Atalaya de la vida humana: 181

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Dijo luego:

-Y en verdad que dondequiera que se junta esta mala canalla, ningún hombre de bien puede hacer cosa buena. Ya voy huyendo dellos como de la horca, y faltó poco para subirme a ella, porque de sus manos me saco la justicia y me pusieron tras la red. Cuando esto me sucedió, luego hice dar aviso a mi capitán, que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba comigo, informándome bien de lo que había de hacer y decir. De allí se fue a el notario. Hablóle, diciendo conocerme por hijo de padres muy honrados y nobles en España, que no era posible creerse cosa semejante de un caballero como yo y, en caso que fuera verdad, no era mucho de maravillar que con la mocedad, viéndome, si acaso lo estaba, con alguna necesidad o apretado de la hambre, me hubiese atrevido para redimirla; empero que todo era de poca o ninguna consideración y ratería de que no se debiera hacer caso, tanto por su poca sustancia, cuanto por mi mucha calidad y de mi linaje. Con estas buenas palabras y su mejor favor, me puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel. A Dios pluguiera que no, ni en aquellas otras tres, hasta que fuera muy bien de noche; mas, pues así sucedió, sea su bendito nombre loado para siempre. El pecado, portero que siempre me perseguía en los umbrales de las casas, no se olvidó entonces en los de la cárcel. Pues antes que me dejase sacar el pie a la calle, a la misma salida di de ojos con el Maestredata, que andaba solicitando la soltura de un preso. Como me vio y conoció, diome tal rempujón adentro, que me hizo caer de espaldas en el suelo y, cargándose sobre mí, dijo al portero que echase el golpe. Hízolo y quedéme dentro. Volviéronme a encerrar. Púsome acusación, apretándome de manera que ruegos ni el interés de la saya fueron parte para que se bajase de la querella. Era hombre que podía. Hiciéronse todas las posibles diligencias. Ni me valió información de hidalguía ni mi poca edad, para que a buen librar y como si me lo dieran de limosna, por vía de transación y concierto y con todo el favor del mundo, me dieron una pesadumbre -y tal, que no se me caerá para siempre. Por camisas fue y sin ella me sacaron de medio cuerpo arriba, echándome desterrado de allí para siempre. Con lo cual se quedó el majadero sin la saya.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX