Atalaya de la vida humana: 218

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Digamos algo de un testigo falso, cuya pena deja el pueblo amancillado y a todos es agradable gustando de su castigo por lo grave de su delito. ¡Que por seis maravedís haya quien jure seis mil falsedades y quite seiscientas mil honras o interés de hacienda, que no son después poderosos a restituir! ¡Y que de la manera que los trabajadores y jornaleros acuden a las plazas deputadas para ser de allí conducidos a el trabajo, así acuden ellos a los consistorios y plazas de negocios, a los mismos oficios de los escribanos, a saber lo que se trata, y se ofrecen a quien los ha menester! No sería esto lo peor, si no los conservasen allí los ministros mismos para valerse dellos en las ocasiones y para las causas que los han menester y quieren probar de oficio. No es burla, no encarecimiento ni miento. Testigos falsos hallará quien los quisiere comprar; en conserva están en las boticas de los escribanos. Váyanlos a buscar en el oficio de N. Ya lo quise decir; mas todos lo conocen. Allí los hay como pasteles, conforme los buscaren, de a cuatro, de a ocho, de a medio real y de a real. Empero, si el caso es grave, también los hay hechizos, como para banquetes y bodas, de a dos y de a cuatro reales, que depondrán, a prueba de moxquete, de ochenta años de conocimiento. Como lo hizo en cierta probanza de un señor un vasallo suyo, labrador, de corto entendimiento, el cual, habiéndole dicho que dijese tener ochenta años, no entendió bien y juró tener ochocientos. Y aunque, admirado el escribano de semejante disparate, le advirtió que mirase lo que decía, y respondió: «Mirá vos cómo escrebís y dejad a cada uno tener los años que quisiere, sin espulgarme la vida.» Después, haciéndose relación deste testigo, cuando llegaron a la edad, parecióles error del escribano y quisiéronle por ello castigar; mas él se desculpó diciendo que cumplió en su oficio, en escrebir lo que dijo el testigo. Que, aunque le advirtió dello, se volvió a ratificar diciendo tener aquella edad, que así lo pusiese. Hicieron los jueces parecer el testigo personalmente, y preguntándole que por qué había jurado ser de ochocientos años, respondió: «Porque así conviene a servicio de Dios y del Conde, mi señor.» Testigos falsos hay: las plazas están llenas, por dinero se compran y, el que los quisiere de balde, busque parientes encontrados, que por sustentar la pasión dirá contra toda su generación, y déstos nos libre Dios, que son los que más nos dañan.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX