Abrojos/LVIII
Apariencia
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¿Que por qué así? No es muy dulce
la palabra, lo confieso.
Mas de esa extraña amargura
la explicación está en esto:
después de llorar mil lágrimas
ásperas como el ajenjo,
me alborotó el corazón
la tempestad de mis nervios.
Siguió la risa al gemido,
y á la iracundia el bostezo,
y á la palabra el insulto,
y á la mirada el incendio
por la puerta de la boca
lanzó su llama el cerebro;
y en aquella noche oscura,
y en aquel fondo tan negro,
con la tempestad del alma
relampagueó el pensamiento,
y les salieron espinas
á las flores de mis versos.