Atalaya de la vida humana: 249

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


Sayavedra me dio luego el cofrecillo en que venía la de oro fino y, sacándola dél, se la enseñé. Holgóse mucho de verla, por ser tan hermosa, de tanto peso y hechura extraordinaria, pareciéndole no haber visto nunca otra su semejante, para ser de oro, lisa, sin esmalte ni piedras. Volvísela luego a dar a mi criado y fuéronse juntos ambos a hacer la diligencia, en cuanto quedamos hablando de otras cosas.

Cuando volvieron trujeron un papel firmado del platero, en que decía tocar el oro de la cadena en veinte y dos quilates y que valía seiscientos y cincuenta y tres escudos castellanos, poco más. Y viendo esto concluido, volvíle a pedir a Sayavedra que me la diese. Diome la falsa en el otro cofrecito abierto, de donde, sacándola otra vez, la estuvimos un poco mirando. Puesta en su cofrecito así abierto, le dije:

-Lo que agora, señor, vengo más a suplicar es lo siguiente: Yo he quedado picadillo de unas noches atrás con unos gentiles hombres desta ciudad, y no lo están menos ellos de que les tengo ganados más de cinco mil reales. Hanme desafiado a juego largo y querría, pues la suerte corre bien, irla siguiendo, probando con ellos mi ventura, que sería posible ganarles mucho aventurando muy poco. Y porque todo consiste o la mayor parte dello está en el bien decir y los que jugamos vamos tan dispuestos a la pérdida como a la ganancia, no querría hallarme tan limitado que, si perdiese, me faltase con qué poderme volver a esquitar y aun por ventura ganarles. Y pues por la misericordia de Dios no me falta dinero y tengo en casa del señor mi tío casi cinco mil escudos, no puedo tocar en ellos, porque, luego que aquí lleguen ciertas letras que aguardo de Sevilla, no podré dilatar una hora la paga ni mi partida para Roma, ya sea para pasar en mi cabeza cierto beneficio, ya sea para en la de otro mi primo hermano, según se dispusieren las cosas a la voluntad y gusto del señor mi tío. De manera, que no es justo ni me conviene tocar en aquella partida, por lo que podría después hacer falta; en especial pudiéndome agora valer de joyas de oro y plata, que no me son tan forzosas. Ni tampoco quiero sin causa y expresa necesidad malbaratarlas ni deshacerme dellas. Aquí tiene Vuestra Merced esta cadena y sabe lo que vale. Lo que suplico es que con secreto -que no quiero que me juzguen acá por tan travieso ni dar a todos cuenta de semejantes niñerías- se me tomen a cambio seiscientos escudos para la primera feria, que ya que gane o pierda, se pagarán o con la propria cadena, cuando todo falte, pues para eso la doy en resguardo, que Vuestra Merced la tenga en sí para el efeto y tome por su cuenta el cambio y a mi daño.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX