Afectos de odio y amor: 039

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Afectos de odio y amor Jornada I Pedro Calderón de la Barca


SIGISMUNDO:

Oye, y sabrasla.
Sigismundo, señora,
que humilde el eco de tu nombre adora,
romper contigo siente
la paz que inmemorial guardó prudente
su vecindad en amigable trato;
y porque nunca baldonar de ingrato
puedas su estilo, el fin de lo que intenta,
segunda vez por mí te representa.
Dice, pues, que su prima
Auristela, deidad que amante estima,
fue, desde su primera
edad, el punto, el término, la esfera
de toda su esperanza,
tan desde su crïanza
niño Amor, que hasta hoy no se ha acordado
haber vivido, sin haber amado.
A este primer empeño
añade que juzgándose ya dueño
de igual correspondencia,
la posesión la malogró la ausencia:
la causa de otros visos han estado
(porque no quiero recatarte nada),
le dice (que pretende
satisfacer, que tu amistad no ofende)
no fue, como sin duda habrás oído,
querer su pundonor desvanecido
casar desde su casa,
sino querer, si a otro sentido pasa,
castigar no sé qué vanos recelos,
que a no ser suyos, los llamara celos,
con que turbó la paz en que vivía
una traidora fe que la servía,
fingiendo (bien se deja su cuidado
adivinar) que de ella enamorado,
(mas ¿qué no hará quejosa una hermosura?),
su favor pretendía, ¡qué locura!


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