Atalaya de la vida humana: 063

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Atalaya de la vida humana I Mateo Alemán


Apaciguólo con razones lo mejor que pudo divertirlo. Y para bien hacer, barajando la conversación pasada, volvió el rostro a César, aquel caballero napolitano que había contado el caso de Dorido y Clorinia, el cual era uno de sus convidados, y, díjole:

-Señor César, pues ya es notorio en Roma y a estos caballeros el caso y muerte de la hermosa Clorinia, recibamos merced en que nos diga qué se sabe del constante Dorido, que me tiene con mucho cuidado.

-A su tiempo lo sabrá Vuestra Señoría -dijo César-, que aqueste no lo es para que dél se trate, ni semejantes desgracias y lástimas caerán bien hoy sobre lo que aquí ha pasado. Mas, pues habemos comido y la fiesta viene, diré otro caso que la ocasión me ofrece, que por haber sido verdadero creo dará mucho gusto.

Agradeciéronle todos la promesa y, estándole atentos, dijo:

«-Residiendo en Valladolid el condestable de Castilla don Álvaro de Luna en el tiempo de su mayor creciente, gustaba muchas veces madrugar las mañanas del verano y salirse a pasear un poco, gozando del fresco por el campo; y, después de haber hecho algún ejercicio, antes que le pudiese ofender el sol, se recogía. Una vez déstas, habiéndose alargado y detenido algo más de su ordinario por un alegre jardín que a la orilla del río Pisuerga estaba, recreándose de ver su varia composición, hermosas flores, alegres arboledas y sabrosas frutas, entró el calor de manera que, temiendo la vuelta y con el gusto de tanta recreación, determinó quedarse gozándola hasta la noche.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX