Atalaya de la vida humana: 339

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Entiéndame, señor vecino. Con él hablo. Bien sabe por qué se lo digo y quisiérale decir que quizá por su temeridad y mal consejo está desde acá en los infiernos. Haga penitencia y mire cómo vive, para que no muera.

De modo que no el bien o mal suceder son causas de discordias ni se deben mover por eso entre casados. Que no tiene un marido más obligación que a poner toda su diligencia y trabajo. El suceso, espere lo que viniere; que harto hace quien le tiene la dote bien parada y mejorada, sin habérsela vendido ni malbaratado.

Ella sin duda no se debía de confesar y, si se confesaba, no decía la verdad, y si la decía, la debía de adulterar de modo que la pudiesen absolver. Engañábase a sí la pobre, pensando engañar a los confesores.

No faltaban con esto alguna gentecilla ruin, de bajos principios y fundamentos y menos entendimientos, que por adular y complacerla, le ayudaban a sus locuras, favoreciéndolas, no dándome oído ni sabiendo mi causa. Y éstos fueron los que destruyeron mi paz y a ella la enviaron a el infierno. Porque de un enfermedad aguda murió, sin mostrar arrepentimiento ni recebir sacramento.

En dos cosas pude llamarme desgraciado. La primera, en el tal matrimonio, pues de mi parte puse todos los medios posibles en la guarda de su ley. La segunda, en que, ya que lo padecí tanto tiempo y perdí mi hacienda, no me quedó carta de pago, un hijo con que valerme de la dote. Aunque no me puedo desto quejar, pues en haberme faltado, la desdicha me hizo dichoso. Que no hay carga que tanto pese como uno destos matrimonios.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX