Atalaya de la vida humana: 248

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Hícelo así, que, apenas el sol había salido y él de la cama, cuando tomando Sayavedra las cadenas en dos cofrecitos iguales y muy parecidos, con sus muy gentiles cerraduritas, el muelle de golpe, y, llevándolas debajo de la capa, fuemos allá y hallámoslo levantado, que ya se vestía. No me pareció buena ocasión y quisiera dejarlo para después de comer; mas, cuando le dijeron estar yo allí, mostróse muy corrido de que luego no hubiese subido arriba. Díjele haberlo dejado, por entender que aún estaría reposando. Con estos cumplimientos anduvimos y preguntándonos por la salud y cosas de la tierra, hasta que ya estuvo vestido, que nos bajamos a un escritorio. Cuando allí estuvimos un poco, me preguntó a qué había sido mi buena venida tan de mañana.

Yo le dije:

-Señor, a tener buenos días con los principios dellos, pues las noches no me han sido malas. Lo que a Vuestra Merced vengo a suplicar es que, si hay en casa criado alguno de satisfacción, se mande llamar.

Él tocó una campanilla y acudieron dos o tres y, eligiendo a el uno dellos, dijo:

-Aquí Estefanelo hará lo que Vuestra Merced le mandare.

-Lo que le ruego es -dije- que con mi criado Sayavedra se lleguen a casa de un platero y sepan los quilates, peso y valor de una cadena que aquí traigo.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX