Atalaya de la vida humana: 194

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


El mercader ya creyó que los tenía en el puño y aun agora sospecho que no fueron sus pensamientos otros que los míos: él de quedarse con ellos y yo de robárselos. Ofrecióme su persona y casa, que podía tenerlo todo a mi servicio. Díjome que los mandase traer muy enhorabuena, que allí los guardaría y me los daría cada y cuando, según y de la manera que se los pidiese. Despedímonos con esto, él dispuesto a guardarlos y yo con palabra dada de que luego se le traerían. Mas nunca más allá volví hasta que fue tiempo.

Cuando a casa volvimos yo y Sayavedra, él estaba como tonto, preguntándome que de dónde le habíamos de dar a guardar aquel dinero, y yo, riéndome, le dije:

-¿Luego ya no se lo llevaste?

Rióse de lo que le dije y volvíle a decir:

-¿Qué te ríes? Yo sé que allá lo tiene ya, y muy bien guardado. Dile a tu amigo Aguilera que de hoy en ocho días nos veamos y se traiga consigo el borrador de su amo, que le suele servir de libro de memorias.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX