Al pasar del arroyo: 022

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Al pasar del arroyo Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LUÍS.

Dejemos quejas, ¡oh Lisarda mía!,
comunes entre hermanos, cuanto injustas,
que tú verás, si mi cuidado es sólo
esas galas que dices y esos pasos;
nunca ponéis en cuenta las mujeres
aquello de sentaros al espejo
con tanta multitud de redomillas,
que no hay pintor que tenga más colores;
el tiempo que gastáis en hacer muda
el dinero en vestidos y tocados,
de enriquecidas tiendas inventados,
pues con vuestras cabezas, a su viento,
levantan mercaderes, hasta el cielo
casas, que tantas tienen por el suelo;
ya parecéis Sibilas, ya Cleopatras,
ya romanas, ya griegas, ya flamencas,
finalmente….

LISARDA.

No más, nunca yo hablara:
digo que no me cases en tu vida.

LUÍS.

Si tú me riñes, es razón que sepas
que doy satisfacción de mis costumbres;
mas yo te casaré, luego que acabe
una encomienda de un amigo mío.

LISARDA.

¿Qué amigo, y qué encomienda?


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