Atalaya de la vida humana: 335

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Mujeres hay también que sólo se casan por ser galanas de corazón y para poderlo andar, ver y ser vistas, vestirse y tocarse cada día de su manera, pareciéndoles que, porque vieron a la otra un día de fiesta o toda la semana engalanarse, que luego en siendo casada la traerá su marido de aquella manera y, si mejor, no menos; y que, com[o] a la otra trotalotodo, le darán a ella licencia para poder andar deshollinando barrios. Aquí entra la pendencia. Porque, si no le sucede como lo piensa o porque su marido no gusta o no quiere que su mujer esté más vestida ni desnuda que para él, y que, si el otro lo consiente, quizá no hace bien y se lo murmuran y no quiere que con él se haga otro tanto, por el mismo caso que no la dejan vestir y calzar, holgar y pasear como la que más y mejor, no queda piedra sobre piedra en toda la casa, forma traiciones con que vengarse de su desdichado marido. Que, de bien considerado, conociendo quien ella es, teme que si le diese licencia y alas, le acontecería como a la hormiga, para su perdición: así no se atreve ni consiente. Sólo esto basta para que luego ella se arañe y mese, llamándose la más desdichada de las mujeres, que a Dios pluguiera que, cuando nació, su madre la ahogara, o la hubieran echado antes en un pozo que puéstola en tan mal poder, que sola ella es la malcasada, que Fulanilla es una tal y que su marido la trae como una pe[r]la regalada, que no es menos ella ni trujo menos dote, ni se casara con él, si tal pensara. Deshónralo de vil, bajo, apocado: que mejores criados tuvo su padre, que no mereció descalzarle la jervilla. «¡Desventurada de mí! ¡Cómo en ese regalo me criaron, para eso me guardaron, para que viniésedes vos a traerme desta suerte, hecha esclava de noche y de día, sirviendo la casa y a vuestros hijos y criados! ¡Mirad quién! ¡Mi duelo! ¡Como si fuese tal como yo! Que sabe Dios y el mundo quién es mi linaje, don Fulano y don Zutano, el Obispo, el Conde y el Duque» -sin dejar velloso ni raso, alto ni bajo, de que no haga letanía. Pues ya desdichado dél, si acaso acierta -que nunca le suceda tal a ninguno- a tener en su casa consigo a su vieja madre, a sus hermanas doncellas o hijos de otra mujer. «¡Para ellos es la hacienda que mis padres ganaron, con ellos la gasta, ellos la comen y a mí me tratan como a negra! Negra, y a Dios pluguiera que me trataran como a la de N., que por aquí pasa cada día como una reina, con una saya hoy, otra mañana; yo sola estoy con estos trapos desde que me casé, que no he tenido con qué remendarlos, encerrada entre aquestas paredes, metida ¡mira con qué peines y con qué rastillos!» ¿Qué se puede responder a esto, sino dejarlo? Que sería no acabar el intento que se pretende.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX