Atalaya de la vida humana: 175

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Porque, como para tomar buena posada se procuraba entrar siempre con sol, en aquel breve tiempo, hasta las horas de recogernos, recorríamos los portillos de todo el pueblo y cuanto había dentro, con achaque de ir pidiendo «Para un estudiante pobre que vuelve a su tierra necesitado», no tanto por lo que nos habían de dar cuanto por lo que les habíamos de quitar, dando vista por los gallineros, para trazar cómo mejor poderlos despoblar. Demás que para las ventas y cortijos llevaba sedales fuertes; con finos anzuelos y con un cortezoncito de pan y seis granos de trigo se nos venían a las manos, y jamás eché lance que dejase de sacar peje como el brazo. Y a mal mal suceder, cuando se caía la casa y no se hallaba qué comer, a lo menos una muy bella posta de ternera no nos podía faltar, como la quisiésemos, de la primera y más pintada que hallábamos en el camino. Luego que a Nápoles llegamos, anduvo los primeros días muy bueno el oficio. Trabajóse mucho, muy bien y de provecho. Vestíme de manera que con la presencia pudiera entretener la reputación de hombre de bien y engañar con la pinta. Y si como la entrada que hicimos de juego de cañas, de oro y verde, solene y bien sazonada de sal, no se nos percudiera después a los fines por mi poco sufrimiento, de allí quedara en buen puesto; mas harto hice con escapar el pellejo y sanas las aldabas. Yo tuve la culpa que me saliesen los huevos güeros; mas, Dios loado, que pudiera ser el daño mayor y aqueso me puso consuelo. Uno de mis camaradas era de la tierra, criado de un regente del Consejo Colateral y sus padres le habían servido. Diósele a conocer, fuele a besar las manos y no las volvió vacías; porque, holgándose de verlo, le ofreció de hacer toda merced, y no a el fiado, sino diciendo y haciendo. Que pocas veces y en pocos acontece comer en un plato y a una mesa. Mas, cuando es el ánimo generoso, siempre se huelga de dar, y más le crece cuanto más le piden. Porque siempre fue condición del dar hacer a los hombres claros, cuanto los vuelve sujetos el recebir. Luego lo acomodó en algunos negocios, a la verdad honrados y dignos de otro mejor sujeto. Andábamos a su sombra, hechos otros virreyes de la tierra, sin haber en toda ella quien se nos atreviera. Con este abrigo nos alargábamos a cosas en que por ventura nuestros ánimos no bastaran solos. Era él nuestra lengua.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX