Almagesto: Libro I - Capítulo 05

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{La Tierra está en el medio de los Cielos}

[1]

Una vez que uno ha comprendido esto [capítulo anterior], si uno seguidamente considera la posición de la Tierra, encontrará que el fenómeno asociado a ella puede tomar lugar sólo si asumimos que ésta está en el medio de los cielos, como [si estuviera] en el centro de una esfera. Si éste no fuera el caso, la Tierra podría estar tanto

[a] no sobre el eje [del Universo] sino equidistante de ambos polos, o
[b] en el eje pero alejada de uno de los polos, o
[c] ni en el eje ni equidistante de ambos polos.

Contrariamente, la primera de estas tres proposiciones militan los siguientes argumentos. Si imaginamos [la Tierra] alejada del Cenit o del Nadir de algún observador, entonces, si él estuviera en la esfera recta, nunca podría experimentar el Equinoccio, dado que el horizonte siempre podría dividir los cielos en dos pares desiguales, una por encima y la otra por debajo de la Tierra; si estuviera en la esfera oblicua, nuevamente, tanto, el Equinoccio nunca ocurriría del todo, o, [si éste ha ocurrido], no podría estar en una posición a medio camino entre el Solsticio de Verano y el de Invierno, dado que estos intervalos necesariamente podrían ser distintos, ya que el Ecuador, que es el mayor de todos los círculos paralelos dibujado alrededor de los polos del movimiento [diario], ya no sería dividido en dos por el horizonte; en cambio [el horizonte podría dividir en dos] uno de los círculos paralelos al Ecuador, tanto hacia el Norte o hacia el Sur de él. Sin embargo, absolutamente, todos los habitantes [de la Tierra] están de acuerdo que estos intervalos son iguales en todas partes de la Tierra, dado [que en todas partes de la Tierra] el incremento del día más largo sobre el día equinoccial en el Solsticio de Verano es igual al decremento del día más corto del día equinoccial en el Solsticio de Invierno. Pero si, por otro lado, imaginamos el desplazamiento de algún observador yendo hacia el Este o hacia el Oeste, éste encontraría que los tamaños y las distancias de las estrellas no permanecerían constantes e inalterables en los horizontes Este y Oeste, y que el intervalo de tiempo desde la salida hasta la culminación no sería igual al intervalo desde la culminación hasta la puesta. Obviamente esto está completamente en desacuerdo con el fenómeno.

Contrariamente a la segunda proposición, en la que la Tierra se imagina ubicada en el eje alejada hacia uno de los polos, uno puede hacer las siguientes objeciones. Si esto fuera así, el plano del horizonte podría dividir los cielos dentro de una parte encima de la Tierra y una [otra] parte por debajo de la Tierra las cuales son distintas y siempre diferentes para distintas latitudes [2], si uno considera la proporción de la misma parte en dos latitudes diferentes o las dos partes en una misma latitud. Sólo en la esfera recta el horizonte puede bisecar [dividir en dos] la esfera; en el caso de una esfera oblicua tal que el polo [celeste] más cercano estuviera siempre visible, el horizonte puede hacer siempre que la parte por encima de la Tierra fuese menor [en dimensiones] y la parte por debajo de la Tierra mayor; por lo tanto otro fenómeno podría ser que el gran círculo de la eclíptica podría estar dividido en partes diferentes por el plano del horizonte. Sin embargo, es evidente que esto no es absolutamente así. En cambio, seis signos zodiacales son visibles por encima de la Tierra en todo momento y lugares, mientras los seis restantes son invisibles; entonces, nuevamente [en un instante posterior], los últimos son visibles en su totalidad por encima de la Tierra, mientras que en el mismo momento los otros no son visibles. Por lo tanto, es obvio que el horizonte biseca [divide en dos] el [círculo del] zodiaco, dado que los mismos semicírculos son cortados por él [horizonte], en consecuencia aparecen en un momento completamente por encima de la Tierra, y en otro [completamente] por debajo de ella.

Y en general, [tercera proposición] si la Tierra no estuviera situada exactamente debajo del Ecuador [celeste], sino alejada hacia el Norte o hacia el Sur en dirección a uno de los polos, el resultado podría ser que en los Equinoccios la sombra del reloj de Sol (gnomon) en la salida del [mismo] ya no formaría una línea recta con su sombra en la puesta sobre un plano paralelo al horizonte, ni siquiera [esta línea sería] precisa [3]. Sin embargo, éste es un fenómeno que se observa claramente en todas partes.

Inmediatamente está claro que la tercera opción numerada es igualmente imposible, dado que los tipos de objeciones que hicimos para las [dos primeras proposiciones] ambas provendrían para este caso.

Resumiendo, si la Tierra no se ubicara en el medio [del Universo], el entero orden de las cosas que observamos en el incremento y disminución de la longitud del día solar, estaría fundamentalmente perturbado. Además los eclipses de Luna no estarían restringidos en situaciones donde la Luna está diametralmente opuesta al Sol (cualquiera que sea la parte del cielo [en que se encuentren las luminarias]), dado que a menudo la Tierra se interpondría entre ellas cuando no estuvieran diametralmente opuestos, sino a intervalos menores que un semicírculo.

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Notas de referencia

  1. Ver Pedersen 39-42.
  2. La palabra aquí traducida y más tarde como “latitud [terrestre]” es , por su significado ver la Introducción.
  3. La palabra precavida “precisa” está insertada dado que el Equinoccio no es una fecha sino un instante en el tiempo. Por lo tanto en el día del Equinoccio, el Sol no sale debidamente por el Este y ni se pone debidamente en el Oeste (tal como está implícito en la salida y en la puesta, las sombras se ubican en la misma línea recta). Sin embargo, la diferencia podría ser “imperceptible a los sentidos”.