Atalaya de la vida humana: 267

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


»-¡Pues cómo, señor! ¿Qué montes quieres mudar, qué mares agotar, a qué muertos volver el espíritu, cuál dificultad es tan grande la que te aflige y tanto me encareces? No son esas las cosas que a mí me desvelan; poco aceite y menos trabajo se ha de gastar en ello de lo que piensas; ya puedes hacer cuenta que la tienes par de ti; descuida y ten buen ánimo, que yo te daré la caza en las manos dentro de pocos días o no me llamen Sabina, hija de Haja.

»Tomó el negocio a su cargo y comenzó desde aquel punto a entablar el juego, dando trazas, como el que propone dar en el ajedrez un mate a tantos lances en casa señalada. Comenzó por el peón de punta, meneando los trebejos. Y componiendo un cestillo de verdes cohollos de arrayán, cidro y naranjo, adornándolo de alhaelíes, jazmines, juncos, mosquetes y otras flores, compuestas con mucha curiosidad, lo llevó a el batihoja, diciéndole ser criada de cierta señora monja de aquella ciudad, abadesa del convento, que, teniendo noticia de la obra tan buena que allí se hacía y necesidad forzosa de un poco de buen oro para unos ornamentos que dentro de la casa estaban acabando para el día de San Juan, la regalaba con aquel cestillo y suplicaba que del oro mejor que tuviese le diese dos libras para probarlo y que, saliendo tal como le habían certificado y era conveniente a su propósito, lo pagaría muy bien y siempre lo iría gastando de su casa, llevando para cada semana lo que se pudiese gastar en ella; demás que tendría mucho cuidado de regalarlo. Bonifacio se alegró con la buena ocasión de la ganancia y no menos con el cestillo de flores, que lo estimó en mucho por la curiosidad con que venía fabricado.

»El cual a el punto, luego que lo recibió, habiendo despachado la esclava con el oro, lo llevó a su mujer, poniéndoselo en las faldas con grande alegría, que no con menos fue recebido della. Preguntóle de quién lo había comprado y díjole lo que pasaba. Entonces lo estimó en más, porque le vino a la memoria el tiempo de su niñez, cuando con las más doncellas de su edad y monjas del convento se ocupaban en semejantes ejercicios. Rogó a su marido que, si otra vez volviese, la hiciese subir a su aposento, que holgaría de conocerla.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX