Atalaya de la vida humana: 347

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Cuando tuvo el escribano la escrituras hechas a punto para otorgarse por las partes, dijo que primero y ante todas cosas habíamos de ir a casa del señor del censo perpetuo a tomar por escrito su licencia, requiriéndole si las quería por el tanto, y a pagarle los corridos con la veintena. Cuando allá llegamos y se hizo la cuenta, hallamos que los corridos no llegaban a seis reales y pasaba de mil y quinientos la veintena. Parecióme cosa cruel, fuera de toda policía, que se le hubiese de dar una cantidad semejante, que montaba mucho más de lo que costó de principal el suelo. No los quería pagar; mas, porque la venta no se deshiciese y la ocasión de mi remedio se pasase, paguélos con protestación que hice de pedírselos por justicia, por no debérselos. El dueño se rió de mí, como si le hubiera dicho alguna famosa necedad, y bien pudo ser, mas a mí por entonces no me lo pareció. Preguntéle que de qué se reía, y dijo que de mi pretensión, y que me los volvería luego todos porque cada día le diese medio real, hasta que saliese con la sentencia del pleito. Casi lo quise acetar, pareciéndome que no sería parte la mala costumbre para que, averiguado el dolo, no se deshiciese. Y no sólo esto que digo; mas aún que todo el reino lo pediría en cortes, y por su proprio interés, como bien universal de la república, saliera por mí a la causa en cuanto se proveyese de remedio en ello. No iba tan fuera de propósito ni con tan flacos fundamentos. Que con lo que sabía entonces creí sustentar en pie mi opinión, pareciéndome sciencia cierta. Pudiera ser que la defendiera un poco y quizá un mucho y tan mucho, que diera con él y con todos los deste género en el suelo. Como se hizo un tiempo con algunos censos al quitar que corrían entonces, por haberse hallado cierta especie de usura en ellos. La causa que tuve para defenderme fue ver que nacía de un discurso de natural razón, considerando que sólo della tuvieron principio las ley[e]s todas y que por ser este negocio no tan corriente por el mundo, no se reparaba en él; pero que, si con alguna curiosidad se quisiese advertir, hallarían algo de acedo, por donde, cuando no se quitase todo, se remediaría mucha parte. Porque, supuesto que no vale más una cosa de aquello que dan por ella y aquesto que se da, que debe ser terminado, finito y cierto, si a mí me vendieron aquel suelo en precio de mil reales, con dos de censo perpetuo, y no hubo persona que más por él diese ni más valía, yo gasté largos tres mil ducados de mi dinero.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

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Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX