Atalaya de la vida humana: 331

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Piensa que los casamientos, ¿qué son sino acertamientos, como el que compra un melón, que si uno es fino, le salen ciento pepinos o calabazas? ¿No ha visto a la otra su conocida, que se casó con un jugador, que no le ha dejado sábanas en cama que no las haya puesto en la mesa del juego? ¿No consideró de la otra su vecina lo que padece con su marido amancebado, que no hay mañana de cuantas Dios amanece, que no amanezca la espuerta colmada en casa de su amiga y en la suya propria están pereciendo de hambre? ¿No le han dicho de algunos que, cuando por las puertas de sus casas entran, ajustan los ojos con los pies y no los alzan para otra cosa que reñir y castigar sin causa ni otra consideración más de por su mala digestión?

¿Piensan por ventura que son todas adoradas y queridas de sus maridos, como de sus padres? Pues yo les aseguro que vi a el mejor marido, ido; y que no vi padre que no fuese padre. ¡Pocos maridos! Milagro ha sido el que no faltó en alguna de las obligaciones del matrimonio. Y no conocí padre que dejase jamás de serlo, aunque fuese muy malo el hijo.

Otras lo hacen, que no tienen padres, por salir de la mano de sus tutores, creyendo que con ellos están vendidas y robadas. Hacen su cuenta y dicen entre sí que, como aquél dispende su hacienda, lo haría mejor su marido, que por no desposeerse y dársela se olvida de ponerla en estado, que mañana le dará una enfermedad y se quedará ella muerta y ellos con su dinero. Dicen con esto: «¡Cuánto mejor sería que aquesto que tengo lo gocen mis hijos, que no mis enemigos que me desean la muerte por heredarme! Casarme quiero y sea con un triste negro. Que no lo ganaron mis padres para que lo comiesen mis tutores, trayéndome como me traen, rota y hecha pedazos, hambrienta y deseosa de un real con que comprar alfileres.» Esto las precipita y, tomando el consejo de la que primero se lo da, les parece que, pues le dice aquello aquella su amiga, que lo hace por quererla bien; y da con ella en un lodazal, de donde nunca quedan limpias en cuanto viven. Porque hicieron eleción de quien vistió su persona, regaló su cuerpo, engordó sus caballos, aderezó sus criados, gastó en las fiestas, dejando su mujer a el rincón. Y lo que propuso y deseaba dejar a sus hijos, la hacienda, ya, cuando viene a estar cargada dellos, no tiene real que darles ni dejarles, porque todo lo llevó el viento. Y si se temía que por heredarla sus deudos le deseaban quitar la vida, ya su marido no menos, porque con deseo de mudar de ropa limpia, cansado de tanta mujer, que nunca le faltó de cama y mesa, desea, y aun por ventura lo procura, meterla debajo de la tierra, y así la pobre nunca consigue lo que con su imaginación propone.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX