Atalaya de la vida humana: 349

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


El censo perpetuo que se funda, éste para siempre se paga, sin otras adehalas ni sacaliñas, aunque la posesión se venda cien mil veces. Para que fuese lícito llevar la veintena, debiera ser ley común, aprobada y consentida en el reino; mas no lo es ni lo fue, sino sólo aprobada de los ignorantes; y el yerro de los tales no puede hacerla. Si el censo al quitar ha de tener tantas calidades para poderse llevar y se sabe ya lo que dél se tiene de pagar a tanto por ciento, ¿qué causa puede haber para que no se trate de los perpetuos? ¿Qué gabela es ésta? ¿Qué razón hay para pagarla? ¿De qué parte se debe, si del precio en que compré o del en que vendo, pagando derechos de mi proprio dinero, de mis expensas, mejoramientos y de mi propria industria, cuanto que mirado el caso así desnudo, si por allá no se le halla corriente, parece injusto quitarme la hacienda que con buena fe y título gasté o la de mi mujer y mis hijos, de que las más veces y de ordinario se pierde la mitad en los edificios? ¿Pues cómo se puede permitir que no sólo venga mi caudal a menos por el beneficio de aquel suelo, mas que también haya de pagar y perder lo que me llevan de veintena? Y cuando se haya de pagar, como se paga enteramente, véase, trátese dello y determínese, que siendo difinido quedaremos con satisfación que se consultó, que lo miraron buenos entendimientos, que fue justo, y de otra manera el pueblo vive con escándalo. Porque hablando todos deste agravio, unos lo tienen por injusticia y no falta quien dice más adelante, dándole peores nombres.

Esto me pasó entonces con su dueño. Él y yo sabíamos poco. Quísome replicar, diciendo que aquello había sido condición del contrato y que hace fuerza, porque a tanto quiera obligarse uno de su voluntad, como quedará obligado. Esto no me satisfizo, porque le respondí con la verdad, que también sería condición de un contrato, si yo prestase cien ducados, los cuales me habían de pagar dentro de tanto tiempo y, no lo haciendo, me habían de dar ocho reales cada día hasta que me pagasen el principal, y esto no es lícito. De manera que para justificarse una cosa, no sólo basta ser contratada y consentida; mas que sea permitida y lícita.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX