Abel Martín: 2

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Abel Martín Antonio Machado


Que fue Abel Martín hombre mujeriego lo sabemos, y, acaso también onanista; hombre en suma, a quien la mujer inquieta y desazona por presencia o ausencia. Y fue, sin duda, el amor a una mujer el que llevó a Abel Martín a formularse esta pregunta: ¿Cómo es posible el objeto erótico?.

De las cinco formas de la objetividad que estudia Abel Martín en su obra más extensa de metafísica, a cuatro disputa aparenciales, es decir, apariencias de objetividad y, en realidad, actividades del sujeto mismo.

Así, pues, la primera, en el orden de su estudio la x constante del conocimiento, considerado como problema infinito, sólo tiene de objetiva la pretensión de serlo.

La segunda, el llamado mundo objetivo de la ciencia, descolorido y descualificado, mundo de puras relaciones cuantitativas, es el fruto de un trabajo de desubjetivación del sujeto sensible, que no llega -claroes- a plena realización, y, que, aunque a tal llegara, sólo conseguiría agotar el sujeto, pero nunca revela objeto alguno, es decir, algo opuesto o distinto del sujeto. La tercera es el mundo de nuestra representación como seres vivos, el mundo fenoménico propiamente dicho. La cuarta forma de la objetividad corresponde al mundo que se representan otros sujetos vitales.

"Éste -dice Abel Martín- aparece, en verdad, englobado en el mundo de mi representación; pero dentro de él, se le reconoce por una vibración propia, por voces que pretendo distinguir de la mía. Estos dos mundos que tendemos a unificar en una representación homogénea, el niño los diferencia muy bien, aun antes de poseer el lenguaje. Mas esta cuarta forma de la objetividad no es, en última instancia, objetiva tampoco, sino por una aparente escisión del sujeto único que engendra, por intersección e interferencia, al par, todo el elmento tópico y con ceptual de nuestra psique, la moneda de curso en cada grupo viviente."

Mas existe -según Abel Martín- una quinta forma de la objetividad, mejor diremos una quinta pretensión a lo objetivo, que se da en las fronteras del sujeto mismo, que parece referirse a un otro real, objeto, no de conocimiento sino de amor.

Vengamos a las rimas eróticas de Abel Martín.

El amor comienza a revelarse como un súbito incremento del caudal de la vida, sin que, en verdad, aparezca objeto concreto al cual tienda.

Primaveral

Nubes, sol, prado verde y caserío
en la loma, revueltos. Primavera
puso el aire de este campo frío
la gracia de sus chopos de ribera.
Los caminos del valle van al río
y allí, junto del agua, amor espera.
¿Por ti se ha puesto el campo ese atavío
de joven, oh invisible compañera?
¿Y ese perfume del habar al viento?
¿Y esa primera blanca margarita?...
¿Tú me acompañas? En mi mano siento
doble latido; el corazón me grita,
que en las sienes me asorda el pensamiento:
eres tú quien florece y resucita.

"La amada -dice Abel Martín- acompaña antes que aparezca o se ponga como objeto de amor; es, en cierto modo, una con el amante, no al término, como en los místicos, del proceso erótico, sino en su principio".