Atalaya de la vida humana: 270

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Atalaya de la vida humana II Mateo Alemán


»Dióselos diciendo que, por ser del huerto de casa y lo primero que se había cogido, le pareció a su señora que no pudiera estar en otra parte tan bien empleado como en ella. Y que juntamente le suplicaba dos cosas. La primera y principal que, pues de allí a ocho días, el siguiente lunes, era la fiesta del glorioso San Juan Baptista y el domingo su santa víspera, le hiciese merced en hacer penitencia, pasando en el convento aquellos dos días, pues en su casa no eran de ocupación. Demás que tenían las monjas muchas fiestas y representaban una comedia entre sí a solas, que de nada gustaría, si aquesta merced no le hiciese. Y que otras señoras principales, parientas de las monjas, vendrían por allí, para que acompañándola se fuesen juntas.

»Lo segundo, que les diese tres libras de buen oro para fluecos de un frontal, que deseaban acabar para poner en un altar allá dentro, procurando, si fuese posible, se lo diese más cubierto y delgado. A lo del oro respondió Dorotea:

»-Dárelo de muy buena gana, que lo tengo en mi poder y también hiciera lo que mi señora la abadesa me manda; mas está en el de mi marido. Ya sabéis, hermana Sabina, que no soy mía. Mi dueño es el que os puede dar el sí o el no, conforme a su voluntad.

»-En buena fe -le respondió-: aun esa sería ella, si no me la diese. Nunca yo medre si de aquí saliese todos estos ocho días hasta llevarla. No sería razón que una cosa sola que mi señora suplica tan de veras, la primera y tan justa, se dejase de hacer, porque desea, como a la salvación, gozar de aqueste paraíso.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX