Atalaya de la vida humana: 342

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 342 de 442
Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Empero no sólo en esta ocasión, pero en las más que se me ofrecieron con mis amigos, podré decir lo que Simónides. Tenía dos cofres en su casa y decía dellos que solía en ciertos tiempos abrirlos y que, cuando abría el de los trabajos, de que pensó y esperaba sacar algún fruto y le salió incierto, siempre lo halló colmado y lleno; empero el otro, donde se guardaban las gracias que le daban por el bien que hacía, nunca halló cosa en él y siempre lo tuvo vacío.

Igualmente fuimos desgraciados este filósofo y yo. Una misma estrella parece que influyó en ambos. Porque, aunque siempre me apasioné por ayudar y favorecer, sin considerar el daño ni el provecho que dello me había de resultar, ni tomar el consejo de los que dicen: «Ha[z] bien y guarte», puedo juntamente decir que nunca lavé cabeza que no me saliese tiñosa. Y siempre, aunque con ello me perdía, porfiaba. Porque borracho con aquel gusto, no reparaba en el daño que me hacían: que cuanto es fácil despojar a un ebrio, es dificultoso a un sobrio; pueden robar a el que duerme, pero no a quien vela. Nunca velé sobre mí, nunca creí que me pudiera faltar; siempre que lo tuve hize aquesta cuenta, y cuando me hallé necesitado, di en este conocimiento. Aunque fue malo, deseaba ser bueno, cuando no por gozar de aquel bien, a lo menos por no verme sujeto de algún grave mal. Olvidé los vicios, acomodéme con cualquier trabajo, por todas vías intenté pasar adelante y salí desgraciado dellas.

En sólo hacer mal y hurtar fui dichoso. Para sólo esto tuve fortuna, para ser desdichado venturoso. Esta es traza del pecado, favorecer en sus consejos, ayudar a sus valedores, para que con aquel calor se animen a más graves delitos, y, cuando los ve subidos en la cumbre, de allí los despeña. Sube a los ladrone[s] por la escalera y déjalos ahorcados. A diferencia de Dios, que nunca envió trabajo que no frutificase bienes: de los más graves males, mayores glorias, llevándonos por estrecha senda hasta las anchuras de la gloria, donde viene a darse a sí mismo. Parécenos, cuando nos vemos ahogados en la necesidad, que se olvida de nosotros y es como el padre, que, para enseñar a su hijo que ande, hace como que lo suelta de la mano, déjalo un poco, fingiendo apartarse dél: si el niño va hacia su padre, por poquito que mude los pies, cuando ya se cae, viene a dar en sus brazos y en ellos lo recibe, no dejándolo llegar a el suelo; empero, si apenas lo ha dejado, cuando luego se sienta, si no quiere andar, si no mueve los pies y si en soltándolo se deja caer, no es la culpa del amoroso padre, sino del perezoso niño.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX