Atalaya de la vida humana: 355

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


¡Pues queredles apretar, limitar o ir a la mano en algo! ¡Hablad una sola palabra que no les venga muy a cuento! No hay vecino en el barrio, no hay tienda, taberna ni horno, donde no cuente[n] luego vuestra vida y milagros: que sois un malaventurado, apocado, hambriento, mezquino, de mala condición, gruñidor, que les tentáis los huevos a las gallinas, que veis espumar las ollas, que atáis el tocino para echarlo dentro y con sólo un cuarto dél hacéis toda la semana, porque se vuelve a sacar y se guarda. ¿Váseos de casa y queréis traer otra? No la hallaréis que por la puerta os entre; y habéis de serviros a vos mismo, porque luego le dicen y ella se informa, primero que os entre a servir, lo que la otra dijo de vos y por lo que se fue. Quien se quisiese servir, por todo ha de pasar con ellas, a nada se les ha de replicar, su voluntad han de hacer y aun mal contentas.

Acontecióme antes de casado recebir en mi casa una mujer y ser tan puerca, floja, de mal servicio y algo alegre de corazón, que la despedí a el tercero día. Luego recebí otra, que venía convaleciente y, recayendo en la enfermedad, sólo me sirvió dos días, que se volvió al hospital. Trujéronme otra luego, tan grande ladrona que, mandándole asar un conejo, lo hizo pedazos para guisarlo en cazuela y sólo sacó a la mesa la cabeza, piernas y brazos, porque lo más hizo dello lo que quiso y, viendo semejante bellaquería, sólo aquel día estuvo en casa. Despedíla para por la mañana. Cuando los vecinos vieron que había tenido en seis días tres mujeres y que cada una, cuando salía, iba rezando y murmurando de mí, levantóse una mala voz, pusiéronme cien faltas, y tanto, que más de veinte días me fui a comer al bodegón, que ninguna mujer quería venir a mi casa, por las nuevas que de mí le daban, hasta que un amigo me trujo una peor que todas, porque se amancebaba con cuantos la querían y a todos los traía en retortero. Quísela luego echar; pero no me atreví, por amor de mis vecinos. Y digo verdad, que tuve a esta causa por menos inconviniente despedir la casa y mudarme a otro barrio, sufriendo hasta entonces a esta mujer, que despedirla; y así lo hice.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX