A María el corazón (Versión para imprimir)

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Personas
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A María el corazón


A María el corazón

Pedro Calderón de la Barca † JHS María Joseph

 


EL FUROR.
LA CULPA.
LA SOBERBIA.
LA AVARICIA.


LA LASCIVIA.
LA IRA.
[ENVIDIA.]
LA GULA.


LA PEREZA.
EL PEREGRINO.
EL PENSAMIENTO.


LAURETA, dama.
EL ÁNGEL.
[MÚSICA.]


>>>

Auto historial alegórico
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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


Óyense en el primero carro instrumentos músicos, y mientras se canta dentro la primer copla, sale el FUROR como oyéndola con asombro.
ÁNGEL:

(Dentro.)
Salga del Asia infiel...

MÚSICA:

[Dentro.]
Salga del Asia infiel...
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Esta sagrada fábrica divina... v

MÚSICA:

Esta sagrada fábrica divina...

ÁNGEL:

Y vaya a Europa, donde...

MÚSICA:

Y vaya a Europa, donde...

ÁNGEL:

Más venerada triunfe, reine y viva...

MÚSICA:

Más venerada triunfe, reine y viva...

ÁNGEL:

Que no ha de estar cautiva...


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


MÚSICA:

Que no ha de estar cautiva...

ÁNGEL:

En tirano poder la casa de María.

MÚSICA:

En tirano poder la casa de María.

FUROR:

«¿Que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María?».
¿Cuándo, Señor, la luminar tarea
del sol madrugará para mí un día
sin que una alba splendor de otra alba sea
en nuevas excelencias de María?
¿Cuándo, elegido empleo de tu idea,
en honra y gloria suya, en pena mía,
una aurora veré que el orbe dora
sin nuevos privilegios de otra aurora?
¿No bastaba que, estrella matutina
del mar, en el instante amaneciera
primero de su ser tan peregrina,
que a fuer de estrella ni una sombra viera,
sino que hoy Nazareth de Palestina
la casa que su oriente fue, a otra esfera
la vea sulcar en alas de querubes,
golfos de vientos, piélagos de nubes,
diciendo, para que más
atormentadas mis iras,
a vista de tanto asombro
suspiren, lloren y giman...


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MÚSICA:

Salga del Asia infiel
esta sagrada fábrica divina.

FUROR:

Si es porque vitorioso Saladino
el servil yugo vuelve a la garganta
hoy de Jerusalén, y a su destino
obediente otra vez la Tierra Santa
la cerviz dobla, ¿cómo tu divino
poder, de esclavitud, de pena tanta
tu sepulcro no saca, y de su impía
furia saca la casa de María?
Mas, ¡ay!, que como a ti no te ha tocado
ni ha podido tocar, que eres el que eres,
el más lejano viso del pecado,
mostrar, no en ti, sino en tu madre quieres
que casa que te vio Verbo Encarnado
es la que privilegias y prefieres,
como dando a entender si sería empeño
librar la casa y no librar el dueño.
Y si es esta la razón
¿qué me asombra, qué me admira
que de su centro se arranque,
de su asiento se divida?

MÚSICA:

Y vaya a Europa, donde
más venerada triunfe, reine y viva.


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FUROR:

Y aún no aquí para de portento tanto
la causa, pues se añade a este portento
cuanto de tus apóstoles y cuanto
de tus fieles su culto fue en aumento,
pues de ellos consagrada en templo santo,
ara fue del más alto sacramento
que vio tu fee, pues vio contra el sentido
cautiva la razón por el oído.
¿Qué mucho, pues, que el cielo en ese pobre
de María y Joseph, por Joaquín y Ana
vinculado solar, prodigios obre,
si sobre concepción tan soberana,
sobre tan casto matrimonio y sobre
Encarnación tan altamente humana,
de albergue de Jesús, Joseph, María,
a altar pasó de Sacra Eucaristía?
¿Que en los páramos del viento
elevada, esas festivas,
esas angélicas voces,
una y otra vez repitan...

MÚSICA:

Que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María.

FUROR:

Haciendo, porque al tomar
tierra aumente mis fatigas,
que sus cláusulas confusas
vuelvan a decir distintas...


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ÁNGEL, MÚSICA Y ÉL:

Salga del Asia infiel
esta sagrada fábrica divina
y vaya a Europa, donde
más venerada triunfe, reine y viva;
que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María.
'(Con esta repetición y las chirimías se descubra en el primer carro por elevación una fábrica pequeña sobre nubes, con cuatro ángeles en las cuatro esquinas trayéndola como en hombros, y en la fachada principal uno que viene delante, como guiando a los demás, el cual representa cantando.)'

ÁNGEL:

En esta de Dalmacia
católica provincia,
que al concepto de hoy
no en vano se llamó la Esclavonía,
es donde Dios nos manda
(¡oh aladas jerarquías!,
en cuyos hombros vuela
elevada esta fábrica en sí misma)
que la primer mansión
haga, bien como iba
del Testamento el Arca
desde un tránsito en otro peregrina,
y pues para que aquí
hoy quede, determina...


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MÚSICA:

Salga del Asia infiel
esta sagrada fábrica divina.

ÁNGEL:

Aquí descanse, en tanto
que su piedad benigna
por justos juicios suyos
a otra estación traslade sus reliquias,
ya que de paso quiere
comunique esta dicha.

MÚSICA:

Y venga a Europa, donde
más venerada triunfe, reine y viva.

ÁNGEL:

Abata, pues, el vuelo
de tan dulce fatiga,
que lo que pesa halaga,
que lo que carga dulcemente alivia,
mostrando en nuevos rumbos,
pues de infieles la libra...

MÚSICA:

Que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María.


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ÁNGEL:

Y repita pidiendo
de tan no merecida
piedad, tan no esperado
favor, a Europa albricias.

MÚSICA:

Pues salió de Asia infiel
esta sagrada fábrica divina,
quede en Europa, donde
más venerada triunfe, reine y viva;
que no ha de estar cautiva
en tirano poder la casa de María.
(Con esta repetición, dejando la casa descubierta y fija en el aire, desaparecen los ángeles.)

FUROR:

¿Cómo si tu Furor
soy, ¡oh sañuda hidra!,
que por siete gargantas
los tósigos respiras
de siete inficionados
anhélitos que vician
al Universo, cuando
en copa de oro rica,
a no hacer la razón
a los mortales brindas,
viéndome padecer
de tanto asombro a vista,
no en mi socorro vienes?


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'(Ábrese el segundo carro, que será una montaña bruta, y sale de ella una hidra de siete cabezas coronadas, de cuyas bocas penderán unas cintas que traerán, como que vienen tirando de ella la SOBERBIA, la AVARICIA, la GULA, la LASCIVIA, la IRA, la ENVIDIA y la PEREZA. Y sobre su espalda la CULPA con una copa de oro en la mano.)'
CULPA:

Como el ver repetida
en la exención hoy de esa
pobre caduca ruina
la de su dueño, cuya
planta, nunca mordida,
en la frente de un áspid
mis siete frentes pisa,
tanto, Furor, me asombra,
tanto me atemoriza,
me asusta y me estremece,
que de ti me retira
al seno deste monte,
cuya elevada cima
es a mí y mis secuaces
tumba, sepulcro y pira,
porque no sé que haya
en tocando a María,
ni poder que te valga,
ni fuerza que te asista,
pues no sólo naciendo
en gracia concebida,
pero viviendo en gracia
confirmada, a su limpia
intacta güella no hay,
en cuantas sañas vibran
esas siete gargantas,
cerviz que no se rinda.


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SOBERBIA:

Dígalo la Soberbia,
de su humildad vencida
cuando al jurarla reina
(como del Padre Hija,
como del Hijo Madre,
y como Esposa digna
del Spíritu) toda
la angélica milicia,
ella se nombra esclava,
cuya piedad sencilla
de sus triunfos me ahuyenta.
(Vase.)

AVARICIA:

Dígalo la Avaricia,
cuando su heredamiento
liberal da a la pía
obra del hospital
que a la alta medicina
de la salud del pobre
se labró en la picina.
 (Vase.)


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LASCIVIA:

Dígalo, no sé cómo
pronuncie, la Lascivia
ante una Virgen Madre,
tan pura y sin mancilla
que concibe doncella
y después de parida
doncella permanece.
(Vase.)

IRA:

Y dígalo la Ira,
también de ella postrada,
cuando madre propicia
de la misericordia
el hombre la apellida,
sin que su amparo falte
a nadie que le pida.
 (Vase.)

ENVIDIA:

También lo diga, pero
¿cómo podrá, la Envidia,
si que envidiar no tiene?
 (Vase.)

GULA:

Ni la Gula, pues pía
empobrece a limosnas,
y a la labor se aplica,
y al afán de su esposo.
(Vase.)


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PEREZA:

En que también rendida
se mira la Pereza
ganando la comida.
(Vase.)

CULPA:

Pues siendo así, Furor,
que ni en la primitiva
culpa, ni en la actual,
que de ella se origina,
pues no perdió su Gracia
la original justicia,
tengo acción contra ésa,
antes de niña, niña
de los ojos de Dios,
huyendo convencidas
a su nombre mis güestes,
¿para qué tus fatigas
en tu favor me invocan,
cuando en tal maravilla
aun antes que el mirarla
me atormentó el oírla?


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FUROR:

Culpa en común del hombre,
ya sé que no militan
contra María jamás
tus armas ni las mías;
contra su devoción,
puesto que la ejercitan
afectos que tal vez
estraga la malicia,
es contra quien te invoco,
por pensar que sería
no pequeño trofeo
que de un milagro a vista
tus vicios coronases.

CULPA:

Empresa tan altiva,
de la escamada espalda
que oprimí, me derriba
ya a tus conjuros. ¿Cómo?
(Apéase de la hidra, que desaparecerá cerrándose la montaña.)

FUROR:

Oye la causa.

CULPA:

Dila.


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FUROR:

Ya esta tierra... No extrañes
el ver que te anticipa
mi conjetura el tiempo,
porque siendo fingidas
ideas, como somos,
de alguna fantasía
que contará esta historia
a luz de alegoría,
cuando significando
en aquesta venida
(puesto que siempre gracia
María significa,
y la naturaleza
siempre es Esclavonía),
aquella que a la Ley
de Gracia hizo la Escrita,
claro está que a lugares
ni a tiempos nos obliga
la precisión, y así,
pues que nos facilitan
los retóricos tropos
el que el oyente mida
los instantes a horas,
las horas luego a días
y los días a años,
lo que empecé prosiga.
Ya esta tierra, admirada
de ver en sus campiñas
una fábrica antes
que comenzada antigua,
discurre en su extrañeza...


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CULPA:

Y más cuando examina
sus viviendas y halla
que sus tapicerías,
sus estrados y alfombras,
sus camas y vajillas,
tan solamente son
cuatro pobres vasijas
de barro en el vasar
de una ahumada cocina,
siendo entre tal menaje
el dueño que le habita
(cuyo artífice fue
Lucas evangelista)
de incorruptible cedro
una imagen tan viva
que ser original
copiado de ella misma
no desdice en la hermosa
terneza con que aplican
sobre el izquierdo brazo
sus amantes caricias
al Niño Dios al pecho,
en cuya compañía,
juntando los extremos
del curso de su vida,
también un crucifijo
de la materia misma
y de la misma mano,
hallan sobre las limpias
aras, donde el inmenso
misterio de la Misa
se celebró después
de la triunfal subida
que hizo Cristo a los cielos,
comulgando a María
apóstoles, que...


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FUROR:

¡Calla!
No, Culpa, me repitas
que volvió a las entrañas
de quien nació, en la pía
incruenta oblación
de ese sagrado enigma
que aun no penetra el ángel,
que el ver que su infinita
gracia a la misma Gracia
aumentos multiplica
es lo que más me aflige
en esa hasta hoy no vista
translación, en que juntos
Encarnación se miran
y Sacramento.

CULPA:

Pues
volvamos a que admira
su novedad la tierra.


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(Mirando dentro, como que ven en sombras lo que representan.)
FUROR:

Ella, pues, discursiva
en qué casa sea ésta
que halla como nacida
y no como labrada,
en su verdad delira.

CULPA:

Hasta que, padeciendo
ciciones de prolija
mortal fiebre Alejandro,
su obispo, (cuya vida,
siempre ejemplar, fue afecta
a cultos de María),
ella se le aparece
dándole las noticias
de ser la casa ésta
donde fue concebida,
donde fue desposada
y donde fue elegida
para Madre del Verbo,
cobrando repentina
salud, en testimonio
que hermosas revalidan
las celestiales luces,
que sobre ella iluminan
la cúpula a su esfera.


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FUROR:

Aunque el milagro admiran
todos, no todos, Culpa,
por tal le califican.

CULPA:

¿Qué importa, si a ese efeto
Dalmacia a Judea envía
sus legados, que a expensas
de tributos, fatigas,
tribulaciones y ansias
que el moro que hoy domina
la Santa Tierra cobra,
llegan donde averiguan
que en Nazareth se cuenta
ser desaparecida,
sin que haya seña de ella
en toda Palestina?

FUROR:

El sitio reconocen...

CULPA:

Y en las dejadas ruinas
de sus quiebras, habiendo
llevado las medidas,
cuadras, compartimientos
y ámbitos examinan,
sin que sobre ni falte
un átomo a sus líneas.


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FUROR:

Con esa información
vuelven donde acreditan
la verdad de Alejandro.

CULPA:

Con que, una vez creída,
es inmenso el concurso
de gentes infinitas,
infinitas naciones
que al templo peregrinan.

FUROR:

En eso, Culpa, es
en lo que necesita
de ti ahora mi furor.

CULPA:

Pues ¿qué es lo que imaginas?


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FUROR:

Que todos los concursos
de varias romerías
tal vez en celo empiezan
y acaban en delicia;
el verse unos a otros
conmueve a la alegría,
la alegría al banquete,
el banquete a la risa,
la risa al baile, al juego,
a la vaya, a la grita,
escollos en que siempre
la devoción peligra;
y así quiero que cortes,
desates y dividas
de esas siete gargantas
la Gula y la Lascivia,
que el concurso previertan,
la devoción impidan
y la estación profanen.

CULPA:

Sí haré, y cuán presto mira:
¡salgan de entre vosotros!...

MÚSICA:

(Dentro.)
Salgan de entre nosotros...


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CULPA:

Donde nocivas...

MÚSICA:

Donde nocivas...

CULPA:

Hagan sus efetos Gula y Lascivia.

MÚSICA:

Vaya, vaya de fiesta, vaya de jira,
y hagan sus efetos Gula y Lascivia.
(Salen los vicios con instrumentos, cantando y bailando.)

LASCIVIA:

Ya a tu obediencia atenta...

GULA:

No habrá en cuantas cuadrillas...

LASCIVIA:

Contiene el campo, apenas...

GULA:

Una que se resista...

LAS DOS:

A nuestro hechizo.


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FUROR:

Pues
porque más repetidas
sus voces oigan todos,
también las nuestras digan...

TODOS:

Vaya, vaya de fiesta, vaya de jira,
y hagan sus efetos Gula y Lascivia.

LASCIVIA:

Mientras yo abraso a todos, tú a todos brinda,
que sin Baco y Ceres, Venus se entibia.

TODOS:

Vaya, vaya de fiesta, vaya de jira.

GULA:

Si mañana a la muerte todos caminan,
bébase hoy, que mañana será otro día.

TODOS:

Hagan sus efetos Gula y Lascivia.


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(Mientras ellos cantan y bailan, han salido al tablado el PEREGRINO, viejo venerable, y el PENSAMIENTO, también vestido de peregrino, luchando con él.)
PEREGRINO:

¿Dónde vas, Pensamiento?

PENSAMIENTO:

¿Dónde he de ir, cuando miras
que se canta y se baila,
que se come y se brinda,
(Desásese dél y mézclase con los demás, bailando.)
sino donde con todos
mi voz repita:

CON TODOS:

Vaya, vaya de bulla, de fiesta y jira,
y hagan sus efetos Gula y Lascivia.
(Con esta repetición se van bailando y cantando con varios instrumentos los vicios, y el PEREGRINO detiene al PENSAMIENTO luchando con él.)

PEREGRINO:

Tente, Pensamiento, no
vayas tras ellos, aguarda.

PENSAMIENTO:

¿Cómo, si soy Pensamiento,
me quieres tener a raya?


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CULPA:

Ya van sembrando venenos
por todas esas campañas
Gula y Lascivia.

FUROR:

¿Qué importa,
si de cuantos triunfos ganan
en todos, en solo ese hombre
fallecen mis esperanzas?

CULPA:

Pues ¿quién es ese?

FUROR:

¿Qué más
pueden decirte mis ansias
dél de lo que tú te has dicho?

CULPA:

¿Yo?

FUROR:

Sí.

CULPA:

¿En qué?


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FUROR:

En lo que le extrañas,
pues no saber dél la Culpa
seña es de saber la gracia.
Un dálmata sacerdote
es, que buscando esta casa
le tray un piadoso voto.

CULPA:

Con su Pensamiento anda
luchando a brazo partido.

FUROR:

Oye, que esa es la batalla
del Hombre y su pensamiento.

PEREGRINO:

¡Tente!

PENSAMIENTO:

¡Suelta!

PEREGRINO:

¡Mira!

PENSAMIENTO:

¡Aparta!,
que donde se come y bebe
ir tengo, y donde se canta.


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(Desásese y baila con la MÚSICA, que canta dentro.)
ÉL Y MÚSICA:

Vaya, vaya de fiesta, de jira vaya,
y Lascivia y Gula su efeto hagan.

PEREGRINO:

¡Ay de mí!, que a detenerte
humanas fuerzas no bastan.

PENSAMIENTO:

¿Cómo han de bastar, si son
plumas de viento las alas
con que el Pensamiento vuela?

PEREGRINO:

Sin mi voluntad te apartas
de mí en la oración que haciendo
ir quisiera hasta las aras
de aquel templo. Y pues sin ella
vas, quizá presto a su instancia
volverás, no consentido.

PENSAMIENTO:

Una cosa es que no hagas
tú que deje de irme, y otra
que la voluntad me traiga;
y hasta entonces...


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(Vase apartando dél, y con lo que representa se suspende en el camino.)
PEREGRINO:

¿Es posible
que siendo todas mis ansias
llegar al piadoso umbral
de María soberana,
visitar la humilde celda
adonde fue saludada
de Gabriel, que sería el ángel,
sin duda, que aquí su casa
traería, puesto que a él
Dios los misterios encarga
siempre de su Encarnación,
(Va volviendo a él.)
pues fue el que habló en las semanas
de su venida a Daniel,
el que anunció, en muestras claras
de ella, también al Bautista,
el que trujo la embajada
y el que en fin, piadosamente
se cree ser su Ángel de Guarda,
que en tal consideración,
Pensamiento, te distraigas?


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(Suenan los instrumentos y él da vueltas a una parte y otra.)
PENSAMIENTO:

No haré tal, ya vuelvo a ti.
Mas no, no vuelvo.

CULPA:

¡Oh, cuál anda
dando el Pensamiento vueltas!

PEREGRINO:

En contemplación tan alta,
¿no te paras?

PENSAMIENTO:

Sí.

FUROR:

¿Qué fuera
de mí, ¡ay mortal!, si llegaras
a saber que la oración
tanto con el cielo alcanza,
si la voluntad se enciende,
que el Pensamiento se pasma?

CULPA:

Vuelvan para divertirlos
a decir las voces altas.


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(Aparecen segunda vez, como primero, los ángeles en su elevación, y dando vuelta con la casa desaparecen con ella, a tiempo que están como elevados PEREGRINO y PENSAMIENTO sin ver la mudanza.)
ÁNGEL:

Soberana Jerarquía,
a quien puso Dios en guarda
deste sagrario, bien como
noble solar de su Humana
Naturaleza, con él
volved a cortar las vagas
esferas del aire, pues
sus arcanos juicios mandan
que, como de Asia salió,
también desta tierra salga.

MÚSICA:

Salga y corte los vientos, hasta que vaya
donde más reverente culto la aguarda.

UNOS:

(Dentro.)
¡Qué asombro!

OTROS:

[Dentro.]
¡Qué confusión!

CULPA Y FUROR:

Mejor dijeran, ¡qué rabia!

PEREGRINO:

¿Qué ruido es éste?


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PENSAMIENTO:

Si el mismo
Pensamiento no lo alcanza,
¿quién podrá decirlo?

PEREGRINO:

¿A dónde
el templo, que ya dejaba
verse desde aquí, se ha ido,
que de la vista nos falta?

MÚSICA:

Donde más reverente culto le aguarda.

PEREGRINO:

¿Qué es esto, cielos?

FUROR:

Porque
no en novedad tan extraña
se pierda todo, pon, Culpa,
a aqueste en desconfianza.

CULPA:

¿Qué ha de ser?, que viendo el cielo
que de entre infieles no saca
esa casa de María,
pues es poca la distancia
que hay del infiel al vicioso
el día que está en desgracia,
según presente justicia,
del centro otra vez la arranca,
negándosela a esta tierra.


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PEREGRINO:

¡Ay, que no es esa la causa!

FUROR:

¿Pues cuál puede ser?

PEREGRINO:

Que como
ese sacro erario el arca
es del Nuevo Testamento,
de un tránsito en otro anda.

CULPA:

¿Del Nuevo Testamento es
arca?

PEREGRINO:

Sí.

FUROR:

¿De qué lo sacas?

PEREGRINO:

¿Qué era lo que contenía
aquélla?

LOS DOS:

Ley, Maná y Vara.

PEREGRINO:

Pues ésta también: Maná,
Vara y Ley.


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LOS DOS:

¿Cómo?

PEREGRINO:

En la santa
imagen de un crucifijo
la Ley, pues la cruz la tabla
es donde el dedo de Dios
escribió la Ley de Gracia;
la Vara en la de María,
que ella es de Jesé la vara;
y en el Ara en que el Maná
vivo hoy de los cielos baja,
el mismo Maná, con que
viene a ser en ese alcázar
la Vara, el Maná y la Ley,
María, la Cruz y el Ara.

PENSAMIENTO:

Y a pagar de mi desvelo,
que es la moneda que gasta
el Pensamiento, lo afirmo.

LOS DOS:

¡Loco, decrépito, calla!

FUROR:

Que no ha de poder tu ingenio...


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CULPA:

Mejor dirás su ignorancia...

FUROR:

Persuadirnos a que no...

CULPA:

Sea el ver que de aquí falta...

LOS DOS:

Lo vicioso desta tierra.

PEREGRINO:

¡Ay de mí, si esa es la causa!,
pues yo sólo soy el malo
que no merecí adorarla.
Decís bien, por mí, sin duda,
se ausenta.

FUROR:

Por ti y por cuantas
gentes más a su festejo
que al culto van.

CULPA:

Y así trata...

FUROR:

De desconfiar de que...

CULPA:

Dios ese favor te haga...


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FUROR:

Pues que nunca merecer
podrás...

CULPA:

Ni verla...

FUROR:

Ni hallarla.

PEREGRINO:

De que yo no lo merezca
ya estoy en desconfïanza;
de que Dios, sin merecerlo,
no me otorgue dicha tanta,
no; que el no fiar de mí
es reconocer mis faltas,
mas no fiar de Dios fuera
desconocer su sagrada
misericordia. Y así,
no en mí, en Él la confianza,
tengo de peregrinar
en su seguimiento hasta
que en el altar de María
ministre la Sacrosanta
Comunión, o la reciba,
y en ella de mis entrañas
arrancando el corazón,
llegue a ponerle a sus plantas.
No te apartes, Pensamiento,
de mí en tan justa demanda
un instante.


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PENSAMIENTO:

Mal podré,
que, imán piadoso del alma,
tú presumes que me llevas
y yo pienso que me arrastras.
(Vanse los dos.)

FUROR:

¡Ay de mí, Culpa! Que puesto
que en la alegoría pasada
si la Esclavonia fue toda
la naturaleza humana,
y ya depuesta la Escrita,
que fue la fiera, la ingrata
perfidia del Hebraísmo,
no halló acetación la casa
de la Encarnación, ya el verla
pasar a otra es semejanza
de que de la Sinagoga
a la Gentilidad pasa
la predicación, y más
si al ver que ese hombre retrata
en sacros órdenes toda
la fee y devoción cristiana
que devota es de María,
añado la circunstancia
(Mirando dentro.)
de ser la Marca de Ancona
(fértil provincia de Italia,
que es la corte de la Iglesia)
el centro donde descansa,
pues la casa de Laureta,
por quien Laureto se llama
su distrito, es quien la admite
al regazo de su falda.


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CULPA:

No por vencidos, Furor,
nos demos porque se hayan
entrado en la alegoría
en esa nueva mudanza
Iglesia y Gentilidad;
ella, después de abrazarla,
¿no fue quien más la afligió
con persecuciones y ansias?

FUROR:

Sí.

CULPA:

Pues en nuestras insidias
se vean significadas
ellas también.

FUROR:

¿De qué suerte?

CULPA:

¡Ira y Soberbia!
(Salen del peñasco la SOBERBIA y la IRA.)

LOS DOS:

¿Qué mandas?


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CULPA:

Que tú, Ira, pues te tocan
los robos y muertes, vayas
a los montes de Laureta,
y en las fragosas montañas
que los cercan introduzgas
todo el furor de tus armas
en bandidos que despojen
de haciendas, vidas y almas
a todos los peregrinos
que penetraren la estancia
desde hoy del Laureto. Tú,
Soberbia, en infiel pirata
de sus mares te transforma,
y, en corso, de toda Italia
el paso infesta, con que
por tierra y por mar sitiada,
más tributos en Europa
pagará que pagó en Asia.

IRA:

Tú verás con cuánto estrago...

SOBERBIA:

Tú verás con cuánta saña...

IRA:

Los pasos corto...

SOBERBIA:

Los mares
impido...


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IRA:

De sus comarcas.

SOBERBIA:

De sus puertos.

IRA:

Que no nueva
en mí es la bandida rabia
de robar los peregrinos,
u díganlo las campañas
de Jericó.

SOBERBIA:

En mí tampoco
los náufragos, pues me llama
la Apocalipsi la bestia
del mar, y por mí las aguas
se entienden tribulaciones.

IRA:

Y así espera...

SOBERBIA:

Y así aguarda...

IRA:

Que en sus selvas...


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SOBERBIA:

Que en sus golfos...

IRA:

Nadie entre...

SOBERBIA:

Nadie salga...

IRA:

Sin peligros...

SOBERBIA:

Sin zozobras...

IRA:

Sin desdichas...

SOBERBIA:

Sin desgracias...

IRA:

Hasta que mal asistida...

SOBERBIA:

Hasta que no bien cursada...

IRA:

Su estación...


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SOBERBIA:

Su devoción...

IRA:

Escondida...

SOBERBIA:

Sepultada...

IRA:

Quede a los incultos senos...

SOBERBIA:

Quede a las duras entrañas...

LOS DOS:

De los montes del Laureto.

CULPA:

Pues yo a quien (bien como incauta
serpiente que maldecida
el pecho por tierra arrastra)
la tierra toca, trocando
en iras las asechanzas,
contigo iré.
(A la IRA.)


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FUROR:

Yo contigo,
(A la SOBERBIA.)
pues como a dragón que explaya
el río, que a la mujer
intentó impedir la planta,
contra cuyo raudal hubo
de vestirla el cielo de alas,
también del agua me tocan
las tormentas y borrascas.

IRA:

Pues si tú, Culpa, me asistes...

SOBERBIA:

Si tú, Furor, me acompañas...
{{Pt|IRA:|
Haz aprehensión...v

SOBERBIA:

Imagina...

IRA:

Que desde aquí se retrata
en mí la Gentilidad,
cuando en los montes andaba
tras la primitiva Iglesia.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


SOBERBIA:

Que en mí la seta africana
desde aquí se representa,
cuando haciendo esclavos anda
en las católicas costas.

FUROR Y CULPA:

Pues, Ira y Soberbia, ¡al arma!

IRA Y SOBERBIA:

¡Al arma!, Furor y Culpa.

LOS DOS:

Sin que escándalo nos hagan
esos ecos.

LOS OTROS:

Por más que
repitan en voces varias:

LOS 4 Y MÚSICA:

Salga y corte los vientos hasta que vaya
donde más reverente culto la aguarda.


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(Vanse los cuatro y, durando la repetición de la MÚSICA, salen atravesando el tablado como que la van siguiendo el PEREGRINO y el PENSAMIENTO.)
PEREGRINO:

«¿Hasta que vaya
donde más reverente culto la aguarda?».
Sigue estas voces.

PENSAMIENTO:

Si vas
tan en las alas del viento,
que con ser yo el Pensamiento
me deja el afecto atrás,
¿cómo es posible?

PEREGRINO:

Si el día
que aquel gran milagro oí,
sabes que dar ofrecí
el corazón a María
en las aras de su altar;
si, habiéndoseme ausentado,
sabes cuán presto he pasado
del Adriático mar
el pequeño golfo, que
a Dalmacia dividió
de Italia, donde tomó
puerto; y si sabes que en fee
deste deseo aún no son
todas las alas del viento
tan veloces, Pensamiento,
como las del corazón,
neciamente torpe y ciego
admiras que no me igualas,
si al fin volamos con alas
tú de aire y yo de fuego.


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PENSAMIENTO:

Dices bien, y siendo así
que en espacio imaginado
al Laureto hemos llegado,
¿quién nos dirá por aquí
dónde vive una Señora
que sin mudarse se pasa
de un barrio a otro con su casa?

PEREGRINO:

En tal despoblado agora
a quién preguntar no vi;
mas oye, por si veloces
vuelven a sonar las voces
que dijeron.
(Dentro LAURETA, dama.)

LAURETA:

¡Ay de mí,
infeliz!

UNOS:

¡Socorro, cielos!


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OTROS:

¡Cielos, favor!

PEREGRINO:

¡Qué pesar!

PENSAMIENTO:

Aqueste es otro cantar.

CULPA Y FUROR:

¡Mueran todos!
(Dentro disparando algunas pistolas.)

PEREGRINO:

Torpes hielos
nos van sembrando el camino.

PENSAMIENTO:

¿Qué mucho, si lo que dice
el eco sólo es?


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(Sale LAURETA huyendo despavorida.)
LAURETA:

Felice
y infelice peregrino;
felice, pues como aquél
que de Sión descendió,
la rosa de Jericó
vas buscando; y como él
infelice, pues que vas
a dar también en las manos
de bandoleros tiranos;
ten el paso y vuelve atrás.
No lo misterioso oses
averiguar de estas selvas
donde las felicidades
se rozan con las tragedias,
pues apenas el aurora
a ellas vino, cuando en ellas
turbar los blancos albores
intentaron sombras negras,
que, síncopas de su oriente
y su ocaso, hacen que sean
lágrimas en nuestros ojos
las que en los suyos son perlas;
apenas (digo otra vez)
la mística rosa intentas,
en el regazo del alba,
gozar dulcemente tierna,
cuando espinas de otras flores
(no suyas) verás que cercan
si no el rosal en que nace,
el plantel en que se alberga.


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LAURETA:

Apenas, ampo del día,
la más cándida azucena
al rayo del sol verás
que, halagüeñamente honesta,
abriga al pecho los granos
del oro que intacta engendra,
cuando de grosero arado
verás, ya que no la muerda
el corvo diente, que el surco
por lo menos se le atreva
a descaminar arroyos,
porque en ondeadas culebras
a no besarla la planta
el curso a otro valle tuerzan,
tan a pesar de las aves
que sin su compás gorjean,
que a la más llena de gracia
los trinos el eco trueca,
pues en vez de cantos de aves
se escuchan gemidos de Eva;
siendo de todo ese bosque
a la palma más excelsa,
más alto ciprés, más fértil
plátano, oliva más bella,
más enamorado lirio,
durable cedro y vid tierna,
en descortés ojeriza
de su hermosa primavera,
airado cierzo, el estrago
de una sañuda violencia.


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LAURETA:

Mas ¿para qué, ¡ay, infelice!,
retóricamente necia,
por frases digo lo que
debo decir a la letra?
Apenas, pues, venerable
peregrino, y bien a penas,
esa fábrica que corre,
ese edificio que vuela,
ese palacio que anda,
ese alcázar que navega
a ponerse en salvo, donde
vasallajes no padezca
ya de infieles que le ultrajen,
ya de fieles que le ofendan,
en mi dichosa heredad
tomó asiento (de Laureta
haciendo que la memoria
viva a los siglos eterna),
cuando el piadoso concurso
de tantas gentes diversas
como a él peregrinaban
religiosamente atentas,
despertó la Ira en aleves
ánimos, que humanas fieras
destos montes, en las vidas
y en los robos ensangrientan
presas y garras, sin que
haya en todo el campo hierba
que amaneciendo esmeralda
rojo rubí no anochezca.


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LAURETA:

Tan común el alalido
es de todos cuantos llegan
a tocar destas montañas
los términos, que a una queja
reducidas las demás
sólo se oye...
(Vuelven a disparar.)

LOS DOS:

¡Todos mueran!

UNOS:

¡Piedad, Señora!

MÚSICA:

¡Piedad!

OTROS:

¡Clemencia, Virgen!

MÚSICA:

¡Clemencia!


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LAURETA:

Mas ¿para qué lo repite
mi voz, si ya de más cerca
llanto y iras se oyen? Sigue
mis pasos, que yo las sendas
como dueño sé del monte,
y alguna habrá que nos pueda
dar escape.
(Vase.)

PEREGRINO:

¡Ay, infelice!,
que aunque yo seguirte quiera
dos imposibilidades
lo estorban.

PENSAMIENTO:

¿Qué son?

PEREGRINO:

Las fuerzas
fallecidas a la edad
y la piadosa terneza
de haber llegado hasta aquí,
y que desde aquí me vuelva
sin lograr la dicha, solo,
sacando el decir, sin verla:
¡piedad, Señora!


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MÚSICA:

¡Piedad!

PEREGRINO:

¡Clemencia, Virgen!

MÚSICA:

¡Clemencia!

PEREGRINO:

¿Pero qué temor, qué asombro,
qué horror, qué ira, qué fiereza
habrá que mi celo impida?
Pues aunque mil vidas pierda,
menos importa que no
que tan gran motivo tuerza.

PENSAMIENTO:

¿A dónde vas?

PEREGRINO:

A morir
en igual demanda.
(Vuelven a luchar.)

PENSAMIENTO:

Piensa
primero el riesgo.


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PEREGRINO:

Ya tú,
Pensamiento, me le acuerdas;
mas no basta.

PENSAMIENTO:

Mira.

PEREGRINO:

Aparta.

PENSAMIENTO:

Advierte.

PEREGRINO:

Quita.

PENSAMIENTO:

Oye.

PEREGRINO:

Suelta,
que aunque puedes, Pensamiento,
moverme, no hacerme fuerza.

PENSAMIENTO:

Si ya otra vez me detuve
yo por ti, ¿por qué tú esta
por mí no te detendrás?


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PEREGRINO:

Porque no está en mano nuestra
que el Pensamiento nos lidie,
y está...

PENSAMIENTO:

¿Qué?

PEREGRINO:

Que no nos venza;
y así a pesar tuyo tengo
de pasar.
(Arroja de sí al PENSAMIENTO y al entrarse salen IRA y CULPA vestidos de bandoleros, y pónenle al pecho las pistolas.)

LOS DOS:

¿Dónde?

PEREGRINO:

A esas selvas,
donde el templo de María
está, pues oír me alienta...

CON LOS OTROS:

¡Piedad, Señora!

MÚSICA:

¡Piedad!


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ÉL Y TODOS:

¡Clemencia, Virgen!

MÚSICA:

¡Clemencia!

CULPA:

Antes perderás la vida.

PEREGRINO:

¿Qué más vida que perderla
en busca suya?

CULPA:

Veamos
si lo es o no. Ira, ¿qué esperas?
¡Muera en este peregrino
de María la fee!

IRA:

¡Muera!
(Disparan los dos y no dan fuego las pistolas, y dice dentro el ÁNGEL.)

ÁNGEL:

No hará, que para mayor
fin Dios su vida reserva.


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CULPA:

¡Ay de mí! Faltó a mis armas
el fuego.

IRA:

Conque fue fuerza,
no dando fuego la Culpa,
que la Ira no le encienda.

PENSAMIENTO:

Pues tan suspensos quedaron,
¡huye!

PEREGRINO:

Inspiración me alienta,
no temor de dar la vida
por vos, pura Virgen bella,
pues no he de desistir hasta
que a vuestras plantas la ofrezca.
(Vase.)

PENSAMIENTO:

Gran cosa es ser Pensamiento;
conmigo no salen ni entran,
que hasta ver lo que hace un hombre
no hay ver lo que un hombre piensa.
(Vase.)


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CULPA:

Síguelos, Ira, que absorta,
helada, muda y suspensa
yo no puedo.

IRA:

Sí haré, puesto
que la Culpa al que huye de ella
no le sigue, aunque su ira
vaya tras él.
(Vase.)

CULPA:

Fortaleza
de Dios, ¿qué quieres de mí,
que en la piadosa defensa
deste hombre me amenazas
algún prodigio?
(Sale el ÁNGEL.)

ÁNGEL:

Que veas
(pues fortaleza de Dios
dijiste que se interpreta
Gabriel) que Gabriel es justo
que ser la guarda se entienda
de esa casa de María.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


CULPA:

De buen cuidado te precias
por una vida que salvas
donde hay tantas que perezcan.

ÁNGEL:

Si en la significación
de alguna pasada idea
(a donde la Esclavonía
era la Naturaleza)
fue pasar la Ley Escrita
a la de Gracia primera
mudanza; si la segunda
fue, huyendo a las asperezas,
significar los trabajos
de la primitiva Iglesia,
huida a los montes, adonde
de la Gentilidad ciega
la persiguieron las iras,
ya es tiempo que en la tercera
se signifique también
que salió triunfante de ellas
a coronarse, ocupando
las más altas eminencias
de las cimas de los montes,
dejándose, descubierta,
manifestar sin los riesgos
de las pasadas malezas,
adonde vivió escondida.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


CULPA:

¿Cómo?

ÁNGEL:

De aquesta manera:
(Cantado.)
¡Ah de la guardia del templo,
aladas inteligencias,
a quien sus mansiones tocan!
(Esta responsía es en ecos.)

MÚSICA:

¿Qué mandas?, ¿qué quieres?, ¿qué dices?, ¿qué ordenas?

ÁNGEL:

Que tercera vez salga de aquestas selvas...

MÚSICA:

Salga de aquestas selvas.

ÁNGEL:

Porque más descollada, más descubierta...

MÚSICA:

Salga de aquestas selvas.

ÁNGEL:

Pueda visitarse mientras no llega
donde más reverente culto la espera.

MÚSICA:

Salga de aquestas selvas
porque más descollada, más descubierta
pueda visitarse mientras no llega
donde más reverente culto la espera,
salga también, salga de aquestas selvas.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


(Suenan las chirimías y vese en el segundo cuerpo del segundo carro otra casa con la misma fábrica y pintura que la primera, con diferencia sólo de que ésta ha de estar fija y puedan abrirse sus puertas a su tiempo.)
ÁNGEL:

Mira cómo ya en aquel
vecino collado, fuera
de los peligros del monte,
cercana del mar se asienta.

CULPA:

¿Qué importa, ya hechos los ojos
a ver una vez tan nueva
maravilla acontecida,
que repetida la vuelva
a ver, para que quien supo
levarla la vez primera
de su primera mansión
por falta de reverencia,
y la segunda por sobra
de insultos, también no sepa
de la tercera arrojarla?
Pues aún a la hidra quedan
más gargantas que desate,
con que perseguirla pueda
también allí.

ÁNGEL:

¿Cómo?


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


CULPA:

¿No es
el collado en que se asienta
apenas de aquí una milla,
pequeño tercio de legua,
heredad de dos hermanos
que por árida y por seca
no la han partido hasta agora?

ÁNGEL:

Sí.

CULPA:

Pues siguiendo la mesma
metáfora, si en los montes
la guerra la hizo la ciega
Gentilidad, en los llanos
verás que la hacen la guerra.

ÁNGEL:

¿Quién?

CULPA:

Los ladrones de casa,
a quien también se refiera
la Apostasía (supuesto
que el hereje es de la Iglesia
el doméstico enemigo),
para cuyo efeto, al verla
los dos en su heredad, mira
cómo te los representan.


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ÁNGEL:

¿Quién?

CULPA:

La Avaricia y la Envidia.
(De dentro de la casa salen luchando la ENVIDIA y la AVARICIA, en un tabladillo que habrá delante de ella.)

ENVIDIA:

A mí me toca en herencia
este terreno, pues soy
mayor hermano.

ÁNGEL:

No fuera
del texto al mayor hermano
la Envidia hace.

AVARICIA:

Considera
que pues está no diviso
este sitio, antes que pierda
la acción dél, he de perder
la vida, que no es bien tengas
(ya que esta ventura quiso
entrársenos por las puertas)
tú los aprovechamientos
de las limosnas y ofrendas
que pueden hacerme rico
a mí, ya que tú lo seas
por mayor.


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ÁNGEL:

Bien la Codicia
en el segundo se muestra,
pues ya hubo segundo hermano
que puso lo sacro en venta.

ENVIDIA:

Yo las partiré contigo,
como tú el nombre no tengas
de dueño.

ÁNGEL:

¡Qué propia envidia,
no querer que otro parezca
dueño de nada!

AVARICIA:

Pues como
yo los intereses tenga,
¿qué se me da a mí del nombre?

ÁNGEL:

¡Ah, Codicia! ¡Que no sientas
ver que se pierda el honor
como el caudal no se pierda!


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AVARICIA:

Y así remitir podemos
la lucha a la convenencia;
pues como iguales partamos
lo que a la imagen se ofrezca
y la devoción de todos
venga a ser granjería nuestra,
¿qué me importa a mí el dominio?

ENVIDIA:

Pues sea así.

AVARICIA:

Pues así sea.

ENVIDIA:

Medre él, como mande yo.

AVARICIA:

Mande él, como yo enriquezca.
(Vanse por los dos lados de la casa y ciérrase el peñasco.)

CULPA:

¿Qué dirás desto, al ver que hay
hechos, cuestiones y temas
de casa enemigos?


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ÁNGEL:

Que
si supo de otras violencias
ponerse en salvo, también
¿quién duda que sabrá desta?

CULPA:

¿Dónde?

ÁNGEL:

El tiempo lo dirá.
(Vase el ÁNGEL.)

CULPA:

Sí dirá, mas dondequiera
sabré seguirte.
(Dentro el PENSAMIENTO.)

PENSAMIENTO:

Hoy verás
que en vano seguirme intentas.

CULPA:

¿Qué oráculo de su culto
ha respondido en defensa?


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


(Dentro el FUROR, y sale la IRA.)
FUROR:

El viento abrazo, por más
que entre mis brazos le tenga.

CULPA:

«¿El viento abrazo, por más
que entre mis brazos le tenga?».
¿Qué es eso, Ira?

IRA:

Al peregrino,
como mandaste, seguí,
y apenas del mar le vi
tomar la orilla, camino
buscando para volver
(según hablando a este intento
iba con su Pensamiento)
al Templo, en llegando a ver
que encontraba compañía
que el paso le asegurase,
cuando impidiendo que pase
de una ensenada que hacía
el mar, adonde había dado
fondo la seta africana,
que hoy es la Soberbia vana
con los triunfos que ha ganado,
le apresó, y hecho cautivo
se hizo a la vela con él.
Su Pensamiento, el cruel
trance viendo, fugitivo
huyó, con que aunque el Furor
le sigue, prenderle dudo,
pues nunca alcanzarle pudo;
de modo que aunque al rigor,
a la miseria y tormento
va del remo condenado,
va alegre con que ha dejado
en Loreto el Pensamiento.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


CULPA:

Aunque de esa prisión fío
no logre el voto su fee,
no he de parar hasta que
su Pensamiento sea mío;
procura tú por ahí
atajarle, mientras yo
por aquí le sigo.
(Sale el PENSAMIENTO huyendo del FUROR, y siempre que llega a abrazarse con él se le escapa dentre los brazos, abrazando al viento. Lo mismo sucede a CULPA y IRA, y él huye libre de los tres.)

PENSAMIENTO:

No
has de alabarte que a mí
jamás pudiste prenderme.

FUROR:

¿Pues dónde te has de amparar?

PENSAMIENTO:

Donde me manda quedar
mi dueño; y así a ponerme
en salvo iré.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


CULPA:

Mi agonía
te saldrá al paso.
(Abraza al aire.)

IRA:

Y mi aliento.

PENSAMIENTO:

Nada teme pensamiento
que quedó puesto en María.
(Vase.)

FUROR:

¡Ay de mí!, que aquel fervor
esta fuga es.

CULPA:

¿Qué te inquieta,
si del Alcorán la seta
que hoy la Soberbia es, Furor,
dueño de ese hombre se halla?

FUROR:

Nada en el hombre tenemos
sin Pensamiento.

TODOS:

Intentemos
seguirle.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


(Vanse los tres y óyese un clarín en el tercero carro, que será una galera, y dando vuelta se ven en ella la SOBERBIA en la popa, vestido de mozo, y el PEREGRINO, entre otros, puesto al remo, vestido de cautivo.)
SOBERBIA:

¡Boga, canalla,
boga!, y corte la esfera
del ancho mar del mundo esta galera,
que a oposición labrada de la nave
de la Iglesia, nadar y volar sabe;
si ella en auroras de rizada espuma,
de verdinegra bruma
ésta en abismos, siendo sus soldados
voluntarios allá y aquí forzados.
Dígalo en ese anciano
la devoción piadosa del humano
género, reducida
a tales propensiones de la vida
que, imagen de la culpa y de la pena,
leva el remo y arrastra la cadena.

PEREGRINO:

Ya sé que las pasiones
humanas todas son tribulaciones
que el agua significa;
mas también sé que el agua, si se aplica
al llanto, significa su consuelo;
y más cuando la fee, piedad y celo
puesto en María...


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


SOBERBIA:

No prosigas, ¡calla!

PEREGRINO:

Nada deja temer.

SOBERBIA:

¡Boga, canalla!,
proejando hasta doblar de aquel celaje
el cabo que del África es pasaje,
en cuyo escollo quiero
que descanse la proa, porque espero
aún con mayor vitoria saludalla,
y así, hasta dar con él, ¡boga, canalla!
(El clarín, y da vuelta la galera.)

PEREGRINO:

¿Cómo, si ya de la vecina tierra
los bajos roza el buque?

SOBERBIA:

Pues, ¡a tierra!
¡A costa!, y tú no más salta conmigo.

PEREGRINO:

Sí haré, pues sin tu ley tus leyes sigo.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


(Saltan los dos de la galera al tablado.)
SOBERBIA:

Ya ves, miserable anciano,
que si perdió el Asia un templo
material, un templo vivo
África ha ganado, puesto
que templo vivo de Dios
es el hombre, y más teniendo
en el sacerdotal orden
aquel carácter impreso
que, alma del alma, le obliga
con más perfección a serlo.
Y siendo así, que en común
representas hoy, sujeto
a mi esclavitud en esa
cadena, la de los yerros,
que, forjados de la culpa,
arrastró el hombre primero,
y que también en común
la Soberbia represento,
aunque aquí en particular
aquélla cuyos trofeos
hoy tan soberbia la tienen,
que ella y yo somos lo mesmo,
piensa cuál te está mejor,
ya que en mi poder es cierto
que tarde o nunca podrás
volver a tu patrio centro,
vivir en éste cautivo,
mísero, abatido y preso,
o, mudando religión,
hacerte señor y dueño
de mi poder, que no es
menos dilatado imperio
que del África y el Asia,
pues ambos dominios tengo.
¿No me respondes? Bien haces,
que es dar a entender suspenso
el que lo piensas.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


PEREGRINO:

Te engañas,
porque ¿cómo, ¡ay de mí!, puedo
yo aquí pensar nada, cuando
está allá mi Pensamiento?

SOBERBIA:

Persuádele, que él vendrá
a la voluntad atento.

PEREGRINO:

No hará, que es norte muy fijo
adonde le dejé puesto.

SOBERBIA:

¿Pues no es de la voluntad
vasallo?

PEREGRINO:

Sí, mas no habiendo
voluntad para mandarlo,
mal podrá él obedecerlo.

SOBERBIA:

¿Por qué no habrá voluntad?


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


PEREGRINO:

Porque es fuerza que primero
por el Pensamiento a ella
le pase cuál el afecto
es a que quiere inclinarle,
y no estando él aquí, es cierto
que no le puede pasar
a ella por el pensamiento.

SOBERBIA:

El tiempo sabrá mudar,
con los malos tratamientos,
buenos propósitos.

PEREGRINO:

No
esperes que podrá hacerlo.

SOBERBIA:

¿Por qué?

PEREGRINO:

Porque para hacer
mudanza tan de un extremo
a otro extremo, es fuerza que haya
libertad; yo no la tengo,
que no soy dueño de mí.

SOBERBIA:

Es verdad, yo soy tu dueño,
y yo te lo mando.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


PEREGRINO:

No hablo
yo deste caduco imperio
de la vida.

SOBERBIA:

¿Pues de cuál?

PEREGRINO:

Del del alma.

SOBERBIA:

¿Y es ajeno
ése en ti?

PEREGRINO:

Sí, que no es mío
mi corazón, y no siendo
mío el corazón, que es
virrey del alma (supuesto
que es el que primero anima
y último muere), mal puedo
enajenar monarquía
de dominio que no tengo.

SOBERBIA:

¿Pues cúyo es tu corazón,
que no es tuyo?


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


PEREGRINO:

De otro dueño
a quien ya le di.

SOBERBIA:

¿Mi esclavo
no eres?

PEREGRINO:

Sí, en la vida.

SOBERBIA:

Luego
si el corazón de la vida
primero y último centro
es, tampoco enajenarle
pudiste, y tengo derecho
a poder cobrarle yo.

PEREGRINO:

¿Cómo?

SOBERBIA:

Rasgándote el pecho
para ver si está o no está
en él.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


PEREGRINO:

Sagrado precepto
nos manda que no temamos
a poder que a sólo el cuerpo
puede extenderse y no al alma.

SOBERBIA:

Considera...

PEREGRINO:

Nada temo.

SOBERBIA:

Advierte...

PEREGRINO:

Nada reparo.

SOBERBIA:

Piénsalo mejor...

PEREGRINO:

Mal puedo
sin pensamiento pensar;
demás que aun con pensamiento
no lo pensara mejor,
pues lo mejor sin él pienso.

SOBERBIA:

¿Qué es?


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


PEREGRINO:

Perder una y mil vidas
antes que cometa yerro
de tan vil estelionato
que obligue lo que no tengo.

SOBERBIA:

¿Por qué?

PEREGRINO:

Porque tan grabado
de María el nombre tengo
en el corazón, tan fijo
en vida y alma, tan dentro
de las entrañas, que...

SOBERBIA:

¡Calla!,
que, ¡vivo yo!, que he de verlo,
y cómo en entrañas vida,
alma y corazón impreso
está el nombre de María.
(Embiste a él con el puñal, y echándole en el suelo le saca del pecho un corazón ensangrentado.)

PEREGRINO:

Ella sabe que no siento
la muerte, sino no ser
yo quien le lleve a su templo,
en cuyas aras pensé
lograr el dichoso trueco
de, dándola el corazón,
recebir el Sacramento.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


SOBERBIA:

¡Muere, caduco, a mis manos!

PEREGRINO:

Virgen bella de Loreto,
en protección vuestra, a Dios
el spíritu encomiendo.

SOBERBIA:

Ya el corazón arrancado
de sus entrañas, no veo
el nombre en él de María,
bien que al pronunciarlo tiemblo.
¿Qué es esto? ¿Yo me acobardo?
¿Yo me asusto y me estremezco?
A la Soberbia, vestida
de vil sacrílego afecto
de réproba seta, ¿falta
valor? En vano me aliento,
mas no, no me aliento en vano;
mísero, infelice viejo:
si deste corazón era
María el hermoso dueño,
toma y llévale a María.
(Arrójaselo.)


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(Levántase ensangrentado el PEREGRINO y toma del suelo el corazón.)
PEREGRINO:

Sí haré.

SOBERBIA:

¡Ay infeliz! ¿Qué veo?
¿Cómo contra todo el orden
natural (¡qué sentimiento!)
siendo el corazón (¡qué asombro!)
el órgano (¡qué veneno!)
que vital y animal (¡qué ansia!)
vivifica (¡qué tormento!)
los spíritus (¡qué ahogo!)
de todo aqueste pequeño
mundo del hombre (¡qué pena!),
es posible (¡qué despecho!),
que sin él (¡qué pasmo!) pueda
animar (¡qué horror!), teniendo
agilidades de vivo
en precisiones de muerto?
Y aún no aquí el prodigio para,
pues alzándole del suelo,
con él camina.


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PEREGRINO:

Mortal,
si te admiró en un desierto
que Cristo con pocos panes
sustente número inmenso,
¿cómo no te admira ver
que en los poblados con menos
(pues es de nada) sustente
junto a todo el Universo?
Mas, ¡ay!, que por raro allí
nos admiró aquel suceso,
y estotro no nos admira
por frecuente, que es lo mesmo
que pasa por mí, si atiendes,
que esto es raro, mas no es nuevo,
pues para darle a María,
puesto en ella el pensamiento,
todos nuestros corazones
en nuestras manos tenemos.
(Vase con el corazón en la mano y canta toda la MÚSICA.)

MÚSICA:

Pues para darle a María,
puesto en ella el pensamiento,
todos nuestros corazones
en nuestras manos tenemos.


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SOBERBIA:

Sonoras músicas siguen
entre cambiantes reflejos
de visos que le iluminan
los pasos que da en el viento,
sin que le impidan los mares.
¿Qué es esto, cielos, qué es esto?
Mas, ¡ay infeliz!, ¿qué dudo?,
si sé que es de María efecto,
contra quien no hay en la Culpa
fuerza, aunque los siete cuellos
de la hidra, desatados,
respiren sus siete alientos.
Dígalo yo, que primera
cerviz suya, cuando intento
vestir infieles disfraces,
ya que consiga un trofeo,
es para ver un milagro,
con cuyo desaire vuelvo
a mi pavorosa cárcel
absorto, confuso y ciego,
pues vuelvo oyendo esas voces,
que, repetidas del eco,
no hay cóncavo en que no suenen
una y otra vez, diciendo:

ÉL Y MÚSICA:

Que para darle a María,
puesto en ella el pensamiento,
todos nuestros corazones
en nuestras manos tenemos.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


(Vase la SOBERBIA con esta repetición, y salen con la misma FUROR y CULPA como oyéndola.)
CULPA:

¿«Que para darle a María»...

FUROR:

«Puesto en ella el pensamiento»...

CULPA:

«Todos nuestros corazones»...

FUROR:

«En nuestras manos tenemos»?

CULPA:

¿Furor?

FUROR:

¿Culpa?

CULPA:

¿Has escuchado
armoniosos acentos
en el aire repetidos?

FUROR:

Y hubiera a sus voces muerto,
a ser capaz de morir.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


CULPA:

¿Qué nos dice Dios en ellos?

FUROR:

No sé; que como al obrar
el soberano misterio
de su Encarnación me puso
nieblas de tupidos velos
ante los ojos, parece
que en tocando al más pequeño
viso suyo, tropezando
con todo, con nada encuentro
desta misteriosa casa.

CULPA:

Ni yo, pues que no penetro
más de que huyendo delitos
del poco culto primero,
del mucho terror después,
después del avaro afecto,
en los términos de Roma
en real camino se ha puesto,
que no siendo de ninguno
es de todos.

FUROR:

¡Ay!, que eso
es cerrar la alegoría,
pues es estarnos diciendo
que la Iglesia en real camino,
ya para todos abierto,
está en la romana curia.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


CULPA:

Lo alegórico dejemos
y vamos a lo historial;
¿qué ecos habrán sido estos
que, hiriendo nuestros oídos,
han pronunciado en el viento?
(Dentro LAURETA, y sale despavorida al segundo verso.)

LAURETA:

¿Adónde podré ampararme
segunda vez de otro miedo,
otro pavor, otro asombro?

CULPA:

¡Mujer, tente!

FUROR:

Di, ¿qué es eso?


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LAURETA:

A la orilla de ese mar
estaba, ¡ay de mí!, sintiendo
soledades de María,
(pues para tan poco tiempo
la gozó mi heredad, bien
que para que viva eterno
su nombre, con conservar
donde hoy yace el de Laureto
pagó el hospedaje) cuando
en ella vi tomar puerto,
sin saber de qué bajel,
pálido, herido y sangriento,
descubiertas las entrañas
por el desgarrado pecho,
el corazón en las manos,
un cadáver o esqueleto
con poca alma para vivo
y con mucha para muerto.
Claras luces, suaves voces
le acompañan; mas no puedo
proseguir, pero ¿qué mucho?,
si todos huyen diciendo:


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(Salen por varias partes.)
LASCIVIA:

¿Adónde irán mis desdichas?

GULA:

¿Adónde mis desconsuelos?

ENVIDIA:

¿Dónde a parar van mis ansias?

AVARICIA:

¿Dónde a morir mis tormentos?

IRA:

¿Dónde a descansar mis iras?

SOBERBIA:

¿Dónde a fallecer mis riesgos?

LOS DOS:

¿Qué es esto, mortales vicios?

SOBERBIA:

Volver a ti, pretendiendo,
dos veces mortales, que
vuelvas a abrir dese centro,
Culpa, la obscura prisión,
para que de la hidra el cuerpo
cobre sus siete gargantas
por quien respire venenos
que desahoguen las furias
y los rencores de vernos
postrados a tal asombro.


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TODOS:

Pues vendrá a importarnos menos,
que ver nuevos triunfos fuera,
sentir nuevas penas dentro.

SOBERBIA:

Y para que veas con cuánta
causa huimos y tememos,
vuelve a ver fee y religión
de aquel venerable viejo
a quien la soberbia mía,
revestida en infiel dueño,
dio muerte: verás que tray
de su voto en cumplimiento
a María el corazón.

IRA:

Y a quien de todos los pueblos
que ha pasado sigue el vulgo,
a coros con él diciendo
de su oficio los más dulces,
más enamorados versos.

TODOS:

A cuyo cántico todos
fuerza es postrarnos oyendo:


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(Salen los cuatro ángeles que aparecieron en la casa con hachas, alumbrando al PEREGRINO, que ensangrentado tray el corazón en las manos. Detrás dél todos los músicos, y delante de todos, guiándolos, el ÁNGEL. Los vicios se postran como va pasando hasta llegar al cuarto carro, que será un templo suntuoso, el cual, abriéndose en dos mitades, descubrirá una fábrica rica con un altar, y en él una imagen a imitación de la de Loreto. En la mesa del altar habrá un cáliz y hostia con su araceli y al pie dél el PENSAMIENTO, como en oración, arrodillado.)
PEREGRINO:

Ave, estrella de la mar,
Madre de Dios soberana.

MÚSICA:

Ave, maris stella,
Dei mater alma.

PEREGRINO:

Ave, siempre Virgen pura,
feliz puerta de la gloria.

MÚSICA:

Atque semper virgo,
felix celli porta.

PEREGRINO:

Ave, ¡oh, tú!, que concebiste
oyendo a Gabriel las voces.

MÚSICA:

Summens illud Ave
Gabrielis ore.


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PEREGRINO:

Tú, que para nuestra paz
mudaste a Eva en ¡Ave! el nombre.

MÚSICA:

Funda nos in pace,
mutans Evæ nomen.

PEREGRINO:

Ave, y dando al ciego luz,
los lazos al reo disuelve.

MÚSICA:

Solve vincla reis,
profert lumen cæcis.

PEREGRINO:

Y para que nuestros males
con tus bienes se mejoren.

MÚSICA:

Mala nostra pelle,
bona cuncta posce.

PEREGRINO:

Muéstrate ser madre, haciendo
por ti nuestro ruego acete.


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MÚSICA:

Monstra te esse matrem,
summat per te præces.

PEREGRINO:

El que de tu vientre quiso
ser el más bendito fruto.

MÚSICA:

Qui pro nobis natus
tullit esse tuus.

PENSAMIENTO:

Dése al Padre la alabanza,
la honra al Hijo Cristo, y luego...

MÚSICA:

Sit laus Deo Patri,
Summo Cristo decus.

PENSAMIENTO:

Al Espíritu la gloria,
porque sea en este triunfo.

MÚSICA:

Spiritui Santo,
tribus honor unus.


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CULPA:

Hollando nuestras cervices
y pisando nuestros cuellos,
por encima de nosotros
ha pasado.

FUROR:

Y hasta el templo
ha llegado, a cuyas puertas,
que a admitirle se han abierto,
retraído de nosotros
encuentra su Pensamiento.

SOBERBIA:

Cobrado, con él se abraza.

PENSAMIENTO:

No me dirás, por lo menos,
que donde quedé no me hallas.

PEREGRINO:

Claro está, pues por ti vuelvo,
que si no estuvieras vivo
tú, ya estuviera yo muerto.

ÁNGEL:

Sube al altar, y con él
suba nuestra voz al cielo
para que con experiencia
reconozca el Universo...


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MÚSICA:

Que para darle a María,
puesto en ella el pensamiento,
todos nuestros corazones
en nuestras manos tenemos.

UNOS:

¡Qué asombro!

OTROS:

¡Qué confusión!
(Sube, acompañado de los ángeles, al altar.)

PEREGRINO:

A vuestras plantas ofrezco,
Virgen pura y sin pecado,
desde el instante primero
de vuestro primero ser,
privilegiado ab eterno,
este humilde corazón;
nada os doy, pues ya era vuestro.
Sólo en premio de mi fee
(pues Vos sois de mi fe el premio)
os suplico ya, Señora,
que a vuestro piadoso ruego
tan sobrenaturalmente
viví hasta aquí, el breve tiempo
me dilatéis el favor
que tarden mis muchos yerros
en confesarse, porque
con menos indigno afecto
en vuestras aras reciba
este sancto Sacramento,
mostrando que para hallarle
sois el camino más cierto.


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A María el corazón Pedro Calderón de la Barca


ÁNGEL:

Yo te ofrezco de su parte
esa piedad, porque luego
que le hayas recebido
sea tu piadoso entierro
la peana de su altar.

FUROR:

Llegó a su extremo el extremo
de mis desdichas.

CULPA:

¡Qué mucho,
si llegó al mayor aumento
de la Gracia! }}

SOBERBIA:

Declarando
al mundo con este ejemplo
que para atropellar vicios...

IRA:

Y recebir el inmenso
milagro de los milagros...


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TODOS:

Es María el mejor medio.

PEREGRINO:

Pues confesaldo vosotros
para mayor dolor vuestro,
mientras para mayor honra
suya decimos a un tiempo:

TODOS Y MÚSICA:

Que para darle a María,
puesto en ella el pensamiento,
todos nuestros corazones
en nuestras manos tenemos.
(Con esta repetición y chirimías se cierra el carro y acaba el auto.)

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