Amar, servir y esperar: 021

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Amar, servir y esperar Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


DOROTEA:

Camina, rogando quedo
al cielo, temple el rigor,
pues sabe que no merezco
por obedecer mis padres
tantos males como tengo.
Si como la antigüedad
creyó que era Dios el sueño,
pudiera yo persuadirme
a que con humildes ruegos
a sus aras prometiera
ámbar en lugar de incienso.
Cubre sueño perezoso
de aqueste bárbaro fiero
los ojos, que si me dijo
en el camino requiebros,
no eran de hombre enamorado,
que si fueran verdaderos,
de lo que ya deseaba
le despertara el desvelo.
Piedad airados cielos,
que soy mujer y sola y sin remedio.
Los caballos suenan ya,
oh quién pudiera ponerlos
defensa en las herraduras
contra las piedras del suelo.
La puerta abrieron, ya salen;
¡ay Dios qué golpe tan necio!,
ya están fuera los caballos,
también la del cielo temo.
Aurora detente un poco,
pues dicen que estás durmiendo
en los brazos de quien amas,
que con amor verdadero,
por más que le llame el sol
nadie se levanta presto.
Y tú no saques los tuyos
padre de Faetón soberbio,
así te abrace laurel
quien te despreció mancebo.
¡Piedad airados cielos,
que soy mujer y sola y sin remedio!