Atalaya de la vida humana: 164

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


¡Ta, ta, eso no, amigo! Entraos vos por los filos de mi espada y dejaos enhorabuena venir cuanto mandardes. Que a fe que primero habéis de confesaros que oírme de confesión. Prenda no me habéis de tomar sin que las vuestras estén rematadas. Mas ya una vez las máscaras quitadas, tenga y tengamos, démonos tantas en ancho como en largo, que no habrá más de por medio que los barriles.

Allí estuvimos dando y tomando grande rato, sobre cuáles eran señas mejores para dar el punto de ambos. Venimos a resolver que por los botones del sayo y coyunturas de los dedos, conforme a el arte de canto llano. De manera nos adiestramos en cuatro repasadas, que nos entendíamos ya mejor por señas que por la lengua.

Cuando ya se juntaron los combatientes, yo estaba paseándome por la cuadra, mi rosario en la mano, como un ermitaño, y en el aposento mi criado. Trataron de volver a jugar y el tercero dijo lo que le había pasado, que no halló a cierto amigo que le había de dar dineros; empero que, si querían fiar de su palabra hasta otro día, que jugaría papeles.

El ciudadano dijo:

-De buena gana lo hiciera; mas téngolo por mohína y siempre pierdo.

Desbaratábase ya la conversación y cada uno quería recogerse, y antes que lo hiciesen, dije:


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX