Atalaya de la vida humana: 226

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Acá entre nosotros corrían cosas de amores: el paseo que di, el favor que me dio, la vez que la hablé y cosas a éstas semejantes, que no llegasen a fuego. Que no los amigos todos lo han de saber todo. Los llamados han de ser muchos; los escogidos pocos, y uno solo el otro yo.

Era este Favelo de muy buena gracia, discreto, valiente, sufrido y muy bizarro, prendas dignas de un tan valeroso capitán, soldado de amor y por quien siempre padeció pobreza; que nunca prendas buenas dejaron de ser acompañadas della. Yo, como sabía su necesidad, por todas vías deseaba remediársela y rendirlo. Tan buena maña me di con él y los más que traté, que a todos los hacía venir a la mano y a pocos días creció mi nombre y crédito tanto, que con él pudiera hallar en la ciudad cualquiera cortesía. Con esto por una parte, mis deseos antiguos de saber de mí, por no morir con aquel dolor, habiendo andado por aquellas partes -en especial considerando que con las buenas mías y las de la persona pudiera quien se fuera tenerse por honrado emparentando comigo-, y los de perversa venganza que me traían inquieto, a pocas vueltas hallé padre y madre y conocí todo mi linaje. Los que antes me apedrearon, ya lo hacían quistión sobre cuál me había de llevar a su casa primero, haciéndome mayor fiesta.

En sólo el día primero que hice diligencia me vine a hallar con más deudos que deudas, y no lo encarezco poco. Que ninguno se afrenta de tener por pariente a un rico, aunque sea vicioso, y todos huyen del virtuoso, si hiede a pobre. La riqueza es como el fuego, que, aunque asiste en lugar diferente, cuantos a él se acercan se calientan, aunque no saquen brasa, y a más fuego, más calor. Cuántos veréis al calor de un rico, que, si les preguntasen «¿Qué hacéis ahí?», dirían «Aquí no hago cosa de sustancia». Pues, ¿danos alguna cosa, sacáis algo de andaros hecho quitapelillo, congraciador, asistente de noche y de día, perdiendo el tiempo de ganar de comer en otra parte? «Señor, es verdad que de aquí no saco provecho; pero véngome aquí al calor de la casa del señor N., como lo hacen otros.» Los otros y vos decíme quién sois, que no quiero que os quejéis que os llamo yo necios.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX