Al pasar del arroyo: 048

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Al pasar del arroyo Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BENITO.

Bajó, en fin, acompañada
este divino lucero
hasta las casas del Duque,
como al Occidente vemos
la luna en serena noche,
del espléndido ornamento
de sus brilladoras luces
del Norte, a su lumbre opuesto,
las Hélices, las dos Osas,
el Carro y la blanca Venus.
Allí la Villa aguardaba
cerca de un arco del cielo,
porque allí se apareció
y estuvo en dos horas hecho;
de un palio de blanca tela
dieciséis varas abrieron
una generosa calle
al sol, porque fuese dentro.
Los vestidos que llevaba
el ilustre regimiento
eran conformes al día,
que no ay más que encarecerlos,
y ya sabéis que Madrid
excede, como en el celo,
a muchas grandes ciudades
en riquezas, y deseos.
Formaron por dos hileras
las dos guardas, paralelos
al planeta que traía
luz a nuestro hesperio suelo.


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