Academias: A la Dama verde

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Academias del jardín - A la Dama verde​ de Jacinto Polo de Medina


 Doña Hortaliza con alma,  
 doña Andante Torongil,  
 cuyo gusto por extraño  
 a todos da que reír.  
 Tú, que vestida de verde            
 desde el moño al escarpín,  
 en eterna primavera  
 determinas de vivir;  
 Santa Hermandad de las calles,  
 que verdizas tan sutil,   
 que miras por verde antojo  
 porque sea todo así.  
 Tú, que porque el natural  
 ojos te dio de zafir, 
 preguntaste a un tintorero   
 si se podían teñir,  
 escucha dos pesadumbres  
 que te vuelvan de carmín,  
 y entre lo rojo y lo verde  
 templarás tu frenesí.   
 Atiende, porque mi musa,  
 no ya a moco de candil,  
 sino a moco verde, quiero  
 escogerte apodos mil.  
 La mujer más verdadera   
 eres, que en mi vida vi,  
 con estrella de alcacel  
 te debieron de parir.  
 Y este parecer aprueban,  
 pues, pasando junto a ti,   
 ensartando mis suspiros, 
 te dio un bocado un rocín.  
 Después que reverdeciste  
 ya te llaman por ahí,  
 como a Santiago el Verde,   
 Fílida la Verde, a ti.  
 Muy bien pueden pretender  
 tu cara de serafín,  
 donde hay esperanza franca  
 para cualquiera Amadís.   
 Pero ¿quién te comerá,  
 aun con tanto perejil,  
 si da lo verde dentera  
 al gusto más baladí?  
 No morirás malograda,   
 pues en esta vida, en fin,  
 te has dado más lindos verdes  
 que el potro de Belianís. 
 Verde estás de pensamientos,  
 si son como tu vestir,   
 quiera Dios que de la saya  
 no pasen al faldellín.  
 Por lo que viste y hablas  
 juzgo que te puedes ir  
 a ser verdolaga en prado,   
 y verderol a un jardín  
 Qué buena, Fílida, eres  
 para pintada en país,  
 con más yerbas y verduras  
 que una olla de Madrid.   
 El otro día reñiste,  
 y por afrenta en la lid  
 te trató de verdulera  
 un mozuelo picaril. 
 Plaza en tiempo de Cuaresma   
 te llamó cierto pasquín,  
 y un ingenio de buen aire,  
 lo verde que dio el abril.  
 Mas aunque mueras de vieja  
 nadie te podrá decir   
 ni llamar mujer madura,  
 pues tan verde has de morir.