Atalaya de la vida humana: 137

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Vuelvo a mi cuento. Érame importantísimo salir de Florencia, huyendo de mí mismo, sin saber a qué ni adónde, no más de hasta dejar consumidas aquellas pobres y pocas monedas que me quedaron y la cadenilla de memoria, que a fe que nunca se me apartaba punto della, pensando en la hora que había de blanquearla y, como se me dio con amor, pesábame que forzoso había de tratarla presto con rigor. Quisiérala conservar, si pudiera, no apartándola de mí; mas casos hay en que pueden los padres empeñar a sus hijos. Paciencia. Haré cuanto pudiere y, a más no poder, perdone; que quien otro medio no tiene y fuerza se le ofrece, mayores daños comete.

Luchando andaba comigo mismo. Cruel guerra se traba de pensamientos en casos tales. Consideraba de mí en qué había de parar, con qué me había de socorrer. ¡Válgame Dios, qué apretado se halla un corazón, cuando no lo está la bolsa! Cómo se aflojan las ganas del vivir cuando a ella se le aflojan los cerraderos, y más en tierras estrañas y resuelto de olvidar malas mañas, no sabiendo a qué lo ganar y faltando de dónde poderlo haber, careciendo de persona y amigos a quien atreverme a pedir y lejos de pensar engañar; que si me quisiera dar a ello, no era necesario tanto trabajo ni cuidado; cortada tenía obra para todo el año. Dondequiera que llegara no me había de faltar en qué me ocupar; que, Dios loado, lo que una vez cobré, nunca lo perdí. Sólo el uso desamparé; que las herramientas del oficio no las dejé de la mano: comigo estaban doquiera que iba.

Salí de Roma con determinación de ser hombre de bien, a bien o mal pasar. Deseaba sustentar este buen deseo: mas, como de aquestos están en los infiernos llenos, ¿de qué me importaba, si no me acomodaba? Fe sin obras es fe muerta. Ya tenía mozo: ved qué buen aliño para buscar amo. Habíame acostumbrado a mandar, ¿cómo queréis que me humille a obedecer? Paréceme -aun a más de dos, que no creo haber sido solo en el mundo- que fuera hombre de bien, si con aquel toldo que llevaba, con el punto en que me vía, viera que no me faltaba y que para sustentar aquel ánimo generoso tuviera muchos dineros con que dilatarlo, aunque de milagro pusiera un santo el caudal para ello.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX