Atalaya de la vida humana: 352

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 352 de 442
Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Y un caldo proprio para teñir tocas. De castañas lo solían dar un día de antipodio en la cuaresma. No con mucha miel, porque las castañas de suyo son dulces y daban pocas dellas, que son madera. Pues qué diré del pescado, aquel pulpo y bello puerro, aquella belleza de sardinas arencadas, que nos dejaban arrancadas las entrañas, una para cada uno y con cabeza, si era día de ayuno, porque los otros días cabíamos a media. ¡Pues el otro pescado, que el abad dejó y nos lo daban a nosotros! Aquel par de güevos estrellados, como los de la venta o poco menos, porque se compraban en junto, para gozar del barato, y conservábanlos entre ceniza o sal, porque no se dañasen y así se guardaban seis y siete meses. Aquel echar la bendición a la mesa y, antes de haber acabado con ella, ser necesario dar gracias. De tal manera que, habiendo comenzado a comer en cierto pupilaje, uno de los estudiantes, que sentía mucho calor y había venido tarde, comenzóse a desbrochar el vestido y, cuando quiso comenzar a comer, oyó que ya daban gracias y, dando en la mesa una palmada, dijo: «Silencio, señores, que yo no sé de qué tengo de dar gracias, o denlas ellos.» La ensalada de la noche muy menuda y bien mezclada con harta verdura, porque no se perdía hoja de rábano ni de cebolla que no se aprovechase; poco aceite y el vinagre aguado; lechugas partidas o zanahorias picadas con su buen orégano. Solían entremeter algunas veces y siempre por el verano un guisadito de carnero; compraban de los huesos que sobraban a los pasteleros: costaban poco y abultaban mucho. Ya que no teníamos qué roer, no faltaba en qué chupar. Al sabor del caldo nos comíamos el pan. Unas aceitunicas acebuchales, porque se comiesen pocas. Un vino de la Pasión, de dos orejas, que nos dejaba el gusto peor que de cerveza.

¿Qué diré del cuidado que la mujer o ama del pupilero tenían en venirnos a notificar los ayunos de la semana, para que no pidiésemos los almuerzos? Aquel comutar de cenas en comidas, que ni valían juntas para razonables colaciones -que cuando nos las daban venían más ajustadas que azafrán, con el peso de cuatro onzas por todo. Como si el casuista que lo tasó, acaso supiera mi necesidad. O como, si en razón de nuestros estudios y de las malas comidas, no le pudiéramos argüir que debían reservarnos con los más, pues entramos en el número de trabajadores. O como si la vianda que nos dan fuese congrua para nuestro sustento, pues todo era tan limitado, tan poco y mal guisado, como para estudiantes y en pupilaje. Que son de peor condición que niños de la dotrina, que traen los estómagos pegados a el espinazo, con más deseo de comer que el entendimiento de saber.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX