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Escena III[editar]

ZAMORA, y luego DON CARLOS.


ZAMORA. -¡Pobre muchacha! Qué hubiera sido de ella si no da la casualidad de que el amo...

DON CARLOS. -¡Hola, Zamora! ¿Habrá llegado papá?

ZAMORA. -Sí señor; hará cosa de una hora: acababa usted de salir según nos dijeron.

DON CARLOS. -Ese loco de Mendoza me ha detenido. (Tuvo que separarse del camino real porque lo venían persiguiendo, y la maldita casualidad lo ha traído aquí con la muchacha... Yo no sé cómo ha de salir de esta aventura.) (Viéndole reír.) ¿De qué te ríes Zamora?

ZAMORA. -Ah, ah, ah, señorito... Me río de esa señora que trae el señor de Mendoza, que al apearse en la posada me han dicho que tenía un cuidado de taparse la cara... Ah, ah, ah... Se me figura que esa dama es...

DON CARLOS. -Es su... su mujer. (Serio.)

ZAMORA. -Ah, ya entiendo.

DON CARLOS. -Pues yo te prohíbo entenderlo de otro modo que como yo te lo digo. (Viéndole reír.)

ZAMORA. -Está bien, señorito.

DON CARLOS. -Quién es aquella (deteniéndose en la puerta del foro) joven que anda por el jardín..., allí debajo del emparrado..., creo que no es mi hermana.

ZAMORA. -No señor. Es una joven que vino con el amo hasta Ocaña en la diligencia..., allí le sucedieron mil trabajos, y..., es historia larga. El amo se lo contará a usted.

DON CARLOS. -(Qué aire se da a lo lejos a aquella muchacha... ¡Aprensión! ¡Su imagen me persigue por todas partes!) ¿Ha venido alguien más?

ZAMORA. -No señor. ¡Ah! Sí señor: el amo ha reclutado otro en Ocaña. Don Cenón Carcoma, el fabricante del Quintanar.

DON CARLOS. -¡Qué me dices! ¡Don Cenón aquí! ¿Y a qué viene? (Si será detrás de los otros.)

ZAMORA. -Creo que el amo quería hacerle unas compras, y por eso sin duda se lo ha traído.

DON CARLOS. -(¡Ojalá!) Dime, ¿está de mal humor?

ZAMORA. -¡Hecho un demonio! Y a cada momento se le oye gritar: «¡Estoy arruinado!»

DON CARLOS. -(Vamos: sabe ya la fuga de su sobrina.)

ZAMORA. -Pero no creo que lo mate ninguna pesadumbre. En el comedor está dando cuenta de una fuente de jamón con tomate que le han presentado, y es un gusto verlo llorar, beber, limpiarse las lágrimas, tragar y suspirar.

DON CARLOS. -Me alegro que la pena no le quite el apetito. Mira, Zamora: corre a la posada, pregunta por el señor de Mendoza, y dile que don Cenón Carcoma acaba de llegar a la quinta.

ZAMORA. -¡Ah! ¿Su amigo de usted conoce a don Cenón?

DON CARLOS. -Sí, sí; ve pronto.

ZAMORA. -Voy corriendo, señorito. (Volviendo.) Diga usted, ¿podré decirle de paso a don Cenón que el señor de Mendoza, esta en el pueblo?

DON CARLOS. -¡Demonio! ¿Estás en tu juicio?

ZAMORA. -Bueno, bueno. Voy. (Vase por la derecha.)


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