cuánta abundancia se desprenden  200
 Y fluyen sin cesar de los objetos!
 Las superficies de los cuerpos todos
 Son como emanaciones perenales
 Que llegadas a objetos exteriores
 Penetran unos; como los vestidos,
 En otros se dividen sin que puedan
 Reflejárnos la imagen, como en leños
 Y ásperas rocas; pero no es lo mismo
 Si encuentran cuerpo denso y alisado,
 Así como el espejo, pues no pueden     210
 Atravesarle como los tejidos,
 Y no se descomponen sin que hayan
 Sido primeramente reflejados
 Enteros por la plana superficie.
 Por esto nos envían simulacros
 Los cuerpos lisos: y en cualquiera tiempo
 Y con cualquiera prontitud que opongas
 A éstos el espejo, allí al momento
 Aparece su imagen: sacaremos
 Que fluyen de su misma superficie      220
 Sin cesar los tejidos delicados,
 Y sutiles figuras: luego al punto
 Se forman infinitos simulacros,
 Y a su pronto nacer nada equivale.
 Si debe derramar en cierto modo
 Luz abundante el Sol en poco tiempo
 Para que en claridad rebose todo
 Perpetuamente; así del mismo modo
 Es preciso que salgan de los cuerpos
 De pronto amontonados simulacros       230
 En todas partes de infinitos modos;
 Si se vuelve el espejo a cualquier lado,
 Con su forma y color se ve el objeto.
 Cuando el cielo purísimo estuviere
 Se enluta y obscurece de repente
 Por todas partes, tanto que pensaras
 Haber abandonado las tinieblas
 El Aqueronte por llenar a una
 Las bóvedas inmensas de los cielos:
 Formada así la noche tenebrosa         240
 Por los nublados, vemos suspendido
 Horrible espanto encima de nosotros
 Bajo infinitas formas: mas ninguno
 Puede explicar la relación pequeña
 Que estos espectros tienen con su imagen.
 Yo en muy breves canciones armoniosas
 Declararé al presente el movimiento,
 De aquestos simulacros velocísimos,
 Con cuánta agilidad corren los aires,
 Y los grandes espacios que atraviesan.         250
 En un instante, hacia cualquiera parte
 Que su diversa dirección los lleva:
 A la manera que el acento débil
 Del cisne más recrea las orejas
 Que aquel clamor ingrato de las grullas
 Por la región del aire derramado.
 Observemos que deben ser veloces
 Los cuerpos que de suyo son ligeros
 Y formados de átomos sutiles:
 La luz del Sol y su calor entre ellos,         260
 Pues se forman de finos elementos;
 Los que empujados fácilmente pasan
 Los intersticios de aire sacudidos
 Por el siguiente choque: cuando al punto
 Luz a la luz sucede, y se acelera
 La suma ligereza de los rayos,
 Con nueva agitación de los siguientes.
 Por la misma razón los simulacros
 Deben correr espacios increíbles
 En un momento; pues primeramente       270
 Un posterior impulso de continuo
 Sacude los corpúsculos sutiles;
 Siendo además tan fino su tejido,
 Fácilmente penetran cualquier cuerpo
 Y por los huecos de aire así se cuelan.
 Si vemos los corpúsculos nacidos
 De las mismas entrañas de los cuerpos
 Esparcirse de pronto, a la manera
 Que la luz y el calor del Sol lo hacen
 Por toda la extensión de la atmósfera  280
 En un instante y por el mar y tierras.
 Se derraman y al cielo se remontan
 Y le bañan de luz por todas partes
 Tirándole con suma ligereza,
 ¿Como no ves que ya los simulacros
 Que de la superficie se desprenden,
 Su emisión ningún cuerpo retardando,
 Deben abalanzarse más ligeros
 Y atravesar mucho mayor espacio
 En tiempo igual al que la luz emplea   290
 Del Sol en extenderse por el cielo?
 Quiero también poner una experiencia
 Que compruebe la suma ligereza
 Con que se mueven estos simulacros:
 Si pones al sereno una agua clara,
 En ella vienen a pintarse luego
 El estrellado cielo y las lumbreras
 Rutilantes del mundo: pues la imagen
 Ya ves cuán poco tiempo necesita
 Para llegar del cielo hasta la tierra.         300
 Por lo cual es preciso que confieses
 Las emisiones de los simulacros
 Que hieren muchos ojos y producen
 La visión: en efecto, los olores
 De ciertos cuerpos son emanaciones
 Continuas: de este modo emana el frío
 De los fluidos; calor del Sol emana,
 Y la sal que se come las riberas
 Del mar emana: y los sonidos varios
 Sin cesar por el aire van volando:     310
 Cierto sabor salado afecta el gusto
 Cuando nos paseamos en la playa;
 Y si miramos preparar ajenjos
 Sentimos amargor: tanta certeza
 Tenemos de que envían emisiones
 De sí todos los cuerpos de continuo,
 Que a todas partes giran sin pararse,
 Y sin interrumpir jamás su flujo,
 Pues tenemos continuas sensaciones,
 Ver, oler y aun oír podemos siempre.   320
 Si tocamos a obscuras algún cuerpo
 De una cierta figura, conocemos
 Ser el mismo que vimos por el día;
 Es preciso también que el tacto y vista
 Excite semejante mecanismo:
 Si un cuadrado tocamos, por ejemplo,
 Y nos excita sensación a obscuras,
 ¿Qué otro objeto afectando nuestra vista
 Podrá durante el día presentarse,
 Si no es que sea su cuadrada imagen?   330
 Luego por medio de la imagen vemos;
 Sin ellas no podemos ver los cuerpos.
 Giran los simulacros de que hablamos
 Y en toda dirección se arrojan siempre:
 Mas como sólo vemos con los ojos,
 A do los dirigimos nos los hieren
 Con su color y forma los objetos,
 Y la imagen nos hace que veamos
 La distancia que media hasta las cosas,
 Porque al salir impele y echa el aire  340
 Que medie entre la imagen y los ojos;
 Por el tacto del aire conmovidos,
 Y lame en cierto modo la pupila,
 Y en modo rapidísimo se aleja:
 Entonces la distancia conocemos.
 Cuanto más prolongada es la columna
 Que agitada delante toca al paso
 Nuestros ojos, parece más distante
 Cualquier objeto; y este mecanismo
 De rara y portentosa ligereza  350
 Nos hace ver objetos y distancias.
 No debe sorprenderte que nos hieran
 Los ojos simulacros invisibles,
 Y no obstante se vean los objetos:
 Porque generalmente no sentimos
 Las moléculas de aire que recrea,
 Ni del frío que punza fuertemente
 Cada uno de por sí, más bien sentimos
 Todas las impresiones reunidas:
 Las sentimos obrar sobre nosotros      360
 Como objetos que afectan nuestros cuerpos
 Con un choque exterior. Cuando ponemos
 Sobre una piedra el dedo, los extremos
 Tocamos del color y superficie:
 Sentimos solamente la dureza,
 Propiedad de la masa de la piedra.
 Oye por qué razón se ve la imagen
 Mas allá del espejo y bien distante:
 No de otro modo vemos los objetos
 Por fuera de las casas ciertamente     370
 Cuando por sí la puerta proporciona
 Veamos claramente lo que pasa
 Por la parte de afuera; dos columnas
 De aire, pues, entonces se interponen;
 La una entre ojo y puerta, a la que sigue
 La imagen de la puerta y de los cuerpos
 De adentro por derecha y por izquierda:
 La otra, a quien precede luz externa,
 Y que viene a pasar por nuestros ojos,
 Es seguida también de los objetos      380
 Que se ven ciertamente por afuera.
 Lo mismo hace el espejo: de su imagen
 La proyección llegando a nuestros ojos
 Hecha delante de ella el aire puesto
 Entre su superficie y nuestra vista;
 Y la impresión de esta columna de aire
 Hace sintamos de antemano aquella
 Imagen del espejo; mas al punto
 Que percibimos el espejo mismo
 Llega a dar en su luna nuestra imagen,         390
 La cual no es reflejada a nuestros ojos
 Sino después de haber hecho que pase
 Otra columna de aire sobre el ojo,
 Que es impelida por la imagen nuestra:
 Por eso ves la imagen tan distante
 Del espejo: no debes admirarte,
 De dos columnas de aire siendo efecto.
 Si la parte derecha de un objeto
 Vemos en los espejos a la izquierda,
 Consiste en que después de haber tocado        400
 La superficie plana del espejo,
 Sufre la imagen antes que se vuelva,
 Una mudanza que el envés refleja
 Bajo el aspecto mismo que tenía
 Su derecha. Y si entonces aplicando
 Una máscara térrea antes de seca
 A algún poste o columna, se pudiese
 Hacer que sin perder su antigua forma
 Sus partes saledizas se volvieran
 En sí mismas a entrar, y que en seguida        410
 Se ordenasen de nuevo para afuera,
 Por necesaria ley sucedería
 El estar colocado a mano izquierda
 El ojo de derecha, y al contrario.
 La imagen pasa de uno a otro espejo
 De manera que suele presentarnos
 Cinco o seis simulacros: los objetos
 Por detrás en el fondo colocados,
 Aunque están muy oblicuos y distantes,
 A fuerza de continuas reflexiones      420
 Salen del fondo, al parecer formados,
 Por los muchos espejos en un cuarto.
 Pasa la imagen de un espejo a otro;
 Si el primero la pone a mano izquierda,
 La refleja el segundo a la derecha,
 Vuelve el tercero su primera cara.
 Los espejos también de muchos lados
 Hacen ver los objetos con la cara
 Que les es presentada; bien ya sea
 Porque la imagen llega transmitida     430
 De un espejo en el otro a nuestra vista
 Después de padecer dos reflexiones;
 Bien porque sobre sí rueda la imagen
 Cuando viene a nosotros; pues la obliga
 La misma curvatura de los lados
 A dar la vuelta entera hacia nosotros.
 Parece entran y salen igualmente
 Con nosotros también los simulacros
 Imitando los gestos y actitudes,
 Pues la parte que dejas del espejo     440
 No puede hacer que vuelva ya la imagen,
 Porque Natura sabia y providente
 De reflexión el ángulo dispuso
 Que fuese siempre igual al de incidencia.
 Los ojos huyen de brillantes cuerpos
 Evitando mirarlos; también ciega
 El Sol si se le mira de hito en hito;
 Porque además que tiene propia fuerza,
 Sus simulacros, de los altos cielos
 Lanzados a través de un aire puro,     450
 Rápidamente hieren nuestros ojos,
 Sus organizaciones perturbando:
 Un vivo resplandor quema los ojos
 Frecuentemente, puesto que contiene
 De moléculas ígneas grande copia,
 Cuando al entrar causan dolor en ellos.
 Los ictéricos ven cualquier objeto
 Amarilleado, porque de sus cuerpos
 Emanan abundantes las semillas
 De amarillez, que se unen en el aire   460
 De los objetos con los simulacros,
 Y tienen los humores de sus ojos
 Gran copia de partículas mezcladas
 Que pintan amarillos los objetos.
 Se ven desde lo obscuro los objetos
 Que están en medio de la luz, sin duda
 El aire tenebroso más cercano
 Metiéndose en el órgano el primero,
 Y cogiéndole abierto, es al instante
 Seguido de aire claro, que despeja     470
 Los ojos y disipa las tinieblas
 Por más móvil, sutil y poderoso.
 En el momento que de luz llenara
 Las vías de los ojos este aire,
 Y abrió las que obstruían las tinieblas,
 Al punto se introducen simulacros
 De cuerpos puestos a la luz, y vemos.
 Viniendo de la luz es imposible
 Ver en la obscuridad, por el contrario,
 Porque llegando el aire tenebroso      480
 Y más denso el segundo, llena a un tiempo
 Y cierra los conductos de los ojos,
 Sin que puedan pasar los simulacros
 De los cuerpos que llegan a la vista.
 Si a lo lejos parece son redondas
 De las ciudades las cuadradas torres,
 Consiste en que todo ángulo parece
 Obtuso desde lejos; o diremos
 Mejor que no se ve; su acción se acaba:
 Tampoco llega el golpe a nuestros ojos,        490
 Pues son debilitados en gran trecho
 Los simulacros por continuos choques
 Del aire; y cuando el ángulo gastado
 Llegó a hacerse insensible, se ve sólo
 Como un montón cilíndrico de piedras:
 No así cuerpos redondos a la vista
 Nos aparecen, mas con una forma
 Confusa en cierto modo e imperfecta.
 También parece que en el Sol se mueve
 Nuestra sombra siguiendo nuestros pasos,       500
 E imitando los gestos; si creyeres
 Poder andar y remedar los gestos
 Un aire que de toda luz carece,
 Un aire que solemos llamar sombra:
 Siendo la tierra sucesivamente
 Privada de la luz del sol o herida
 Según que nuestros cuerpos van andando
 Cierran el paso, o le abren a sus rayos,
 Se nos figura que la misma sombra
 Viene en pos de nosotros: consistiendo         510
 La luz en unos rayos sucesivos
 Que mueren y renacen de continuo,
 Como si se devana lana al fuego,
 Fácil es concebir cómo la tierra
 Se despoja de luz y se rellena.
 Sin embargo, tampoco concedemos
 Que los ojos padecen aquí engaños,
 El ver la luz y sombra do las haya
 Es propio de los ojos: ¿por ventura
 Es o no ciertamente la luz misma?      520
 ¿Y la misma la sombra que se pasa?
 ¿O sucede más bien como hemos dicho?
 La razón debe sólo decidirlo.
 En fin, no pueden conocer los ojos
 A la naturaleza de los cuerpos;
 Por lo mismo, no quieras imputarle
 Los errores del ánimo nacidos.
 La nave donde vamos embarcados
 Navega pareciendo estarse quieta,
 Y aquella que está inmóvil en la rada  530
 Creemos la arrebata la corriente:
 Y parece que campos y colinas
 Huyen hacia la popa, hinchando el viento
 A lo largo de aquéllos nuestras velas:
 Y parece que todas las estrellas
 En las etéreas bóvedas clavadas
 Inmóviles están; tienen, no obstante,
 Continuo movimiento, pues que nacen
 Para reveer una lejana puesta,
 Después que con su claro cuerpo el cielo       540
 Midieron: Sol y Luna estacionarios
 De la misma manera nos parecen,
 Aunque sus movimientos nos declara
 La razón por sí misma; y las montañas
 Que dominan los mares, entre quienes
 Pasarían escuadras libremente,
 Un mismo todo ofrecen desde lejos,
 Y aunque estén muy distantes unas de otras,
 Ofrecen, sin embargo, a nuestros ojos
 Una grande isla congregadas todas.     550
 Y están tan persuadidos los muchachos
 Que la pieza se mueve a la redonda,
 Y en rededor moverse las columnas,
 Que tomen acabando de dar vueltas
 Que los sepulte el techo de sus ruinas.
 Cuando principia ya naturaleza
 A remontar los fuegos tembladores
 Del encarnado Sol, y al levantarla
 Sobre la cima de los montes, tiene
 Al parecer en ella el Sol reposo,      560
 Tocándola de cerca con su fuego;
 Apenas distan ellos de nosotros
 Dos mil o cuando más quinientos tiros
 De saeta o de dardo: inmensos mares
 Entre el Sol y los montes se comprenden
 Debajo de las bóvedas celestes;
 Y se hallan a otro lado de estos mares
 Infinitas regiones habitadas
 De hombres y de animales diferentes.
 Empero un charco de agua que no tenga  570
 Más que una pulgada de profundo,
 Estancada en las piedras de la calle
 Debajo de los pies, hace veamos
 El espacio tan vasto, que separa
 El cielo de la tierra por encima
 De nosotros: creyéramos que el globo,
 De parte a parte atravesado, ofrece
 Otros nuevos nublados a la vista,
 Y a los ojos presenta un nuevo cielo,
 Y otros cuerpos hundidos en las tierras        580
 Vemos en este espacio prodigioso.
 Si se nos para en medio de algún río
 El arrogante bruto, y si bajamos
 La vista hacia la rápida corriente,
 Parece que una fuerza arrastra el cuerpo
 Del inmóvil caballo río arriba,
 Y por cualquiera parte que miremos
 Nos parece que son así arrastrados
 En general los cuerpos velozmente,
 Y suben la corriente de este modo.     590
 Un pórtico formado de columnas
 Paralelas o iguales en altura
 Mirado en su largor desde un extremo,
 Se angosta poco a poco como en cono,
 El techo se deprime hacia la tierra,
 Y el lado izquierdo juntase al derecho,
 Hasta que no descubren más los ojos
 Que el ángulo confuso de su cono.
 Del seno de los mares ven que sale
 El Sol los marineros; y se pone        600
 Y sepulta su luz también en ellos;
 Sus ojos no ven mas que cielo y agua;
 No debes tú tachar de mentirosos
 Ligeramente en todo a sus sentidos.
 Los ignorantes de la mar se creen
 Ver deformes y rotos los navíos
 En el ponto sus olas resistiendo:
 La parte del timón y de los remos
 Que sobresale por el agua es recta,
 Y la parte que está dentro del agua    610
 Parece que se dobla, y se levanta
 En línea horizontal, que en cierto modo
 Flota por refracción sobre las aguas.
 Cuando llevan los vientos por el aire
 En medio de la noche claras nubes,
 Parece que los fuegos celestiales
 Se van contra las nubes resbalando
 Y que con una dirección contraria
 Al curso natural ruedan sobre ellas.
 Si apretamos un ojo con la mano        620
 Por la parte inferior, parecen dobles
 Los objetos que vemos: la luz doble,
 Doble el rico menaje, y que los hombres
 Tienen doblada cara y doble cuerpo.
 Cuando el sueño por fin los miembros ata
 Con un dulce sopor, y cuando el cuerpo
 En profundo reposo está tendido,
 Entonces nos parece estar despiertos,
 Y hacer también de nuestros miembros uso;
 Creemos ver el Sol y luz del día       630
 En medio de la noche tenebrosa:
 Y en una pieza estrecha y bien cerrada
 Mudar de climas, mares, montes, ríos,
 Y atravesar a pie llanuras grandes;
 Y en el profundo y general silencio,
 De la noche parece oír sonidos,
 Y silenciosos responder acordes.
 Vemos, en algún modo sorprendidos,
 Semejantes fenómenos, que tienden
 Todos a destruir la confianza  640
 Debida a los sentidos, pero en vano:
 El engaño proviene en nuestra parte
 De los juicios del alma que nosotros
 Pintamos con aquellas relaciones
 De los sentidos, suponiendo visto
 Aquello que los órganos no vieron;
 Porque la distinción de relaciones
 Evidentes de inciertas conjeturas
 Que el ánimo de suyo nos asocia
 Es la cosa más rara y excelente.       650
 Si alguno dice no saberse nada,
 Si se puede saber él mismo ignora,
 Supuesto que confiesa nada sabe:
 ¿Quién podrá disputar con quien impugna
 Las nociones más claras y evidentes?
 No obstante, aun cuando y le concediera
 Por cosa cierta no saberse nada,
 De qué modo aprendió le preguntara
 Saber y no saber qué cosa sea,
 Sin que jamás lo cierto haya encontrado;       660
 Y cómo se formó el conocimiento
 De falso y verdadero, y de qué modo
 Distingue la certeza de la duda.
 Encontrarás que nace la noticia
 De la verdad de los sentidos mismos,
 Que al error nunca pueden inducirnos,
 Que merecen muy grande confianza,
 Porque, según la fuerza y energía,
 Si oponen la verdad, pueden lo falso
 Destruir. ¿Pues en dónde encontraremos         670
 Conductor más seguro que el sentido?
 Dirás, que en estos órganos falaces
 Fundada la razón. ¿Podrá contra ellos
 Deponer la razón, que su existencia
 Enteramente a los sentidos debe?
 ¿Que no es más que un error si engañan ellos?
 ¿Argüirán los oídos a los ojos?
 ¿El tacto a los oídos? ¿A este tacto
 Con argumentos refutar podrían
 Por ventura el olfato, el gusto, u ojos?       680
 Pues no sucede así, según yo creo:
 Tiene cada sentido sus funciones,
 Tiene sus facultades separadas,
 Y es preciso inspeccione así un sentido
 Lo blando o duro, lo caliente o frío:
 Distingue otro el olor de los colores:
 Los sabores, olores y sonidos
 Su propio tribunal tienen aparte:
 No pueden mutuamente los sentidos
 Rectificarse; ni ellos a sí mismos     690
 Reprenderse podrán, puesto que siempre
 Merecerán la misma confianza:
 Inferimos de aquí que en cualquier tiempo
 Serán sus relaciones verdaderas.
 Si no pudiera, la razón decirnos
 Cómo se ven redondos desde lejos
 Los objetos que cerca son cuadrados,
 Nos es más ventajoso, sin embargo,
 Dar en defecto de solución cierta
 Falsa razón de esta apariencia doble,  700
 Que soltar la evidencia de las manos,
 Y destruir la confianza toda,
 Y arrancar de raíz la base entera
 En que conservación y vida estriban:
 Pues la razón no sólo se arruina,
 Sino también la misma vida al punto,
 Si no osares creer a los sentidos
 Y huir de aquellos sitios peligrosos
 Y los demás objetos que nos dañen,
 Y buscar los que traen utilidades.     710
 Vana declamación es el discurso
 Que contra los sentidos se dirige.
 Pues en la construcción de un edificio
 Se sirve el arquitecto de una regla
 Mal formada, y si no guarda la escuadra
 La perpendicular, si se ladea
 El nivel de su asiento hacia una parte,
 Es preciso que salga el edificio
 Muy lleno de defectos, ladeado,
 Hundido, sin nivel, sin proporciones:  720
 Parecerá amenaza desplomarse
 Ya alguna parte dél; seguramente
 Todo se vendrá abajo, porque ha sido
 Mal dirigido desde sus principios:
 Así en la relación de los sentidos
 Si no hay seguridad y confianza,
 Los juicios que formares es preciso
 Te salgan todos falsos e ilusorios.
 Es cosa fácil explicar el cómo
 Son afectados los demás sentidos       730
 Por el objeto propio a cada uno:
 El sonido y la voz se oyen primero
 Cuando sus elementos insinuados
 En el oído, el órgano tocaron,
 Porque de corporal naturaleza
 Debemos confesar que se componen
 El sonido y la voz, puesto que impelen
 Los sentidos. La voz frecuentemente
 Lastima la garganta, y los clamores
 La tráquea irritan: porque los principios      740
 De la voz, en gran número saliendo
 Rápidamente fuera, llenan luego
 El estrecho conducto, desgarrando
 El orificio y lastimando el paso
 Por do la voz escapa por los aires.
 Así que las palabras y las voces
 Constan de corporales elementos,
 Supuesto que nos pueden hacer daño.
 Bien sabes tú cuánto destruye el cuerpo,
 Cuánto se debilitan fuerza y nervios   750
 De los que conversaron largamente
 Desde que asoma la brillante aurora
 Hasta la sombra de la obscura noche,
 Si ha sido la disputa acalorada.
 Es corpórea la voz, puesto que pierde
 El parlero gran parte de substancia.
 La aspereza de voz y la dulzura
 Nacen de la figura de los átomos;
 Pues no hieren lo mismo los oídos
 Cuando los graves y profundos toques   760
 Oímos del clarín, y en ronco estruendo
 Retumban las bocinas retorcidas,
 Y los cisnes nacidos en los valles
 Frescos del Helicón con voz de llanto
 Entonan sus lamentos, armoniosos.
 Al punto que nosotros despedimos
 De lo íntimo del pecho los sonidos
 A lo interior del paladar la lengua,
 De las palabras móvil formadora,
 Las articula, y modifica en parte      770
 La inflexión de los labios; y si es corto
 El espacio que corre aquel sonido
 Para llegar al órgano, se oyen
 También perfectamente las palabras,
 Las articulaciones se distinguen
 Porque sus inflexiones y carácter
 La voz conserva; pero si el espacio
 Que se interpone es demasiado largo,
 Confunde las palabras el mucho aire,
 Y se pierde la voz atravesando:        780
 Luego pueden oírse los sonidos
 Sin distinguir qué dicen las palabras:
 Tan confusa y revuelta la voz llega.
 De todo el pueblo hiere los oídos
 Con un solo pregón el pregonero:
 Una voz sola se divide al punto
 En otras infinitas repartidas
 Por todos los oídos, distinguiendo
 Las articulaciones y sonidos.
 Las voces que no llegan al oído        790
 Mueren desvanecidas por los aires,
 Continuando su marcha; o estrelladas
 En algún cuerpo sólido, el sonido
 Repiten rechazadas; muchas veces
 Engañan reflejando la palabra,
 Así como la imagen el espejo.
 Bien enterado tú de lo que digo,
 Puedes a los demás y a ti explicarte
 Cómo en las soledades los peñascos
 Repiten las palabras por su orden      800
 Y en articulación cuando buscamos
 Entre montes opacos los perdidos
 Compañeros, llamándolos a voces.
 Sitios he visto yo que repetían
 Seis o siete palabras, diciendo una:
 Las palabras así de cerro en cerro
 Reflejadas muy bien se distinguían.
 Los pueblos comarcanos se figuran
 Que las ninfas habitan estos sitios,
 Y caprípedos sátiros, diciendo         810
 Los faunos ser, que en estas soledades
 Interrumpen la calma silenciosa
 Con su nocturno estrépito y retozo
 Y que hieren las cuerdas con destreza,
 Que acompaña la flauta bien tocada:
 Y aseguran sentir los campesinos
 Cuando Pan, agitando en su cabeza
 Anfibia la corona de los pinos,
 Recorre con sus labios retorcidos
 Los caramillos, porque nunca deja      820
 De sonar canción rústica la flauta.
 Otros muchos prodigios de esta clase
 Refieren, y los venden por milagros,
 Bien porque no se mire aquella tierra
 Que habitan ellos como abandonada
 De los dioses, o bien sean movidos
 De otra cualquier razón, como que toda
 La raza humana fábulas ansía.
 Luego ya no debemos admirarnos
 Que lleguen y nos hieran el oído       830
 Las voces por los sitios do no pueden
 Los ojos percibir a los objetos:
 Con las puertas cerradas nos hablamos:
 Todos lo vemos, pues sin duda alguna
 Libremente la voz puede meterse
 Por conductos sinuosos de los cuerpos:
 Se niegan a esta acción los simulacros:
 Así, pues, se dividen si los poros
 No están en línea recta como aquéllos
 Del vidrio que la imagen atraviesa.    840
 Se divide la Voz por todos lados,
 Pues nacen espontáneas unas de otras;
 Una sola produce muchas voces,
 Como la chispa se divide en muchas.
 La voz penetra al sitio más oculto:
 Se oye tan bien detrás del que está hablando
 Como en todas las piezas inmediatas.
 Los simulacros llegan a los ojos
 En línea recta desde los objetos.
 Nadie puede mirar sobre sí mismo;      850
 Se oyen fuera las voces, al contrario;
 Sin embargo, también esta voz misma
 Se embota penetrando las paredes,
 Y nos llega confusa a los oídos:
 Más bien oímos ruido que palabras.
 Algo más complicado y trabajoso
 Es declarar cómo los jugos obran
 Sobre la lengua y paladar; sentimos
 Primero los sabores en la boca
 Cuando exprimimos al mascar el jugo    860
 Del alimento, al modo del que aprieta
 Y hace salir el agua de una esponja.
 Exprimimos así todos los jugos,
 Del paladar se cuelan por los poros
 Y vías complicadas de la lengua.
 Hieren suavemente si se forman
 De fluidos y lisos elementos,
 Y por la húmeda estancia de la lengua
 Van excitando general deleite.
 El paladar nos punzan y laceran        870
 Si sus átomos son más angulosos.
 Al fin, el paladar es do sentimos
 El placer del sabor. Los alimentos,
 Cuando por el esófago cayeron,
 Cuando se distribuyen por los miembros,
 Ningún placer se siente: nada importa
 Con qué vianda se alimenta el cuerpo,
 Con tal que esté cocida la que comas
 Para poder colarse por los miembros,
 El estómago habiendo humedecido.       880
 Explicaré al presente por qué causa
 No convienen los mismos alimentos
 A cualquiera animal generalmente,
 Y por qué el alimento que es amargo
 Para unos animales, puede a otros
 Parecer gustosísimo: es tan grande
 La diferencia y variedad en esto,
 Que lo que es alimento para unos
 Fue para otros un veneno activo.
 También vemos morir a la serpiente     890
 Humedecida con saliva humana,
 Y se devora con sus mismos dientes:
 El eléboro da la muerte al hombre,
 Y las cabras engorda y codornices.
 Para poder saber en qué consiste
 Ni apartes de tu mente lo que he dicho,
 Ser muy diversas las combinaciones
 De átomos formadores de los seres.
 Siendo desemejantes ciertamente
 En lo exterior los animales todos,     900
 Con formas y contornos variados
 Deben diferenciarse en la figura
 Con mucha más razón, de sus principios;
 Debe haber en sus poros diferencia,
 En vías e intersticios de los miembros,
 De boca y paladar generalmente:
 Más ancho debe ser o más estrecho,
 Muchos triangulares, o cuadrados,
 Redondos o polígonos muy varios;
 Pues deben las figuras de los poros    910
 Variar en razón de la figura
 Y el vario movimiento de los átomos,
 Y deben variar las de las vías
 En razón del tejido que las cerca.
 Así, cuando los mismos alimentos
 Gustan a un animal, y al otro amargan,
 Es porque fácilmente se insinúa
 Jugo en el paladar de los primeros
 Bajo una forma lisa y redondeada,
 Y al contrario, lastima la garganta    920
 De los otros, por ser muy escabroso.
 Estos conocimientos facilitan
 La solución de otro cualquier problema:
 Así cuando la bilis dominante
 Enciende calentura, o acarrea
 Otra cualquiera causa la dolencia,
 Ya se trastorna entonces la armonía
 Del cuerpo en general, se desordenan
 Todas las posituras de elementos:
 Los corpúsculos que antes se juntaban  930
 Con los órganos, rompen su armonía,
 Y pasan los que excitan los dolores.
 El gusto de la miel, en fin, resulta
 De entrambos elementos, como he dicho.
 Trataremos ahora de qué modo
 Hiere un cuerpo oloroso nuestro olfato.
 Precisamente existen muchos cuerpos
 Que despiden olores infinitos;
 Que éstos fluyen y corren, y se esparcen
 De continuo debemos presumirnos:       940
 Que es mayor o menor su analogía
 Con unos animales que con otros
 Según la diferencia de figuras:
 El olor de la miel desde muy lejos
 Convida a las abejas, y a los buitres
 Convidan los cadáveres podridos,
 Y los galgos se van en pos del rastro:
 El guarda del romano Capitolio,
 El blanco ganso, humano olor ventea:
 Así el olor que es propio a cada especie       950
 Dirige el animal a pastos buenos,
 Y le hace huir mortífero veneno,
 Conservándose así los animales.
 Porque la actividad de los olores
 Que llegan a tocarnos el olfato
 Puede circunscribirse más o menos;
 Sin embargo, no llegan a extenderse
 Tanto como la voz y los sonidos,
 Y mucho menos que los simulacros
 Por quienes todos los objetos vemos;   960
 Extraviados llegan lentamente,
 Perecen poco a poco descompuestos
 En medio de los aires fácilmente,
 Porque apenas exhalan las substancias
 De lo más interior emanaciones:
 Como declara el ver que todo el cuerpo
 Exhala y fluye olores más subidos
 Cuando es molido y arrojado al fuego.
 Claramente se ven que son más gruesos
 Los principios que forman los olores   970
 Que aquéllos que componen el sonido,
 Porque el olor no pasa las paredes,
 Por do voz y sonidos se entran luego:
 Por lo que no es tan fácil el que atines
 Dónde se halla el olor, porque en los aires
 Su acción apagan las continuas pausas;
 No corren a decirnos de do vienen:
 El perro así se pierde y busca al rastro.
 Estos efectos no son peculiares
 En realidad de olores y sabores        980
 Las imágenes mismas de los seres
 Y colores no están proporcionadas
 A los órganos todos de manera
 Que no haya cuerpos cuya vista cause
 Un más vivo dolor que la de otros.
 Sacudiendo a la noche con las alas
 De esta manera el gallo, que acostumbra
 Aplaudir a la aurora con voz clara,
 No le resisten rápidos leones
 Ni le pueden mirar; luego al momento   990
 Huyen de él, porque emanan de sus miembros
 Átomos que, metidos en los ojos
 De los leones, su pupila hieren,
 Y tal dolor excitan, que no pueden
 Resistir el coraje y valentía;
 Cuando dañar no pueden nuestros ojos
 O porque no penetran los principios.
 O porque, introducidos, les dan paso
 Francamente los ojos de manera
 Que no pueden herirlos al volverse.    1000
 Ora con brevedad decirte quiero
 Qué cuerpos dan al alma movimiento
 Y de dónde la vienen sus ideas.
 Digo que vagan muchos simulacros
 En toda dirección con muchas formas,
 Tan sutiles, que se unen fácilmente
 Si llegan a encontrarse, por los aires,
 Como el hilo de araña y panes de oro;
 Porque aun exceden en delicadeza
 A las efigies por las cuales vemos     1010
 Los objetos, supuesto que se meten
 Por todos los conductos de los cuerpos,
 Y dan interiormente movimiento
 Del alma a la substancia delicada,
 Y la ponen en juego sus funciones.
 Los centauros, Scilas y Cerberos
 Y fantasmas de muertos así vemos,
 Cuyos huesos abraza en sí la tierra:
 Pues la atmósfera hierve en simulacros;
 De suyo unos se forman en el aire,     1020
 Otros emanan de los varios cuerpos,
 De dos especies juntas constan otros.
 La imagen de un centauro no se forma
 Seguramente de un centauro vivo:
 No ha criado jamás naturaleza
 Semejante animal; es un compuesto
 De simulacros de caballo y hombre
 Que el acaso juntó; y cual dicho habemos,
 Su tejido sutil y delicado
 La reunión al momento facilita: l030
 Como esta imagen se combinan otras,
 Que por su extraordinaria ligereza
 El alma afectan al primer impulso,
 Porque el ánimo mismo es delicado,
 Y de movilidad extraordinaria.
 Es una prueba cierta de lo dicho
 Parecerse en un todo los objetos
 Que el alma mira a los que ven los ojos,
 Porque nacen del mismo mecanismo:
 Si enseñé que veía yo leones   1040
 Con el auxilio de los simulacros
 Que llegando nos hieren en los ojos,
 Se infiere que igualmente el alma mueven
 Los demás simulacros de leones,
 Que ve tan bien como los mismos ojos.
 No de otro modo el alma está despierta
 Cuando se extendió el sueño por los miembros
 Porque llegan al alma tan deveras
 Los simulacros que de día hieren,
 Que nos parece ver aquel desierto,     1050
 A quien la muerte y tierra ya dominan.
 A esta ilusión naturaleza obliga,
 Porque reposan todos los sentidos
 En un profundo sueño las verdades
 No pueden oponer a los errores,
 Porque está adormecida la memoria,
 Y con el sueño lánguida no pugna;
 Que aquél que el alma cree ver con vida,
 Despojo es de la muerte y del olvido.
 Por lo demás, no es una maravilla      1060
 El movimiento de los simulacros,
 Y agitación de brazos y de miembros
 Según las reglas, pues durante el sueño
 Deben tener lugar las apariencias;
 Como que si el primero se disipa
 Y viene a sucederle otro distinto,
 Parece que es el mismo simulacro
 Que ha mudado de gesto en un instante.
 Muchas cuestiones hay sobre este asunto,
 Y muchas dudas que poner en claro,     1070
 Si deseamos profundar las cosas.
 La primera cuestión que se propone
 Es por qué el alma en el instante tiene
 La idea del objeto que la gusta:
 ¿Miran la voluntad los simulacros?
 ¿Viene la imagen luego que queremos?
 Si mar, si tierra, si, por fin, el cielo,
 Los congresos, la pompa, los banquetes,
 Si los combates, si otro objeto agrada,
 ¿Nos crea y guarda la naturaleza       1080
 Las efigies de todo a cualquier seña,
 Mientras que en la región y sitio mismo
 Profundamente están las almas de otros
 De ideas muy distintas ocupadas?
 ¿Qué diré cuando vemos en el sueño
 Ir bailando a compás los simulacros,
 Cuando mueven sus miembros delicados,
 Y cuando tienden sus flexibles brazos
 Alternativamente con destreza,
 Y lo vuelven a hacer con pie ligero?   1090
 ¿Estudiaron acaso reglas y arte
 Para poder de noche divertirse?
 Tengo yo por más cierto y verdadero
 Que percibimos estos movimientos
 En un instante solo, como cuando
 Se da una sola voz, y sin embargo,
 Pasan muchos instantes, que distingue
 La razón solamente: ésta es la causa
 De presentarse muchos simulacros
 En cualquier tiempo, y en cualquiera parte:    1100
 ¡Tanta es su muchedumbre y ligereza!
 Y siendo tan delgado su tejido,
 No puede el alma verlos claramente
 Sin recogerse dentro de sí misma:
 Si ella no se dispone a recibirlos
 Con grande aplicación, todos perecen,
 Y lo logra por medio de esperanza
 De ver aquello que realmente mira.
 ¿No adviertes tú también cómo los ojos
 No pueden distinguir aquel objeto      1110
 Poco sensible, porque se tendieron
 Sin recogerse y prepararse mucho?
 Aun los cuerpos expuestos a la vista
 Son para el alma, si ella no se aplica,
 Como si cien mil leguas estuvieran:
 ¿A qué viene admirarse de que el alma
 Deje escapar los simulacros todos
 Menos los que la tienen ocupada?
 Tal vez abulta el alma simulacros,
 Y nos lleva al error y nos engaña:     1120
 También transforma el sexo de la imagen,
 Y en vez de una mujer, sólo tocamos
 Un hombre transmutado en un instante,
 U otro cualquier sujeto que en pos viene,
 De semblante y edad muy diferentes:
 Esto proviene del olvido y sueño.
 Debes siempre evitar lo más que puedas
 Entre otros un error: pensar no debes
 Que fue criada para ver tan sólo
 La órbita brillante de los ojos:       1130
 Y las móviles piernas y los muslos
 Sobre la base de los pies alzados,
 Porque alargar pudiéramos los pasos,
 Y con robustos músculos los brazos
 Y que una y otra mano fueron dadas
 Para poder buscarnos lo preciso.
 El orden respectivo de las causas
 Y de efectos ha sido trastornado
 Con interpretaciones semejantes:
 Pues no han sido formados nuestros miembros    1140
 Para servicio nuestro: los usamos,
 Porque hechos nos los hemos encontrado:
 La vista no nació antes que los ojos;
 La lengua fue criada antes que el habla;
 La lengua fue mucho antes que el lenguaje;
 Los oídos también fueron criados
 Mucho antes que se oyeran los sonidos;
 Y en fin, todos los miembros existieron
 Antes de que, se usaran, según pienso:
 No es la necesidad la que los hizo.    1150
 Los hombres se batían a puñadas,
 Y se hacían heridas con las uñas,
 Y sangre por sus miembros chorreaba,
 Mucho antes que las flechas brilladoras
 Volasen por el aire: y las heridas
 A evitar enseñó naturaleza
 Antes que le colgara al brazo izquierdo
 El arte algún broquel para escudarle:
 Y dar reposo al cuerpo fatigado
 Más antiguo es que camas y plumones    1160
 Y el apagar la sed antes que el vaso:
 Estos descubrimientos, que son fruto
 De la necesidad y la experiencia,
 Podemos persuadirnos que se han hecho
 Por utilidad nuestra: no sucede
 Con los demás objetos esto mismo,
 Cuyo uso es posterior al nacimiento,
 Como son nuestros órganos y miembros
 Ni por asomo debes presumirte
 Para utilidad nuestra ser criados.     1170
 Tampoco es maravilla que se busque
 Sustento el animal, naturalmente:
 Porque enseñé, fluían de los cuerpos
 De mil modos corpúsculos sin número:
 Que debe ser su emanación copiosa
 Por su mucho ejercicio y movimiento
 En unos animales: se evaporan
 Por la transpiración otras porciones
 De lo interior del cuerpo: otras exhalan
 Por la respiración los animales        1180
 Que lánguidos jadean: estos males
 Envarecen el cuerpo, y se destruye
 Con dolores la máquina en seguida.
 Por lo mismo se toma el alimento,
 El cual, metido por los intersticios
 Asegura los miembros, y da fuerzas,
 Y llena los conductos ensanchados
 Con el deseo que a comer incita.
 De igual modo se extienden las bebidas
 Por la parte que quiere humedecerse,   1190
 Y el volcán de calor que devoraba
 El estómago, al punto se disipa,
 Y se extingue el ardor que hay en los miembros
 De este modo se apaga sed ardiente,
 De este modo se sacia y harta el hambre.
 Ahora voy a explicarte cómo andamos
 Cuando queremos, cómo meneamos
 Los miembros de maneras diferentes,
 Y cuál es el agente acostumbrado
 Que empuja hacia adelante nuestro cuerpo,      1200
 De peso tan crecido: pon cuidado.
 Vienen los simulacros, como he dicho,
 A tocar el espíritu, y le invitan
 Al movimiento: luego de aquí nace
 La voluntad: porque ninguno emprende
 Cosa alguna sin que haya examinado
 El alma aquel objeto que la gusta;
 Operación que exige la presencia
 De simulacros: pues determinado
 De este modo el espíritu declara       1210
 Su voluntad con cierto movimiento,
 Que comunica al alma en un instante,
 Repartida por todos nuestros miembros,
 Y es muy fácil de hacerse, porque unidas
 Están íntimamente ambas substancias.
 El rechazo del alma siente el cuerpo,
 Y así toda la mole se menea
 Y avanza lentamente: además de esto,
 El cuerpo se enrarece al tiempo mismo,
 Y el aire siempre móvil, como debe,    1220
 Se hace dueño de todos los conductos,
 Copioso se derrama por los poros,
 Y por las partecillas más sutiles
 Del cuerpo se reparte de este modo.
 Así, el alma y el aire son las velas
 Que mueven nuestro cuerpo como nave.
 Sin embargo, no debes admirarte
 Que puedan los corpúsculos tan finos
 Empujar y volver a su albedrío
 Una mole tan grave como el cuerpo:     1230
 El viento así sutil y muy delgado
 Es poderoso para hacer que anden
 Las más disformes naves por las ondas:
 Por rápida que sea su derrota,
 Una mano tan sola las dirige,
 Y las vira doquier un timón solo.
 Por medio de poleas y de ruedas
 Las máquinas manejan y levantan
 Los pesos más enormes sin esfuerzo.
 Para explicarte ahora cómo el sueño    1240
 Derrama por los miembros el descanso
 Y ahuyenta los cuidados de los pechos,
 Recurriré al encanto de los versos,
 Y no a su multitud. Así del cisne
 Los débiles acentos más regalan
 Las orejas que aquel cridar de grullas
 Que se llevan los aires. Pronta oreja
 Y un ánimo sagaz préstame ahora
 Para que no me niegues ser posible
 Lo que voy a decirte: no repruebes     1250
 Con obstinado pecho la evidencia:
 De tu ceguera cúlpate a ti mismo.
 El sueño viene cuando el alimento
 Llega a descomponerse por los miembros;
 Y alguna de sus partes sale fuera
 Y otra se junta más y se condensa
 En lo interior del cuerpo; se desatan
 Y se aflojan entonces ya los miembros;
 Pues debemos al alma el sentimiento
 De que no puede el sueño despojarnos,  1260
 Sin que entonces nos fuera perturbada
 Y echada fuera el alma, aunque no toda,
 Pues yacería el cuerpo rodeado
 Con el eterno frío de la muerte:
 La más leve partícula de alma
 No quedara escondida por los miembros,
 Como el fuego tapado con ceniza,
 Que encendiera de nuevo el sentimiento
 De pronto por los miembros como fuego.
 Diré la causa de este nuevo estado,    1270
 Y cómo puede el alma perturbarse,
 Y el cuerpo desfallece lentamente:
 Haz que no azote el viento con palabras.
 Como la superficie de los cuerpos
 El contacto del aire experimenta,
 Es preciso que sea sacudida
 Sin cesar por sus golpes repetidos.
 Razón por qué los seres casi todos
 Están cubiertos de pellejo, o cerda,
 O de conchas, o callos, o cortezas:    1280
 Y el aire respirado de continuo,
 Por medio de su flujo y su reflujo
 Los azota también interiormente.
 Así es chocado el cuerpo por los lados,
 Y este choque por medio de los poros
 Llegando a los primeros elementos
 La destrucción prepara poco a poco.
 Los principios del ánimo y del cuerpo
 Se trastornan de modo que una parte
 Del alma es arrojada, y otra queda     1290
 En lo interior del cuerpo recogida:
 Repartida en los miembros la tercera,
 No puede reunirse, ni su parte
 Alarga al movimiento de la vida,
 Porque ha cortado la naturaleza
 Las vías y conductos: huye al punto
 El sentimiento en medio del desorden.
 Y como el cuerpo ya no tiene apoyo,
 Todo él se debilita y descaece,
 Los brazos caen, los párpados se cierran,      1300
 Y quedan los jarretes aplomados.
 Después de la comida viene el sueño,
 Porque el efecto que produce el aire,
 Ese mismo produce el alimento
 Cuando se va escondiendo por las venas;
 Y aquel sopor es mucho más profundo
 Que se sigue a la hartura, o la fatiga,
 Pues trastorna ésta más los elementos,
 Deja el alma encerrada por adentro
 Y la echa más copiosa y dividida,      1310
 Y la desune más entre sí misma.
 Y aquello en que más uno se ha ocupado,
 Y en las cosas que más se ha detenido
 Y en que más atención hubiese puesto,
 Eso mismo en el sueño nos parece
 Hacer por lo común; los abogados
 Defienden causas, e interpretan leyes;
 Combates dan y asaltos los caudillos;
 Con los vientos se baten los pilotos;
 Yo mismo no interrumpo mi trabajo,     1320
 Y siempre busco la naturaleza,
 Y encontrada, a mi patria la declaro.
 De este modo las otras facultades
 Y los estudios de ordinario ocupan
 En sueños a los hombres con engaños.
 Y aquéllos que a los juegos de continuo
 Asisten muchos días de seguida,
 Los vemos casi siempre, aun cuando deje
 La diversión de herir a sus sentidos,
 Conservar en sus almas paso franco     1330
 Por do puedan los mismos simulacros
 Introducirse; y los objetos mismos
 Por muchos días se les representan:
 Aunque despiertos ven los danzarines
 Meneando sus miembros diestramente
 Y oyen la consonancia de la lira,
 Y el lenguaje suave de las cuerdas;
 Ven el mismo concurso, y ven la escena
 Que brilla con adornos variados.
 La inclinación, el gusto y la costumbre        1340
 Tanto influyen en hombres y animales.
 Como que los caballos animosos,
 Sepultados sus miembros en el sueño,
 Los verás en sudor todos bañados
 Y resoplar y hacer esfuerzos grandes,
 Soñando así como si disputaran
 Sobre la palma, abiertas las barreras.
 También los perros de los cazadores
 Durante el blando sueño de repente
 Sus pies agitan, ladran y a menudo     1350
 Oliscar se les ve cual si tuvieran
 El rastro de la caza descubierto;
 Y volviendo del sueño continúan
 Persiguiendo los vanos simulacros
 De los ciervos que huyendo se figuran,
 Hasta que en sí volviendo, el error dejan.
 Mas el perro leal y cariñoso
 Que vive con nosotros en la casa,
 Sacude en un instante el leve sueño
 Que sus ojos velaba, y se levanta      1360
 Listo como si viera cara nueva
 Y rostro sospechoso: porque inquietan
 Los simulacros tanto más en sueños
 Cuanto sus elementos son más rudos.
 Las varias aves huyen, al contrario,
 Y agitando sus alas, al momento
 Se acogen a los bosques de los dioses,
 Por la noche, si en blando sueño vieron
 El gavilán sobre ellas arrojarse
 Y con rápido vuelo perseguirlas.       1370
 A la verdad que grandes movimientos
 Agitan a las almas de los hombres:
 Proyectos vastos forman y ejecutan;
 Soñando hacen los reyes prisioneros;
 Esclavos son en sueños de los mismos;
 Un combate se sigue a otro combate;
 Claman como si allí los degollaran;
 Muchos bregan y gimen doloridos
 Y como si pantera o león fiero
 Los hicieran pedazos a bocados,        1380
 Así llenan el aire de chillidos:
 Muchos tratan negocios importantes,
 Y su acción declararon muchas veces;
 Otros. en sueños ven venir la muerte;
 Creyendo dar con todo el cuerpo en tierra
 Desde elevados montes arrojados,
 Con gran congoja se despiertan muchos,
 Y a duras penas vuelven en sí mismos
 Con tanta agitación como han tenido:
 Un sediento también a par de un río    1390
 O de una fuente amena está sentado,
 Y se quiere beber el agua toda;
 De ordinario, dormidos los muchachos
 Al lado de un servicio o meadero
 Para orinar creen alzar la ropa,
 Inundando las telas exquisitas
 Que hizo para su cama Babilonia.
 Mas los que sienten por la vez primera
 La juventud lozana cuando el tiempo
 El semen por los miembros desenvuelve,         1400
 Se les ofrecen muchos simulacros
 De cualquier cuerpo en sueños mensajeros
 De un rostro hermoso, fresco y agraciado,
 Que provocan el órgano atestado
 De semilla abundante; y así como
 Hubieran penetrado muchas veces,
 El santuario del placer, arrojan
 Chorros de semen que los contaminan.
 Bulle en nosotros, como dije, e1 semen
 Cuando la juventud nos robustece:      1410
 Cada órgano es movido y provocado
 Por el objeto propio: humana imagen
 El órgano prolífico conmueve;
 Cuando de sus depósitos se sale
 El semen esparcido por el cuerpo,
 Y se junta en los nervios destinados
 Y penetra de pronto el mismo sitio
 Engendrador, se atiesan los conductos,
 Quiere arrojarlo la naturaleza
 Do el bárbaro deseo se encamina: 1420
 Y el alma se dirige a aquel objeto
 Que la hirió con sus flechas amorosas:
 Todos salen heridos del combate
 Y los tiros asestan hacia aquélla
 Que hiriéndonos se dio ella por vencida,
 Y el mismo vencedor ensangrentado
 En medio de su triunfo se presenta.
 Así, pues, a quien Venus ha llagado,
 Ya tomando los miembros delicados
 De un muchacho, o haciendo que respire 1430
 Una mujer amor por todo el cuerpo,
 Se dirige al objeto que la hiere,
 Impaciente desea a él ayuntarse
 Y llenarle de semen todo el cuerpo:
 El deleite presagia la ansia ciega:
 Ésta, pues, es la Venus que tenemos,
 De aquí el nombre de amor trajo su origen,
 De aquí en el corazón se destilara
 Aquella gota de dulzor de Venus
 Que en un mar de inquietudes ha parado: 1440
 Porque si ausente está el objeto amado,
 Vienen sus simulacros a sitiarnos
 Y en los oídos anda el dulce nombre.
 Conviene, pues, huir los simulacros,
 De fomentos de amores alejarnos,
 Y volver a otra parte el pensamiento,
 Y divertirse con cualquiera objeto;
 No fijar el amor en uno solo,
 Pues la llama se irrita y se envejece
 Con el fomento, y el furor se extiende 1450
 Y el mal de día en día se empeora.
 Si no entretienes tú con llagas nuevas
 Las heridas que te hizo amor primero,
 Y haciéndote veleta en los amores
 No reprimes el mal desde su origen
 Y llevas la pasión hacia otra parte.
 Las dulzuras de Venus no renuncia
 Aquél que huye de amor: por el contrario,
 Coge sus frutos solo sin disgusto.
 Gozan siempre las almas racionales 1460
 De un deleite purísimo y seguro,
 Mejor que los amantes desgraciados,
 Que al mismo tiempo de gozar fluctúan
 Sobre el hechizo de su amor incierto.
 No saben do fijar ojos y manos;
 Aprietan con furor entre sus brazos
 El objeto primero que agarraron,
 Le molestan muchísimo, y sus dientes
 Clavan cuando le besan en los labios,
 Porque no tienen un deleite puro; 1470
 Secretamente son aguijoneados
 A maltratar aquel objeto vago
 Que motivó su frenesí rabioso:
 Pero Venus mitiga los dolores
 Gozando del amor suavemente,
 Y con blando placer las llagas cura.
 Pues los amantes tienen esperanza
 De que aquel mismo cuerpo que ha inflamado
 Su pecho en amor ciego, puede él mismo
 Apagar el incendio que ha movido; 1480
 Pero se opone la naturaleza:
 Y es la única pasión de cuyos goces
 Con bárbaro apetito se arde el pecho;
 Pues el hambre y la sed se satisfacen
 Fácilmente por dentro repartidos
 Bebidas y alimentos en los miembros,
 Y se pueden pegar a ciertas partes.
 Pero un semblante hermoso y peregrino,
 Sólo deja gozar en nuestro cuerpo
 Ligeros simulacros que arrebata 1490
 Miserable esperanza por los aires.
 Así como un sediento busca en sueños
 El agua ansiosamente, y no la encuentra,
 Para apagar el fuego de su cuerpo,
 Y sólo da con simulacros de agua,
 Y con vana fatiga de sed muere
 Bebiendo en un río caudaloso;
 Del mismo modo engaña a los amantes
 Venus con simulacros: ni la vista
 De un cuerpo hermoso hartura puede darlos, 1500
 Ni quitar de sus miembros delicados
 Alguna parte pueden con sus manos
 Que inciertas manosean todo el cuerpo.
 En fin, cuando sus miembros enlazados
 Gozan el fruto de la edad florida,
 Cuando el cuerpo presagia los contentos
 Y a punto Venus de sembrar los campos,
 Los amantes agárranse con ansia,
 Y juntando saliva con saliva
 El aliento detienen apretando 1510
 Los labios y los dientes; pero en vano,
 Porque de allí no pueden sacar nada
 Ni penetrar ni hacerse un mismo cuerpo;
 Al parecer son estos sus intentos;
 Venus los junta con ansiosos lazos
 Cuando en el seno del placer sus miembros
 En licor abundante se derriten
 Conmovidos en fuerza del deleite;
 En fin, cuando la Venus recogida
 De los nervios saltó, por un momento   1520
 El ardor violento se amortigua
 Vuelve después con más furor la rabia,
 Buscando sin cesar tocar el blanco
 De sus deseos; pero no hallan medio
 Con que puedan triunfar de su desgracia:
 ¡Tan ciega herida errantes los consume!
 Agrega a los tormentos que padecen
 Sus fuerzas agotadas y perdidas,
 Una vida pasada en servidumbre,
 La hacienda destruida, muchas deudas,  1530
 Abandonadas las obligaciones,
 Y vacilante la opinión perdida:
 Perfumes y calzado primoroso
 De Sición, que sus plantas hermosea:
 Y en el oro se engastan esmeraldas
 Mayores y de verde más subido
 Y se usan en continuos ejercicios
 De la Venus las telas exquisitas,
 Que en su sudor se quedan empapadas:
 Y el caudal bien ganado por sus padres         1540
 En cintas y en adornos es gastado:
 Le emplean otras veces en vestidos
 De Malta y de Scio: le disipan
 En menaje, en convites, en excesos,
 En juegos, en perfumes, en coronas,
 En las guirnaldas, pero inútilmente;
 Porque en el manantial de los placeres
 Una cierta amargura sobresalta,
 Que molesta y angustia entonces mismo;
 Bien porque acaso arguye la conciencia         1550
 De una vida holgazana y desidiosa
 Pasada en ramerías; o bien sea
 Que una palabra equívoca tirada
 Por el objeto amado, como flecha,
 Traspasa el corazón apasionado
 Y toma en él fomento como fuego;
 O bien celoso observa en sus miradas
 Distracción hacia él mirando a otro,
 O ve en su cara risa mofadora.
 Si en el amor feliz hay tantas penas,  1560
 Innumerables son las inquietudes
 De un amor desgraciado y miserable:
 Se vienen a los ojos tan de claro,
 Que es mejor abrazar, como he enseñado,
 El estar siempre alerta, y no dejarse
 Enredar en sus lazos; pues más fácil
 Es evitar las redes, que escaparse
 Y de Venus romper los fuertes lazos
 Cuando el amor nos tiene ya prendidos,
 Y aunque fueras cogido y enredado      1570
 Podrías evitar el infortunio
 Si tú mismo no fueras a buscarle;
 Si primero los ojos no cerraras
 Sobre todos los vicios de su alma
 Y sobre los defectos corporales
 De aquel objeto por quien sólo anhelas:
 Ciega por lo común a los amantes
 La pasión, y les muestra perfecciones
 Aéreas; porque vemos que las feas
 Aprisionan los hombres de mil modos,   1580
 Y hacen obsequio grande a las viciosas:
 Y unos de otros se burlan y aconsejan
 El aplacar a Venus mutuamente
 Que los aflige con amor infame:
 Si es negra su querida, para ellos
 Es una morenita muy graciosa;
 Si sucia y asquerosa, es descuidada;
 Si es de ojos pardos, se asemeja a Palas;
 Si seca y descarnada, es una corza
 Del Ménalo; si enana y pequeñita,      1590
 Es una de las gracias, muy salada;
 Si alta y agigantada, es majestuosa,
 Llena de dignidad; tartamudea
 Y no pronuncia bien, es un tropiezo
 Gracioso; taciturna, es vergonzosa;
 Colérica, envidiosa, bachillera,
 Es un fuego Vivaz que no reposa;
 Cuando de puro tísica se muere,
 Es de un temperamento delicado;
 Si con la tos se ahoga y desfallece,   1600
 Entonces es beldad descaecida;
 Y si gorda y tetuda, es una Ceres,
 La querida de Baco: si chatilla,
 Es silla de placer; ¡nadie podría
 Enumerar tan ciegas ilusiones!
 Pero demos que sea ella un hechizo
 Y que la haya agraciado Venus misma;
 No faltan en el mundo otras hermosas,
 Y sin ellas pasamos. La hermosura
 A las mismas miserias está expuesta,   1610
 Y a las mismas flaquezas que la fea;
 Tenemos evidencia: y la infelice
 Por su hedor insufrible se sahúma,
 De la cual huyen mucho sus doncellas,
 Y a escondidas dan grandes carcajadas.
 Llorando, empero, el despedido amante
 Muchas veces adorna los umbrales
 Con flores y guirnaldas, derramando
 Perfumes en los postes altaneros,
 Y da en las puertas besos infelices;   1620
 A quien si ya una vez introducido
 Un ligero olorcillo molestara
 Al entrar en la casa buscaría
 Al punto algún pretexto de alejarse;
 Se olvida de las quejas elocuentes
 Tanto tiempo pensadas, y se acusa
 De mentecato por haber supuesto
 En aquella mortal más perfecciones
 Que és justo conceder: muy bien lo saben
 Nuestras diosas: ocultan por lo mismo  1630
 Estas flaquezas de la vida a quienes
 Desean sujetar de amor con grillos:
 Muy necias son en esto; porque puedes
 Correr el velo a todos sus misterios,
 E informarte de todos sus secretos:
 Y si es de buena índole y modesta,
 A mal no llevará que tú igualmente
 Veas y observes la miseria humana.
 No siempre la mujer con amor falso
 Suspira: cuando el cuerpo de su amante         1640
 Contra su seno aprieta entre sus brazos;
 Cuando sus labios húmedos imprimen
 Besos que fluyen el deleite, entonces
 Su amor es verdadero, y deseosa
 De gozar el placer común a entrambos,
 Le incita a que concluya la carrera
 Del amor: no podrían de otro modo
 Las aves, los ganados y las fieras
 Y yeguas a los machos ayuntarse,
 Si las hembras calientes no estuvieran,        1650
 Sin ellas no excitaran los hervores
 Del placer esta dulce resistencia
 Tan favorable a la caliente Venus.
 ¿Por ventura no ves también aquéllos
 Que un deleite recíproco ayuntara
 En mutua ligadura atormentados?
 ¿Y queriendo los perros desligarse,
 En las encrucijadas muchas veces
 Cada uno tira mucho por su parte
 Cuando los tiene Venus aún pegados     1660
 Con fuertes ataduras? No lo harían
 Si no fueran comunes los contentos
 Que en aquel dulce lazo los unieron,
 Teniéndolos a entrambos en prisiones
 Sólo el placer recíproco es deleite.
 Y por fortuna en el ayuntamiento,
 Cuando ordeñó con suma ligereza
 Y el viril semen embebió la hembra,
 Al padre o a la madre se parecen
 Los hijos, en razón que dominare       1670
 El semen de uno u otro; y si de entrambos
 Fueren los hijos un retrato vivo,
 De la sangre más pura de sus padres
 Fueron formados, cuando las semillas
 Excitadas por Venus en los miembros
 El recíproco ardor equilibrara,
 Y con igual influjo concurrieron.
 A las veces sucede parecerse
 A los abuelos, o a los bisabuelos,
 Porque encierran los padres de ordinario       1680
 En su cuerpo muchísimos principios
 Que, de padres a hijos transmitidos,
 Vienen de un mismo tronco: después Venus
 Varía las figuras, y remeda
 El semblante, la voz y los cabellos
 De los abuelos, porque son formadas
 Aquestas partes de nosotros mismos
 No menos que la cara, cuerpo y miembros
 De germen fijo. Y la viril semilla
 En producir el sexo femenino   1690
 Influye, y los varones engendrados
 Son del materno semen; porque el hijo
 Resulta siempre de las dos semillas,
 Y aquel a quien el hijo más saliere
 Suministró más parte de elementos,
 Como en varones y hembras verlo puedes.
 No impiden a ninguno las deidades
 El propagar su especie, y que le llamen
 Padre sus dulces hijos; o que vivan
 En un perpetuo estéril himeneo,        1700
 Como lo creen muchos, y afligidos
 Las aras bañan de copiosa sangre
 Y llenan de presentes los altares
 Para que con raudales de semilla
 Empreñen sus mujeres: pero en vano
 A los dioses y oráculos fatigan.
 Estériles se quedan las mujeres
 Cuando el semen es fluido o espeso
 Con extremo: muy fluido no puede
 Fijarse en los parajes destinados,     1710
 Se corre y se derrama en el momento;
 Muy espeso, su misma consistencia
 No le deja saltar bastante lejos
 Y penetrar los sitios igualmente,
 O penetrando en ellos, con el semen
 De la mujer no es fácil se entrevere.
 Porque en efecto, hay mucha diferencia
 Por la organización en las uniones,
 Y unos mejor empreñan unas que otras,
 Y muchas fueron antes infecundas       1720
 En varios himeneos, y no obstante
 Llegaron a tener un buen marido
 Que supo fecundarlas, y quedaron
 Enriquecidas con sabrosos hijos:
 Y después de infinitos matrimonios
 Infructuosos, encontraron otros
 Apoyos de vejez con nueva esposa:
 Tan esencial es la correspondencia
 De la organización en los esposos,
 Para poder unirse las semillas         1730
 Con las que tengan más analogía
 Y adquieran la precisa consistencia.
 Es preciso también ser circunspecto
 Sobre la calidad del alimento,
 Pues se espesan los sémenes con unos,
 Con otros se atenúan y disuelven.
 También debe observarse la manera
 De tratar a la misma dulce venus;
 Pues como los cuadrúpedos se ayuntan
 Muchos son de opinión que los esposos  1740
 Deben hacerlo, porque de este modo
 Pueden las partes recibir el semen
 Echando el pecho y levantando el lomo.
 No conviene que hagan las esposas
 Movimientos lascivos, porque impiden
 Hacerse la mujer embarazada
 Cuando con los meneos de las nalgas
 La venus del varón estorba inquieta
 Y da oleadas con el tierno pecho;
 La reja del arado echa del surco,      1750
 Y el chorro seminal quita del sitio.
 Por utilidad propia las rameras
 Tuvieron la costumbre de moverse,
 Por no hacerse preñadas con frecuencia
 Y porque al mismo tiempo los varones
 Tuviesen una venus más gustosa:
 Mas la honesta mujer no las imite.
 No es preciso el auxilio de los dioses
 Ni las flechas de Venus para amarse.
 A veces la más fea mujercilla,         1760
 Su conducta, su agrado su limpieza,
 Sus artificios inocentes hacen
 Que se acostumbre el hombre fácilmente
 A vivir en su trato y compañía,
 Porque engendra cariño el mucho trato:
 Golpes reiterados, aunque leves,
 Al cabo de años triunfan de los cuerpos
 Más sólidos. ¿No observas que las gotas
 De la lluvia que caen sobre las peñas
 Después de mucho tiempo las socavan?   1770


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Libro V 05
Pág. 05 de 06
Sobre la naturaleza de las cosas Tito Lucrecio Caro


¿Quién con robusto pecho cantar puede 1

 Según la majestad de los objetos
 Estos descubrimientos asombrosos;
 O quién tan elocuentes labios tiene
 Que pueda celebrar las alabanzas
 Según merece aquel sublime genio
 Que nos dejó los frutos de su mente?
 Nadie que mortal cuerpo haya tenido;
 Porque, si como exige la grandeza
 De los descubrimientos de las cosas    10
 Es preciso que hablemos de las mismas,
 Un dios fue aquél, un dios, ínclito Memmio,
 Que primero inventó aquel plan de vida
 Que hoy de sabiduría tiene nombre,
 Haciendo que por medio de este arte
 Sucediese la calma a las tormentas,
 Y a las tinieblas una luz hermosa.
 Los inventos antiguos de otros dioses
 Compara tú con éstos: porque dicen
 Haber a los mortales enseñado  20
 Ceres el modo de coger los frutos
 Y el zumo de la vid el padre Baco;
 Pudiéndose vivir sin estos dones,
 Como cuentan que viven al presente
 Muchas naciones: pero sin virtudes,
 Vivir no se podría felizmente:
 Tenemos, pues, justísimos motivos
 De ser un dios para nosotros éste
 Cuyos dulces consuelos extendidos
 Por todas las naciones de la tierra    30
 Los ánimos halagan en sus cuitas.
 Estás muy engañado si presumes
 Que los trabajos de Hércules le exceden;
 ¿Pues , qué daño al presente nos harían
 Aquella boca del león nemeo
 Anchurosa, y las cerdas erizadas
 Del jabalí de Arcadia? ¿qué podrían
 De Creta el toro, y la lernea plaga
 De la hidra atrincherada de serpientes
 Ponzoñosas? o ¿qué de los tres cuerpos         40
 Del enorme Gerión se nos daría?
 ¿Y acaso los caballos de Diomedes,
 Cuyas narices fuego resollaban
 Allá cerca del Ísmaro en la Tracia
 Y en las Bistonias costas nos dañaran?
 ¿Qué las aves de Arcadia con sus garras,
 Del Estínfalo horribles moradoras?
 ¿Qué daño, en fin, hiciera el guardián fiero
 Del jardín y fulgentes pomas de oro
 De Hespérides, aquel dragón furioso    50
 Que vibraba amenazas de sus ojos,
 Y cuyo enorme cuerpo el rico tronco
 Con roscas y más roscas abrazaba
 Del océano Atlántico las playas
 Y cerca de aquel mar inaccesible
 Sobre el cual nunca osaron exponerse
 Ni romanos ni bárbaros? ¿qué hicieran,
 Aunque se viesen monstruos semejantes
 Y el mundo no estuviera limpio de ellos?
 No causarían daño, según pienso;       60
 Ahora hierve la tierra todavía
 En alimañas, y el espanto reina
 Por los bosques, y selvas y montañas;
 Podemos evitarlas sin embargo.
 Pero si no tenemos limpio el pecho,
 ¡Qué combates tan recios sostendremos!
 Y a pesar nuestro, entonces, ¡cuántos riesgos
 Tenemos que vencer! ¡de qué inquietudes,
 De qué cuidados y de qué temores
 No es desgarrado el corazón del hombre         70
 Que se entrega sin freno a sus pasiones!
 ¡Cuántos estragos hacen en su alma
 Orgullo, obscenidad y petulancia!
 ¡Cuántos el lujo y la desidia torpe!
 Así el que a todos estos enemigos
 Hubiera sujetado, y de su pecho
 Los hubiese lanzado con las armas
 De la razón tan sólo, ¿no debemos
 Colocar este hombre entre los dioses?
 ¿Qué diremos si en términos divinos    80
 Su lengua desató este mismo sabio
 Para hablar de los dioses inmortales
 Y para descubrir a nuestros ojos
 De la naturaleza los misterios?
 Entrando yo en la senda que me he abierto,
 Proseguiré enseñándote las leyes
 Que hacen que todo ser tenga su límite
 Según su formación, y que no pueda
 Pasar jamás los límites prescritos
 A su duración propia: pues habiendo    90
 Probado nace el alma con nosotros,
 Que no puede durar eternamente,
 Que no son más que vanos simulacros
 Las fantasmas, imágenes de muertos,
 Que creemos en sueños ver nosotros:
 Y el orden mismo de mi objeto ahora
 Me conduce a tratar del nacimiento
 Del mundo y de su término postrero;
 Y también a explicarte de qué modo
 Los átomos unidos han formado 100
 La tierra, el cielo, el mar, el Sol, los astros,
 Y el globo de la Luna: qué animales
 Ha parido la tierra, y cuáles nunca
 Pudieron existir: y por qué encanto,
 Variando los hombres las palabras
 Entre sí, establecieron el comercio
 De las ideas; cómo se introdujo
 Aquel miedo a los dioses en los pechos
 Que en todos los países de la tierra
 Conserva templos, lagos, bosques, aras,        110
 Y las santas estatuas de los dioses.
 Explicaré las leyes que ha prescrito
 Del Sol al curso la Naturaleza
 Y a las revoluciones de la Luna;
 Para que no creamos falsamente
 Que por un espontáneo movimiento
 Eternamente ruedan estos astros
 Tan obsequiosos entre cielo y tierra,
 Para acrecentamiento de los frutos
 Y de los animales: o que sea   120
 A los dioses debido en cierto modo
 El período de sus revoluciones:
 Porque los que estuvieren persuadidos
 Del descuido en que viven las deidades,
 Si no obstante se admiran de las causas,
 Aun de las naturales apariencias
 Que se observan encima de nosotros
 En la región etérea, nuevamente
 Caen en su inveterado fanatismo
 Y nos ponen tiranos inflexibles,       130
 A quienes para colmo de miseria
 Conceder un poder ilimitado,
 Por no saber qué cosa existir puede,
 Cuál no puede, y los límites precisos
 Que ha señalado la Naturaleza,
 En fin, a la energía de los cuerpos.
 Yo no ignoro cuán nueva e increíble
 Es la opinión de que la tierra y cielo
 Se acabarán, y cuán difícil sea
 Para mí convencer a los mortales       140
 De una verdad que hasta ahora no ha llegado,
 A sus oídos; que por otra parte
 No pueden a la vista sujetarla
 Ni al tacto, los dos únicos caminos
 Que a la evidencia guían hasta el templo
 Del espíritu humano: sin embargo,
 Yo romperé el silencio: la experiencia
 Vendrá quizá en apoyo de mi aserto;
 Verás quizá dentro de poco tiempo,
 Agitado de horribles terremotos,       150
 Todo el orbe en ruinas convertido.
 Aleje de nosotros el destino
 Desastre semejante; el raciocinio
 Convénzanos más bien que la experiencia
 De que es posible se hunda todo el Globo
 Con un fragor horrísono deshecho.
 Antes de que yo empiece a revelarte
 Los decretos del hado más sagrados
 Y mucho más seguros que no aquéllos
 Que pronuncia la Pitia coronada        160
 De laurel en la trípode de Apolo,
 Quiero infundirte aliento con verdades
 Consoladoras, por si acaso piensas,
 De la superstición aherrojado,
 Que la Tierra y el Sol, el mar, el cielo,
 Los astros y la Luna son substancias
 Eternas y divinas; presumiendo
 Que son impíos como los gigantes,
 Dignos de los suplicios más atroces
 Por su horrible atentado, los que quieran      170
 Desbaratar las bóvedas del Mundo
 Y apagar la clarísima lumbrera
 Del Sol con vanas argumentaciones,
 Tratando lo inmortal con mortal labio.
 Pero están estos cuerpos tan distantes
 De la divinidad, y nos parecen
 Tan indignos de estar entre los dioses,
 Que, al contrario, más bien nos dan ideas
 De una materia bruta inanimada:
 No se debe creer que el sentimiento    180
 E inteligencia sean propiedades
 De cualquier cuerpo indiferentemente.
 Así como en el aire estar no puede
 El árbol, ni en el mar salado nubes,
 Ni peces en los campos, ni en los leños
 La sangre, ni los jugos en las piedras,
 Porque ha prescrito la naturaleza
 A cada ser el sitio donde nazca,
 Y do se desarrolle; así no puede
 Nacer el alma aislada sin un cuerpo,   190
 Sin nervios y sin sangre: si posible
 Y fácil fuera, mucho más podría
 Formarse en la cabeza o en los hombros,
 O en los talones o en cualquiera parte
 Del cuerpo; porque al fin ella estaría
 En el mismo hombre y vaso de continuo.
 Mas como estamos ciertos que en el cuerpo
 Tienen ánimo y alma en sitio fijo
 Donde nacen y crecen apartados;
 Por lo mismo diremos que no puede      200
 El alma subsistir sino en un cuerpo,
 Y sin forma animal en los terrones
 Pesados de la tierra, o en el fuego
 Del Sol, o en el agua o en los aires:
 Luego no están dotadas estas masas
 De alma divina, puesto que no pueden
 Gozar el movimiento de la vida.
 Tampoco puedes presumir que tengan
 Los dioses sus moradas sacrosantas
 En una de las partes de este mundo:    210
 Porque ellos son substancias tan sutiles,
 Que el sentido no puede percibirlas,
 Ni el espíritu apenas comprenderlas:
 Si escapan al contacto de las manos,
 No deben tocar ellos ningún cuerpo
 Que podamos tocar; porque no puede
 Tocar el que de suyo es intangible:
 Luego muy diferentes de las nuestras
 Deben ser sus moradas, tan sutiles
 Como sus cuerpos: lo que extensamente  220
 Te probaré en la serie de mi escrito.
 Decir, a la verdad, que en favor nuestro
 Han querido los dioses disponernos
 El orden bello de naturaleza;
 Que debemos loar por esto mismo
 Esta obra admirable de los dioses;
 Por inmortal y eterna reputarla;
 Que es un crimen minar con lengua osada
 De este edificio eterno los cimientos,
 Que levantó para la especie humana     230
 El saber de los dioses inmortales:
 Estas fábulas y otras semejantes
 Indicio, ¡oh Memmio!, son de gran locura.
 ¿Qué utilidad nuestro agradecimiento
 Podría acarrear a aquellos seres
 Inmortales por sí y afortunados,
 Para empeñarlos en obsequio nuestro
 A emprender esta obra y concluirla?
 ¿O qué nuevo interés pudo inducirlos
 Pacíficos después de tantos siglos     240
 A codiciar nuevo tenor de vida?
 Aquél sólo apetece las mudanzas
 Que de suerte infeliz es perseguido:
 Pero aquél que jamás probó infortunio
 Gozando de tranquila y dulce vida,
 ¿Qué nuevo estado pudo enamorarle?
 ¿En las tinieblas y en angustia estaba
 Su vida acaso hundida hasta el momento
 En que nueva brilló naturaleza?
 Y de no haber nacido, ¿qué desgracia   250
 Nos podía venir? Cualquier nacido
 Tan sólo debe apetecer la vida
 Mientras blando placer le tenga en ella:
 Pero aquél que jamás contado fuera
 Entre los que gustaron su dulzura,
 ¿En no haber existido, qué perdiera?
 ¿De dónde, pues, sacaron las deidades
 Para la creación del Universo
 El ejemplar y la primera idea
 De los hombres, de modo que pudiesen   260
 Concebir claramente su proyecto
 Y ejecutarle? o ¿cómo conocieron
 Las cualidades de los elementos,
 Y lo que pueden sus combinaciones
 Diferentes, a no ser que la misma
 Naturaleza lo haya declarado?
 Porque al cabo de siglos infinitos
 Los muchos elementos de materia
 Por choques exteriores sacudidos,
 Y de su mismo peso arrebatados         270
 Y llevados con raudo movimiento,
 De diversas maneras se juntaron,
 Probaron todas las combinaciones
 De que pudiesen resultar los seres;
 Por lo que no es extraño que hayan dado
 Con la disposición y movimientos
 Que forman este mundo y le renuevan.
 Suponiendo que yo mismo ignorara
 De los principios la naturaleza,
 A asegurar, no obstante, me atreviera,         280
 Cielo y naturaleza contemplando,
 Que no puede ser hecha por los dioses
 Máquina tan viciosa e imperfecta.
 Cuanto coge la bóveda celeste
 Del globo que habitamos, en gran parte
 Las montañas y selvas y las fieras
 Como si fuera propio lo dominan;
 El mar que nos lo estrecha con sus brazos
 Las rocas y lagunas lo poseen;
 Un ardor insufrible, un hielo eterno   290
 Casi dos partes roba a los mortales:
 Y llenara de abrojos lo restante
 Naturaleza a si misma entregada,
 Si la industria del hombre no acudiera,
 Hecho a gemir por alargar la vida
 Bajo penoso afán, y a abrir la tierra
 Con la pesada reja; si volviendo
 Con ella los terrones, y domando
 El suelo ingrato no le precisamos.
 Los gérmenes no pueden por sí mismos   300
 Salir y levantarse al aire puro:
 Y a veces estos frutos son costosos
 Cuando ya tienen hoja y ya florecen,
 O los abrasa el sol con sus ardores,
 O con ellos acaban los turbiones,
 O frecuentes heladas los destruyen.
 ¿Por qué causa sustenta y multiplica
 En mar y tierra la Naturaleza
 Esa horrífera casta de las fieras
 Que a la raza humanal es tan dañosa?   310
 ¿Por qué las estaciones traen los morbos?
 ¿Por qué vaga la muerte prematura?
 Y el niño, semejante al marinero
 Que a la playa lanzó borrasca fiera,
 Tendido está en la tierra, sin abrigo,
 Sin habla, en la indigencia y desprovisto
 De todos los socorros de la vida,
 Desde el momento en que naturaleza
 A la luz le arrancó con grande esfuerzo
 Del vientre de la madre, y llena el sitio      320
 De lúgubre vagido como debe
 Quien tiene que pasar tan grandes cuitas.
 Crecen las fieras y ganados varios,
 Y ni el chupar ruidoso necesitan,
 Ni con alma nodriza se les pone
 Para acallarlos con lenguaje tierno;
 Ni acomodan al tiempo sus vestidos
 Ni de armas ni de muros elevados
 Necesitan, en fin, con que defiendan
 Sus bienes y riquezas; pues la tierra  330
 Y la naturaleza largamente
 Abastecen de todo a cada uno.
 Primeramente, si la tierra y agua
 Y los soplos ligeros de los aires
 Y los vapores cálidos del fuego
 A nacimiento y muerte están sujetos,
 Debe correr la misma suerte el mundo,
 Que de estos elementos se compone;
 Porque siendo nativas y mortales
 Las partes, debe e1 todo ser lo mismo:         340
 Por lo que cuando veo renacidas
 Las partes y los miembros agotados
 Del mundo, me persuado que han tenido
 Algún primer instante Cielo y Tierra,
 Y me persuado su final ruina.
 No te presumas, Memmio, que yo avanzo
 Una proposición aventurada
 Al decir que es mortal la tierra y fuego
 Y que perecerán el aire y agua;
 Que los mismos renacen y se aumentan.  350
 Abrasada una parte de la tierra
 Por los continuos soles, y hecha polvo
 Con el pisar, se agrupa en torbellinos
 Que los vientos robustos desparraman
 Como ligeras nubes por los aires.
 Parte de los terrones se resuelve
 En agua con las lluvias y los ríos
 Continuamente roen las orillas:
 Cualquiera cuerpo, en fin, que aumenta otro
 Con su propia substancia, se consume;  360
 Y puesto que la Tierra es común madre
 Y general sepulcro de los cuerpos,
 Se gasta se repara de continuo.
 Que el mar, ríos y fuentes siempre abundan
 Y arrojan sin cesar copiosas aguas,
 Lo declara la inmensa copia de ellas,
 Que a enriquecerlos va por todas partes:
 Mas las continuas y hórridas tormentas
 Impiden llegue a ser muy abundante:
 Barriéndola los vientos con su soplo   370
 Y etéreo Sol chupándola con rayos
 Reducen su volumen: otra parte
 Se sume por las tierras y se filtra.
 Se limpia de sus sales, se recoge
 Toda en el nacimiento de los ríos,
 Fluye sobre la tierra dulcemente
 Por donde, una vez rota, facilita
 Que con líquido pie corran las aguas.
 Del aire voy a hablar, que cada instante
 Prueba vicisitudes infinitas,  380
 Pues todo cuanto fluye de los cuerpos
 En este vasto océano se pierde;
 El cual, si no les diera partes nuevas
 Y sus pérdidas siempre reparara,
 Ya se hubiera disuelto todo cuerpo
 Y convertido en aire: luego siempre
 Es producido el aire por los cuerpos
 Y los cuerpos en aire se resuelven,
 Pues es ley de la vida que los seres
 Fluyan en general continuamente.       390
 Y la perenne fuente de luz pura
 El Sol etéreo, baña de continuo
 El cielo con un brillo renaciente,
 Y alimenta la luz con otra nueva;
 Pues sus rayos se pierden al ponerse.
 Lo puedes observar cuando las nubes
 Hacia el Sol empezaron a arrimarse,
 Y los rayos de luz casi ya cortan;
 Toda su inferior parte en el momento.
 Desaparece, obscúrase la tierra        400
 Por todo cuanto abrazan los nublados,
 Para que veas necesitan siempre
 De nueva luz los cuerpos, y que muere
 Cada rayo en su mismo nacimiento;
 Y sería imposible de otro modo
 Percibir los objetos sin que diera
 El manantial de luz rayos perpetuos.
 La misma luz artificial de casa
 Y las coloradas lámparas y teas,
 Que despiden de sí unos torbellinos    410
 De llama y humo, corren de este modo
 Con auxilio de fuegos tembladores
 A dar una luz nueva de continuo,
 Sus emisiones nunca se interrumpen:
 Con tanta rapidez todos los fuegos
 Reemplazan a la llama que se apaga
 Con otra luz de súbito formada.
 Así en vez de tener el Sol, la Luna
 Y estrellas como cuerpos inviolables,
 Debes creer que sólo nos alumbran      420
 Siempre por emisiones sucesivas,
 Que sin cesar se pierden y renuevan.
 Por último; ¿no ves triunfar el tiempo
 Aun de las piedras, y venirse al suelo
 Altas torres, y a polvo reducirse
 Los peñascos, hundirse y arruinarse
 A pesar de los dioses, sus estatuas;
 Que la deidad no puede hacer traspasen
 Los límites prescriptos por el hado,
 Ni ella misma luchar contra las leyes  430
 Que la Naturaleza ha establecido?
 ¿No vemos los humanos monumentos
 Caer desmoronados ciertamente
 Como si fueran por vejez minados?
 ¿No ves rodar desde los altos montes
 Peñascos desprendidos, incapaces
 De resistir a las gigantes fuerzas
 De un tiempo limitado? De repente
 No se desprenderían ni cayeran,
 Si al cabo de un gran número de siglos         440
 Hubieran resistido los asaltos
 Del tiempo, sin jamás rendirse a ellos.
 Esa bóveda inmensa, en fin, contempla
 Que dentro de sí abraza todo el orbe;
 El cielo mismo, que al decir de algunos
 Crea todos los seres, y disueltos
 Los vuelve a recibir, tuvo principio,
 Y cuerpo mortal tiene, aunque es inmenso;
 Porque el ser que otros seres alimenta
 Con su substancia, debe consumirse,    450
 Cuando acción creadora los repara.
 Si la Tierra y el Cielo no tuvieron
 Jamás principio y fueron siempre eternos,
 ¿Cómo es que no cantaron los poetas
 Los sucesos también que precedieron
 A la guerra tebana y fin de Troya?
 ¿Dó fueron a parar tantas hazañas
 De varones ilustres, excluidas
 De los eternos fastos de la fama?
 Nuevo es empero el mundo según pienso,         460
 En la infancia está aún, y muy reciente
 Tiene la fecha: pues se perfeccionan
 También algunas artes al presente,
 Y ahora se inventan otras; se adelanta
 En la navegación bastante ahora;
 Inventaron los músicos ha poco
 Las Voces y sonidos melodiosos:
 Esta naturaleza de las cosas
 Y esta filosofía ahora han nacido
 Y ahora soy yo mismo el que primero    470
 Puedo de ellas hablar en nuestra lengua.
 Pues si acaso presumes tuvo el Mundo
 Todas estas ventajas en lo antiguo,
 Mas que generalmente perecieron
 Con voraz llama las generaciones,
 O que se destruyeron las ciudades,
 Aun debes afirmar más convencido
 La ruina también de Cielo y Tierra:
 Porque atacado de tan grandes males
 Y expuesto el universo a tantos riesgos        480
 Se hubiera destruido y arruinado
 Si hubieran atacado más de recio;
 Una prueba clarísima tenemos
 De que somos mortales, enfermando
 Con las mismas dolencias que enfermaron
 Aquéllos que salieron de la vida.
 Subsiste, pues, un cuerpo eternamente,
 O porque siendo sólido resiste
 Al choque y no permite le penetre
 Otro que pueda disociar sus partes,    490
 Como hacen los principios de materia,
 Cuya naturaleza expliqué antes;
 O porque es inaccesible al choque
 Como el vacío, el impalpable espacio
 A que acción destructora nunca llega;
 O porque no le cerca algún espacio
 Que pueda recibir en sí los restos
 Después de disolverse; como el todo,
 Fuera del cual no escaparán sus partes,
 Ni hay cuerpos que las choquen y dividan.      500
 Aunque sólido el Mundo, como dije,
 No es inmortal, porque se da vacío
 En la Naturaleza: ni tampoco
 Lo es como el vacío, porque hay cuerpos
 Innumerables en el vasto espacio
 Cuyos ataques súbitos conmueven
 Nuestro Mundo y le ponen en peligro
 De perecer. Espacios hay inmensos
 También en donde pueden dispersarse
 Todas las partes de sus elementos,     510
 O de otro cualquier modo aniquilarse.
 No se cierran las puertas de la muerte
 Al Cielo, Sol, y Tierra, y hondos mares;
 Antes para tragarlos les presenta
 Una boca disforme y anchurosa:
 Por lo que a confesar te ves forzado
 Haber tenido todos estos cuerpos
 Principio, porque siendo destructibles,
 Después de haber corrido tantos siglos,
 De ningún modo hubieran resistido      520
 De tiempo inmenso el poderoso esfuerzo.
 La lucha, en fin, que reina entre los miembros
 Vastísimos del Mundo, guerra impía
 Que siempre los agita, ¿no declara
 Que pueden acabarse y concluirse
 Estos largos combates algún día?
 Cuando hubieren el Sol y todo el fuego
 Las aguas totalmente consumido,
 Y hubieren conseguido una victoria
 A que todas sus fuerzas se dirigen     530
 Sin un feliz suceso todavía,
 Pues abastecen tanto al mar los ríos,
 Y amenazan los mares anegarnos
 Desde el profundo abismo inútilmente:
 Porque siendo barridos por los vientos,
 Y del Sol absorbidos por los rayos,
 Se van disminuyendo y los secaran
 Primero que su fin lograse el agua.
 De grandes intereses animados,
 Estos dos elementos se hacen guerra    540
 Con fuerza igual; aunque, según es fama,
 Habiendo una vez sola dominado
 El fuego ya en la tierra, y habiendo otra
 Reinado el agua sobre el continente,
 Triunfó no obstante el fuego, y una parte
 Del mundo consumió con voraz llama
 Cuando fue arrebatado Faetonte
 Del Sol por los caballos desbocados,
 Y por el aire y climas le arrastraron;
 Pero entonces el Padre Omnipotente     550
 Colérico y furioso lanzó a tierra
 Un pronto rayo desde el mismo carro
 A Faetón magnánimo, y su padre
 Volvió a tomar después de su caída
 La sempiterna lámpara del mundo;
 Y ordenó nuevamente los corceles
 Por el terror atónitos, dispersos,
 Y su antigua carrera prosiguiendo,
 Calmó de nuevo la naturaleza:
 Los poetas antiguos de la Grecia       560
 Así cantaron; la razón lo impugna,
 Puesto que puede superar el fuego,
 Si moléculas ígneas abundantes
 Caen desde el Universo en nuestro Globo;
 O algún poder contrario sobrepuja
 La acción del fuego o a la vez perecen
 Los seres vorazmente consumidos.
 Cuentan también que en otro tiempo el agua
 Victoriosa quedó, cuando anegadas
 Dejó muchas ciudades; pero cuando              570
 Desvaneció contraria fuerza al agua
 De todo el Universo congregada,
 Se pararon las lluvias y los ríos
 Refrenaron el ímpetu furioso.
 Pero de qué manera haya fundado
 El casual concurso de principios
 Cielo y Tierra y abismos de los mares,
 La carrera del Sol y de la Luna,
 Lo dirá por su orden este canto:
 No por efecto de su inteligencia       580
 Ni por su reflexión se colocaron
 En el orden que vemos los principios;
 Ni entre sí, a la verdad, han concertado
 Sus movimientos; sino que infinitos
 Los principios, movidos de mil modos,
 Sujetos a impulsiones exteriores
 Después de tanto número de siglos,
 Y conducidos a su mismo peso,
 Cuando de todos modos se juntaron,
 Y cuando todas las combinaciones       590
 Posibles, entre sí experimentaron,
 Después de mucho tiempo y muchas juntas
 Y movimientos, se coordinaron
 Por último, y se hicieron grandes masas,
 Que llegaron a ser en cierto modo
 El bosquejo primero de la Tierra,
 Del mar, del Cielo y seres animados.
 No se veía entonces remontado
 Por los aires el carro luminoso
 Del Sol, ni las estrellas del gran mundo,      600
 Ni el mar, ni el Cielo, ni por fin la Tierra,
 Ni el aire ni otra cosa semejante
 A las que nos rodean; sí un conjunto
 De confusos principios borrascoso;
 Después algunas partes empezaron
 De esta masa disforme a separarse,
 Los homogéneos átomos se juntan,
 Desenvolviose el mundo y se formaron
 Sus vastos miembros, y sus grandes partes
 De toda especie de átomos se hicieron:         610
 La discordia que había en los principios
 Turbaba y confundía grandemente
 Los intervalos, direcciones, lazos,
 Las pesadeces, fuerzas impulsivas,
 Combinaciones, y los movimientos
 A causa de sus formas diferentes,
 Y por la variedad de sus figuras
 No podrían así quedar unidos;
 El Cielo separose de la Tierra,
 Y se atrajo la mar todas las aguas     620
 Y los fuegos del éter también fueron
 A brillar separados con luz pura.
 Porque los elementos de la Tierra
 Más graves y embrollados se juntaban
 Y en el centro ocupaban las regiones
 Más inferiores; cuanto más estrecho
 Su enlace fue, tanto mejor sacaron
 Con superabundancia la materia
 Que formase los mares, las estrellas,
 El Sol y Luna y el recinto vasto       630
 Del mundo; porque siendo los principios
 De todos estos cuerpos más sutiles,
 Esféricos y lisos que los otros
 De la Tierra, rompiendo por lo mismo
 El éter del primero por sus poros
 Se subió a lo más alto, y muchos fuegos
 Robó consigo en su ligera marcha:
 No de otro modo así por la mañana
 Cuando la luz dorada del Sol tiñe
 Sus rayos en las hierbas esmaltadas,   640
 Los lagos y los ríos perennales
 Exhalan una niebla, y a las veces
 Parece que la misma tierra exhala
 Una especie de humor; emanaciones
 Sutiles que, después de levantadas
 Y en la atmósfera unidas, se dilatan
 Debajo de las bóvedas del Cielo
 En opaco tejido; y así el éter
 Fluido y leve entonces condensado
 Formó un vasto recinto, y esparcido    650
 Por todas partes y hacia todos lados,
 Todo lo rodeó con cerco inmenso.
 Después el Sol y Luna se formaron,
 Cuyos globos dan vueltas en el aire
 Por entre Cielo y Tierra; sus principios
 No se agregaron a los de la Tierra
 Ni a los del éter vasto, porque ni eran
 Tan pesados que a lo ínfimo bajasen,
 Ni tan ligeros que a la parte opuesta
 Pudieran elevarse; están en medio      660
 Suspensos de manera que voltean
 Como cuerpos vivientes, como partes
 Las más activas de Naturaleza:
 No de otro modo algunos miembros nuestros
 Inmóviles se quedan en su puesto
 A pesar de que hay otros que se mueven.
 Por fin, entresacados estos cuerpos,
 Se hundió la Tierra de repente, abriendo
 Un hondo foso a las saladas aguas,
 Por do al presente la llanura inmensa 670
 Se extiende de los mares azulados;
 Y cuánto más la tierra cada día
 Abierta por la misma superficie,
 Estaba recogida y condensada
 Y más metida hacia su propio centro
 Por la acción repetida de los fuegos
 Del éter, y del Sol por todos lados,
 Más el sudor salado se exprimía
 De su cuerpo, y los mares aumentaba
 Con sus emanaciones; y asimismo 680
 Infinitas moléculas de fuego
 Y del aire, escapando de la tierra
 Por esta misma compresión, volaban
 Y espesaban la bóveda fulgente
 Del Cielo, tan distante de la Tierra:
 Los campos se bajaban por lo mismo,
 Las cumbres de los montes se empinaban,.
 Porque hundirse las peñas no podían,
 Ni la tierra allanar todas sus partes.
 De esta manera el orbe condensado      690
 A la vez adquirió peso y firmeza;
 Todo el limo del mundo se hundió abajo,
 Si así puede decirse, con su peso,
 Y quedó allí sentado como poso:
 Encima de la tierra quedó el agua;
 Después el aire; luego el mismo éter,
 Con sus fuegos; los más puros principios
 Hicieron estos fluidos que no tienen
 La misma ligereza; el fluido éter,
 Que es el más transparente más ligero,         700
 Circula sobre el aire sin mezclarse
 Con las auras del aire borrascosas;
 Le permite que todo lo revuelva
 Con raudo torbellino; le permite
 Con borrasca inconstante alborotarlo:
 Con ímpetu arreglado él resbalando
 Lleva consigo sus brillantes fuegos;
 Porque el poder así uniformemente
 Moverse el fluido éter lo declaran
 Las olas de los mares, cuyo flujo      710
 Periódico y reflujo sigue siempre
 En continuo mover las mismas leyes.
 Ora indaguemos cuál será la causa
 Que a los astros obliga al movimiento:
 Y diremos primero, que si rueda
 Del Cielo la gran bóveda, debemos
 Suponer comprimidos los dos polos
 Del mundo, y encerrados y cogidos
 Por dos corrientes de aire, la una de ellas
 Que empuja por encima y mueve el Cielo         720
 Según la misma dirección que siguen
 Del mundo eterno los brillantes astros;
 Por debajo la otra los traslada
 En dirección contraria, como vemos
 Volver los ríos ruedas y arcaduces.
 También podría ser que el firmamento,
 Estando inmóvil, sus lucientes astros
 Describiesen un círculo; bien sea
 Que la materia etérea recogida
 Dentro del Cielo y sin cesar rodando   730
 En derredor para encontrar salida,
 Haga que se revuelvan por el Cielo
 Los astros; o que en círculo los mueva
 El aire externo; o bien que puedan ellos
 Irse arrastrando a donde su alimento
 Los llama y los convida recogiendo
 En su carrera la materia ardiente
 Que anda por todo el cielo derramada:
 Porque es difícil explicar el cómo
 En nuestro mundo pasan estas cosas:    740
 Con exponer tan sólo me contento
 Todos los medios que naturaleza
 Puede emplear y en realidad emplea
 En el gran todo, en estos mundos varios
 Que de distinto modo ha fabricado:
 Y prosigo explicando ya las causas
 Todas posibles de los movimientos
 De los astros, entre las que una sola
 Necesariamente obra en nuestro mundo,
 La cual no puede señalar quien sigue   750
 Paso tras paso la naturaleza.
 Y para que la Tierra quede inmóvil
 En el centro del mundo, lentamente
 Es preciso que pierda de su peso,
 Y que se desvanezca; que sus partes
 Más inferiores hayan contraído
 Nueva naturaleza por haberse
 Unido íntimamente con el aire,
 Sobre el que están sentadas, y a quien ellas
 Desde el principio fueron agregadas:   760
 Y así la Tierra no es de peso al aire,
 Ni en él se engulle: al modo que cada hombre
 No siente el peso de sus propios miembros,
 Ni pesa sobre el cuello la cabeza,
 Ni sentimos del cuerpo todo el peso
 Sobre los pies: al paso que fatiga
 Cualquier peso, aunque leve, en nuestros hombros.
 Es fuerza el observar atentamente
 Con qué cuerpo otro cuerpo se incorpora:
 Así la Tierra no es un peso extraño    770
 De pronto a extraño fluido agregado,
 Sino que concebida con el aire
 A un mismo tiempo fue desde el primero
 En que el mundo nació, del que parece
 Una parte distinta, a la manera
 Que hacen parte del cuerpo nuestros miembros.
 El estremecimiento que ocasionan
 Los truenos violentos en la Tierra
 De tal modo la agitan, que al instante
 Se comunica por los cuerpos todos: 780
 Lo cual no sucediera si cogida
 No la tuvieran las aéreas partes
 Del mundo todo y la materia etérea;
 Porque se enlazan estas tres substancias
 Con raíces comunes muy unidas
 Entre sí mismas desde aquel instante
 En que fueron formadas. ¿No reparas
 Cómo sostiene el alma el peso enorme
 De nuestro cuerpo, aunque es tan delicada,
 Porque se une con él íntimamente?      790
 ¿Quién puede, en fin, con un ligero salto
 El cuerpo levantar, si no es el alma,
 Que gobierna y dirige nuestros miembros?
 Ya ves puede adquirir muy grande fuerza
 La substancia ligera cuando se une
 Con substancia pesada como el aire
 Con la Tierra y el alma con el cuerpo.
 Ni mayor ni menor de lo que vemos
 Puede el disco del Sol ser al sentido;
 Si un cuerpo con su luz puede alumbrarnos      800
 Y calentar los miembros con su llama
 Por distante que esté, nada nos roba
 De su grandeza esta distancia misma,
 Ni su aparente dimensión estrecha;
 Como el calor del Sol y su luz hieren
 Nuestros sentidos, cuando se derrama,
 Y bañando con ella los objetos,
 De aquí es que debe ser tal la apariencia
 De su forma y figura, que no puedes
 Suponerlas más grandes o más chicas.   810
 Y la Luna, bien sea nos refleje
 Una prestada luz, o bien la saque
 Del mismo cuerpo, sea lo que fuere,
 El Cielo no recorre con volumen
 Mayor que el que aparece a nuestros ojos;
 Porque desde muy lejos los objetos
 Por entre aire densísimo mirados
 Un aspecto confuso nos presentan
 Más bien que sus finísimos contornos:
 Así pues, ofreciéndonos la Luna
 Clara apariencia y una forma cierta,
 Y aun de su superficie los extremos,
 Es preciso que sea allá en los Cielos
 Lo mismo que aparece aquí en la tierra.
 Si los fuegos, por último, que vemos
 A cualquiera distancia que estén puestos,
 No aparentan tener mudanza alguna
 En su grandor, mientras que distinguimos
 Su luz y su temblor, deduciremos
 No poder ser mayores ni menores        830
 De lo que vemos los etéreos fuegos.
 Tampoco es de admirar cómo el Sol puede
 Con su circunferencia tan estrecha
 Bañar de luz el mar, la tierra, el cielo,
 Y extender su calor por todas partes:
 Tal vez puede que no haya en todo el mundo
 Más que esta fuente y manantial copioso
 Por do salga la luz del mundo entero;
 O que sea tal vez único foco
 Donde los elementos de los fuegos      840
 De todas partes puedan congregarse
 Para correr por todo el Universo.
 ¿No ves también cómo una fuentecilla
 Riega los prados y rebosa el campo?
 Suceder también puede que los fuegos
 Del Sol, aunque no muchos, arder hagan
 El aire a ellos vecino, suponiendo
 Que al más mínimo ardor es inflamable
 El aire, como vemos a las veces
 Las mieses y la paja consumidas        850
 Por una sola chispa; al Sol acaso,
 A esta rosada lámpara, rodean
 Innumerables fuegos invisibles
 Privados de fulgor, para que aumenten
 El calor y la fuerza de sus rayos.
 Y cómo el Sol se pasa desde Cáncer,
 De esta región ardiente, al signo helado
 De Capricornio, para dar la vuelta
 De nuevo hacia el solsticio del Estío;
 Y cómo es que la Luna en un mes anda   860
 El espacio que el Sol corre en un año;
 Estos problemas digo se resuelven
 De muchos modos, y es dificultoso
 El asignar la causa verdadera.
 Parece verisímil la que pone
 Demócrito, hombre sabio y respetable;
 Pues cuanto más vecinos a la Tierra
 Están los astros, tanto menos puede
 A su entender el torbellino etéreo
 Conmoverlos; porque la ligereza        870
 Y acción del firmamento poco a poco,
 Se va debilitando hacía el extremo
 Inferior: que el Sol, mucho más bajo
 Que las constelaciones abrasantes,
 Debe quedarse atrás muy lentamente
 Con los signos más bajos: que la Luna,
 Cuanto del Cielo está más apartada
 Y cuanto más vecina de la Tierra,
 Debe experimentar mayor trabajo
 En seguir la carrera de los astros:    880
 Que cuanto el torbellino que la lleva
 Es más pesado que el del Sol, los signos
 La deben alcanzar más fácilmente
 Y adelantarla; por lo cual la Luna
 Parece que a los signos del Zodiaco
 Con mucha más presteza torna a unirse,
 Siendo en la realidad los que se acercan
 Aquellos signos otra vez a ella.
 Puede también que de la parte opuesta
 Del Mundo aire periódico se agite      890
 Que alternativamente empujar pueda
 El Sol desde los signos del Estío
 Del Septentrión hasta las frías playas,
 Y volverle a traer desde estos climas
 Tenebrosos y helados a la ardiente
 Mansión de Cáncer, y se explicaría
 Entonces con el aire alternativo
 El giro de la Luna y las estrellas,
 Que tardan un gran número de años
 En describir sus círculos inmensos.    900
 ¿No ves también cómo las nubes mismas,
 Impelidas por vientos encontrados,
 Siguen unas abajo, otras arriba,
 Direcciones opuestas? ¿Transportados
 No podrán ser por aires diferentes
 Los astros en los cielos dilatados?
 Cubre la noche con tiniebla espesa
 La Tierra, o porque el Sol, en fin, llegando
 Al último confín del firmamento
 Y fatigado de su largo curso   910
 Deja expirar sus fuegos entibiados
 Por el largo camino y aire inmenso
 Que han penetrado; o porque la acción misma
 Que transporta su disco por encima
 Le hace rodar debajo de la Tierra.
 También en tiempo fijo Lenestea
 Pasea por en medio de los aires
 A la rosada Aurora, para que abra
 Las puertas de la luz: porque el Sol mismo,
 Que debajo de Tierra se ocultaba,      920
 De vuelta, adelantándole sus rayos,
 Procura iluminar el firmamento:
 O bien porque un gran número de fuegos
 Y corpúsculos ígneos se congregan
 A tiempo fijo y horas señaladas,
 Y hacen un nuevo Sol todos los días.
 Así cuenta la Fama que se observa
 Desde las cumbres elevadas de Ida
 Recogerse al momento que abre el día
 Fuegos dispersos bajo la figura        930
 De un globo luminoso que anda el Cielo.
 Tampoco debe ser maravilloso
 Que se junten así los elementos
 De fuego en cierto tiempo, y que reparen
 El resplandor del Sol, puesto que vemos
 Infinitos fenómenos sujetos
 En todo el universo a tiempo fijo.
 Los árboles florecen, y a su tiempo
 De la flor se despojan; y al anciano
 A cierto tiempo se le caen los dientes;        940
 Se llena el joven de un suave vello,
 Y tierna barba arrojan sus mejillas:
 A ley eterna e inviolable yace
 La serie de fenómenos sujeta;
 Porque de cada causa la energía
 Habiendo sido así determinada,
 Y una vez dada la impulsión primera
 Desde su formación al Universo,
 Los rayos, nieve, lluvias y nublados
 De la varia estación el curso siguen.  950
 Y vemos además crecer los días
 Y descrecer las noches, y al contrario;
 O porque el Sol, quedando siempre el mismo
 Y describiendo desiguales arcos
 Sobre nuestras cabezas y debajo
 De nuestros pies, el Cielo corta y parte
 Su orbe en dos porciones desiguales,
 Pero con tal compensación, que vuelve
 Al hemisferio que le está más próximo
 La porción de la luz que él ha quitado         960
 Del hemisferio opuesto, hasta que llega
 A este signo del Cielo que hace iguales
 Las noches y los días, cuando corta
 El Ecuador y Eclíptica en un punto,
 Pues la parte del Cielo que describe
 Se halla del Aquilón y Mediodía
 A igual distancia por la positura
 Oblicua del Zodiaco, en que describe
 Su anual carrera el Sol y desde donde
 Lanza sus fuegos hacia Cielo y Tierra:         970
 Así lo enseñan estos hombres sabios,
 Que todas las regiones representan
 Fielmente de los Cielos en sus mapas
 De imágenes sensibles adornados.
 Mucho más craso el aire en ciertas partes
 Tal vez para debajo de la Tierra
 También del Sol los fuegos tembladores,
 Que no pueden pasar tan fácilmente
 Este fluido inmenso y remontarse
 Hacia el Oriente, por lo cual se espera        980
 Mientras las noches largas del invierno
 A que vuelva la tarda luz del día:
 En fin, quizá los fuegos reunidos
 Que hacen salir el Sol en puntos fijos
 Del horizonte alternativamente
 Con más o menos prontitud se juntan
 Según las estaciones alternadas.
 Puede tomar del Sol su luz la Luna,
 Y puede más y más de día en día
 Una faz luminosa presentarnos  990
 Cuanto del solar disco se apartare
 Hasta que puesta enfrente dél reluce
 Con luz bien llena, y desde el alto sitio
 Do se levanta ve que el Sol se pone:
 Debe esconder después en cierto modo
 Detrás de sí su luz muy poco a poco,
 A medida que el Sol se va acercando,
 La otra mitad de círculo en los signos
 Corriendo; así lo explican los que fingen
 Ser la Luna a una bola semejante       1000
 Que siempre por debajo del Sol rueda:
 Su explicación parece verisímil.
 Aun dándola luz propia se podían
 Sus varias fases concebir: bastaba
 Suponer otro cuerpo para esto
 Que tenga un movimiento paralelo
 Al que tiene en su órbita la Luna,
 Y que a su disco sin cesar se oponga
 Bajo todos aspectos y figuras,
 Mas que invisible fuese el mismo cuerpo        1010
 Desprovisto de luz: puede la Luna
 Rodar sobre sí misma a la manera
 De gran pelota, cuya mitad fuera
 Con luz teñida, y sus distintas fases
 Con esta rotación central pudiese
 Ir descubriendo hasta que aquella parte
 Nos vuelve iluminada enteramente;
 Después nos va por grados ocultando
 Su parte luminosa, que de nuevo
 Detrás de sí se lleva: así pretende    1020
 La doctrina caldea establecerlo
 En ruinas de griega astrología:
 Como si verisímiles no fueran
 Las dos explicaciones igualmente;
 O como sin razón alguna hubiese
 Que forzase a seguir una más que otra.
 ¿Por qué, en fin, no podrá Naturaleza
 Producir una Luna cada día
 Con una serie regular de formas
 Y aspectos diferentes, destruyendo     1030
 La de ayer reparándola con otra?
 La imposibilidad de lo que digo
 No es fácil demostrar, principalmente
 Cuando ves producciones semejantes
 Cada día surgir en tiempo fijo.
 Viene la primavera, y Amor viene;
 Viene junto con el Céfiro alado,
 Precursor del Amor, mientras que Flora
 Su madre llega derramando flores
 Y olorosos perfumes de antemano        1040
 Por donde pasa: en comitiva vienen
 Seco calor y polvorienta Ceres
 Y los vientos etesios Aquilones.
 El otoño en seguida se presenta:
 Viene en su compañía el dios de viñas,
 Y detrás las tormentas y borrascas,
 Vulturno atronador, y el Austro, fuerte
 En rayos; y, por último, entorpecen
 Las nieves y los hielos y los fríos
 A la Naturaleza, y tras sí arrastran   1050
 El frío invierno, el aterido viejo
 Que da diente con diente. No es milagro
 El que sea formada y destruida
 La Luna en tiempo fijo, cuando vemos
 Que pueden infinitas producciones
 Aparecer en tiempo señalado.
 Los eclipses del Sol y de la Luna
 Pueden de muchos modos explicarse:
 Si a la Tierra robar puede la Luna
 La luz del Sol, y su brillante frente  1060
 Ocultar a la Tierra, interponiendo
 Su masa opaca a los ardientes rayos,
 ¿Por qué otro cuerpo puesto en movimiento
 Y privado de luz perpetuamente
 No puede producir el mismo efecto
 En tiempo igual? ¿Y no puede el Sol mismo
 Eclipsarse y perder en cierta hora
 También su brillo, que recobra al punto
 Que atravesó por medio de los aires
 Regiones enemigas de sus llamas        1070
 Y le precisan a extinguir sus fuegos?
 Si puede despojar también la Tierra
 De su luz a la Luna, y prisioneros
 Tener todos los rayos, colocada
 Sobre el Sol ella misma ínterin pasa
 El astro de los meses por la sombra
 De nuestro Globo cónica y espesa,
 ¿Otro cuerpo no puede al mismo tiempo
 Rodar bajo del globo de la Luna,
 Y resbalarse sobre el mismo disco      1080
 Del Sol, cerrando, así interpuesto, el paso
 A sus rayos y luz? Y si la Luna
 Con brillo propio luce, ¿no puede ella
 Lentamente eclipsarse en cierta parte
 Del Mundo, atravesando por parajes
 Capaces de apagar sus mismos fuegos?
 Ya que expliqué, por fin, cómo ha podido
 Formarse cualquier cuerpo de este Mundo
 En el recinto azul del firmamento,
 Y cómo conociéramos nosotros   1090
 De Sol y Luna las revoluciones
 Diversas, y la causa y energía
 Que dan a estos dos astros movimiento
 Y de qué modo suelen eclipsarse;
 Cómo se cierran estos grandes ojos
 De la naturaleza y alternando
 Se abren de nuevo, y de repente esparcen
 Sobre la Tierra inesperada noche,
 Y toda la hermosean con luz clara;
 A la infancia del Mundo vuelvo ahora,  1100
 Y a los nacientes campos de la tierra,
 A examinar las nuevas producciones
 Que aventuró exponer la vez primera
 A los aires y vientos inconstantes.
 La tierra engalanó primeramente
 De diferentes hierbas y verduras
 Los cerros, y los campos extendidos,
 Y brillaron los prados con las flores
 Así como si fueran esmaltados;
 Los árboles después, llenos de savia,  1110
 A porfía crecieron por los aires:
 Como las plumas, pelos y las cerdas
 Es lo primero que en el cuerpo sale
 De animales cuadrúpedos y de aves;
 De este modo la tierra, entonces nueva,
 Echó primero hierbas y arbolillos.
 Las especies mortales creó luego
 Variadas de modos muy distintos;
 Porque es un imposible hayan caído
 Del Cielo las especies de animales,    1120
 Y que los habitantes de la tierra
 Hayan nacido de la mar salada.
 La Tierra con razón adquirió el nombre
 De madre, por haber sido criados
 Todos los seres por la misma Tierra;
 Y existiendo al presente muchos seres
 En la Tierra formados con las lluvias
 Y del calor del Sol, no es maravilla
 Que naciesen entonces animales
 En número mayor y más robustos,        1130
 Estando en su vigor el aire y Tierra.
 Las varias aves por la vez primera
 Salían de sus huevos, y el verano
 En libertad a todas las ponía,
 Como ahora las cigarras en estío
 Se quitan los zurrones delicados,
 Buscándose la vida y el sustento.
 Por la primera vez la Tierra entonces
 Crió la raza humana, porque entonces
 El mucho fuego y aguas abundantes      1140
 De los campos hicieron que creciesen
 En los parajes más acomodados
 Especies de matrices, agarradas
 Por medio de raíces a la tierra:
 Cuando la edad y madurez abrieron
 Una salida a nuevos embriones
 Causados de humedad e impacientes
 Por respirar el aire, dirigía
 Hacia aquel lado la Naturaleza
 Los poros de la tierra, y enviaba      1150
 Por estas venas jugo como leche;
 Como al presente la mujer parida
 Rebosa en dulce leche, dirigiendo
 Ella todo su ímpetu a los pechos:
 Y la tierra a los niños sustentaba,
 Y vestido el calor, y blanda cama
 Las hierbas y los céspedes les daban.
 Pero en su infancia el Mundo no tenía
 Los duros fríos, ni calores nimios,
 Ni vientos destructores; porque crecen         1160
 Y van robusteciéndose estas plagas
 Como todos los seres: lo repito;
 Hemos llamado con razón la Tierra
 Madre común, porque ha criado el hombre,
 Y casi al mismo tiempo ha producido
 Todos los animales cuya furia
 Se desenfrena por los grandes montes,
 Y produjo también distintas aves,
 Que atraviesan los aires libremente.
 Mas como debe un término preciso       1170
 Tener la facultad engendradora,
 La Tierra se cansó, como la hembra
 Consumida de años, porque el tiempo
 Hace mude de faz el mundo entero,
 Y un nuevo orden de cosas se sucede
 Al primer orden necesariamente:
 Ni siempre guarda un mismo ser su estado:
 Todo a la ley del cambio está sujeto;
 Todo lo muda la Naturaleza,
 Todo lo altera, todo lo transforma:    1180
 Pues empobrece un cuerpo y se consume
 A fuerza de años; otro crece y sale
 A la verdad del cieno: de este modo
 Todo lo muda el tiempo, y de continuo
 Pasa la tierra de un estado a otro
 Y pierde la energía que tenía
 Por hacerse de nuevas propiedades,
 Y la Tierra aún entonces se esforzaba
 Por sacar animales de figura
 Y de disposición extraordinaria:       1190
 Se vio el hermafrodita monstruoso,
 Que teniendo la forma de ambos sexos,
 Igualmente difiere de uno y otro;
 Cuerpos sin pies, sin manos y sin boca
 Y sin ojos salieron; también otros
 Cuyos miembros lo largo que tenían
 Al tronco íntimamente se pegaban;
 Los cuales no podían manejarse,
 Ni dar un paso, ni evitar un riesgo,
 Ni buscarse el sustento necesario.     1200
 Viéronse además de éstos otros monstruos
 Y otros prodigios, pero inútilmente,
 Porque Naturaleza les quitara
 El poder ir creciendo y avanzando
 Hacia la edad florida; no pudieron
 Encontrar su alimento, ni ayuntarse
 Con los lazos de Venus: es preciso
 Para que se propaguen las especies
 El concurso de un número infinito
 De circunstancias, y primeramente      1210
 Los alimentos son indispensables:
 Es preciso que estén diseminadas
 Las fecundas semillas por los miembros,
 Y los conductos por do vengan éstas
 Desde cualquiera parte de los miembros:
 Por último, en los órganos externos
 Tal proporción, que puedan macho y hembra
 Ayuntarse entre sí con mutuos gozos.
 Y entonces fue preciso perecieran
 Muchas especies, y que no pudiesen     1220
 Reproducirse y propagar su vida;
 Porque los animales existentes
 Que ves ahora, sólo se conservan
 O por la astucia, o fuerza, o ligereza
 De que ellos al nacer fueron dotados,
 Menos un cierto número que habemos
 Puesto nosotros bajo nuestro amparo
 Por las utilidades que acarrean.
 La fuerza protegió a la raza fiera
 De los leones y feroces bestias,       1230
 A las zorras el dolo y fuga a ciervos:
 Empero el fiel y vigilante perro,
 Y acémilas, y ovejas regaladas,
 Y bueyes laboriosos son especies
 Generalmente confiadas, Memmio,
 A la guarda y tutela de los hombres:
 Huían de las fieras alimañas
 Y tras la paz se andaban, y querían
 Los pastos con largueza y sin trabajo:
 Se los damos nosotros como en premio   1240
 De los muchos servicios que nos hacen.
 Empero aquellos otros animales
 A quien no diera la Naturaleza
 Lo necesario para que viviesen
 Independientes, o que no traían
 Alguna utilidad, ¿a qué meternos
 En darles el sustento y ampararlos?
 Encadenados con fatales lazos,
 A otros servían de seguro pasto,
 Hasta que destruyó Naturaleza  1250
 De todo punto sus especies todas.
 Pero ni hubo centauros, ni ha podido
 Formarse en algún tiempo una substancia
 Con dos naturalezas y dos cuerpos,
 De heterogéneos miembros un compuesto:
 No podría existir una substancia
 De fuerzas entre sí tan desiguales:
 Aun el hombre más rudo lo conoce.
 Primeramente, al cabo de tres años
 En la flor de su edad está el caballo;         1260
 ¡No los niños así; buscan entonces
 Entre sueños los pechos de sus amas.
 Cuando después va la vejez gastando
 Las fuerzas y vigor de los caballos,
 Cuando escapa la vida fugitiva
 De sus lánguidos miembros, entra entonces
 La juventud, por fin, en los muchachos,
 Robustece sus miembros, y les cubre
 Con un ligero bozo las mejillas:
 No creas tú, quizá, que los centauros  1270
 Pudieron engendrarse de semillas
 De hombre o de caballo, o las Escilas
 De los marinos perros rodeadas,
 O los demás compuestos monstruosos
 De incompatibles miembros, que no llegan
 A la flor de la edad al mismo tiempo,
 Ni en madurez ni en la vejez iguales,
 Ni sus inclinaciones son las mismas,
 Ni los abrasa Venus igualmente,
 Ni comen unos mismos alimentos;        1280
 Viendo engordar las cabras con cicuta
 Que es un mortal veneno para el hombre.
 Como la llama abrase ciertamente
 Y consuma no sólo el cuerpo rojo
 De los leones, mas también la sangre
 Y las entrañas de los animales
 Que tienen existencia; ¿cómo pudo
 Acontecer que esta Quimera misma
 Con la cabeza de león, y el cuerpo
 De cabra al propio tiempo, y con la cola       1290
 De dragón, viva llama resoplase
 Del hondo de su pecho monstruoso?
 Por lo que, defender como posibles
 Estas y semejantes producciones
 En la infancia del Cielo y de la Tierra
 Sin más razón que esta palabra vaga
 De novedad, esto es abrir la puerta
 A todas las ficciones más absurdas.
 Dígannos que los ríos de aquel tiempo
 Corrieron oro puro por las tierras;    1300
 Que brotaban los árboles diamantes;
 O que el hombre, nació de una estatura
 Y de una fuerza tan extraordinarias,
 Que podía pasar el mar de un tranco,
 Y alrededor de sí volver el cielo
 Con sólo el movimiento de sus manos:
 Porque el haber la tierra en si encerrado
 Semillas infinitas y diversas
 Cuando sacó a la luz los animales,
 Ninguna prueba es de que pudiese       1310
 Criar unas especies tan opuestas,
 Y en un mismo individuo reunirse
 Los miembros de animales diferentes,
 Cuando las hierbas, árboles y frutos
 Que aún hoy día produce en abundancia
 Jamás pueden nacer entre sí unidos.
 Cada ser tiene su progreso propio,
 Y conforme a las leyes inmutables
 De la Naturaleza entre sí guardan
 Todas las diferencias de su especie.   1320
 Y los hombres que dio la tierra entonces
 Eran más vigorosos que al presente:
 Y así debía ser, porque la Tierra,
 De quien ellos nacieron, por entonces
 Estaba en su vigor y lozanía:
 Era más basta la armazón de huesos
 Y de más solidez, y era el tejido
 De sus nervios y vísceras más fuerte;
 Ni el frío ni el calor les molestaba,
 Ni les dañaban los sustentos nuevos,   1330
 Ni las enfermedades empecían;
 Vivían un gran número de lustros,
 Errantes a manera de alimañas;
 Ninguno manejaba el corvo arado,
 Ni sabía domar con hierro el campo,
 Ni meter en la tierra los renuevos,
 Ni con hoces cortar los viejos ramos
 De árboles grandes; lo que el sol y lluvias
 Les alargaban, y lo que la tierra
 Producía de suyo, les bastaba:         1340
 Estos dones sus pechos aplacaban:
 En medio de glandíferas encinas
 Mantenían sus cuerpos con bellota,
 Y llevaba la tierra en aquel tiempo
 Muchos y más crecidos los madroños
 Que ahora al madurar en el invierno
 Ves que como la púrpura coloran.
 Y la florida novedad del mundo
 Llevó entonces sabrosos alimentos
 Para hartar a los hombres infelices.   1350
 Más; los ríos y fuentes convidaban
 A apagar nuestra sed, como al presente
 Los torrentes que caen de montes altos
 Convidan a las fieras con su ruido
 Que vengan a saciarse en sus raudales.
 Por fin; de noche en los sagrados bosques
 De las ninfas venían a esconderse,
 En estas soledades, do nacían
 Perennes manantiales de aguas vivas
 Que, después de correr entre las guijas,       1360
 Caían lentamente sobre el musgo
 Verde de los peñascos, para luego
 O saltar en los campos o inundarlos.
 El uso no sabían aún del fuego,
 Ni el de las pieles, ni cubrirse el cuerpo
 Con despojos de fieras; antes se iban
 A los bosques y cóncavas montañas
 Y a las selvas, metiendo entre hojarasca
 Sus miembros asquerosos, precisados
 A guarecerse allí contra las lluvias   1370
 Y furor de los vientos: no podían
 Por el público bien interesarse;
 Ni leyes ni morales relaciones
 Entre si establecer ellos sabían;
 Y la primera presa que ofrecía
 La suerte cada cual se la llevaba:
 Sólo les enseñó Naturaleza
 A vivir para sí y a conservarse.
 Y Venus ayuntaba los amantes
 En medio de las selvas: sus placeres   1380
 Entre sí mutuamente compensaban;
 Ora arrancados fuesen por violencia
 De brutal apetito, o los gozasen
 A trueque de algún don, como bellotas,
 O madroños, o peras escogidas.
 Y confiados en sus fuertes manos
 Y en sus ligeros pies, hacían guerra
 A las fieras silvestres, arrojando
 De lejos piedras, y de cerca dando
 Con la pesada maza, y las vencían      1390
 Y huyendo a sus guaridas las burlaban;
 Y cuando las tinieblas de la noche
 Los sorprendían, sus desnudos miembros
 En la tierra tendían a manera
 De jabalí cerdoso, y se envolvían
 Entre hojarasca y broza. No buscaban
 En medio de las sombras de la noche,
 Sobrecogidos de temor con gritos
 La luz del Sol, errantes por los campos;
 Antes bien esperaban silenciosos       1400
 Y en sueño sepultados que subiendo
 El Sol al horizonte, iluminase
 Con su rosada luz de nuevo el cielo;
 Porque desde la infancia acostumbrados
 A ver siempre alternando noche y día,
 No se maravillaban ya sus ojos:
 No llegaron jamás a recelarse
 Que a la Tierra cubriese eterna noche,
 La luz del Sol robada para siempre.
 Empero mucho más les inquietaban       1410
 Las fieras que turbaban su reposo,
 Funesto para aquellos infelices,
 Y haciéndolos salir de su vivienda,
 Huían a las cuevas, si llegaba
 Enorme jabalí o león furioso;
 Y, pavoridos, a la media noche
 Cedían a estos huéspedes crueles
 Sus camas con follaje aderezadas.
 Ni entonces más que ahora los mortales
 Dejaban la sabrosa luz de vida:        1420
 Muchos de ellos es cierto que cogidos
 Y desgarrados con feroces dientes
 Un pasto vivo daban a las fieras,
 Y los bosques y montes y las selvas
 Llenaban de gemidos espantosos,
 Viendo que sus entrañas palpitantes
 En un sepulcro vivo se enterraban.
 Pero aquellos que huyendo se salvaron,
 Lleno de mordeduras todo el cuerpo,
 Y sus trémulas manos aplicando         1430
 En las malignas úlceras, llamaban
 Al infierno con voces formidables,
 Hasta que de la vida los privaban
 Los gusanos crueles sin amparo,
 Sin saber qué aplicar a sus heridas:
 Sin embargo, no daba un solo día
 A la muerte millares de guerreros
 Que seguían banderas diferentes,
 Ni estrellaban los mares borrascosos
 Los hombres y navíos en escollos:      1440
 El mar se enfurecía vanamente;
 Sus bramidos en vano suspendía;
 Ni la engañosa calma de sus ondas
 Era capaz de seducir a alguno
 Con falsa risa: se ignoraba entonces
 De la navegación el arte fiero.
 La falta de alimento daba entonces
 Muerte a los flacos miembros; la abundancia
 Es la que mata hoy día: entonces ellos
 Eran por ignorancia envenenados;       1450
 A otros con mas arte ahora envenenan.
 Cuando por fin, supieron hacer chozas,
 Y de pieles y fuego hicieron uso,
 Y cuando la mujer y el hombre aparte
 Se fueron a vivir en compañía,
 Y cuando los placeres amorosos
 Se limitaron sólo a las dulzuras
 Del casto matrimonio, y cuando vieron
 Los padres a sus hijos porción suya,
 Entonces empezó la especie humana      1460
 A suavizarse por la vez primera:
 El fuego hizo los cuerpos mas sensibles
 Al frío, de manera que ya el cielo
 Abrigo suficiente no prestaba
 Debajo de su bóveda; y las fuerzas
 Disminuyó la Venus excesiva,
 Y las tiernas caricias de los hijos
 Blando y suave hicieron su trabajo
 El natural altivo de los padres.
 Entonces los que estaban más vecinos   1470
 Entre sí establecieron relaciones,
 Se abstuvieron de daño y de violencia,
 Protegían sus hijos y mujeres.
 Y en sus gestos y voces balbucientes
 Indicaban ser muestra de justicia
 De la imbecilidad compadecerse.
 Mas no podía dominar en todos
 Esta concordia, bien que exactamente
 Guardaban estos pactos los más buenos,
 Que eran en mayor número: sin esto     1480
 La raza humana fuera destruida
 Enteramente ya desde aquel tiempo;
 No se hubiera hasta ahora propagado.
 Enseñó al hombre la Naturaleza
 Las varias inflexiones de la lengua,
 Y la necesidad nombró las cosas.
 Así como los niños en la infancia,
 Por no poder darse a entender, acuden
 A los gestos y muestran con el dedo
 Los objetos presentes, cada uno        1490
 Siente en sí mismo aquellas facultades
 Que puede usar. Airado y enemigo
 El toro topa y hiere con las astas
 Antes de que le apunten en su frente;
 De pantera y leona los cachorros
 Con garras y con pies y con bocados
 Se defienden aun antes de salirles;
 En sus nacientes alas confiados
 Los hijos de las aves, por los aires
 Se ayudan con su vuelo vacilante       1500
 Por lo tanto, creer que un hombre entonces
 A las cosas dio nombre; que los otros
 Dél aprendieron los vocablos nuevos,
 Es mucha necedad: ¿cómo ha podido
 Llamar a cada cosa por su nombre,
 Y los varios sonidos del lenguaje
 Él solo producir, al tiempo que otros
 No pudieron hacer la misma cosa?
 Porque, además, si no habían usado
 Los demás entre sí de las palabras,    1510
 ¿Cómo es que conocían sus ventajas?
 Y ¿de qué modo el inventor se ha dado
 A entender a los otros, y ha podido
 Hacer que ellos abracen su proyecto?
 Reducir no podía un hombre solo
 tanta multitud, y precisarla
 A que tan varios nombres aprendiese.
 No podía enseñarlos: imposible
 Era que hubiesen ellos aguantado
 Les majase más tiempo las orejas       1520
 Con aquel ruido vano de sonidos.
 ¿Será, por fin, acaso maravilla
 Que teniendo los hombres voz y lengua,
 Diesen distintos nombres a las cosas
 Según les afectasen, cuando oímos
 La variedad de voces y sonidos
 Que hacen los animales y las fieras
 Conforme se suceden en sus almas
 El miedo o el dolor o el regocijo?
 Pues esto lo declara la experiencia.   1530
 Cuando de los molosos la gran perra,
 En el primer acceso de su furia,
 Debajo de sus labios apartados
 Y móviles enseña dos carreras
 De formidables dientes, el sonido
 Amenazante de su voz difiere
 De aquél que se oye cuando sus ladridos
 Hacen retumbo en todos los contornos:
 Más cuando con su lengua blandamente
 Lame los tiernos miembros de sus hijos         1540
 Y con sus pies aquí y allí los echa,
 Y cuando los provoca con mordiscos
 Pillándolos sus dientes con blandura,
 Esto difiere mucho del murmullo
 De su voz maternal cuando lamenta
 Su soledad aullando tristemente
 O cuando con acentos doloridos
 Huye, arrastrando el cuerpo, del castigo.
 En fin; ¿no hay diferencia en el relincho
 Del florido caballo entre las yeguas   1550
 Cuando viene furioso, traspasado
 Por el alado amor, a los que arroja
 Por sus anchas narices en la guerra
 Cuando agita sus miembros otra causa?
 Y las especies varias de las aves,
 Los gavilanes y quebrantahuesos,
 Los somurgujos que en saladas ondas
 Se buscan el sustento, diferencian
 Según las circunstancias sus clamores,
 Principalmente cuando se disputan      1560
 La subsistencia y luchan por la presa.
 Y su ronco cantar mudan las otras
 Según las estaciones, como lo hacen
 Cornejas vividoras, y las bandas
 De cuervos cuando anuncian, según dicen,
 Y llaman vientos, lluvias y tormentas.
 Pues si las diferentes sensaciones
 Al animal obligan, siendo mudo
 A proferir sonidos diferentes,
 ¿Cuánto más natural es que haya el hombre      1570
 Podido designar diversas cosas
 Entonces con sonidos peculiares?
 Mas para prevenirte una pregunta
 Que quizá en tu interior me estás haciendo,
 El rayo fue el primero que a los hombres
 Trajo el fuego a la tierra: de allí nacen
 Todas las llamas que ora disfrutamos.
 ¿No vemos muchos cuerpos abrasados
 Con llamas celestiales cuando lanza
 Su fuego en tierra el aire borrascoso?         1580
 Fuera de que se incendia árbol frondoso
 Cuando, siendo agitado por los vientos,
 Se frota con las ramas de otro árbol.
 Y así como se va aumentando el frote
 Arroja chispas y hace algunas veces
 Brillar fuegos ardientes en las ramas
 En medio de su mutua rozadura:
 De una de aquestas causas nace el fuego.
 Mas viendo que los rayos del Sol daban
 Sazón y madurez a cualquier fruto,     1590
 Trataron ellos con la acción del fuego
 De cocer y ablandar los alimentos;
 Y aquéllos que tenían más ingenio,
 Y mucho más su espíritu alcanzaba,
 Iban de día en día introduciendo
 En el sustento y vida primitiva
 Otras mudanzas nuevas con el fuego.
 A levantar ciudades empezaron
 Y a construir alcázares los reyes,
 Do pudiesen tener seguro asilo:        1600
 Repartieron las tierras y ganados
 Conforme a la belleza y al ingenio
 Y la fuerza y valor de cada hombre,
 Porque eran estas prendas naturales
 Las que más a los hombres distinguían;
 Por fin, se introdujeron las riquezas,
 Y descubriose el oro, que al momento
 Envileció la fuerza y hermosura:
 Por lo común hermosos y valientes
 Hacen crecer la corte del más rico.    1610
 Si la sola razón nos gobernase,
 La suprema riqueza consistiera
 En ser el hombre igual y moderado;
 Cuando hay pocos deseos, todo sobra:
 Mas los hombres quisieron ser ilustres
 Y poderosos, para de este modo
 Hacerse eternamente afortunados
 Y tranquilos vivir en la opulencia.
 ¡Esfuerzos vanos! pues la muchedumbre
 De los hombres que van tras la grandeza        1620
 Llenó todo el camino de peligros;
 Si llegan a encumbrarse, los derroca
 De ordinario la envidia, como un rayo,
 En los horrores de una muerte infame.
 Debe, por tanto, el ánimo prudente
 Anteponer la quieta servidumbre
 A la ambición del trono soberano.
 Deja a estos miserables se consuman,
 Y se amancillen con sudor y sangre,
 Y forcejeen en la senda estrecha       1630
 De la ambición sin fruto; pues no advierten
 Que la envidia recoge, como el rayo,
 Sus fuegos en los sitios más alzados:
 Su saber sólo estriba en dicho ajeno,
 Y apetecen las cosas más de oídas
 Que consultando a sus sentidos mismos:
 Al presente es el hombre como ha sido
 Y como será siempre en cualquier tiempo.
 Así, cuando a los reyes dieron muerte,
 La majestad antigua de los tronos      1640
 Y los soberbios cetros derribados
 Yacían con infamia; y de sus sienes
 La brillante diadema ensangrentada,
 Pisoteada por los pies del pueblo,
 Se lamentaba de su inmensa gloria:
 Pues codiciosamente se aniquila
 Lo que antes se adoró con miedo acerbo.
 La autoridad suprema se volvía
 Al pueblo entonces y a la muchedumbre:
 Y cada cual el cetro demandaba,        1650
 El sumo imperio y la soberanía.
 Eligieron de entre ellos magistrados,
 Que obedecieron voluntariamente:
 Porque el género humano, fatigado
 De vivir en la dura servidumbre,
 Y con enemistades extenuado,
 Más de su grado recibió las leyes
 Y los justos derechos: pero como
 El enojo llevase la venganza
 Mucho más lejos de lo que las leyes    1660
 Permiten al presente, se cansaron
 De la anarquía y las venganzas fieras.
 De aquí nació el temor de los castigos,
 Que envenena los gustos de la vida:
 El hombre mismo violento, injusto,
 Queda en sus propios lazos enredado:
 La iniquidad se vuelve casi siempre
 Contra su mismo autor: gozar no puede
 De una vida pacífica y tranquila
 El que viola los sociales pactos.      1670
 Aun cuando sus acciones estuviesen
 A los hombres y dioses encubiertas,
 Debe estar en continuo sobresalto
 De que se haga patente su delito;
 Pues refieren que muchos en el sueño
 O delirando en las enfermedades
 Se descubrieron infinitas veces,
 Y revelaron crímenes que habían
 Tenido mucho tiempo reservados.
 No es difícil el dar razón ahora       1680
 De lo que motivó entre las naciones
 A creer la existencia de los dioses,
 Y las ciudades inundó de altares
 Y estableció los ritos religiosos,
 Estas pompas augustas que en el día
 Se hacen en las empresas importantes
 Por todas las naciones de la Tierra:
 Y cuál sea la causa y el origen
 De este horror infundido a los mortales
 Que erige en todo el orbe de la tierra         1690
 A las divinidades nuevos templos
 Y con días festivos las obsequia.
 Es que ya desde entonces los mortales,
 Aunque despierto el ánimo, veían
 Los simulacros sobrenaturales,
 Que la ilusión del sueño exageraba
 A su imaginación: así, creyendo
 Que movían sus miembros y que hablaban
 Con imperiosa voz, proporcionada
 A su gran porte y fuerzas desmedidas,  1700
 Por vivos y sensibles los tuvieron.
 También los suponían inmortales;
 Pues siendo su hermosura inalterable,
 Con la misma belleza se ofrecían
 A ellos los fantasmas celestiales;
 Y porque siempre con tan grandes fuerzas
 Creían imposible que triunfase
 De ellos acción alguna destructora:
 También por muy dichosos los tenían,
 Pues no les inspiraba sobresalto       1710
 El temor de la muerte; y porque en sueños
 Los veían hacer muchos prodigios
 Sin quedarse por ellos fatigados.
 La morada y palacio de los dioses
 Pusieron en los cielos, porque es donde
 Parece que voltean Sol y Luna;
 De allí viene la noche, de allí el día,
 Y los astros errantes allí brillan
 Y los volantes fuegos por la noche;
 Los nublados, rocíos, lluvias, nieve,  1720
 Vientos, rayos, granizo y raudos truenos,
 Y los murmullos largos de amenazas.
 ¡Oh raza de los hombres sin ventura!
 ¡Cuando a los dioses concedió existencia
 Y los armó de cólera inflexible,
 Cuántos gemidos asimismo entonces,
 Qué heridas a nosotros, y qué llantos
 A nuestra descendencia ocasionaron!
 No es piedad el dar vueltas a menudo,
 Tapada la cabeza ante una piedra,      1730
 Ni el visitar los templos con frecuencia,
 Ni el andar en humildes postraciones,
 Ni el levantar las manos a los dioses,
 Ni el inundar sus aras con la sangre
 De animales, ni el cúmulo de votos:
 Que la piedad consiste en que miremos
 Todas las cosas con tranquilos ojos;
 Porque cuando hacia arriba los alzamos
 A contemplar las bóvedas inmensas
 Y todo el estrellado firmamento;       1740
 Cuando reflexionamos la carrera
 Del Sol y de la Luna, se despierta
 Entonces en el pecho de repente
 Una inquietud, que al parecer habían
 Los otros males de la vida ahogado,
 Y el hombre se pregunta si por dicha
 Hay alguna deidad omnipotente
 Que estos resplandecientes globos mueve;
 Pues la misma ignorancia de las causas
 Hace que ande el espíritu dudoso:      1750
 Se indaga qué principio tuvo el mundo,
 Y cuál será su fin y hasta qué tiempo
 Él podrá resistir este trabajo
 De estar en un continuo movimiento;
 O si, inmortalizado por los dioses,
 Podrá desafiar por muchos siglos
 De eterna duración las grandes fuerzas.
 ¿Qué espíritu, además, no apoca el miedo
 De los dioses? ¿A qué hombre no se hielan
 Los miembros de pavor cuando la tierra         1760
 Abrasada retiembla con el golpe
 Horrible de los rayos, y recorren
 Todo el cielo murmullos espantosos?
 ¿No se estremecen pueblos y naciones?
 Sobrecogidos los soberbios reyes,
 ¿No abrazan las estatuas de los dioses
 Temblando aquel instante formidable
 De expiar sus acciones criminales
 Y todos sus tiránicos mandatos?
 ¿Y cuando barren los furiosos vientos  1770
 Al jefe de la escuadra por los mares
 Con sus bravas legiones y elefantes,
 Pávido no hace votos a los dioses
 Para obtener a fuerza da plegarias
 Tranquilidad y vientos favorables?
 En vano todo; porque arrebatado
 Por algún violento remolino,
 En los escollos va a encontrar la muerte:
 Ciertamente parece que se burla
 De los humanos acaecimientos   1780
 Una fuerza secreta, y se complace
 En pisar con ludibrio las segures
 Y los fasces hermosos. Por fin, cuando
 Debajo de los pies vacila el orbe,
 Cuando caen las ciudades desplomadas,
 Y están amenazando otras ruina,
 ¿Por ventura, es extraño que los hombres
 Se llenen de desprecio hacia sí mismos,
 Y reconozcan un poder más grande
 Y una fuerza divina extraordinaria     1790
 Que a su gusto dirija el universo?
 Por lo demás, el oro, cobre y hierro,
 Y la plata y el plomo, se encontraron
 Cuando devoró el fuego vastas selvas
 En las montañas, bien cayendo rayos,
 O bien los hombres peleando en bosques
 Fuego arrojasen contra el enemigo
 Para atemorizarle; y ya movidos
 De la bondad del suelo dispusieron
 Hacer los bosques tierras labrantías,  1800
 O bien en praderías convertirlos:
 O para destruir más fácilmente
 Las fieras y quedar ricos con ellas:
 Pues se usaran primero en cacerías
 Los hoyos y los fuegos que las redes
 Para cercar un bosque, y las jaurías
 Que levantan la caza. Cualquier causa
 Que haya dado principio a aquel incendio,
 Cuando hubo viva llama devorado
 Con un horrible estrépito las selvas   1810
 Hasta la raíz misma, y recocido
 La tierra con su fuego arroyos de oro
 Y de plata, además de cobre y plomo,
 Después de haber corrido por las venas
 Encendidas del Globo, se juntaron
 En cavidades; y consolidados,
 Viendo cómo brillaban en la tierra,
 Prendados de su brillo y hermosura,
 Los recogían cuidadosamente:
 Y observando tenían la figura  1820
 De aquellas cavidades en que estaban,
 Pensaron que con fuegos derretidos
 Se les podía dar cualquiera forma
 Y cualquiera figura; y golpeando,
 Hacer se adelgazasen y extendiesen,
 Y rematasen en aguda punta:
 Vieron también ser buenos para armas,
 Para corta de selvas, pulimento
 De materiales y cuadrar maderos,
 Para taladros, para excavaciones:      1830
 Quisieron emplear la plata y oro
 En los mismos servicios que hizo el cobre,
 Pero fue en vano, porque no tenían:
 Bastante consistencia estos metales,
 Ni la dura fatiga resistían.
 Tuvo entonces el cobre mayor precio,
 Y se despreció el oro como inútil
 Embotando su punta fácilmente:
 Despréciase ahora el cobre; el oro sube
 A la mayor estima: de este modo        1840
 Cambia el tiempo la suerte de las cosas;
 Lo que antes se estimaba, hoy se desprecia;
 Lo que no se quería, vale ahora
 Y se codicia más de día en día,
 Y es el objeto digno de alabanzas,
 Y tiene sumo aprecio entre los hombres.
 Cómo se descubrió el uso del hierro
 Tú mismo puedes conocerlo, Memmio.
 Las manos fueron las primeras armas,
 Y las uñas y dientes; y las piedras,   1850
 Y las ramas de árboles, y el fuego,
 Y la llama después que se encontraron.
 Se supieron después las propiedades
 Del hierro y cobre; pero el uso de éste
 Se conoció mucho antes que el del hierro.
 Por ser más a propósito y copioso,
 Se labraba la tierra con el cobre,
 Y con cobre se daban los combates,
 Se sembraba la muerte. y se robaban
 Los campos y ganados; pues desnudos    1860
 E inermes se rendían fácilmente
 A gente armada: convirtiose el hierro
 Casi insensiblemente en las espadas,
 Y llegó a ser tirada con desprecio
 La hoz de cobre; y a romper el suelo
 Empezaron con hierro, y decidiose
 De las batallas la dudosa suerte.
 Y montar un caballo y gobernarle
 Con riendas y con frenos, combatiendo
 Con la mano derecha, fue primero       1870
 Que arrostrar los peligros de la guerra
 Sobre un carro que tiran dos caballos;
 Y precedió este tiro a la cuadriga
 Y a la invención de los falcados carros.
 Llegaron a enseñar cartagineses
 Después al elefante monstruoso,
 Que lleva torres y la trompa pliega,
 A recibir heridas en la guerra
 Y a meter el desorden en las huestes.
 Así inventó Discordia sanguinaria      1880
 Medios de asolación uno tras otro,
 Todos horribles a la humana gente
 Y un nuevo colmo de terror pusiera
 A la guerra espantosa cada día:
 Y se probó también en los combates
 El furor de los toros, y ensayaron
 Que embistiesen crueles jabalíes
 Al enemigo: y los leones bravos
 En la guerra a los Partos precedían
 Con conductores bien provistos de armas,       1890
 Y terribles maestros, destinados
 A refrenar su ardor con las prisiones:
 Inútilmente; porque, enardecidos
 Con la sangre y matanza, derramaban
 El desorden, crueles por doquiera
 Sus melenas horribles sacudiendo.
 Ni dirigir podían los jinetes
 A los caballos atemorizados
 Con los rugidos, ni tampoco hacerlos
 Que volviesen la cara al enemigo.      1900
 Las leonas, furiosas se arrojaban
 Del uno al otro ejército saltando,
 Presentaban su boca amenazante
 A todos los que al paso se encontraban;
 Por detrás los cogían descuidados,
 Y a tierra los echaban destrozados
 Con garras y con dientes: y los toros
 Lanzaban por el aire jabalíes,
 Y después con coraje los pisaban;
 Las tripas del caballo echaban fuera   1910
 Metiéndole las astas por debajo,
 Y después de caído se arrojaban
 Sobre él, amenazándole de nuevo.
 Pero empleaban contra sus aliados
 Los jabalíes sus colmillos fuertes,
 Y teñían furiosos en su sangre
 Las armas rotas, y con nueva furia
 A infantes y jinetes daban muerte.
 Huían velozmente los caballos
 De la fiera embestida de sus dientes,  1920
 Empinándose: puesto que allí vieras
 Rotos sus corvejones, de repente
 Abandonar la mole de su cuerpo
 A pesada caída los caballos.
 Creyendo que estarían bien domados,
 De cara encarnizarse los veían
 En medio de la acción de las heridas,
 De confusión, espanto, gritos, fuga:
 No se podía sujetar ninguno;
 Todos se dispersaban: de manera        1930
 Que hicieron lo que aún hacen hoy en día
 Los elefantes en la guerra heridos,
 Que huyen después de haber desparramado
 El estrago y la muerte entre las filas
 Que con tanta bravura defendieron.
 Sin embargo, no puedo persuadirme
 De que no hayan previsto de antemano
 Las comunes desgracias que traería
 Entre ellos este uso abominable;
 Y quisiera también que comprendieses   1940
 En estos males a los varios mundos
 Que de diverso modo ha construido
 Naturaleza, y no los limitaras
 A sólo nuestro mundo: la esperanza
 De vencer no introdujo estos estragos;
 Más bien los hombres, que desconfiaban
 De su número, y armas no tenían,
 Quisieron, pereciendo en el ataque,
 Dar que gemir a las contrarias filas.
 Eran entrelazados los vestidos         1950
 Primero que el tejido se inventara:
 El arte de tejer se siguió al hierro;
 Pues sólo con el hierro hacerse pueden
 Instrumentos tan finos como husos,
 Córcolas, lanzaderas y las planchas.
 A los hombres forzó Naturaleza
 A trabajar la lana antes que diera
 Este oficio a las hembras; porque el hombre
 Tiene mayor industria y sobresale
 En cualquier arte: empero vergonzoso   1960
 Pareció a los robustos labradores,
 Y en manos de las hembras la pusieron,
 Y para sí dejaron los trabajos
 Más duros y penosos, y escogieron
 Fortalecer con ellos cuerpo y manos.
 Pero enseñó también Naturaleza
 El arte de plantar y los injertos;
 Ella dio estas lecciones la primera,
 Mostrando las semillas y bellotas
 Que cada una a su tiempo producía      1970
 Al pie del árbol mismo do cayera
 Un enjambre de arbustos: desde entonces
 Gustaron injerir ellos en ramas
 Renuevos de otra especie, y por los campos
 Les agradó plantar arbustos nuevos.
 Hicieron nuevo ensayo cada día
 En la cultura de su dulce campo,
 Y veían los frutos más silvestres,
 Con el blanco cultivo y el cuidado,
 Llegar a suavizarse. Y obligaron       1980
 A meterse las selvas hacia el monte
 De día en día, y a dejar los llanos
 A la cultura, para que los prados,
 Los lagos, los arroyos y los frutos
 Y las viñas alegres ocupasen
 Los campos y collados, y el olivo
 Pudiese por el medio derramarse
 Por cerros y por valles y por campos
 En tendidas hileras, como ahora
 Ves la gustosa variedad que ofrecen    1990
 Las campiñas, doquiera divididas
 O guarnecidas de árboles frutales.
 Mas los claros gorjeos de las aves
 Con la voz se imitaban mucho antes
 Que pudiesen los hombres regalarse
 Los oídos con versos armoniosos
 De melódico son y dulce halago:
 Y el silbido del céfiro en los huecos
 De las cañas les dio lección primera
 De inflar la campesina cañaheja        2000
 Después, por dedos ágiles tocada,
 Y acompañada de la voz, la flauta
 Poco a poco hizo oír sus dulces quejas.
 Fue inventada en los bosques retirados,
 En las selvas y montes solitarios,
 Entre los dulces ocios de pastores.
 Lentamente va el tiempo de este modo
 Sacando a luz las artes diferentes,
 Y el ingenio las va perfeccionando.
 Suavizaban las penas de la vida        2010
 Con estos inocentes pasatiempos
 Cuando acababan la frugal comida,
 Al tiempo que el descanso es más gustoso,
 Y así por lo común, ellos, tendidos
 Sobre la verde grama, al pie del agua
 De un arroyo, debajo de las ramas
 De algún árbol erguido a poca costa
 Gozaban de placeres inocentes,
 Mas sobre todo en la estación risueña,
 Cuando con verde hierba engalanaba     2020
 Y con flores los prados el verano:
 Entonces era el tiempo de las danzas,
 Entonces de las pláticas, entonces
 De las dulces risadas, porque entonces
 La musa pastoril se remontaba:
 Los provocaba entonces la alegría
 A adornarse los hombros y cabeza
 Con guirnaldas de flores y de hojas,
 Y herían sus pies rústicos la tierra,
 Esta madre común, pesadamente  2030
 Sin compás ni soltura, por lo que eran
 Las risas e inocentes carcajadas;
 Haciendo los placeres, más extraños
 Su misma novedad: y, desvelados,
 De aquí sacaban ellos sus consuelos,
 La voz acomodando a varios cantos
 Y pasando sus labios apretados
 Sobre sus caramillos. Al presente
 Recreamos así nuestros desvelos,
 Y aprendemos la música con reglas;     2040
 Mas no cogemos frutos tan colmados
 De la dulzura como los cogía
 La raza inculta de hijos de la Tierra.
 Así que, el bien presente preferimos
 Y nos agrada más suavemente
 Si otro más superior no conocemos,
 Y los nuevos inventos perjudican
 A los antiguos y del todo mudan
 Nuestros gustos: por eso aborrecimos
 La bellota; por eso hemos dejado       2050
 Las camas de los céspedes y hojas:
 La piel cayó también en el desprecio;
 Aquel vestido de feroces bestias.
 ¡Cuánto me temo que la envidia entonces
 Contra aquel inventor se encarnizase
 Que la vistió primero asesinando
 Traidoramente este hombre; y a la postre
 Los demás entre sí se repartieron
 La piel sangrienta sin querer dejarla!
 Porque entonces las pieles, ahora el oro       2060
 Y púrpura ejercitan a los hombres
 Con zozobras, combates y fatigas:
 Nosotros somos más culpables que ellos,
 Pues sin pieles el frío atormentaba
 A los desnudos hijos de la Tierra;
 Nosotros ningún daño recibimos,
 Careciendo de púrpura y de oro
 Y de ricos bordados, si tenemos
 Un vestido común que nos abriga.
 Así en vano se afana el hombre siempre         2070
 Y de continuo se atormenta en vano,
 Y en cuidados superfluos gasta el tiempo,
 Porque no pone límite al deseo,
 Y porque no conoce hasta qué punto
 El placer verdadero va creciendo:
 Y esto es lo que ha lanzado poco a poco
 Entre borrascas a la humana vida,
 Y ha movido unas guerras tan crueles
 Para arruinar la sociedad entera,
 El Sol y Luna, estos brillantes globos
 Que van luciendo alternativamente
 Por el rico palacio de los cielos,
 Han dado bien a conocer al hombre
 Vicisitud constante en estaciones
 Y de naturaleza el orden cierto.
 El hombre ya vivía en fuertes torres,
 Y la tierra se había repartido,
 Y estaba floreciente su cultura;
 Florecía la mar con hondas naves;
 Y por medio de pactos y alianzas       2090
 Entre sí ya se unían las naciones,
 Cuando con sus canciones los poetas
 A transmitir hazañas empezaron
 A la posteridad: no mucho antes
 Se inventó la escritura: por lo tanto,
 De estos antiguos siglos no logramos
 Más vestigios que aquéllos que entrevemos
 Por la razón guiados solamente.
 Y la navegación, la agricultura,
 La arquitectura, la jurisprudencia,    2100
 El arte de hacer armas y caminos,
 De preparar las telas, y las otras
 Invenciones a estas semejantes,
 Y aun todas las que son de mero gusto,
 La pintura, escultura y poesía,
 Se inventaron a fuerza de experiencias
 Por la necesidad y por la industria.
 El tiempo de este modo poco a poco
 Trae los descubrimientos de las cosas,
 Y la industria adelanta sus progresos;         2110
 Pues vemos que el ingenio perfecciona
 Las artes sin cesar unas con otras,
 Hasta que logran perfección cumplida.  2113


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Libro VI 06
Pág. 06 de 06
Sobre la naturaleza de las cosas Tito Lucrecio Caro


En otro tiempo Atenas la primera, 1

 Ciudad famosa, descubrió los frutos
 A los mortales desafortunados,
 Y les dio nueva vida, y les dio leyes,
 Y la primera dio dulces consuelos
 Contra las desventuras de la vida;
 Cuando produjo al mundo el varón sabio
 De cuya boca la verdad salía,
 Y de cuyas divinas invenciones
 Se asombra, el universo, y cuya gloria,        10
 Triunfando de la muerte, se levanta
 A lo más encumbrado de los cielos.
 Porque viendo este hombre que ya habían
 Todo lo más preciso los mortales
 Para vivir y conservar la vida;
 Que tenían riquezas abundantes,
 Y honor, y gloria, y bien nacidos hijos;
 Pero que no dejaban de angustiarse
 Y gemir como esclavos en prisiones,
 Llegó a entender que todo el mal venía         20
 Del mismo vaso, que teniendo vicio
 Malea lo que se echa más precioso:
 Ya porque permeable y sin asiento
 No se llena por mucho que se le eche,
 Ya porque el interior todo emporcado,
 Con su negro veneno inficionaba
 Cualquier cosa en el vaso contenida.
 Limpió, pues, los humanos corazones
 Con la verdad; les limitó el deseo,
 Les curó sus cuidados y temores,       30
 Y declaroles la naturaleza
 Del sumo bien, a que aspiramos todos,
 Y el camino más fácil y más corto
 Para llegar a él derechamente;
 Y demostroles cuáles son los males
 A que sujeta a los mortales todos,
 El poderío de Naturaleza,
 Y que asaltan al hombre acometiéndole,
 O por acaso o necesariamente,
 Según Naturaleza dispusiera:   40
 Les dijo por qué lado debe el alma
 A sus asaltos resistir invicta,
 Y probó cuán en vano ella fomenta
 De ordinario en el fondo de sí misma
 Las zozobras de tristes aflicciones:
 Así como los niños temerosos
 Se recelan de todo por la noche,
 Así nosotros, tímidos, de día
 Nos asustamos de lo mismo a veces
 Que despavorir suele a los muchachos.  50
 Preciso es que nosotros desterremos
 Estas tinieblas y estos sobresaltos,
 No con los rayos de la luz del día,
 Sino pensando en la Naturaleza:
 Mi voz la cantará con nuevo aliento.
 Y como te enseñé que el edificio
 Del Mundo era finible, y que tenía
 Principio el cielo, y que los seres todos
 Que nacen y nacieron es preciso
 Que necesariamente se disuelvan,       60
 Oye lo que me falta descubrirte,
 Puesto que la esperanza de mi triunfo
 Me animó a que subiese sobre el carro
 Brillante de la gloria, y nuevo aliento
 Me han dado los obstáculos que había.
 Y los demás fenómenos que observan
 En el Cielo y la Tierra los mortales
 Tienen suspensas con pavor sus almas,
 Las humillan con miedo de los dioses,
 Y las tienen cosidas con la tierra,    70
 Puesto qué la ignorancia de las causas
 Los fuerza a sujetar Naturaleza
 Al imperio de dioses y a ponerles
 En sus manos el cetro, y se imaginan
 Que algún poder divino hace las obras
 Cuyo primer resorte ellos ignoran:
 Porque los que estuvieren persuadidos
 De que los dioses viven descuidados,
 Si no obstante se admiran de las causas,
 En especial de aquellas apariencias    80
 Que encima de nosotros se descubren
 En la región etérea, nuevamente
 Caen en su inveterado fanatismo,
 Y nos ponen tiranos inflexibles,
 A quienes para colmo de miseria
 Les conceden poder ilimitado;
 Ignorando qué cosa existir puede,
 Cuál no puede, y los límites precisos
 Que la Naturaleza ha señalado,
 En fin, a la energía de los cuerpos,   90
 Por lo que más y más se descaminan.
 Si no desechas semejantes yerros
 Teniendo por indignos de los dioses
 Y ajenos de su calma estos cuidados,
 Vendrán a tu presencia de continuo
 Estas santas deidades resentidas;
 No porque capaz sea de enojarse
 La majestad suprema de los dioses,
 Y deseen coléricos vengarse
 Con ejemplar castigo de los hombres;   100
 Sino porque estarás muy persuadido
 Que en el seno de un plácido reposo
 Revuelven las venganzas en su pecho;
 No entrarás en los templos de los dioses
 Con pacífico pecho, ni es posible
 Que aquellos simulacros emanados
 De sus augustos cuerpos te presenten
 Sus divinas imágenes con calma;
 ¡Ya ves cuán triste vida te amenaza!
 Aunque sabiduría por mis labios        110
 Te ha explicado verdades infinitas
 Para alejar de ti tan dura suerte;
 Otras muchas me faltan todavía,
 Y tengo yo además que engalanarlas
 Con lindos versos; tengo que explicarte
 Los diversos fenómenos del cielo:
 Cantaremos también las tempestades,
 Y las causas y efecto de los rayos,
 Porque, supersticioso, neciamente
 En regiones diversas no repartas       120
 El cielo para ver, todo temblando,
 De qué parte salió el alado fuego,
 O hacia dónde tiró precipitado,
 Y cómo por las tapias se introduce,
 Y cómo sale de ellas victorioso:
 Pues todos son efectos naturales,
 Que atribuyen los hombres a los dioses
 Porque no pueden penetrar las causas.
 Calíope, diestra musa, que a los hombres
 Alivias, y recreas a los dioses,       130
 Ven a instruirme tú de mi corrida
 Hacia la ruta de carrera ilustre,
 Para ceñir, guiándome tú ahora,
 De corona inmortal mi sien gloriosa.
 Tan sólo se estremecen con el trueno
 Las azuladas bóvedas celestes,
 Cuando agitadas por contrarios vientos
 Se chocan mutuamente etéreas nubes
 Por las altas regiones remontadas;
 Pues no viene el tronido de aquel lado         140
 Que hay sereno en el cielo: pero cuando
 Las nubes condensadas se amontonan
 En una parte, allí con mayor fuerza
 Suele sentirse el tormentoso ruido.
 Además, que no pueden ser las nubes
 De una masa tan densa como piedras
 Y vigas; ni tampoco tan sutiles
 Como la niebla y humo, pues debieran
 Caer en fuerza de su mucho peso
 En el caso primero como piedras;       150
 Si tuvieran la misma consistencia
 Que tiene el humo, no pudieran ellas
 Contener los granizos y las nieves.
 En la inmensa llanura de los aires
 Hacen también un ruido semejante
 Al de los grandes lienzos que se agitan
 Por entre las columnas y las vigas
 De nuestros coliseos; otras veces,
 Rasgadas por la furia de los vientos,
 Imitan el sonido delicado      160
 Que hace roto el papel entre los dedos,
 Como en el trueno puedes observarlo;
 O el ruido de un vestido que hay colgado,
 O de una hoja volante que los vientos
 En fuerza de sus golpes repetidos
 Agitan y remueven por los aires.
 También sucede a veces que las nubes
 En lugar de chocarse por delante
 Se comprimen de lado, y van raspando
 Por medio de encontrados movimientos   170
 Lo largo de su cuerpo, de do nace
 Aquel sonido seco que magulla
 Los oídos, y dura mucho tiempo,
 Hasta que se ven libres de aquel lazo.
 Otra causa hay también por la que el trueno
 Nuestro mundo conmueve en ocasiones
 Con estremecimientos tan horribles
 Que parecen las bóvedas del Mundo
 Por todas partes reventar deshechas
 Con repentino golpe; cuando entrado    180
 De pronto el huracán impetuoso
 En medio de las nubes allí brega:
 Rápido torbellino que condensa
 La nube con esfuerzos redoblados,
 La estrecha por los lados, y la ahueca;
 Pero cuando por fin abrieron paso
 Su impetuosidad y su violencia,
 Con horrible estampido sale el viento:
 No es maravilla, cuando el mismo ruido
 De un estallido igual da muchas veces  190
 Una simple vejiga llena de aire.
 También puede explicarse de otro modo
 Aquel ruido que excitan en las nubes
 Los vientos; porque vemos de ordinario
 Que las nubes presentan superficies
 De ramificación larga e incierta:
 Luego deben hacer el mismo ruido
 Que las hojas y ramas de una selva
 Cuando son de los cierzos agitadas.
 Puede también la furia de los vientos  200
 Reventar una nube si la embisten
 Directamente con furioso aliento:
 La experiencia nos dice cuánta fuerza
 Debe tener su soplo por arriba,
 Cuando aquí bajo, siendo más suave,
 Echan a tierra el árbol más erguido
 Y arráncanle de cuajo fácilmente.
 Hay también en las nubes como olas
 Que deben, estrellándose con furia,
 Producir un murmullo tan profundo      210
 Como el que hace un gran río y océano
 Cuando es por las tormentas agitado.
 También del rayo los ardientes fuegos,
 Cuando de nube en nube van cayendo,
 Quizá vienen a dar en nube acuosa,
 Donde mueren con ruido semejante
 Al chirrío del hierro caldeado,
 Cuando rápidamente le metemos
 Desde la misma fragua en agua fría:
 Pero si árida nube coge al rayo,       220
 Se inflama de repente con gran ruido:
 De esta manera el fuego provocado
 Con torbellino de furiosos vientos
 Se extiende por los montes coronados
 De laureles al punto consumidos:
 No hay cuerpo combustible que devore
 El fuego con un ruido más terrible
 Que el árbol consagrado al dios de Delfos.
 Por fin, el hielo haciéndose pedazos,
 Y el granizo cayendo hacen retumben    230
 Las nubes a lo lejos, cuando el viento
 Las junta y amontona semejantes
 A las montañas, y por fin quebradas
 Caen en tierra revueltas con granizo.
 También relampaguea si las nubes
 Arrojan mucha ignífera semilla
 En fuerza de su choque, a la manera
 Que sacudiendo un pedernal con otro,
 O dando con un hierro, se ve entonces
 Brillar la luz y chispear de lejos:    240
 Y el relámpago ya vieron los ojos
 Cuando llegan los truenos al oído;
 Porque hieren mas pronto los objetos
 La vista que el oído, como puedes
 Observando tú mismo, si te pones
 A ver cortar al leñador las ramas
 Superfluas de algún árbol con el hacha;
 Pues le verás primero dar el golpe
 Que llegue a tus orejas el sonido:
 El relámpago vemos asimismo    250
 Antes que percibamos el sonido,
 Siendo uno y otro a un tiempo y siendo hijos
 Del mismo choque y de la misma causa.
 También explicaré de otra manera
 Por qué de rauda luz bañan la tierra
 Las nubes y sus fuegos tembladores
 Hacen brillar durante la borrasca.
 Luego que el viento acometió a la nube,
 Y agitándola siempre, como dije,
 Logró ahuecarla, y recogerla al centro,        260
 Con movimiento rápido se inflama,
 Porque vemos nosotros abrasarse
 Todo cuerpo movido con presteza,
 Y aun la bala de plomo derretirse,
 En un gran trecho, cuando el remolino
 Inflamado rasgó la obscura nube,
 Desparrama sus fuegos de repente
 Lanzados de la nube con esfuerzo,
 Obligando a cerrar los ojos: luego
 Óyese él estampido, que la oreja       270
 Hiere más tarde que la luz los ojos:
 Todos estos efectos ciertamente
 Suponen nubes densas, que arrojadas
 Sean también con ímpetu admirable.
 No dejes engañarte de tus ojos,
 Que no te enseñan más desde aquí bajo
 Que la extensión y anchura de las nubes
 Más bien que el grueso de ellas y su altura.
 Para desengañarte, considera
 Las nubes parecidas a unos montes      280
 Que los vientos trasponen por los aires
 En dirección contraria: o si los vientos
 Yacen en sus entrañas sepultados,
 Verás amontonadas estas nubes
 Unas sobre otras por los altos montes,
 Apretarse entre sí por las alturas.
 Entonces podrás tú formar idea
 De sus masas enormes; ver en ellas
 Especies de cavernas fabricadas
 En rocas suspendidas, y los vientos,   290
 Cuando llenan su centro dando muestras
 De tempestad, se indignan en las nubes
 Al verse dentro de ellas encerrados,
 Como lo hacen las fieras en sus jaulas:
 Resuenan a lo lejos sus bramidos,
 Por todas partes quieren escaparse,
 Desprenden de la nube unas semillas
 De fuego, que amontonan y revuelven
 En lo interior de sus ardientes hornos,
 Hasta que ya por fin rasgan la nube    300
 Y en torrentes de luz huyen los vientos.
 Los rápidos relámpagos que vuelan
 Hacia la tierra, fuegos transparentes
 Más brillantes que el oro, tal vez deben
 Su nacimiento a la substancia misma
 De las nubes, que dentro de sí encierran
 Precisamente una abundante copia
 De moléculas ígneas; en efecto,
 Cuando ningún humor tienen las nubes,
 Por lo común es su color brillante     310
 Así como la llama; porque debe
 También la luz del sol precisamente
 Comunicarlas infinitas partes
 Para estar encendidas de este modo
 Y hacerlas brotar fuego: cuando el viento
 Amontonó estas partes en un sitio,
 Y comprime la nube fuertemente
 Por donde ellas están amontonadas,
 Exprime de la nube estas semillas
 De fuego, las esparce, y las obliga    320
 A arder con los colores de la llama.
 También relampaguea si las nubes
 Están enrarecidas; cuando el aire
 Agitando la nube dulcemente
 Sus partes va ensanchando y disolviendo,
 Es preciso que caigan por sí mismas
 Las semillas de fuego causadoras
 Del relámpago entonces sin estruendo,
 Sin destrucción y sin cansar terrores.
 Además, los efectos de los rayos       330
 Dicen cuál sea su naturaleza:
 Las señales que dejan en los cuerpos
 Que consumieron, los vapores densos
 Del azufre que exhalan nos demuestran
 Que son de fuego, no de aire o de agua:
 Abrasan además las fuertes torres,
 Y con rápida llama hacen cenizas
 Los edificios: la Naturaleza
 Este fuego voraz formó de intento
 De sus fuegos más vivos y sutiles:     340
 Ninguna cosa puede resistirle;
 Por medio de las casas pasa el rayo
 Con tanta valentía y ligereza
 Como el grito y la voz; él atraviesa
 Las peñas y metáles; cobre y oro
 Derrite en un momento, y de repente
 Disipa el vino sin lesión del vaso,
 Porque tal vez llegando a introducirse
 Su calor fácilmente en las paredes
 Del vaso, las afloja y enrarece        350
 Y echa por todas partes los principios
 Del vino adelgazándolos primero,
 El mismo Sol hacerlo no podría
 En todo un siglo; tanta es la ventaja
 Del poderío activo de los rayos.
 Ahora te explicaré sin digresiones
 Cómo se forma el rayo, y cómo adquiere
 Una fuerza capaz de hender las torres,
 Derribar casas, arrancar las vigas,
 Demoler las memorias de los hombres    360
 Y dejar a los mismos hombres muertos,
 Sin vida echar por tierra los ganados,
 Y muchas destrucciones semejantes.
 De las nubes espesas y apiñadas
 Por las altas regiones nace el rayo:
 Ninguno viene de sereno cielo,
 Ni las nubes ligeras los despiden;
 Como nos lo declara la experiencia
 Cuando vemos cubrirse la atmósfera
 De espesas nubes en aquel momento      370
 En que la tempestad prepara el rayo:
 Parece que han salido las tinieblas
 Del Aquerón, a un tiempo, obscureciendo
 La cavidad inmensa de los cielos;
 Nos cubre horrible noche con su manto;
 Pende el terror encima de nosotros.
 También alguna vez la negra noche,
 Como río de pez que descendiese
 Del cielo por el mar, sobre sus ondas
 Cae tan precipitada, y a lo lejos      380
 Derrama las tinieblas; tras sí arrastra
 La tempestad, preñada de huracanes,
 De rayos y de fuegos y de vientos
 Tan furibundos, que en la tierra tiemblan
 Los hombres y se meten en sus casas.
 Es creíble que tengan mucho cuerpo
 Las nubes borrascosas que se forman
 Sobre nuestras cabezas; pues la Tierra
 En noche obscura no se sepultara
 Si multitud de nubes por encima        390
 Toda la luz del Sol no la robaran;
 Las lluvias abundantes no podrían
 Hinchar los ríos o inundar los campos,
 Si no estuviera la región etérea
 Llena toda de nubes elevadas.
 Fuegos y vientos hay por todas partes,
 De cualquier lado truena por lo mismo,
 Y salen los relámpagos: ya he dicho
 Que tienen mucha ignífera semilla
 Todas las nubes en su centro hueco:    400
 Que los rayos del Sol y sus ardores
 Las aumentan también precisamente.
 Cuando el viento amontona en su paraje
 Todas aquellas nubes, saca de ellas
 Infinitas moléculas de fuego,
 Con las cuales él mismo se revuelve:
 El remolino entonces prisionero
 En la nube se agita, y allí aguza
 El rayo en medio de esta fragua ardiente.
 El viento, pues, se enciende de dos modos:     410
 Por actividad propia, o por contacto
 De fuego: y cuando ya de esta manera
 Se encendió él a sí mismo, o recibiera
 La impresión de la llama, presto el rayo
 Rompe la nube; entonces de improviso
 Luces resplandecientes va esparciendo
 Por todas partes, y hórrido estallido
 Se deja oír, como si caminaran
 Sobre nosotros rotas de repente
 Las bóvedas del cielo: todo el Globo   420
 Retiembla entonces, y de polo a polo
 Por todo el firmamento corre el trueno:
 Porque a la vez se agitan y retumban
 Todos juntos entonces los nublados,
 Y de este general sacudimiento
 Nace una lluvia tan copiosa y fuerte,
 Que parece que quiere convertirse
 En agua todo el cielo, y que de nuevo
 Se va a anegar la Tierra con diluvio:
 Tanto asusta el sonido de las nubes    430
 Que se rompen a un tiempo, y de los vientos
 Que braman agitados, y del rayo
 Que reluce volando por los aires.
 También un viento externo e impetuoso
 Viene a caer sobre una nube espesa
 Do está el rayo formado, la que abierta,
 Deja caer de pronto el torbellino
 De aquel fuego que rayo le llamamos:
 Esto también sucede a otros nublados
 Según las direcciones de los vientos.  440
 Puede también acontecer a veces
 Que, sin estar el viento aún encendido,
 Sin embargo se inflame en largo trecho;
 Que en su misma carrera se despoje
 De aquellos elementos más groseros
 Que no pueden pasar por la atmósfera,
 Y que del aire mismo tome al paso
 Las más finas moléculas, que le hagan
 Inflamarse volando envuelto en ellas:
 Como bala de plomo se escandece        450
 En su carrera cuando va dejando
 Los principios más fríos en el aire,
 Y semillas de fuego en él recoge.
 La inflamación, en fin, puede que nazca
 Del mismo choque; cuando el viento frío
 Sin fuego azota, entonces por ventura
 Saca la violencia de su golpe
 Moléculas de fuego de sí mismo
 Y del cuerpo chocado, como cuando
 Un pedernal herimos con el hierro      460
 Salen las chispas, y aunque el hierro es frío,
 Sabe la colisión sacar semillas
 Refulgentes de llama; pues lo mismo
 Debe encender el soplo de los vientos
 Los cuerpos que sacude, si inflamable
 Es la naturaleza de estos cuerpos:
 Sin ser un temerario no se puede
 Enteramente asegurar que el viento
 Tan rápido bajando desde arriba
 Sea del todo frío; y si en su curso    470
 No se inflamó, debe llegar al menos
 Entibiado y revuelto en algún fuego.
 La rapidez del rayo y golpe fuerte
 Y su caída violenta nacen
 De su natural ímpetu: encerrado
 En las nubes, y allí, cobrando fuerzas,
 Con nuevo brío intenta salir de ellas;
 Cuando el nublo no puede resistirse
 A este aumento de ímpetu, se escapa
 Con una prodigiosa ligereza    480
 El fuego destructor, como las piedras
 Lanzadas por las máquinas terribles.
 Junta también a esto ser el rayo
 De finos y sutiles elementos;
 Y con esta figura no es tan fácil
 Hacerle resistencia, pues se cuela
 Y sé insinúa, por lo más estrecho:
 No puede cuerpo alguno con su choque
 Detener su raudísima carrera.
 Además de que todo cuerpo grave        490
 Por natural impulso tiende abajo;
 Pero si la impulsión se junta al peso,
 Su rapidez se dobla, y se acrecienta
 Aquel ímpetu suyo de contado.
 El rayo así con estas fuerzas dobles
 Debe quitar del medio en un instante
 Cualquier estorbo que se encuentre al paso,
 Y proseguir su marcha sin pararse.
 En fin, la longitud de su caída
 Más y más acelera el movimiento,       500
 Que siempre va creciendo; y aumentando
 Su ímpetu, vigora los ataques,
 Sus divergentes átomos juntando
 Y dirigiendo todos sus esfuerzos
 Hacia el punto común a donde corre.
 También quizá viniendo hacia nosotros
 Quita de paso el rayo al aire mismo
 Corpúsculos que puedan darle fuerza
 Y acelerar su golpe impetuoso.
 Hay muchos cuerpos que penetra el rayo         510
 Sin daño alguno de ellos, porque encuentra
 Conductos que atraviesa velozmente:
 Hay otros que destruye y descompone,
 Por que viene a atacar directamente
 Las moléculas que unen su tejido:
 Él con facilidad derrite el cobre
 Y hace que hierva el oro en un instante,
 Porque de átomos lisos y sutiles
 Se forma el rayo, los que fácilmente
 Dentro de estos metales se introducen,         520
 Y desatan sus nudos al momento
 Y todas sus lazadas desaprietan.
 En el Otoño y en la Primavera,
 Cuando se abren las flores por los campos,
 El palacio encumbrado de los cielos
 De fulgentes estrellas se estremece
 Por todas partes más a la continua:
 Se estremece también toda la tierra,
 Porque en Invierno faltan muchos fuegos,
 Y los vientos se calman en Estío,      530
 Y las nubes no tienen tanto cuerpo.
 En estaciones medias, pues, concurren
 Todas las varias causas de los rayos:
 Vienen a ser los límites comunes
 Do el frío y el calor se están tocando
 Agentes necesarios de los rayos,
 Que entrambos introducen la discordia
 En la naturaleza, y con gran ruido
 El fuego encienden de las tempestades
 Y enfurecen el aire con los vientos:   540
 Porque el fin del Invierno y el principio
 De Estío son los que hacen el Verano:
 Por lo cual deben el calor y el frío,
 Principios entre sí tan encontrados,
 Luchar y revolver todas las cosas:
 El Otoño, que forma la salida
 Del Estío y la entrada del Invierno,
 Debe observar las riñas y pendencias
 Del frío y del calor; guerras del año
 Pueden llamarse entrambas estaciones:  550
 No es extraño que se hagan muchos rayos
 Entonces, y que el cielo se alborote
 Con tempestades, porque la discordia
 Está continuamente fomentada
 Con llamas y con vientos y con nublos.
 Así se indaga la naturaleza
 Del ignífero rayo y sus efectos;
 No consultando vanas predicciones
 De los toscanos para hallar indicios
 Del secreto consejo de los dioses: 560
 O de dónde salió el alado fuego,
 O hacia donde tiró precipitado,
 De qué modo se entró por las paredes
 Y cómo sale de ellas victorioso,
 O qué daño presagia su caída.
 ¿Por qué, si Jove y las demás deidades
 Estremecen las bóvedas celestes
 Con sonido terrífico, y arrojan
 Los rayos por do quiera que les place;
 Por qué de parte a parte no dividen 570
 El pecho del malvado que se entrega
 A odioso crimen descaradamente,
 Y las llamas del rayo vaheando
 Dan a los hombres documento horrible?
 ¿Por qué más bien revuelven en sus llamas
 Al inocente a quien maldad no arguye,
 Y a quien súbitamente le circunda
 El fuego celestial en remolino?
 ¿Por qué, además, emplean su trabajo
 Contra las soledades vanamente? 580
 ¿Es por ejercitar mejor sus brazos,
 O por asegurar mejor sus golpes?
 ¿Por qué sufren se emboten en la tierra
 Los que despide el padre de los dioses?
 ¿Por qué de ellos él mismo se despoja,
 Y para sus contrarios no los guarda?
 En fin: ¿por qué no lanza Jove el rayo
 Y nunca mueve tempestad de truenos
 Cuando hay serenidad por todo el cielo?
 ¿Cuando acaban las nubes de formarse,  590
 Monta entonces en ellas por ventura,
 Por dirigir sus tiros más de cerca?
 ¿Por qué razón contra la mar asesta?
 ¿Por qué hiere las ondas, estas masas
 Líquidas, estos cuerpos fluctuantes?
 Si quiere nos guardemos de los rayos,
 ¿Por qué no deja verlos desde lejos,
 Y si quiere cogernos descuidados
 ¿Por qué truena de modo que podamos
 Evitarlos? ¿A qué son los retumbos,    600
 Tinieblas y murmullos que preceden?
 ¿Puedes tú concebir que los dispare
 Al mismo tiempo por distintas partes?
 No puedes refutarlo, sin que niegues
 Una experiencia tan frecuente y cierta.
 Es preciso que pueda caer el rayo
 Al mismo tiempo por distintos lados,
 Como vemos que llueve y caen las lluvias.
 ¿El rayo asolador por qué derriba,
 En fin, los templos santos de los dioses,      610
 Estas habitaciones suntuosas,
 Y rompe sus estatuas bien labradas,
 Y roba a sus imágenes el culto
 Con golpe violento? ¿Por qué ataca
 De ordinario los sitios elevados,
 Y vemos en las cumbres de los montes
 Más bien que en otra parte sus vestigios?
 Por lo que te he explicado de los rayos
 Es fácil conocer de qué manera
 Sobre la mar se arrojan desde arriba   620
 Los tifones, que présteres clamaron
 Los griegos atendiendo a sus efectos.
 Por qué bajan a veces desde el cielo
 Sobre la mar como en columna larga,
 Y todo alrededor bullen las ondas
 Agitadas con soplo impetuoso;
 Y las naves entonces sorprendidas
 Por el vertiginoso meteoro
 Están expuestas al mayor peligro:
 Y la causa es que el viento algunas veces      630
 No teniendo potencia suficiente
 Para romper la nube que ha embestido,
 La baja poco a poco hacia las aguas
 Como columna echada desde el cielo,
 O más bien como masa disparada
 De arriba abajo por robusto brazo,
 La cual sobre las ondas se extendiese:
 Cuando rasga la nube, el viento se entra
 Con ímpetu en la mar, y en ella excita
 Un hervor increíble; porque entonces,  640
 Sin cesar agitándose la manga,
 Baja a la par la nube, que se presta
 A cualquier movimiento de la bomba:
 Y así que la extendió sobre las aguas
 El vértice de pronto se zabulle.
 Hace toda la mar un hervidero,
 Mueven sus olas espantoso ruido.
 El mismo torbellino que en el aire
 Juntó los elementos de la nube,
 Se envuelve algunas veces dentro de ella,      650
 Imitando las mangas por la tierra;
 Y cuando al suelo se bajó la nube,
 Rasgándose, vomita de su cuerpo
 Un remolino, un huracán furioso.
 Mas siendo estos fenómenos muy raros
 A causa del obstáculo que oponen
 En la tierra a los vientos las montañas,
 Deben ser más frecuentes en los mares,
 Que son tan extendidos y patentes.
 Los nublados se forman cuando muchos   660
 Angulosos corpúsculos, volando
 Sin cesar en la atmósfera, se juntan
 Entre sí de repente, y se condensan
 A pesar de sus débiles uniones:
 Sólo son al principio nubecillas;
 Empero todas juntas apiñadas,
 Y entre sí reunidas, van creciendo,
 Y los vientos las llevan de manera
 Que nace de ellas tempestad furiosa.
 Y cuanto más vecinas a los cielos 670
 Tienen también sus cumbres las montañas,
 Tanto más una niebla amarillenta
 Y una especie de humo siempre espeso
 Las obscurece; porque cuando empiezan
 A tomar consistencia los nublados,
 Sin que puedan aún verlos los ojos,
 Los vientos los conducen y aglomeran
 Sobre la cima de elevado monte:
 Cuando, por fin, después se reunieron
 En mucho mayor número apiñados, 680
 Condensados los vemos elevarse
 Desde la húmeda cumbre por los aires:
 Puesto que la razón y la experiencia
 Dicen ser el teatro de los vientos
 Aquellos sitios que hay más elevados.
 Además quita la Naturaleza
 También muchos corpúsculos de encima
 De todo el mar, como nos lo declaran
 Las ropas que tendemos en la playa
 Poniéndose mojadas: luego es claro     690
 Que contribuyen las emanaciones
 De este salado fluido agitado
 Al acrecentamiento de las nubes.
 Vemos también que de los ríos todos
 Y de la misma tierra se levantan
 Unas nieblas y cálidos vapores
 Cuyas exhalaciones se remontan
 Por el aire, y los cielos obscurecen,
 Y con sus reuniones insensibles
 Forman espesas nubes; pues las olas    700
 De la substancia etérea las empujan
 Por la parte de arriba, y condensadas
 Cubren casi las bóvedas azules..
 Puede también que vengan de otros mundos
 A reunirse en éste aquellos cuerpos
 Que forma los nublados y tormentas:
 Porque te he dicho que es innumerable
 El número de átomos, y el todo
 Ser también profundísimo: no ignoras
 De cuánta ligereza están dotados       710
 Los átomos, y cuán rápidamente
 Suelen correr espacio inmensurable;
 Por lo que no es extraño, que al momento
 Cubran la tempestad y las tinieblas
 Colgadas en el aire mar y tierra,
 Y las montañas; pues los elementos
 Encuentran siempre entradas y salidas
 Por donde quiera en todos los conductos
 Del éter, y por todas las lumbreras
 Del mundo, por decirlo de este modo.   720
 Ahora te explicaré cómo se aumentan
 Las aguas de la lluvia en nubes gruesas,
 Y cómo desde allí caen en la tierra.
 Y es preciso ante todo persuadirte
 Que se levantan con las mismas nubes
 Infinitas moléculas de agua
 De todo cuerpo, y a la par se aumenta
 Con la misma substancia de la nube,
 Del mismo modo que el sudor, la sangre,
 Y cualquiera otro líquido del cuerpo   730
 Crece a la par que todos nuestros miembros.
 Los nublados a veces también cargan
 De las aguas marinas, semejantes
 A vellones de lana suspendidos
 Cuando son conducidos por los vientos
 Sobre la superficie de los mares;
 También de todo río se levanta
 El agua hacia las nubes; pero cuando
 Estas semillas de agua, acrecentadas
 De todas partes con emanaciones        740
 Tan grandes y diversas, se juntaron
 Y las condensa el soplo de los vientos,
 Entonces determina su caída
 Doblada fuerza; la presión de vientos
 Y la copia de nubes apiñadas,
 Las cuales gravitando unas sobre otras
 Hacen caer las lluvias dilatadas.
 Cuando además los vientos enrarecen
 Los nublados, o cuando son disueltos
 Por el calor del Sol, que hiere encima,        750
 Humor pluvioso entonces van soltando,
 Y corren gota a gota como cera
 Que se va derritiendo puesta al fuego.
 Es copiosa la lluvia si las nubes
 Experimentan esta doble fuerza,
 La presión de su peso y de los vientos;
 Y suele durar mucho, y encerradas
 Suele tener las gentes en su casa,
 Cuando están muy espesos los nublados,
 Y cuando unos sobre otros se amontonan,        760
 Y se derraman hacia todas partes,
 Cuando toda la tierra restituye,
 El mismo humor con sus exhalaciones.
 Cuando entre obscura tempestad embiste
 Con sus rayos el Sol lluviosa nube
 Que en frente de sí tiene, se descubren
 En medio de las nubes tenebrosas
 Los colores del Iris variados.
 De otros meteoros que se forman
 Y crecen combinados en las nubes,      770
 Como la nieve, vientos y granizo,
 Las escarchas y el hielo que endurece
 Las aguas, y refrena la corriente
 De los ríos, es fácil que comprendas
 Sus efectos y causas si entendieres
 Las propiedades de los elementos.   
 Pon atención en conocer la causa
 Ahora de los temblores de la tierra;
 Y debes persuadirte, sobre todo,
 Que el globo interiormente como fuera  780
 Está lleno de vientos, de cavernas,
 De lagos, precipicios y peñascos,
 De rocas y de ríos escondidos,
 Cuya corriente impetuosa arrastra
 Las peñas sumergidas en su madre:
 La razón, pues, exige que la tierra
 Se asemeje a sí misma en todas partes.
 Supuestas de antemano estas nociones,
 Tiembla la tierra por su superficie
 Con motivo de haberse desplomado       790
 En su interior grandísimas cavernas,
 Que viene a demoler por fin el tiempo;
 Como que enteros montes se arruinan,
 Cuyo sacudimiento pronto y fuerte
 Extiende los temblores a lo lejos:
 Cuando un carro que no es de mucho peso
 Hace temblar todos los edificios
 Que están al paso, no retiemblan menos
 Todos los sitios del contorno cuando
 Arrastran los corceles arrogantes      800
 Las llantas de las ruedas bien herradas.
 También puede caer al cabo de años
 Una masa disforme de la tierra
 En un lago vastísimo, y el orbe
 Vacilar tal vez puede con motivo
 Del movimiento que excitó en las aguas,
 Así como en el suelo no está inmóvil
 El vaso lleno de una agua agitada
 Hasta ponerse toda en equilibrio.
 Cuando, además, el viento recogido     810
 Entre las cavidades interiores
 De la tierra se arrojó violento
 Sobre una parte, y con sus fuerzas todas
 Hace presión en las cavernas
 Inclínase la tierra hacia la parte
 Donde el viento dirige sus esfuerzos,
 Y las casas entonces que hay encima
 Inclínanse también cuanto más altas,
 Cuanto más se avecinan a los cielos,
 Y perdiendo el nivel salen las vigas,  820
 Y amenaza venirse todo al suelo.
 Y temen presumirse si ha prescrito
 Naturaleza un paso a la ruina
 Y destrucción total del mundo entero,
 Cuando ven su gran mole pronta a hundirse.
 Si los vientos aliento no tomasen
 Nada capaz sería de enfrenarlos,
 Ni detener su furia destructora;
 Mas como se sosiegan alternando,
 Y vuelven al ataque nuevamente,        830
 Y se ven rechazados con ventaja,
 Amenaza la tierra desplomarse;
 Ella se inclina y otra vez se alza;
 Y pierde el equilibrio, y con su peso
 Otra vez le recobra: por lo mismo
 Toda cosa vacila más o menos
 Según su elevación, pues las más bajas
 Casi no sienten el temblor de tierra.
 También pueden causar estos temblores
 Un viento impetuoso, un grande soplo   840
 De fuerza introducido de repente,
 O nacido del seno de la tierra,
 Que después que se entró en las cavidades
 Del globo, con tumulto anticipado
 Entre inmensas cavernas va bramando
 Y se revuelve mucho y no se escapa
 Por fuera de la tierra hasta que la abre
 Y con su gran violencia la divide,
 Y forma en ella abismos anchurosos;
 De esta manera fue Sidón tragada,      850
 Obra de tirios, y en Peloponeso
 También Egina. ¡Ay, cuántas ciudades
 Esta erupción furiosa de los vientos
 Y el temblor de la tierra han destruido!
 ¡A cuántas los horribles terremotos
 Han hundido debajo de la tierra,
 Y con sus ciudadanos juntamente,
 Cuántas otras los mares sepultaron!
 Pues si el viento no llega a romper fuera,
 Su soplo impetuoso se divide   860
 Por todos los conductos de la tierra
 Y en sus entrañas férvidas excita
 Un temblor general, del mismo modo
 Que cuando se introduce por los miembros
 Interiormente el frío, y los sacude,
 Nos hace tiritar a pesar nuestro:
 Con un doble terror vagan las gentes
 Por la ciudad entonces asustadas,
 Pues sobre su cabeza ven la muerte,
 Debajo de los pies también la temen:   870
 Temen que caiga derrumbado el techo,
 Temen disuelva la Naturaleza
 Las bóvedas del globo de repente,
 De par en par abriendo estos abismos
 Anchurosos, queriendo trastornada
 Con sus mismas ruinas rellenarlos.
 Por lo cual, aunque vivan persuadidos
 De ser incorruptibles cielo y tierra,
 Y destinados a existencia eterna,
 La vista de un peligro tan urgente     880
 Introduce pavor y desconfianza
 En sus almas a veces, y les hace
 Temer no huya la tierra en un instante
 Con dirección al báratro profundo,
 Y que el gran todo caiga detrás de ella,
 Y que no reste más de todo el mundo
 Que un cúmulo confuso de ruinas.
 Ahora debo explicar precisamente
 Cómo la mar no sabe qué es aumento.
 Admíranse de que la mar no aumenta     890
 Su volumen jamás con tantas aguas
 Como corren a ella y tantos ríos
 Como por todas partes desembocan:
 Junta las tempestades y las lluvias
 Que sobre mar y tierra caen a un tiempo
 Además de sus propios manantiales;
 ¿Dejarán, sin embargo, de admirarse
 Si consideran que estas aguas juntas,
 Con el mar extendido comparadas,
 Viene a ser apenas una gota?   900
 Roba el calor del sol una gran parte,
 Pues vemos secan sus ardientes rayos
 En un instante la mojada ropa:
 Será su acción más fuerte y más activa
 Sobre la faz inmensa de los mares
 Aunque el sol tome una porción muy corta
 De cada sitio de por sí, no obstante,
 Debe robar en extensión tan grande
 Cúmulo inmenso de marinas aguas.
 Cuando con furia el mar barren los vientos,    910
 Se llevan tras de sí gran parte de agua;
 Porque es frecuente a veces en la noche
 Ver que se ponen secos los caminos
 Y endurecido el lodo con su soplo.
 Además, te enseñé que los nublados
 Atraen a sí las aguas de los mares,
 Y por la haz de la tierra las esparcen
 Cuando llueve sobre ella, y cuando llevan
 Los vientos por la atmósfera las nubes.
 Por fin, supuesto que es la tierra un cuerpo   920
 Poroso, que la mar contigua ciñe
 Por todas partes, recibir no puede
 El mar en sí las aguas de la tierra
 Sin que reciba aquésta al mismo tiempo
 Las saladas del mar, que ciertamente
 Se filtran por el seno de la tierra,
 Y se recogen y se juntan todas
 Donde tienen los ríos nacimiento,
 Y fluyen dulcemente por la tierra,
 Por donde, una vez rota, facilita      930
 Que con líquido pie corran las aguas.
 Explicaré al presente por qué causa
 Vomita a veces Etna por sus bocas
 Las llamas en espeso torbellino:
 La tempestad de fuego, dominando
 Con estrago en los campos sicilianos,
 No hizo mirar a los vecinos pueblos;
 No volviendo la vista a los torrentes
 De chispas y de humo, que cubrían
 La atmósfera: a la vez, les daba pena,         940
 De pávido cuidado hinchiendo el pecho,
 Esperando los nuevos infortunios
 Que la Naturaleza preparaba.
 Si de tales fenómenos deseas
 Tener conocimiento, es necesario
 Que des una ojeada vasta y grande
 Sobre Naturaleza, y que sus partes
 A la vez consideres todas juntas,
 Acordándote siempre que el gran todo,
 Es infinito, y que supone poco         950
 El cielo comparado al universo;
 Y que es el hombre imperceptible cosa
 Si se compara con el orbe entero.
 Si tú penetras bien este principio,
 Si te convence una verdad tan clara,
 Ya no te admirarás de muchas cosas.
 ¿Se admira acaso alguno de nosotros
 Si le abrasa a cualquiera ardiente fiebre,
 U otra cualquier enfermedad aguda
 Se extiende por sus miembros doloridos?        960
 Porque se hinchan los pies en un instante,
 El más vivo dolor coge los dientes,
 Y ataca alguna vez los mismos ojos:
 De San Antón el fuego va creciendo,
 Y extendiéndose abrasa todo el cuerpo,
 Sin admirarse, porque se conocen
 De muchos cuerpos las emanaciones:
 Y las exhalaciones de la tierra
 Y el aire infecto son muy suficientes
 Para dar ser y rápidos progresos       970
 A las enfermedades más terribles.
 Así se ha de creer que este gran todo,
 Como infinito, suministra al cielo
 Y a la tierra los átomos capaces
 De estremecer el globo de repente,
 De recorrer en raudo torbellino
 El mar y tierra, y de lanzar por Etna
 Copiosos fuegos, de inflamar el cielo:
 El mismo cielo si puede inflamarse
 Tan fácilmente como caen las lluvias   980
 A mares en la tierra cuando llegan
 A juntarse en la atmósfera las aguas.
 Pero me dirás tú que estos incendios
 Son muy considerables: lo confieso;
 Así como parece grande un río
 A quien no vio jamás otro más grande:
 Y así un árbol, un hombre y todo cuerpo
 De la especie que quieras son disformes
 Para aquél que no ha visto otros mayores:
 Cuando nada suponen estos cuerpos,     990
 Aunque juntes el cielo, mar y tierra,
 Si con el Universo se comparan.
 Pero expliquemos ora de qué modo
 La llama enfurecida en un instante
 De las vastas hornazas de Etna sale.
 Lo primero, está hueco todo el monte
 Por su parte interior; sobre cavernas
 De pedernales casi está fundado:
 Así que, las cavernas todas tienen
 Vientos y aire, no siendo otra cosa    1000
 El viento más que el aire conmovido:
 Y cuando este elemento furibundo
 Llegó a inflamarse, y ha comunicado
 Su ardor a los peñascos y a la tierra,
 En torno de la cual sin cesar gira
 Y saca de ellos con veloces llamas
 Fuego devorador, él se levanta
 Y se arroja derecho por las bocas
 De la montaña, y a lo lejos echa
 La llama y la ceniza, y sale envuelto  1010
 Entre humo espeso y negro, y juntamente
 Lanza piedras de peso extraordinario:
 Sin que te quede duda ser efectos
 Del ímpetu furioso de los vientos.
 En gran parte la mar, además, baña
 Las faldas de este monte, y las azota
 Con sus olas, y luego se retira:
 Por debajo de tierra las cavernas
 Desde la misma mar se comunican
 Con las altas gargantas de este monte:         1020
 No podemos dudar que entran los vientos
 Por estas bocas, y que se dirigen
 Soplando interiormente hacia la cumbre:
 Y por esto se ven volar las llamas,
 Y van a dar muy lejos los peñascos
 Y las nubes de arena se derraman:
 Hay en la cima unos embudos anchos
 Por do escapan los vientos, que los griegos
 Cráteres llaman, a los que nosotros
 Llamamos las gargantas o las bocas. l030
 Para algunos fenómenos no basta
 Dar una explicación; antes precisas
 Son otras muchas, para hallar alguna
 Entre ellas verdadera; por lo tanto,
 Si ves tú desde lejos el cadáver
 De algún hombre tendido sobre el suelo,
 Es preciso decir todas las causas
 De la mortalidad para que sepas
 La causa de la muerte de aquel hombre;
 Porque no puedes decidir si ha muerto  1040
 De muerte dada a hierro o por el frío,
 O por enfermedad o con veneno:
 En general sabemos que él ha muerto
 Por una de las causas que he nombrado;
 Mas sólo los testigos oculares
 Pueden decir la causa verdadera:
 Así también estamos indecisos
 Sobre muchos fenómenos que vemos.
 Crece el Nilo y rebosa por los campos
 En el estío, siendo el solo río        1050
 Que hay en todo el Egipto, y va regando
 Las campiñas en medio de calores;
 O bien porque reinando en el estío
 Etesios vientos, soplan aquilones
 Contra el embocadero y la corriente,
 Y su curso retardan y recrecen
 Las aguas, y se llena todo el río,
 Y le hacen que se pare; ciertamente
 El soplo de estos vientos se dirige
 Contra el curso del río, porque vienen         1060
 Etesios vientos de constelaciones
 Frías del polo boreal, y el Nilo
 Tiene su nacimiento en las regiones
 Del Mediodía, en los ardientes climas
 Que el sol visita en medio de su curso,
 Entre los hombres negros y tostados.
 Grandes bancos de arena tal vez forman
 Al agua un dique en el embocadero
 Cuando el mar agitado con los vientos
 Hacia adentro la arena va metiendo,    1070
 Por lo que es menos libre su desagüe,
 Y la madre está menos inclinada,
 Y se refrena el ímpetu del río.
 Por fortuna quizá en su nacimiento
 Las lluvias son también más abundantes
 En aquella estación en que las nubes
 Juntas al Mediodía son llevadas
 Por los vientos etesios a aquel lado,
 Las cuales se amontonan apiñadas
 Sobre la cumbre de elevados montes     1080
 Y la presión del peso las esparce.
 Tal vez puede venir esta creciente
 De los montes alzados de la Etiopía,
 Cuando el sol, abrasando con sus rayos
 A la naturaleza, hace que bajen
 Las nieves derretidas a los campos.
 Al presente diré qué cosa sean
 Aquellos sitios y funestos lagos
 Que se llaman avernos; este nombre
 Al principio les dieron con motivo     1090
 Del efecto que causan, porque matan
 En general las aves; cuando vienen
 Volando por encima de estos sitios
 Directamente, de volar se olvidan
 Y, perdiendo sus alas los resortes,
 Torciendo la cabeza caen sin fuerzas
 Precipitadas en la tierra, o agua,
 Quizá conforme a la naturaleza
 De aquel averno que las da la muerte.
 Cual es el que hay en Cumas y en Vesubio:      1100
 Fuentes cálidas son las que vaporan
 Un humo espeso; y otro semejante
 Hay también en los muros atenienses,
 En el remate de la ciudadela,
 Cerca del templo de tritonia Palas:
 Do las roncas cornejas jamás llegan
 Aunque las brinde el humo de las aras.
 Huyen tan azoradas las cornejas,
 No los vivos enojos de Minerva,
 Que con su vigilancia provocaron,      1110
 Según lo cantan los poetas griegos;
 Antes bien los vapores de este sitio,
 Muy suficientes para hacer se vuelvan,
 También cuentan que en Siria hay otro averno
 Do los mismos cuadrúpedos no pueden
 Sus pasos dirigir sin que al momento
 Los haga el vaho caer muertos en tierra,
 Así como si fueran conducidos
 A inmolarlos a dioses del Infierno.
 Efectos naturales, pues, son todos,    1120
 Y se puede atinar bien con sus causas
 Sin presumir que sean estos sitios
 Mucho más bien las puertas infernales
 Por do los dioses del obscuro imperio
 Atraen quizá las almas de los muertos
 Sobre la orilla de Aquerón; conforme
 A la opinión común de que la simple
 Aspiración de los ligeros ciervos
 Saca de sus guaridas las serpientes.
 Recuerda la doctrina que he inculcado,         1130
 A saber, que la tierra en sí contiene
 Un número muy grande de elementos
 Configurados de distinto modo:
 Que hacen vivir al hombre muchos de ellos;
 Que otros engendran las enfermedades
 Y aceleran su muerte: también dije
 Más o menos análogos ser todos
 A conservar diversos animales
 Según sus diferentes contexturas
 Y su naturaleza muy diversa    1140
 Y elementales configuraciones:
 Entran muchos hiriendo los oídos;
 Despidiendo otros un olor ingrato,
 Con gran molestia hieren el olfato;
 Otros evita el tacto, otros la vista,
 Y son otros al gusto desabridos:
 La experiencia te enseña cuantos cuerpos
 Producen en el hombre sensaciones
 Ingratas y molestas y penosas.
 Hay árboles que tienen una sombra      1150
 Cargada de moléculas dañosas,
 La cual causa dolores de cabeza
 Muy fuertes a cualquiera que se tiende
 Debajo a descansar sobre la hierba.
 Del Helicón en la elevada cumbre
 Hay un árbol también que mata al hombre
 Con el olor infecto de sus flores:
 Y nacen todas estas producciones
 De la tierra, porque ella en sí contiene
 Gran copia de semillas combinadas      1160
 De modos infinitos y diversos,
 Con cuyas secreciones alimenta
 Cada individuo de por sí la tierra.
 Y recién apagada la luz echa
 Un olor de su pábilo, que afecta
 Desagradablemente nuestro olfato,
 Adormece los hombres y los tumba
 Como si padecieran la epilepsia:
 Y se cae la mujer adormecida
 Con el olor subido del castóreo;       1170
 Y la obra delicada se desliza
 De entre sus tiernas manos si lo huele
 Al tiempo de pagar menstruo tributo:
 Además también hay otras substancias
 Que aflojan el sistema de los miembros
 Y el alma recogida bambolean:
 En fin, si te estuvieres mucho tiempo
 En un baño caliente, o te sumerges
 En el mismo saliendo de la mesa,
 ¡Cuánto no hay que temer el que te caigas      1180
 En medio de las aguas sin sentido!
 Y el activo vapor de los carbones
 ¡Qué pronto se introduce en el cerebro
 Si no bebemos agua de antemano!
 Golpe de muerte da el olor del vino
 A aquel hombre que tiene consumidos
 Todos sus miembros en la ardiente fiebre.
 ¿No ves también cómo en la misma tierra
 Nace el azufre y el betún que exhalan
 Un olor penetrante? Por fin, cuando    1190
 Con el hierro en la mano van los hombres
 Rasgando las entrañas de la tierra
 Para buscar las venas de oro y plata,
 ¿Qué vapores no salen de la mina?
 ¿Qué olores tan mortales no se exhalan
 De este rico metal que yace en ella?
 ¿No ves la cara y tez descolorida
 De los míseros que andan condenados
 Por la ley a trabajos tan penosos?
 ¿Cuán en breve perecen no has oído     1200
 Y cuán corto es el plazo de su vida?
 Así, es preciso que la tierra exhale
 Todos estos vapores esparcidos.
 Por fuera en las llanuras de los aires.
 Así deben también avernos sitios
 Echar de sí mortíferos vapores
 A las aves; los cuales se levantan
 Desde la misma tierra por los aires,
 Y parte de la atmósfera envenenan,
 Y cuando llega allí volando el ave,    1210
 La ponzoña invisible la entorpece
 Allí su movimiento, y cae derecha
 Donde el vapor dirige su caída;
 Do, ya precipitada, el mismo tufo,
 Entonces más activo lanza fuera
 De sus miembros los restos de la vida;
 Porque el primer ataque solo excita
 En el ave unas ciertas convulsiones;
 Pero ya que una vez están caídas
 Las aves en las fuentes ponzoñosas,    1220
 Allí el último aliento de la vida
 Exhalan de ponzoña circundadas.
 Puede también que estas exhalaciones
 Enrarezcan la masa de aire puesta
 Entre la tierra y aves, de manera
 Que esté casi vacío aquel espacio:
 Cuando vienen volando por encima
 De estos sitios las aves, al momento
 En medio del vacío inútilmente
 Mueven las alas, ni su esfuerzo ayuda  1230
 Alguna reacción, porque, no hallando
 Mas apoyo en el aire, y no pudiendo
 Sostenerse en sus alas, las obliga
 Con su peso a caer naturaleza;
 Y ya tumbadas dentro del vacío,
 Por los poros del cuerpo echan el alma.
 Está más fría el agua de los pozos
 En el estío porque enrareciendo
 El calor a la tierra, prontamente
 Disipa por los aires las semillas      1240
 De fuego que tal vez en sí contiene.
 Cuando más caldeada esté la tierra,
 Tanto más fría debe estar el agua
 Escondida en su seno; y al contrario,
 Cuando aprieta, condensa y une el frío
 Toda su superficie, debe entonces
 Por esta, comprensión hacer que se entre
 En lo hondo de los pozos todo el fuego
 Que haya diseminado por la tierra.
 Junto al templo de Ammón hay una fuente        1250
 Que está helada entre día, según dicen,
 Y caliente de noche: mucho admiran
 Los hombres esta fuente, y se persuaden
 Que oculto el sol debajo de la tierra,
 La calienta al instante que la noche
 Cubre la tierra con terrible sombra:
 Pero esta explicación es muy contraria
 A la filosofía verdadera:
 Porque si el sol, que tanta fuerza tiene
 Sobre nuestras cabezas levantado,      1260
 Por contacto inmediato no ha podido
 Siquiera calentar la superficie,
 ¿Cómo debajo de los pies podría
 Por medio de una masa tan espesa
 Como la tierra hacer hervir el agua
 Y en ella introducir su ardiente fuego,
 Cuando el ardor apenas de sus rayos
 Penetra las paredes de las casas?
 ¿Del fenómeno, pues, cuál es la causa?
 Es que la tierra está más esponjosa    1270
 Y que en ígneas semillas más abunda
 Junto a la fuente que por más afuera:
 Cuando en sus sombras húmedas la noche
 El orbe sepultó, la tierra al punto
 Que cerca el manantial se va enfriando,
 Y encógese como si la apretaran
 Con la mano, de modo que en la fuente
 Exprime las partículas de fuego
 De que ella esta impregnada, y comunica
 Al agua aquel calor que experimentan   1280
 El tacto y paladar: cuando los rayos
 De sol nacientes de seguida abrieron
 Los poros de la tierra, y su tejido
 Enrareció la mezcla de sus fuegos,
 Se vuelven a su asiento primitivo
 Las partículas ígneas, y se cuela
 Todo el calor del agua por la tierra:
 Fría está así la fuente por el día.
 Por otra parte, herida el agua entonces
 Por los rayos del sol, y enrarecida    1290
 Con sus trémulos fuegos, es preciso
 Exhale los corpúsculos de fuego
 Que ella contiene, así como despide.
 Las moléculas, frías otras veces,
 Y deshace los hielos que la ataban
 Y como prisionera, la tenían.
 También hay una fuente de agua fría
 Sobre la cual, echando alguna estopa
 Se enciende y echa llamas de repente,
 Y una tea se prende de este modo,      1300
 Y va luciendo en medio de las aguas
 Por do su luz nadante el aire impele:
 Sin duda porque el agua de esta fuente
 Contiene en sí muchísimas semillas
 De fuego, y es preciso que reciba
 De aquella tierra que es como su lecho
 Un montón de partículas de fuego,
 Que subiendo a lo alto se derraman
 Por toda el agua, y por defuera a un tiempo.
 Se exhalan, y se esparcen por los aires;       1310
 Pero no son tan vivas las semillas
 Que puedan calentar la misma fuente.
 Una impulsión secreta determina
 Todas estas moléculas dispersas
 A salir pronto fuera y congregarse
 Por encima del agua: de este modo,
 El agua dulce de la fuente Aradia
 Corre y aparta las saladas ondas
 De alrededor: y en otras muchas playas
 Ofrece el mar recursos semejantes,     1320
 Gratos a los sedientos marineros,
 Manando el agua dulce entre saladas.
 Pues por un mecanismo semejante
 Las partículas ígneas salir pueden
 Entre las ondas, y lanzarse fuera
 Para encender la estopa: luego que ellas
 Allí están reunidas, y se pegan
 A la substancia de la tea, al punto
 Se prenden fácilmente, porque tienen
 Gran número de partes inflamables      1330
 Las estopas y teas por su parte.
 ¿No ves cómo la lámpara que acaba
 De morir, si la arrimas a otra que arde,
 Antes de ser tocada arde de nuevo?
 Pues lo mismo sucede con la tea:
 Ahora no trato yo de muchos cuerpos
 Que se inflaman de lejos con la misma
 Impresión del calor, antes que llegue
 A tocarlos de cerca el mismo fuego:
 Luego de aquella fuente los efectos    1340
 Pueden ser explicados, de este modo.
 Empezaré tratando yo al presente
 Por qué ley natural al hierro puede
 Atraer esta piedra que los griegos
 Magnética llamaron en su lengua;
 Por qué tienen el nombre de Magnesios
 Los pueblos y el país donde se encuentra.
 Admíranse los hombres de esta piedra,
 Porque viene a formar una cadena
 De pendientes anillos unos de otros;   1350
 A veces se ven cinco y más anillos
 Que van en línea recta descendiendo,
 Y los agitan los suaves aires,
 Y uno debajo de otro asido cuelga;
 Y ellos se comunican mutuamente
 La virtud atractiva de la piedra:
 Tanto su actividad llega a extenderse.
 Antes que estos fenómenos explique
 Tengo yo que sentar muchos principios
 Pata decir la causa verdadera:         1360
 Sólo podemos arribar a ella
 Por medio de grandísimos rodeos:
 Presta, pues, atención a mis palabras.
 Debes tener presente desde luego
 Que todos cuantos cuerpos vemos lanzan
 Perpetuamente unos derramamientos,
 Unas emanaciones que nos hieren
 Los ojos, y producen en nosotros
 La sensación de ver; y los olores
 No son más que continuas emisiones     1370
 De ciertos cuerpos: como emana el río
 De fluidos, y emanan los calores
 Del sol, y de la mar la sal que roe
 Los edificios que hay en las riberas:
 Cuando nos paseamos en la playa
 De continuo nos zumban los oídos,
 Y un salino vapor entra en la boca
 Hiriendo el paladar jamás miramos
 Preparar el ajenjo sin que al punto
 El amargor sintamos: luego envían      1380
 Todos los cuerpos siempre emanaciones
 De toda especie, las que se dirigen
 A todas partes sin reposo alguno
 Y sin cesar jamás, pues de continuo
 Tenemos sensaciones, y podemos
 Ver, y oler y oír a cada instante.
 Te volveré a traer a la memoria
 Lo porosos que son todos los cuerpos;
 Un principio que ya te he demostrado
 En el Canto primero del poema,         1390
 Que nos da a conocer muchas verdades;
 Mas sobre todo explica de tal suerte
 El fenómeno extraño que pretendo,
 Declararte ahora mismo, que no puedo
 Prescindir de probarte nuevamente
 Que de todos los cuerpos conocidos
 No existe uno siquiera que no tenga
 Su tejido mezclado con vacío.
 Las bóvedas chorrean en las grutas
 Un humor que destilan gota a gota:     1400
 Mana el sudor por todo nuestro cuerpo:
 Crece la barba y pelos en los miembros:
 Repartido el sustento por las venas,
 Sostiene y acrecienta los extremos
 De nuestro cuerpo, y aun las mismas uñas:
 También sentimos que el calor y frío
 Penetran por el cobre, y por la plata
 Y por el oro su impresión sentimos
 Cuando tenemos una copa llena:
 Por último, atraviesan los sonidos     1410
 El espesor de la pared, y se entran
 Por ellas el olor, calor y frío;
 Traspasan aun de hierro la coraza
 Que ciñe todo el cuerpo del guerrero:
 Vienen de fuera las enfermedades
 Casi por lo común; y los contagios
 Que nacen de la tierra, o en el aire,
 Así como se forman se disipan,
 En un instante porque no hay un Cuerpo
 Que no encierre vacío en su tejido.    1420
 Añádase que las emanaciones
 De los cuerpos no tienen todas ellas
 Unas mismas sensibles cualidades
 Ni igual analogía con los cuerpos
 Sobre los cuales obran: ante todo,
 El sol cuece la tierra y la deseca,
 Mientras derrite el hielo y con sus rayos
 Hace que corran de los altos montes
 Nieves amontonadas, y liquida
 Con su mismo calor, en fin, la cera:   1430
 También disuelve el fuego cobre y oro,
 Mientras contrae y encoge carne y cueros:
 A la verdad, el hierro caldeado
 Adquiere un nuevo grado de dureza
 Cuando le echan en agua; y al contrario,
 Endureciendo el fuego carne y cuero,
 El agua los ablanda; el acebuche,
 Cuyo amargor es insufrible al hombre,
 Es para las cabrillas más sabroso
 Que el néctar y ambrosía. Por fin, huye        1440
 La mejorana el cerdo de ordinario,
 Y teme toda clase de perfumes,
 Porque son el veneno más activo
 Para el cerdoso puerco los que a veces
 Parece que nos vuelven a la vida:
 Por el contrario, empero, siendo el cieno
 La misma suciedad para nosotros,
 Parece a los marranos lo más limpio,
 Do se revuelcan todos sin hartura.
 Aún me falta sentar otro principio     1450
 Antes que empiece a hablar de lo que he expuesto,
 Y es que, teniendo muchos intersticios
 Todos los cuerpos, no deben aquéllos
 Ser entre sí del todo semejantes;
 Antes debe tener cada uno de ellos
 Naturaleza y usos peculiares:
 Porque los animales ciertamente
 Tienen varios sentidos, y cada uno
 Tiene su objeto propio: los sonidos
 Por sus propios conductos se insinúan;         1460
 Los sabores y olores van por otros
 Que tienen ciertamente analogía
 Con su naturaleza y su tejido:
 Además, hay también emanaciones
 Que penetran las piedras, y otras pasan
 Por la madera, y otras por el oro,
 Y algunas por la plata y por el vidrio,
 Porque los simulacros se introducen
 Por los poros del vidrio, y se insinúa
 El calor en los poros, de oro y plata:         1470
 Y hay corpúsculos que entran más ligeros,
 Y otros más tardos, por el mismo cuerpo.
 Arriba dije que estas diferencias
 Son una consecuencia necesaria
 De la infinita variedad que ha puesto
 Y ha establecido la Naturaleza
 Entre los intersticios de los cuerpos.
 Con tanta solidez establecidas
 Todas estas verdades proemiales,
 Es fácil explicar lo que buscamos,     1480
 De suyo descubriéndose la causa
 De la atracción del hierro: desde luego
 Es preciso que emanen de continuo
 De la misma substancia de la piedra
 Infinitos corpúsculos, o sea,
 Un activo vapor que con sus golpes
 Dé raridad a aquel aire que media
 Entre el imán y el hierro: cuando encuentran
 Este espacio intermedio ya vacío
 Se dirigen a él en el momento  1490
 Los principios del hierro muy unidos,
 Por lo que todo el cuerpo del anillo
 Sigue la misma dirección: no hay cuerpo
 Que tenga los principios más trabados
 Que los del hierro, este metal tan firme
 Que casi es al calor inaccesible.
 No es maravilla, como dije antes,
 Que la tendencia de sus elementos
 En número copioso hacia el vacío
 Arrastren tras de sí todo el anillo:   1500
 Así es en realidad, y siempre avanza
 Hasta que toca con la misma piedra
 Y se une con compases invisibles:
 Obra el imán en todas direcciones
 El vacío se forma en todas partes,
 Bien hacia arriba, bien lateralmente;
 Los anillos vecinos al momento
 Se inclinan al espacio enrarecido,
 Conducidos de choques exteriores,
 Pues su misma tendencia no podría      1510
 De esta manera unirlos en el aire:
 Otra causa hay también que favorece
 A aquesta dirección, y que acelera
 El movimiento: y es que, apenas
 El aire se enrarece, y el vacío
 Por la parte de encima del anillo
 Llega a formarse, en el momento el aire
 Inferior, sacudiendo en el anillo,
 Le impele por detrás en cierto modo,
 Porque todos los cuerpos son batidos   1520
 Sin cesar por el aire que los cerca:
 Pero en esta ocasión hacen los golpes
 Avanzar el anillo, porque arriba
 Hay un vacío para recibirle:
 Cuando el aire que digo se ha esparcido
 En los poros del hierro y se ha insinuado
 Hasta sus más sutiles elementos,
 Los impele y los hace que adelanten
 Como el viento las velas y la nave.
 Deben, en fin, tener todos los cuerpos         1530
 El aire en su tejido, porque todos
 Son porosos, y el aire de continuo
 Los rodea y los toca; pues metido
 Este fluido sutil dentro del hierro,
 Se agita con continuo movimiento,
 Y por esto sacude en el anillo
 Y por dentro sin duda le menea,
 Y ya con él se inclina hacia el vacío
 Al cual todas sus fuerzas encamina
 También sucede alguna vez que el hierro        1540
 Se aparta del imán: algunas veces
 Le huye y le sigue alternativamente:
 Hierro de Samotracia y limaduras
 He visto yo saltar y revolverse
 En un vaso de cobre si acercaban
 Esta piedra de imán por el asiento;
 El hierro parecía que impaciente
 Huía de la piedra: hace que nazca,
 Tanta discordia el interpuesto cobre,
 Porque sin duda, las emanaciones       1550
 Del cobre entonces se apoderan antes
 Y poseen del hierro los conductos:
 Las del imán, que vienen en seguida,
 Todos los pasos hallan ocupados,
 Y no pudiendo entrarse como antes
 Con precisión se arrojan sobre el hierro,
 Y chocan con sus olas el tejido
 De este metal: la piedra así repele,
 Y agita por el cobre el mismo cuerpo,
 que sin este obstáculo se uniera.      1560
 No debes extrañar que no produzcan
 El mismo efecto las emanaciones
 De piedra imán sobre los otros cuerpos;
 La pesadez de algunos, como el oro,
 Los tiene inmobles; y otros, como el leño,
 Tienen poros muy anchos, por los cuales
 Pasan emanaciones sin tocarlos
 Y sin causar agitación en ellos:
 Entre estas dos especies tiene el medio
 El tejido del hierro, al cual impelen  1570
 De esta manera las emanaciones
 De piedra imán cuando impregnado se halla
 De unas ciertas partículas de cobre.
 Sin embargo, el fenómeno que explico
 No es tan extraño en la naturaleza
 Que no pueda citar otras uniones
 Tan íntimas como éstas: ves trabarse
 Por medio sólo de la cal las piedras,
 Y la cola de toro une las tablas
 Tan fuertemente, que antes faltarían   1580
 Las vetas y las partes esenciales
 De la madera que esta unión faltase:
 Gusta el vino mezclarse con el agua;
 La pez no puede hacerlo con su peso,
 Ni con su levedad puede el aceite:
 Se identifica tanto con la lana
 La púrpura, que no puede quitarse
 De modo alguno su color, aun cuando
 Se intente renovarle a fuerza de agua,
 Aun cuando todo el mar quiera lavarle  1590
 Y con todas sus aguas desteñirle:
 El oro se incorpora con la plata
 Con la ayuda del fuego, últimamente,
 Y une el estaño cobres diferentes:
 ¿Y cuántas otras mezclas encontrara
 Tan íntimas como ésta si quisiera?
 ¿Pues, cómo no? porque no necesitas
 De tantas menudencias, y no es justo
 Que emplee en esto yo un trabajo inútil:
 Réstanos abrazar en un principio       1600
 Muchos hechos a un tiempo: si dos cuerpos
 Se encuentran con tejidos tan opuestos
 Que a los huecos del uno correspondan
 Eminencias del otro, su juntura
 Es muy perfecta: así pueden juntarse
 Con especies de anillos y de anzuelos,
 Como sucede en el imán y el hierro.
 Ahora voy a explicarte yo la causa
 De las enfermedades contagiosas;
 De estas plagas terribles, que derraman        1610
 Sobre hombres y ganados de repente
 La mortandad. Primero enseñé arriba
 Que en la atmósfera había una gran copia
 De corpúsculos, que unos dan la vida,
 Enfermedad y muerte engendran otros:
 Cuando da ser Acaso a los postreros
 El aire se corrompe y se inficiona:
 La enfermedad activa y pestilente
 O de clima extranjero es transmitida
 Por la vía del airé, como nubes        1620
 Y tempestades, o del mismo seno
 De la tierra se engendra, cuando han sido
 Corrompidos sus húmedos terrones
 Con el calor y lluvias desregladas.
 ¿No observas tú que la mudanza de aire
 Y la del agua la salud atacan»
 Del hombre que está lejos de su patria?
 Porque allí encuentra un aire diferente
 Del que ha solido respirar en casa.
 ¿Por ventura, no encuentras diferencia         1630
 Entre la inglesa atmósfera y Egipto,
 Por do el eje del mundo se ladea?
 ¿Y no difieren entre sí los climas
 Del Ponto, y el que llega desde Cádiz
 Hasta los pueblos negros y tostados?
 Como estas cuatro plagas se hallen puestas
 A cuatro vientos, como estén situadas
 Bajo de cuatro climas diferentes,
 En situación tan sólo no difieren,
 Sino también en el color y forma       1640
 De sus habitadores, y parece
 Que están sujetos a distintos morbos.
 Es una enfermedad la elefancía
 Que nace hacia las márgenes del Nilo,
 No en otra parte, en medio del Egipto:
 En Ática, las piernas adolecen,
 Y los ojos enferman en Acaya,
 Y otras tierras atacan otros miembros;
 Del aire nacen estas diferencias:
 Porque si el aire de extranjero clima  1650
 De peligrosa cualidad dotado
 Se muda y va viniendo hacia nosotros,
 Se arrastra lentamente como nube
 Altera y muda todas las regiones
 De la atmósfera por donde camina:
 Cuando llegó a la nuestra últimamente
 La corrompe, y así se la asimila
 Y nos la hace contraria: se derrama
 Este nuevo contagio y pestilencia
 Al punto por las aguas, y se pega      1660
 A las mieses y humanos alimentos
 Y a la comida pastos de ganados;
 O se queda colgado algunas veces
 Su contagio en el aire, y no podemos
 Respirar este fluido mezclado
 Sin sorber su infección al mismo tiempo.
 Coge la pestilencia de ordinario
 Lo mismo al buey que a la balante oveja:
 ¿Pué importa que nosotros nos vayamos
 A otro clima mal sano y enfermizo      1670
 A una atmósfera nueva; que nos traiga
 Naturaleza un aire pestilente
 Y extranjeros corpúsculos que puedan
 Con su pronta irrupción darnos la muerte?
 Unas enfermedades de esta especie,
 Causadas por mortíferos vapores,
 En los pasados tiempos devastaron
 Los campos de los términos Cecropios,
 E hicieron los caminos soledades,
 Dejaron la ciudad sin pobladores;      1680
 Porque naciendo en lo interior de Egipto,
 Después de atravesar vastos espacios
 De aire y de mar, por último se echaron
 Y sobre el pueblo de Pandión cayeron:
 Todos los habitantes a millares
 Se rendían al morbo y a la muerte:
 La enfermedad cogía la cabeza
 Con fuego devoraz, y se ponían
 Los ojos colorados y encendidos;
 Estaba la garganta interiormente       1690
 Bañada de un sudor de negra sangre,
 Y el canal de la voz se iba cerrando
 En fuerza de las úlceras; la lengua,
 Intérprete del alma, ensangrentada,
 Débil con el dolor, pesada, inmóvil,
 Áspera al tacto: cuando descendía
 Después aquel humor dañoso al pecho
 Desde las fauces, y se recogía
 Alrededor del corazón enfermo,
 Entonces los apoyos de la vida         1700
 A un tiempo vacilaban, y la boca
 De adentro un olor fétido exhalaba
 Como el de los cadáveres podridos;
 Y las fuerzas del alma se perdían,
 Y con su languidez tocaba el cuerpo
 En los mismos umbrales de la muerte.
 Se juntaba a estos males insufribles
 Una congoja de inquietud perpetua
 Y una queja revuelta con gemidos,
 Y sollozar perenne noche y día,        1710
 Que sin cesar los nervios irritando,
 Envarando los miembros, desatando
 Las articulaciones, consumían
 A los que sucumbían ya cansados
 A la fatiga. Las extremidades
 De sus cuerpos no obstante parecían
 Estar no muy ardientes, ofreciendo
 Tibia impresión al tacto: al mismo tiempo
 Estaba colorado todo el cuerpo,
 Con úlceras así como inflamadas,       1720
 Como si hubiera sido derramado
 Fuego de San Antón sobre sus miembros.
 Un ardor interior los devoraba
 Hasta los mismos huesos, y la llama
 En su estómago ardía como hornaza:
 La más ligera ropa los ahogaba;
 Al aire y frío expuesto de continuo,
 Unos a helados ríos se tiraban
 A causa de aquel fuego en que se ardían,
 En las aguas más frías zabullendo;     1730
 Desnudo el cuerpo se arrojaban otros
 En hondos pozos; con la boca abierta,
 Ansiosos de beber, a ellos venían,
 Y su insaciable sed no distinguía
 Las aguas abundantes de una gota
 Cuando sus cuerpos áridos metían:
 Ningún descanso el mal les otorgaba;
 Tendido estaba el cuerpo fatigado;
 La medicina al lado barbotaba
 Con temor silencioso: revolvían        1740
 Noches enteras sus ardientes ojos
 A un lado y otro sin probar el sueño.
 Y muchos otros síntomas mortales
 Se notaban también además de éstos:
 Alma agitada de temor y pena
 Sobrecejo furioso y hosco rostro,
 Los oídos inquietos con zumbidos,
 Viva respiración, o fuerte y lenta,
 Cuello bañado de un sudor brillante,
 Poca saliva como azafranada    1750
 Y cargada de sal de sus gargantas
 Con fuerte tos apenas arrojada.
 Se aticiaban los nervios de las manos,
 Los miembros tiritaban, y subía
 El frío de la muerte poco a poco
 Desde los pies al tronco: últimamente,
 Al acercarse el tiempo postrimero
 Tenían las narices encogidas
 Y su punta afilada, ojos hundidos,
 Huecas las sienes, la piel fría y ruda,        1760
 Los labios abultados, resaltaba
 Tirante frente; a poco fallecían:
 El sol octavo o nono los veía
 Las más veces lanzar su último aliento.
 Mas si alguno escapaba de la muerte,
 Como a las veces sucedía, en fuerza
 De secreciones de úlceras malignas
 Y de negros despeños, sin embargo,
 La misma podre y muerte le aguardaban,
 Aunque más tarde: sangre corrompida    1770
 De su nariz corría en abundancia,
 Con dolores muy fuertes de cabeza;
 Todas las fuerzas, toda la substancia
 Del hombre así llegaban a perderse.
 Si no salía el mal por las narices,
 Y si no ocasionaba esta hemorragia,
 Atacaba los nervios, se extendía
 El morbo por los miembros, y cogía
 Hasta las mismas partes genitales:
 Y unos, temiendo la cercana muerte,    1780
 Vivían por el hierro mutilados
 De su virilidad; privados otros
 De manos y de pies, quedaban vivos;
 Y perdían, en fin, otros la vista:
 Tan poderoso miedo de la muerte
 Cogió a estos infelices, y hubo algunos
 Que perdieron del todo la memoria
 Y aun a sí mismos no se conocían.
 Aunque en tierra yacían insepultos
 Montones de cadáveres, las aves        1790
 Y voraces cuadrúpedos huían
 Su hedor intolerable, y no tardaban,
 Si los probaban, en perder la vida:
 Las aves, sin embargo, no salían
 Impunemente por aquellos días,
 Ni dejaban las fieras alimañas
 Las selvas por la noche; casi todas
 Sucumbían al morbo y fenecían:
 Principalmente los leales perros
 En medio de las calles extendidos      1800
 Enfermos daban el postrer aliento,
 Que arrancaba el contagio de sus miembros.
 Precipitadamente arrebataban
 Sin pompa los cadáveres: no había
 Allí un seguro y general remedio:
 La pócima que había prolongado
 La vida a unos, a otros daba muerte.
 Pero allí lo más triste y deplorable
 Era que algunos de estos infelices
 Que se veían presa del contagio        1810
 Se despechaban como criminales
 Condenados a muerte, se abatían,
 Veían siempre a par de sí la muerte,
 Y en medio de terrores perecían.
 Multiplicaba empero las exequias
 Principalmente el ávido contagio,
 Que no cesaba ni un instante solo
 De irse comunicando de uno en otro;
 Porque aquéllos que huían las visitas
 De dolientes amigos por codicia        1820
 De la vida o por miedo de la muerte,
 Víctimas insensibles perecían
 Dentro de poco tiempo, abandonados,
 Necesitados y menesterosos,
 Como lanar ganado y como bueyes:
 Mas los que no temían presentarse
 Al contagio y fatiga se rendían,
 Viendo que el pundonor y tiernas quejas
 De amigos moribundos precisaban
 Entonces a llenar estos deberes.       1830
 Porque el más virtuoso ciudadano
 Acababa la vida con tal muerte:
 Y después de enterrar la muchedumbre
 De sus prendas más caras, se volvían,
 Fatigados de llantos y gemidos,
 A encamarse, muriendo de tristeza:
 Por fin, en estos tiempos de desastre
 Muertos o moribundos, o infelices
 Que los lloraban, sólo se veían.
 Además, ya pastores y vaqueros         1840
 Y el fuerte conductor del corvo arado
 Enfermaban también, y los buscaba
 La contagión dentro de sus cabañas,
 Y allí los daban muerte inevitable
 La pobreza y el morbo: se velan
 A veces los cadáveres tendidos
 De los padres encima de los hijos,
 Y los hijuelos el postrer aliento
 Sobre padres y madres exhalaban.
 El contagio en gran parte provenía     1850
 De la gente del campo, que a millares
 A la ciudad enfermos acudían:
 Todos los sitios públicos y casas
 Estaban llenos; por lo mismo entonces
 Con más facilidad amontonaba
 Apiñados cadáveres la muerte.
 Muchos de sed morían en las calles;
 Y después de haber otros arrastrado
 Hacia las fuentes públicas sus cuerpos,
 Sin vida allí quedaban extendidos,     1860
 Ahogados al sentir la gran dulzura
 Que les causaba el agua que bebían:
 Y las calles estaban ocupadas
 De unos lánguidos cuerpos medio muertos
 Hediondos y sucios y andrajosos,
 Cuyos miembros podridos se caían:
 La piel sola tenían sobre el hueso,
 En la que ya las úlceras y podre
 Habían producido el mismo efecto
 Que hace la sepultura en el cadáver.   1870
 La muerte, en fin, llenó de cuerpos muertos
 Todos los templos santos de los dioses,
 Y estaban de cadáveres sembrados
 Todos los edificios de deidades;
 Los hicieron posadas de finados
 Los sacristanes: importaba poco
 La religión ya entonces y los dioses,
 Porque el dolor presente era excesivo.
 Y se olvidó este pueblo en sus entierros
 De aquellas ceremonias tan antiguas    1880
 Que en sacros funerales se observaban:
 Andaba todo él sobresaltado,
 Y en este general abatimiento
 Cada cual enterraba a quien podía:
 Y la necesidad y la indigencia
 Horrorosas violencias inspiraron;
 Porque algunos gritando colocaban
 A sus parientes en la pira ajena,
 Y poniéndola fuego por debajo,
 Con mucha sangre a veces pendenciaban  1890
 Antes que los cadáveres soltasen.      1891


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