A don Alonso Pérez de Guzmán: 02

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A don Alonso Pérez de Guzmán Pedro Calderón de la Barca


Con esta autoridad, honestados a luz de servicio los decoros de mi nuevo estado, sin haber tomado la pluma para otra cosa que no sea fiesta de Su Majestad o fiesta del Santísimo, obedecí entonces y desde entonces a cuanto en esta buena fe se me ha mandado; hasta que, habiendo puesto los ojos en una pretensión que cabe en los límites de mi esfera, no desguarnecida de servicios propios y heredados; después de publicada la merced, me la ha retirado la objeción de no sé quién, que juzga incompatibles el sacerdocio y la poesía; y aunque a mí me basta a saber que no lo sean el que Su Majestad lo admita, y sus mayores ministros me lo manden, pues incompatibilidad fuera no constarles a ellos y no ser decente, siendo así que la censura ha de encontrar primero con su mandado que con mi obediencia; con todo eso, mientras la duda se mantenga tolerada y no vencida, no deja de padecer mi reputación considerable nota, de que sólo puede, hasta la resolución, ponerme en salvo el que, si erré engañado, con dejarlo, no erraré advertido; que nadie está obligado a enmendar defecto que no conoce hasta que haya piedad que se lo advierta.

Dirame Vueseñoría que las fiestas del Corpus no hacen consecuencias para otras; y responderé yo que si a mí me pusieran la objeción de los asuntos de cuanto hasta hoy he escrito, con mejorar los asuntos desvaneciera la objeción; pero quien me capitula, no me capitula, ni puede, lo que escribo, sino el que lo escribo; y lo digno de un objeto no enmienda lo indigno de un ejercicio; y mientras no me dieren por digno el ejercicio, no me pueden dar por digno ningún objeto suyo; fuera, señor, de que darme al partido de que en particular es bueno, es darme al partido de que en común es malo. Declárese si lo es o no; que siendo bueno, aquí estoy para servir y obedecer toda mi vida; y no lo siendo, ni a Su Majestad ni a Vueseñoría Ilustrísima le puede parecer mal que, conocido el yerro, trate de enmendarle; y aun el mismo misterio se dará por más bien servido; pues lo que se califica indecoro de un altar, mal puede quedar festividad de otro. Y, en fin, señor, dejándome a ser primero ejemplar del mundo en que se pudo desmerecer obedeciendo, reduzgamos a dos palabras el discurso: que no es justo que por mí se haga estorbo a mayores importancias. O es malo, o es bueno: si es bueno, no me obste; y si es malo, no se me mande.
Dios guarde a Vueseñoría Ilustrísima...


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