(9) Reconocimiento al gobierno de García Calderón por parte del general EP Andrés A. Cáceres Dorregaray

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Jauja, Enero 21 de 1882.

  • Señor coronel
  • Arnaldo Panizo.
  • Ayacucho

Estimado amigo:

Contesto sus dos muy estimables del 4 y 10 del actual.

Al decidirme reconocer el Gobierno de García Calderón, rechazado antes por todos nosotros e inaceptable por todos motivos, he tenido por causas primordiales: 1º La intervención Norte Americana que se impone ofreciendo resultados provechosos para el país, que de otro modo, por nuestro propio esfuerzo no se pueden alcanzar 2º El haber sido este Gobierno reconocido por los EEUU y el exigirlo como el único llamado a representar el país en los arreglos de paz que se prepararan; 3º La unificación de todo el país bajo el régimen constitucional, que se exige como condición indispensable; 4º La tendencia general a la paz y la esperanza y convencimiento que todos han concebido de obtenerla a mérito de la intervención y mediante el Gobierno que éste patrocina, hasta el punto de mirar con horror todo lo que a esto se opone o parece oponerse, prueba de lo que es la oposición cruda que tanto a ese como a este Ejército se hace por toda la gente acomodada de estos pueblos; y 5º Mi decisión incontrastable de no causar el menor daño a mi patria, ni de servir jamás de estorbo a cualquier bien que se la ofrezca por razones de menor valor y mucho menos por intereses meramente personales.

Yo como U. he estado siempre por cualquier combinación que unifique al país y como U. me manifiesta, no puedo ver con tranquilidad en el poder a García Calderón y su nefasto círculo, pero pretender borrar las ideas que todos tienen de la bondad y provecho de la intervención, es pretender un imposible y contrariarlo es presentarse como enemigo de la patria y asumir una tremenda responsabilidad. Sin embargo en una de sus anteriores que contestó en mi última, me dijo Ud. que estaba por la unión por cualquier medio sin señalar excepción, lo que me hizo comprender que aún aceptaría Ud. el Gobierno provisorio; esto unido a las correspondencias de Ayacucho que me aseguraban las tendencias de ese Ejército de plegarse a Suárez, la opinión de personas eminentes a quienes había consultado, que me encarecían que no pusiese obstáculo a la intervención; las cartas de todas las personas notables de los pueblos del Centro, que me hablaban en el mismo sentido, no obstante su adhesión declarada por mi persona y últimamente la reunión de notables en este lugar, en casa del Ilustrísimo Arzobispo, en que todos han estado acordes en que desaparezca la división que nosotros sostenemos, todo ha venido obrando en mi ánimo completamente tranquilo y desinteresado, para aceptar como un mal necesario el tal régimen constitucional” Indudablemente la opinión unánime del país está en este sentido y es preciso dejar el campo libre a la intervención, hasta conocer y palpar sus beneficios o hasta reconocer nuestro error, y nuestro engaño.

Pero el reconocimiento del titulado régimen constitucional que no tiene razón legal de ser sino al imperio de las circunstancias que la intervención ha creado, no puede tampoco ser de una manera absoluta y ciega hasta entregarnos maniatados y sin condición, sino simplemente como el desprendimiento patriótico que se somete a una mala situación para salvar los intereses de la patria, teniéndolos siempre en guarda.

Si se cumple las ofertas y el país se salva, inmediatamente se convocará a elecciones para que la voluntad soberana de los pueblos reconstruya el país y entonces todos los buenos patriotas, tenemos nuestra acción expedita para impedir que los ya conocidos elementos nocivos se erijan en poder; pero si no se cumplen los ofrecimientos y resulta que todo esto no es sino una combinación engañadora, entonces tenemos derecho perfecto de desligarnos de una situación aceptada condicionalmente y solo por miramiento a la salvación de nuestros conflictos. Para ambos casos necesitamos mantenernos fuertes y unidos y conservar el ejército en el mejor pie de organización.

Cuestión tan ardua tuve la esperanza de resolverla estando juntos, con su venida; pero desgraciadamente, esto no ha podido tener lugar por motivos independientes de su voluntad y que bastante señalan el carácter hostil a nuestra manera de ser.

Me he resuelto pues, en fuerza de las circunstancias, a hacer el reconocimiento en los términos que Ud. Verá en el manifiesto que remitiré a Ud. En el próximo correo.

Aunque aquí hay las mismas resistencias para conseguir recursos, si pronto no puede Ud. Traer al ejército de su mando, haré un esfuerzo para mandarle los recursos indispensables.

Conviene reunir el ejército y organizarlo pues en todo evento, los intereses más sagrados de la patria dependen de nuestra actitud y tenemos la obligación de ser su salvaguardia y un baluarte a los dañados propósitos.

Crea Ud. Que mucho siento que no estemos juntos, para que todos mis procedimientos fueran con su acuerdo, pero abrigo el convencimiento que hará Ud. justicia aprobándolos.

Si la intervención no hubiera venido a interponerse imprimiendo en todos los ánimos la esperanza de una solución inmediata, creo que ya tendríamos todo el país unido y no me extrañaría que me confirme la noticia que me da Ud. de un nuevo movimiento en Arequipa; pronto tendremos datos seguros.

De Ud. afectísimo amigo

Andrés A. Cáceres.


  • Fuente primaria: Trascripción del Archivo Histórico Militar (Lima)