Antes de todo, gloria a ti, Leda

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Rubén Darío – IV –

Antes de todo, ¡gloria a ti, Leda! tu dulce vientre cubrió de seda el Dios. ¡Miel y oro sobre la brisa! Sonaban alternativamente flauta y cristales, Pan y la fuente. ¡Tierra era canto, Cielo sonrisa!

Ante el celeste, supremo acto, dioses y bestias hicieron pacto. Se dio a la alondra la luz del día, se dio a los búhos sabiduría y melodía al ruiseñor. A los leones fue la victoria, para las águilas toda la gloria y a las palomas todo el amor.

Pero vosotros sois los divinos príncipes. Vagos como las naves, inmaculados como los linos, maravillosos como las aves.

En vuestros picos tenéis las prendas que manifiestan corales puros. Con vuestros pechos abrís las sendas que arriba indican los Dioscuros.

Las dignidades de vuestros actos, eternizadas en lo infinito, hacen que sean ritmos exactos, voces de ensueño, luces de mito.

De orgullo olímpico sois el resumen, ¡oh, blancas urnas de la armonía! Ebúrneas joyas que anima un numen con su celeste melancolía.

¡Melancolía de haber amado, junto a la fuente de la arboleda, el luminoso cuello estirado entre los blancos muslos de Leda!