Atalaya de la vida humana: 177

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Después vine a saber, por mi mal, que luego como en casa entró, sintió alborotado el bodegón, revuelto el palomar y las mujeres a manga por hombro, dando y tomando sobre 'daca la saya', 'toma la saya', y la saya que no parecía: 'tú la quitaste', 'aquí la puse', 'acullá la dejé', 'quién salió', 'quién entro', 'ninguno ha venido de fuera', 'pues parecer tiene', 'los de casa la tienen', 'tú me la pagarás'. Andaba una grita y algazara, que se venían los techos a el suelo sin entenderse los unos con los otros. En esto entró el dueño, conociendo su yerro en haberme dejado salir con ella, y reportando a su mujer le dijo que un ladrón la llevaba, contándole lo que comigo había pasado a su misma puerta. Salióme a buscar; mas con mi buena diligencia me desparecí por entonces, dando con la persona en salvo y poniendo la prenda en cobro. Luego aquella noche me fui a casa del gran Condestable, con deseo de poder ejecutar un lance que algunos días antes había hecho en borrón; aunque lo traía ya en blanco y hilvanado, nunca tuve ocasión para poderlo sacar en limpio hasta entonces. Juntábanse allí muchos caballeros a jugar y de ordinario se solían hacer tres o cuatro mesas, asistiendo de noche a ellas un paje o dos de guarda. Sobre cada tabla estaba puesta su carpeta de seda y dos candeleros de plata. Yo llevaba comigo contrahechos un par, de muy gentil estaño, y tales, que de los finos a ellos no se hiciera diferencia, no más en la color que de la misma hechura, buscados a propósito para el mismo efeto. Llevé también dos velas y, todo bien cubierto, me puse a un rincón de la sala, según otras veces lo había hecho, aguardando lance y dando a entender ser criado de alguno de aquellos caballeros. Dos que jugaban a los cientos en una de aquellas mesas pidieron velas. No había más allí de un paje, y tan dormido, que habiéndolas ya dos veces pedido, no recordaba ni respondía. Yo acudí luego y, aderezando mis velas acá fuera, levantado el ferreruelo por cima del hombro, como criado de casa, las metí en los candeleros que llevaba y los de plata debajo del brazo, con que me fui recogiendo hasta la posada; en donde, juntándolos con algunas otras piezas de plata que había recogido, por quitarme de achaques y pesadumbres, 'si son míos o si son tuyos', 'daca señas', 'toma señas', 'de dónde lo compraste', 'quién te lo vendió', acogíme a lo seguro: hice de todo una pasta y en un muy gentil tejo lo llevé a mi capitán, para que con su autoridad y buen crédito lo vendiese.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX