Íslendingabók/7
El Rey Óláfr, hijo de Tryggvi, hijo de Óláfr, hijo de Haraldr Cabellera Hermosa, trajo la Cristiandad de Noruega a Islandia.
Envió un sacerdote al país, de nombre Þangbrandr, que instruyó a la gente en el cristianismo y bautizó a todo aquel que aceptara la fe. Y Hallr Þorsteinsson mismo, de Síða, fue bautizado, así como Hjalti Skeggjason de Þjórsdalr, Gizurr el Blanco, hijo de Teitr de Mosfell, hijo de Ketilbjörn, y muchos otros caciques. También hubo, por otro lado, mucha gente que habló en contra de esto y que lo rechazó. Y cuando Þangbrandr estuvo aquí por dos años, se fue, habiendo matado a dos o tres hombres que lo habían insultado. Y cuando volvió al este le contó al Rey Óláfr todo lo que le había sucedido aquí, dando la impresión de que el cristianismo no iba todavía a calar hondo en el país. Pero el Rey se enojó bastante por eso y planeó matar o tullir a aquellos de nuestro pueblo que estuvieran en el este.
Aquel mismo verano Gizurr y Hjalti viajaron hacia allí y convencieron al Rey de no hacerlo, y prometieron que organizarían un nuevo intento de que el cristianismo fuera aceptado aquí, y dieron la impresión de que no esperaban más que tener éxito.
El verano siguiente ellos junto con un sacerdote llamado Þormóðr viajaron desde el este y, habiendo salido todo bien, llegaron a Vestmannaeyjar cuando habían pasado ya diez semanas del verano. Teitr, que se encontraba allí, fue quien reportó esto.
El verano anterior se había declarado por ley que todos debían asistir al Alþingi al pasar diez semanas de verano. Los viajeros fueron desde allí hasta la isla principal, al Alþingi, y escucharon decir a Hjalti que había vuelto a Laugardalr con doce hombres porque había sido condenado a un exhilio de tres años el verano anterior por negar a los dioses. La razón fue que dijo estos versos en la Roca de la Ley:
No quiero defraudar a los dioses,
Gizurr y compañía viajaron hasta llegar al lugar de Ölfossvatn llamado Vellankatla, y mandaron a decir a la asamblea que todos quienes los apoyaran debían ir a encontrarse con ellos, porque habían tomado conocimiento de que sus oponentes querían censurarlos. Y antes de que partieran, Hjalti y los que estaban con él los encontraron.
Luego cabalgaron hasta la asamblea, y primero sus parientes y amigos fueron a encontrarse con ellos, tal como habían pedido. Pero luego los paganos se reunieron, armados, y estaba tan cerca de iniciarse una pelea que nadie podía vislumbrar otra solución. Pero al día siguiente, Gizurr y Hjalti caminaron hasta la Roca de la Ley y predicaron. Y se dice que fue asombroso lo bien que hablaron. Y debido a eso resultó que cada persona nombró a otra como testigo, y cada bando, cristianos y paganos, declararon al otro como fuera de su jurisdicción, y partieron del lugar.
Luego los hombres cristianos le pidieron a Hall de Síða presentar sus leyes, aquellas que los cristianos debieran seguir. Pero él de desembarazó de la responsabilidad haciendo un acuerdo con Þorgeirr, de que Þorgeirr, el vocero, debía presentarlas, aunque era todavía pagano.
Posteriormente, cuando todos habían regresado a sus cabañas, Þorgeirr se recostó cubriéndose con una manta, permaneciendo así todo el día y la noche que le siguió, sin decir una palabra. A la mañana siguiente, al levantarse, anunció que todos debían ir a la Roca de la Ley.
Cuando la gente llegó, él comenzó su relato, y dijo que le parecía que la situación colectiva sería insostenible si no compartían todos una sola ley en el país, y argumentó de muchas formas que eso no debía pasar, y dijo que la discordia estaría asegurada, que habría conflictos y luchas entre las personas y se arrasaría la tierra. Habló de cómo los reyes de Dinamarca y de Noruega habían tenido discordia y guerras entre ellos durante largos años, hasta que las gentes de dichos países hicieron las paces, aunque en casos no era eso lo que querían. Y lo que surgió de las negociaciones fue que a veces se enviaban unos a otros preciosos regalos, y mientras vivieron, la paz perduró. "Ahora se me aparece la idea", dijo, "de que nosotros tampoco deberíamos aceptar el camino en el que en nuestro pueblo nos oponemos los unos a los otros, y que debemos aceptar un compromiso entre las dos partes, tal que ambas se salgan con la suya hasta un cierto límite, y tengamos una sola ley y unas solas costumbres. Debe ser tenido por cierto que si dividimos nuestra ley en dos, también en dos vamos a partir nuestra paz".
Y cuando cerró su discurso, ambos bandos acordaron tener entre todos una sola ley, que era lo que él había propuesto. Luego se declaró como ley que todos debían ser cristianos y debían aceptar el bautismo, pero que las fiestas de los niños, así como la ingesta de carne de caballo, debían permanecer en la ley tradicional. La gente debía llevar a cabo sacrificios en secreto si quería evitar un exhilio de tres años, que era lo que debía suceder en caso de haber testigos. Y al cabo de unos años, esa práctica pagana también fue eliminada, como el resto.
Teitr nos comunicó su relato de cómo el cristianismo llegó a Islandia. Y Óláfr Tryggvason cayó ese mismo verano, de acuerdo al sacerdote Sæmundr. Luchó luego contra el Rey Sveinn Haraldsson de Dinamarca, Óláfr el Sueco, el hijo de Eiríkr y rey de Svíar en Uppsala, y Eirík Hákonarson, quien fuera luego conde de Noruega. Esto fue ciento treinta años después del asesinato de Eadmundr, y mil años después del nacimiento de Cristo en la memoria universal.