Amar después de la muerte: 108

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Jornada III- Escena I
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Amar después de la muerte Jornada III Pedro Calderón de la Barca


Cercanías de Galera.
DON ÁLVARO, sin ver a ALCUZCUZ, que está durmiendo en el suelo.
DON ÁLVARO:

Noche pálida y fría,
a tu silencio dignamente fía
mi esperanza su empleo,
mi amor su dicha, mi alma su trofeo;
pues en ti (aunque a pesar de tanta estrella)
dará más noble luz Maleca bella,
cuando redes y lazos
robada finja entre mis dulces brazos.
En alas del cuidado,
como a un cuarto de legua ya he llegado
de Galera. Esta parte
donde naturaleza obró sin arte
cerrados laberintos
de hojas, ni bien confusos ni distintos,
nocturno albergue sea
del caballo; y, pues, nadie hay que me vea,
quede a ese tronco atado,
más seguro a las riendas hoy fiado
un bruto, que al cuidado ayer de un hombre,
 (Tropieza en ALCUZCUZ.)
que... Mas no hay accidente que no asombre
un pecho enamorado.
Si bien este accidente
con justa causa mi valor le siente,
pues cuando al muro ya a acercarme empiezo,
en un cadáver mísero tropiezo.
Todo cuanto hoy he visto, todo cuanto
he hallado, es asombro, horror y espanto.
¡Ay infelice, ay triste,
oh tú, que monumento el monte hiciste!
Mas no... ¡Ay dichoso, oh tú, que con la muerte
mejoraste las ansias de tu suerte!
¡Con qué de sombras lucho!