Atalaya de la vida humana: 326

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


¡Dolor cruel! Verdaderamente, cuanto el matrimonio contraído es malo de desanudar, cuando está mal unido, es peor de sufrir. Porque la mujer sediciosa es como la casa que toda se llueve, y tanto cuanto resplandece más en prudencia y buen gobierno, cuando se quiere acomodar con la virtud, tanto más queda oscura, insufrible y aborrecida en apartándose della. ¡Qué facilidad tienen para todo! ¡Qué habilidad escotista para cualquiera cosa de su antojo! No hay juicio de mil hombres que igualen a solo el de una mujer, para fabricar una mentira de repente. Y aunque suelen decir que el hombre que apetece soledad tiene mucho de Dios o de bestia, yo digo que no es tanta la soledad que el solo padece, cuanta la pena que recibe quien tiene compañía contra su gusto.

Caséme rico: casado estoy pobre. Alegres fueron los días de mi boda para mis amigos y tristes los de mi matrimonio para mí. Ellos los tuvieron buenos y se fueron a sus casas; yo quedé padeciéndolos malos en la mía, no por más de por quererlo así mi mujer y ser presuntuosa. Era gastadora, franca, liberal, enseñada siempre a verme venir como abeja, cargado de regalos. No llevaba en paciencia verme salir por la mañana y que a mediodía volviese sin blanca. Perdía el juicio cuando vía que lo pasado faltaba. Pues ya -¡pobre de mí!- cuando del todo se acabó el aceite y sintió que se ardían las torcidas, cuando no habiendo qué comer ni adónde salirlo a buscar, se sacaban de casa las prendas para vender, ¡aquí era ello! Aquí perdió pie y paciencia. Nunca más me pudo ver. Aborrecióme, como si fuera su enemigo verdadero.

Ni mis blandas palabras, amonestaciones de su padre ni ruego de sus deudos, conocidos, ni de parientes, fueron parte para volverme a su gracia. Huía de la paz, porque la hallaba en la discordia; amaba la inquietud, por ser su sosiego; tomaba por venganza retirarse a solas, faltándome a la cama y mesa, y aun dejaba de comer muchas veces, porque sabía lo bien que la quería y que con aquello me martirizaba. No sabía ya qué hacerme ni cómo gobernarme, porque todo tenía dificultad en faltando la causa de su gusto, que sólo consistía en el mucho dinero.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX