Atalaya de la vida humana: 223

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Yo iba bien apercebido, bien vestido y la enjundia de cuatro dedos en alto. Cuando a Génova llegué, no sabían en la posada qué fiesta hacerme ni con qué regalarme. Acordéme de mi entrada, la primera que hice, y cuán diferente fui recebido y cómo de allí salí entonces con la cruz a cuestas y agora me reciben las capas por el suelo.

Apeámonos, diéronme de comer, estuve aquel día reposando, y otro por la mañana me vestí a lo romano, de manteo y sotana, con que salí a pasear por el pueblo. Mirábanme todos como a forastero, y no de mal talle. Preguntábanle a mi criado que quién era. Respondía: «Don Juan de Guzmán, un caballero sevillano.» Y cuando yo los oía hablar, estirábame más de pescuezo y cupiéranme diez libras más de pan en el vientre, según se me aventaba.

Decíales que venía de Roma. Preguntábanle si era muy rico, porque me vían llegar allí muy diferente que a otros. Porque los que van a la corte romana y a otras de otros príncipes acostumbran ser como los que van a la guerra, que todo les parece llevarlo negociado y hecho, con lo cual suelen alargarse a gastar por los caminos y en la corte misma, hasta que la corte les deja de tal corte, que todo su vestido lo parece de calzas viejas. Después vuelven cansados, desgustados y necesitados, casi pidiendo limosna. Pasan gallardos y, como los atunes, gordos, muchos y llenos; mas, después que desovan, vuelven pocos, flacos y de poco provecho.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX