Atalaya de la vida humana: 191

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 191 de 442
Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


-Señor, ya Sayavedra tiene dada relación de mí a Vuestra Merced, y sabrá que soy calafate zurdo, un pobreto como todos. Y, aunque conozco que con menos ingenio hay millares muy ricos en el mundo, también he visto con éstos a otros más hábiles ahorcados, no siendo yo el que menos lo ha merecido, de que doy a Dios infinitas gracias. Puede haber poco más de un año -que es el tiempo que ha que resido en esta ciudad- que sirvo a un mercader de harto trabajo, y de cuatro meses a esta parte soy su cajero. Tengo los libros en mi poder; empero los dineros están en el suyo. Amo y temo. No acabo de resolverme cómo hacerle un salto que no me deje después en el aire. Que para poco y malo, menor mal es pasar adelante con mi buen trato. Y si fuese mucho, querríalo gozar mucho. Helo comunicado con Sayavedra; porque para estos casos no hay hombre que pueda solo, para que por allá, entre personas de quien se pueda fiar, pues tiene tantos amigos, lo trate con alguno dellos. Que como son varios los entendimientos, cada cual discurre como mejor sabe, y algunas veces acontece dormitar Homero y salir las trazas buenas. Y cuando anoche recebí su papel enviándome a llamar, sospeché que no sería en balde, que ha mucho que lo conozco y nunca se suele armar sino a cosa señalada. Creo, si acaso le hallamos vado, que habemos de hacer un gentil negocio, de que nos ha de resultar mucho bien. Lo que de su hacienda con verdad puedo afirmar, como quien tan bien lo sabe, por haberlo visto, es que valen las mercaderías que hoy tiene de las puertas adentro de su casa para dar a solo mohatras, más de veinte mil ducados. Y desto me da las llaves muchas veces, por la confianza grande que de mí tiene. Demás que bien sabe que no me tengo de cargar las balas a cuestas, para llevárselas con lo que tienen. Lo que hay encerrado dentro en dos cofres de hierro, en todo género de moneda, pasan de quince mil, y en el escritorio de la tienda encerró, habrá doce días, un hermoso gato pardo rodado, tan manso y humilde como yo. No con ojos encendidos, no rasgadoras uñas ni dientes agudos; antes embutido con tres mil escudos de oro, en rubios doblones de peso de a dos y de a cuatro, sin que intervenga ni sólo un sencillo en ellos. Los cuales apartó y puso allí para dar a logro a cierto mercader que se los pide por seis meses, y no se los quiere dar por más de cuatro, con el cuarto de ganancia, de que le ha de hacer más la obligación por contado. Es hombre del más mal nombre que tiene toda la ciudad y el peor quisto de toda ella. No hay quien bien lo quiera ni a quien mal no haga. No trata verdad ni tiene amigo. Trae la república revuelta y engañados cuantos con él negocian. Tengo por cierto que de cualquiera daño que le viniese, sin duda sería en haz y en paz de todo el pueblo. Ninguno habría que no holgase dello.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX