Afectos de odio y amor: 023

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Afectos de odio y amor Jornada I Pedro Calderón de la Barca


TURÍN:

Oye atenta.
Después que a Fusa, señor,
retiró el campo Cristerna,
y que al cadáver de Adolfo
se hicieron reales exequias,
mezclando a un tiempo el Estado
dos acciones tan diversas,
como fúnebre y festivo,
allí la juró por reina.
Apenas miró en su frente
la corona, cuando puesta
en pie, la mano en la espada,
dijo en voz desta manera:
«Yo, Cristerna, a quien leal
admite y jura Suevia,
como a legítima hija
de Adolfo, acepto la herencia,
no tanto del reino, cuanto
del dolor de su tragedia;
y así hago pleito homenaje
sobre estas aras sangrientas,
de no darle sepultura
hasta que vengada vea
lavar su sangre con sangre
del agresor de su ofensa.
Y aunque nunca al matrimonio
di plática, porque vea
el mundo cuánto tras ti
esta esperanza me lleva,
mi mano le ofrezco al noble
que le mate o que le prenda,
y al no noble cuantos puestos,
mercedes y honras pretenda.


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