Atalaya de la vida humana: 362

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Era taimada la madre, buscaba yernos y las hijas maridos. No les descontentaba el mozo. Diéronme cuerda larga, hasta dejarlas dentro de su casa. Donde, cuando llegamos, me hicieron entrar en su aposento, que tenían muy bien aderezado. Llegáronme una silla. Hiciéronme descansar un poco y, sacando una caja de conserva, me trujeron con ella un jarro de agua, que no fue poco necesaria para el fuego del veneno que me abrasaba el corazón. Mas no aprovechó. Ya era hora de despedirme. Hícelo, suplicándoles me diesen su licencia para recebir aquella merced algunas veces. Ellas dijeron que se la haría en servirme de aquella casa y conocerían en ello mis palabras, cuando correspondiesen a las obras.

Despedíme, dejélas; no las dejé, ni me fui, pues, quedándome allí, llevé comigo la prenda que adoraba. «¿Qué noche queréis que sea para mí ésta? ¿Qué largas horas, qué sueño tan corto, qué confusión de pensamientos, qué guerra toral, qué batalla de cuidados, qué tormenta se ha levantado en el puerto de mi mayor bonanza? -dije-. ¿Cómo en tan segura calma me sobrevino semejante borrasca, sin sentirla venir ni saberla remediar? Me veo perdido. Incierta es la esperanza del remedio.» Pues ya, cuando amaneció, que me fui a las escuelas, ni supe si en ellas entré ni palabra entendí de cuanto en la lición dijeron. Volvíme a la posada, sentéme a la mesa y quedábanseme los bocados en la boca helados, con tanto descuido de lo que hacía, que puse cuidado a mis compañeros y admiración en el pupilero, que creyó ser principio de alguna enfermedad gravísima y no estuvo engañado, pues de allí resultó mi muerte. Preguntóme qué tenía. No supe responderle más de que sin duda el corazón se recelaba de algún gravísimo daño venidero, porque desde el día pasado lo sentía caído en el cuerpo, que casi no me animaba. Díjome que no fuese Mendocina, ni diese a la imaginación tales disparates, que olvidase abusiones, que aquello no era otra cosa que abundancia de mal humor que presto se gastaría. Como ya yo sabía que no se medicinaba mi mal con yerbas, disimulélo y dije, por no dar a sentir mi desdicha:


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX