Atalaya de la vida humana: 369

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 369 de 442
Atalaya de la vida humana III Mateo Alemán


Volvíme a casar segunda vez muy con mi gusto y tanto, que tuve por cierto que nunca por mí se comenzara el tocino del paraíso y que fuera el hombre más bienaventurado de la tierra. Nunca me pasó por la imaginación considerar entonces que aquel sacramento lo debiera procurar para sólo el servicio y gloria de Dios, perpetuando mi especie, mediante la sucesión; sólo procuré la delectación. Menos di lugar a el entendimiento que me aconsejase de lo que él bien sabía, ni le quise oír; cerré los ojos a todos, despedí a la razón, maltraté a la verdad, porque me dijo que casando con hermosa era de necesidad haber de ofrecérseme cuidados, por haber de ser común. Últimamente, de mal aconsejado, conseguí con mi gusto un mal bien deseado: cegáronme dotes naturales, diéronme hechizos, gracia y belleza, tan proprio de mi esposa y sin algún artificio. Yerra el que piensa que pueda parecer algo bien con ajena compostura, pues lo ajeno se lo da y luego se lo vuelve, vuelve lo feo a quedarse con su fealdad.

Tuve días muy alegres: que los que no gozan de suegra, no gozan de cosa buena. Tratábame como a verdadero hijo, buscando por cuantas vías podía mi regalo. No trujo huésped bocado bueno a casa, que no me alcanzase parte, ni ella lo pudo haber, que no me lo comprase. Y como mi esposa trujo poca dote, tenía para hablar poca licencia y menos causa de pedirme demasías. Era moza, y tanto, que pude hacerla de mi voluntad. Tomé parientes que se honraban de mí por las ventajas que me reconocían. Que a quien los toma mejores, nunca le falta señores a quien servir, jueces a quien temer y dueños a quien ser forzosos tributarios. Mi suegra lo era mía y mi cuñada mi esclava, mi esposa me adoraba y toda la casa me servía. Nunca jamás, como aquel breve tiempo, me vi libre de cuidados. No eran otros los míos que comer, beber, dormir, holgar, y sin ser ni de solo un maravedí pechero, me bailaban delante todos, las bocas llenas de risa. Era danza de ciegos y yo lo estaba más, que los guiaba.


Atalaya de la vida humana de Mateo Alemán

Preliminres:- Censura - Privilegio - Dedicatorias - Al lector - Elogio

Libro I:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Libro II:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Libro III:- Capítulo- I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX