Amar por arte mayor: 002

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Jornada I
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Amar por arte mayor Jornada I Tirso de Molina


Salen DON TELLO de camino
y DON MELENDO.
  
TELLO

Don Lope Iñíguez, biznieto
del primer rey que en Sobrarbe
constituyó, aunque entre riscos,
reinos que el cielo dilate,
primo de don Sancho Abarca, 5
descendiente de la sangre
del Estúñiga Primero,
a quien debe España altares,
privaba merecedor
de blasones inmortales 10
con su rey, siendo en la corte
sin segundo, primer grande,
dando causa a siglos de oro
su valor, pues los alfanges
del Africano oprimidos 15
procuraban conservarse,
sin atreverse a sus sierras,
porque de su peso Atlante,
pudiera don Lope ser
el Jove destos Titanes. 20
Un ivierno pues, Melendo,
cuando el cielo en vez de estambres
hilando nubes a copos
viste los cerros y valles,
puso los ojos don Lope 25
en una dama, que alzarse
pudiera a afectar diademas,
con los desdenes de Dafne.
¡Con cuánta hermosura mienten
los egipcios en sus Taide[s], 30
los griegos en sus Elena[s],
los persas en sus Alpaides,
en sus Elisas los frigios,
los libios en sus Onfales,
los romanos en sus Porcias, 35
los medos en sus Campaspes!
Amábala el joven rey,
mas como es tan arrogante
la belleza en las mujeres,
que no reconoce a nadie, 40
ensoberbeciola el verse
sobre esferas majestades,
Faetón de su presunción,
pues la obligó a despeñarse.
Desdeñó amores altezas 45
y antepuso calidades
vasallas a afectos reyes;
¡qué locas son las beldades!
Admitiendo pues servicios
de don Lope, señalarse 50
apeteció con él Venus
y con don Sancho Anajarte.
Paró el secreto amoroso
en necias publicidades,
que ocasionaron malicias 55
en corrillos populares.
Hasta que su rey lo supo,
y si celos son gigantes
en pretendientes humildes,
¿qué serán en pechos reales? 60
Llamó a don Lope su primo
y de[c]larándole aparte
sentimientos de su ofensa,
más que severo, amigable,
le pidió que desistiese 65
de deseos principiantes,
sin competir con coronas
jubiladas de rivales.
Propúsole otros empleos,
pero ya llegaron tarde, 70
que vive amor de imposibles,
mayor cuanto ellos más graves.
Con todo eso prometió
resistencias de diamante,
que se quebraron de vidrio 75
a los primeros combates.
Porque quejosa Isabela,
así se llama la fácil
ocasión destas desdichas,
de que más el poder mande 80
que la belleza en don Lope,
le notificó pesares,
que en sus ojos hechiceros
humedecieron corales.
Creció con la resistencia 85
el amor y así una tarde
le escribió Isabela hiciesen
atrevimientos; alarde
de que amor solo tributa
a hermosuras que adelanten 90
su jurisdición rebeldes,
más a más dificultades.
Fuela a ver favorecido
de tinieblas, que las partes
hacen siempre a amantes robos, 95
porque el sol no las declare;
y con una escala aleve,
cuyos pasos en el aire
de tantas honras bellidos
dieron muerte a tantos padres, 100
profanar osó balcones,
al tiempo que su rey sale
notificando desvelos
al silencio de una calle.
Vio que la escala tercera 105
admitida, su estandarte
iba a enarbolar amor
sobre el más alto homenaje
de la fama, que es la honra.
Y a los primeros umbrales 110
de la ofensa el pie atrevido
del determinado amante,
llegó el rey, volcán de celos
y cortando el cordel frágil
de aquel insulto ministro, 115
a don Lope prender hace
por la guarda que convoca.
Bien pudiera retirarse
o a no estar su rey presente
vestir de nuevos esmaltes 120
el siempre tímido acero,
porque la experiencia sabe
que a sus filos generosos
la misma muerte es cobarde.
No lo hizo por leal, 125
ni lo otro por turbarse,
ocasionando tragedias
y sirviéndole de cárcel
la fuerza más enriscada
que en la cerviz arrogante 130
de aquellos ásperos montes
cierra el paso a Roncesvalles.
Preso en efeto y huyendo
la dama a Francia, amistades
vio don Lope quebradizas, 135
que juzgaba incontrastables.
Y faltaron a la prueba,
que a tiro de adversidades,
no hay Zopiros Babilonios,
Sinones son los Acates, 140
aumentaron lisonjeros
indignaciones mortales,
en el rey, que los dio oídos.
Porque en fee de ser cobardes,
las desdichas nunca vienen 145
una a una, que los males
se precian de acometer
en cuadrillas como alardes.
Aplaudioles el enojo
de don Sancho y porque acaben 150
de una vez celos y envidias,
resolviéndose en matarle,
lo hiciera, a no darle aviso
amigos, que por librarle
de aquel riesgo, le descuelgan 155
por el muro y pisa el margen
deseado de su foso,
donde acudiendo parciales
para el caso prevenidos,
los obliga a que le saquen 160
de aquel sitio y de aquel reino.
Vengose el rey con quitarle
los estados y opinión,
y hay en León quien se alabe
haberle visto en Asturias, 165
puesto que en toscos disfraces,
como los dos sois tan deudos
y tan amigos, añaden
a los primeros indicios
estotros y son bastantes, 170
a que Ordoño agora intente
venir a certificarse,
si es verdad, porque desea
con el navarro hacer paces;
entregándole a don Lope, 175
y yo porque libre os halle
del riesgo destas sospechas,
quise conde, adelantarme.
Consideraldo ahora bien
y si es justo que amistades 180
se favorezcan por vos,
que ofenden dos majestades.


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