Atalaya de la vida humana: 333

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 333 de 442
Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Leyó la otra en Diana, vio las encendidas llamas de aquellas pastoras, la casa de aquella sabia, tan abundante de riquezas, las perlas y piedras con que los adornó, los jardines y selvas en que se deleitaban, las músicas que se dieron y, como si fuera verdad o lo pudiera ser y haberles otro tanto de suceder, se despulsan por ello. Ellas están como yesca. Sáltales de aquí una chispa y, encendidas como pólvora, quedan abrasadas. Otras muy curiosas, que dejándose de vestir, gastan sus dineros alquilando libros y, porque leyeron en Don Belianís, en Amadís o en Esplandián, si no lo sacó acaso del Caballero del Febo, los peligros y malandanzas en que aquellos desafortunados caballeros andaban por la infanta Magalona, que debía de ser alguna dama bien dispuesta, les parece que ya ellas tienen a la puerta el palafrén, el enano y la dueña con el señor Agrajes, que les diga el camino de aquellas espesas florestas y selvas, para que no toquen a el castillo encantado, de donde van a parar en otro, y, saliéndoles a el encuentro un león descabezado, las lleva con buen talante donde son servidas y regaladas de muchos y diversos manjares, que ya les parece que los comen y que se hallan en ello, durmiendo en aquellas camas tan regaladas y blandas con tanta quietud y regalo, sin saber quién lo trae ni de dónde les viene, porque todo es encantamento. Allí están encerradas con toda honestidad y buen tratamiento, hasta que viene don Galaor y mata el gigante, que me da lástima siempre que oigo decir las crue[l]dades con que los tratan, y fuera mejor que con una señora déstas los hubieran enviado a Castilla, donde por sólo verlos pagaran muchos dineros con que tuvieran bastante dote para casarse, sin andar por tantas aventuras o desventuras, y así se deshace todo el encantamento. No falta otro tal como yo, que me dijo el otro día que, si a estas hermosas les atasen los libros tales a la redonda y les pegasen fuego, que no sería posible arder, porque su virtud lo mataría. Yo no digo nada y así lo protesto, porque voy por el mundo sin saber adónde y lo mismo dirán de mí.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX