Afectos de odio y amor: 018

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Afectos de odio y amor Jornada I Pedro Calderón de la Barca


CASIMIRO:

¡Oh, quién supiera pintarla!
Mas será impropriedad necia
detenerme ahora en decir
que (o porque no la afligiera
la sobrevista, o vencer
con la ventaja más cierta
de dejarse ver) traía
sobre las doradas trenzas
sola una media celada,
a la borgoñota puesta,
una hungarina, o casaca,
en dos mitades abierta,
de acero el pecho vestido
mostraban, de cuya tela
un tonelete, que no
pasaba de media pierna,
dejaba libre el vestido
de la bota y de la espuela.
Esta, pues, nueva Tomiris,
esta, pues, Floripes nueva,
desempeñara el acaso
de la pasada tragedia,
si al avance de su gente,
y opósito de la nuestra,
no se interpusiera obscura
la enmarañada tiniebla
de la noche, en cuyo espacio,
aprovechada la tregua,
pareció a sus generales,
que a Fusa, primera fuerza
defensible de su Estado,
se retirase, y con ella
el real cadáver de Adolfo,
en cuyas aras funestas
la jurasen reina, antes
que sin jurarla pudiera
el trance de una batalla
aventurar la obediencia;
mayormente en reino donde
tan poco ha que fue depuesta
la Salia ley, que dejaba
desheredadas las hembras.


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