Atalaya de la vida humana: 252

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


No así las hormigas por agosto vienen cargadas del grano que de las eras van recogiendo en sus graneros como en mi posada entraban joyas, a quién más y mejores me las podía enviar. Tantas y tan ricas eran, que ya casi tenía vergüenza de recebirlas. Mas híceles cara, porque no me parecieron caras. De casa del tío me trujeron un collar de hombros, una cinta y una pluma para el tocado, que de oro, piedras y perlas valían las tres piezas más de tres mil escudos. Los demás me acudieron con ricos broches, botones, puntas, ajorcas, arracadas, joyeles, cabos de tocas y sortijas, todo muy cumplido, rico y de mucho valor. Lo cual, como iba viniendo, sin que lo sintiera el capitán, se iba poniendo en sus cajas dentro de los baúles, debajo de cubierta. Yo aquellos días los anduve visitando y agradeciendo las mercedes hechas, hasta que, viendo que las galeras habían de zarpar lunes de madrugada, domingo en la noche dije a el huésped:

-Señor huésped, a jugar voy esta noche a casa de unos caballeros. Allá creo que cenaré y por ventura sería posible, si se hiciese tarde, quedarme a dormir, si ya el juego se despartiese antes del día. Vuestra Merced mire por el aposento en cuanto Sayavedra o yo volvemos, que podría ser que él se viniese a casa.

Salí con esto favorecido de la noche, dejándole los baúles por paga del tiempo que me hospedó. Bien es verdad que con la priesa del viaje se los dejé llenos; empero de muy gentiles peladillas de la mar, que pesaban a veinte libras. Fuime a dormir a galera con el capitán Favelo, mi amigo.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX