Atalaya de la vida humana: 366

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Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Amé con mirar y tanta fue su fuerza contra mí, que me rindió en un punto. No fue necesario transcurso de tiempo, como algunos afirman y yerran. Porque como después de la caída de nuestros primeros padres, con aquella levadura se acedó toda la masa corrompida de los vicios, vino en tal ruina la fábrica deste reloj humano, que no le quedó rueda con rueda ni muelle fijo que las moviese. Quedó tan desbarat[ad]o, sin algún orden o concierto, como si fuera otro contrario en ser muy diferente del primero en que Dios lo crió, lo cual nació de la inobediencia sola. De allí le sobrevino ceguera en el entendimiento, en la memoria olvido, en la voluntad culpa, en el apetito desorden, maldad en las obras, engaño en los sentidos, flaqueza en las fuerzas y en los gustos penalidades. Cruel escuadrón de salteadores enemigos, que luego cuando un alma la infunde Dios en un cuerpo, le salen al encuentro pegándosele, y tanto, que con su halago, promesas y falsas apariencias de torpes gustos la estragan y corrompen, volviéndola de su misma naturaleza. De manera que podría decirse del alma estar compuesta de dos contrarias partes: una racional y divina y la otra de natural corrupción. Y como la carne adonde se aposenta sea flaca, frágil y de tanta imperfeción, habiéndolo dejado el pecado inficionado todo, vino a causar que casi sea natural a nuestro ser la imperfeción y desorden. Tanto y con tal extremo, que podríamos estimar por el mayor vencimiento el que hace un hombre a sus pasiones. Mucha es la fortaleza del que puede resistirlas y vencerlas, por la guerra infernal que se hacen siempre la razón y el apetito. Que, como él nos persuade con aquello que más conforma con la naturaleza nuestra, con lo que más apetecemos, y esto sea de tal calidad que nos pone gusto el tratarlo y deseo en el conseguirlo; y por el contrario, la razón es como el maestro, que, para bien corregirnos, anda siempre con el azote de la reprehensión en la mano, acusándonos lo mal que obramos: hacemos como los niños, huimos de la escuela con temor del castigo y nos vamos a las casas de las tías o de los abuelos, donde se nos hace regalo.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX