Atalaya de la vida humana: 193

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


-De aqueste dinero, si se hubiese de hurtar lisamente, a todo riesgo de horca y cuchillo, natural cosa es que cual el peligro tal había de ser la ganancia, y cabíamos en un tercio por persona, siendo tres los compañeros. Mas, pues habemos de jugar a lo seguro y pasar el vado a pie enjuto, sin que dello por algún modo se me pueda poner culpa ni cargar pena, quedando cada uno con su buena reputación de vida y fama, entero el crédito y sana la nuez, bien mereciera cualquier buen arquitecto su parte ligítima por sólo delinearlo, sin otro algún trabajo. Y ésa quiero llevar yo, conforme a lo cual me pertenece liso un tercio, libre y descargado de todo jarrete, y en los otros dos tercios del remaniente habemos de entrar a la parte, cada uno igual del otro con la suya, quedando en ella todos tres parejos.

En esto se dio y tomó; mas, como mi voto eran dos con el de mi criado y de lo que se trataba no era partición de legítima de padres, quedamos en ello de acuerdo. Trújoseme la cera y, en estando las llaves hechas y dada la muestra dellas por Aguilera, que ya corría en el oficio, para que a el tiempo de la necesidad no nos hiciesen caer en falta, le dije una noche que por la mañana quería verme con su amo, que tuviese ojo alerta en lo que allí se hablase para lo que adelante sucediese y que nos viésemos cada noche. Dijo que sí haría y con esto se fue.

Otro día por la mañana fui a la tienda del mercader, y en presencia de Aguilera, su criado, después de habernos hablado de cumplimientos, y saludándonos, le dije:

-Señor mío, soy un caballero que vine a esta ciudad ha pocos días. Vengo a hacer cierto empleo para unas donas, porque trato en mi tierra de casarme; para lo cual traigo poco más de tres mil escudos, que tengo en mi posada. No conozco la gente ni el proceder que aquí tiene cada uno. El dinero es peligroso y suele causar muchos daños, en especial no teniéndolo el hombre con la seguridad que desea. No sé quién es cada cual. Estoy en una posada. Entran y salen ciento. Y aunque me dieron la llave de la pieza, o puede haber dos o acontecerme alguna pesadumbre. Hanme informado de quien Vuestra Merced es, de su mucha verdad y buen término, y véngole a suplicar se sirva y tenga por bien guardármelos por algunos días, en cuanto hallo y compro lo que voy buscando. Que, cuando se ofrezca en qué servir a Vuestra Merced, la que me hará en esto, soy caballero que la sabré reconocer.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX